bridge1.jpgbridge3.jpgbridge2.jpgbridge6.jpg

21 noviembre 2015 | 12
El pasado 29 de octubre un despacho de la agencia NOTIMEX informaba lo siguiente: “El Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo hoy que no existen conversaciones por ahora con las autoridades de Cuba en torno al eventual reingreso de la nación caribeña al órgano multilateral que abandonó medio siglo atrás.”
“No hay discusiones con Cuba sobre membresía que yo sepa”, dijo el vocero de la institución, Jerry Rice, al ser cuestionado al respecto, evitando, sin embargo, abundar sobre una posibilidad a la que el fondo se declaró ya abierto.
David Lipton, subdirector gerente del fondo, declaró el mes pasado que la institución está “abierta” al retorno de Cuba, aunque dejó en claro que La Habana no ha dado indicios de estar interesada en ello.
Recordó que aunque en años recientes el FMI ha agregado a un gran número de países, “Cuba no ha mostrado interés para solicitarlo.”
Ya en el 2011 el académico Richard Feinberg, de Brookings Institution, hizo un análisis sobre la factibilidad del reingreso de Cuba a las instituciones financieras internacionales tratando de extrapolar a nuestro país las experiencias de Nicaragua y Vietnam en ese sentido (1).
La idea de que Cuba puede mostrarse interesada en reingresar al FMI –de donde se retiró en 1964- se ha estado alimentando también de forma creciente como parte del proceso de normalización de las relaciones con Estados Unidos que se inició el pasado 17 de diciembre. De este modo, un estudio del Atlantic Council publicado en julio de este año se refirió nuevamente al tema, ponderando los supuestos beneficios que traerían para Cuba el reingreso a las instituciones financieras internacionales, tema sobre el que volveré más adelante (2).
Ante estas propuestas, ¿cómo se entendería el reingreso a las instituciones financieras internacionales en el proceso de transformaciones socialistas de la economía cubana?

Oficialmente el FMI se define así: “El FMI es una organización integrada por 184 países, que trabaja para promover la cooperación monetaria mundial, asegurar la estabilidad financiera, facilitar el comercio internacional, promover un alto nivel de empleo y crecimiento económico sustentable y reducir la pobreza” (3).
Si los hechos respaldaran realmente el papel desempeñado por el FMI a lo largo de su historia, no sería tan cuestionada la definición que de sí misma da esta organización, creada según los acuerdos de la Conferencia de Bretton Woods en 1944, a partir de la cual se rediseñó el sistema monetario-financiero internacional para asegurar la hegemonía de Estados Unidos en el mismo.
No hay más que examinar los criterios de condicionalidad que impone el Fondo para brindar recursos financieros a un país, para comprender como los mismos se dirigen a controlar la economía de los prestatarios a los efectos, no solo de asegurar que se devuelvan los préstamos, sino sobre todo a que las políticas económicas y sociales que se apliquen en estos sean funcionales al desarrollo del capitalismo a escala planetaria a través de los conocidos “programas de ajuste” que se aplican rigurosamente.
Es cierto que estos programas no se han aplicado por igual en todas partes. Sin embargo, la experiencia de países de Europa Oriental que ingresaron al FMI en su etapa socialista, como fue el caso de Yugoslavia, Hungría y Rumanía mostró desde entonces las nefastas consecuencias de esa decisión. Particularmente en el caso de Rumanía, el país se vio compelido a renegociar su deuda externa en condiciones que llevaron a pagar 22 000 millones de dólares en solo 7 años, a costa de la reducción de los gastos sociales, al encarecimiento acelerado del costo de la vida y a enormes sacrificios de su población.
Posteriormente el derrumbe del socialismo en Europa abrió una etapa de transición al capitalismo neoliberal, donde la asesoría del FMI fue una constante y donde las consecuencias de semejante proceso aun hoy no se han superado en muchos casos.
Es así que, contrario a lo que proclama en sus objetivos del FMI, la aplicación de programas de ajuste y saneamiento financiero en estos países condujo a la paradójica situación de que la deuda externa –que en 1989 se estimaba en 101 838 millones de dólares- pasara a ser de un billón 211 mil millones de dólares a mediados del 2014, para un incremento de casi 12 veces en 25 años, todo ello en medio de altos costos sociales y dolorosos sacrificios de su población.
¿Cuáles son las ventajas?
Desde luego, la hipótesis de un reingreso de Cuba al FMI y también al Banco Mundial parte de que se levante el bloqueo norteamericano a nuestro país, ya que en las actuales condiciones sin esta premisa sería imposible que Cuba entrara a formar parte de las principales instituciones financieras internacionales que rigen el mundo capitalista actualmente, porque lo prohíben las propias leyes de Estados Unidos.
Dejando a un lado este asunto, cabría preguntarse ¿cuáles son las ventajas que obtendría Cuba de semejante decisión? Para comprender lo que se argumenta por diversos autores en este sentido, es necesario comprender cómo se concibe el proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos y la llamada reinserción de Cuba en la economía internacional.
Al respecto no debe perderse de vista que la posición norteamericana refleja un cambio de método –el bloqueo ha fracasado en obtener sus objetivos- por lo que hay que proceder de otra forma en las relaciones con Cuba para lograr el mismo propósito que no es otro que un cambio de régimen en Cuba, es decir, una transición al capitalismo.
El Comunicado emitido por la Casa Blanca el 17 de diciembre de 2014 no deja dudas al respecto cuando plantea “Está claro que las décadas de aislamiento de Cuba por parte de Estados Unidos no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática” (4).
Por otra parte, tanto Richard Feinberg como Pável Vidal y Scott Brown consideran explícita o implícitamente que el sistema socialista cubano ha fracasado y que las transformaciones que tienen lugar en estos momentos, como parte de la actualización del modelo económico socialista cubano, no son más que un paso favorable pero incompleto para lograr una economía eficiente, lo cual solo sería posible completando la transición hacia una economía de mercado que superara las limitaciones de la planificación.
De este modo, Richard Feinberg señala muy claramente:
“La principal restricción que retrasa a la economía cubana no son las sanciones impuestas por los Estados Unidos (aunque son realmente duras). En realidad, es el propio modelo económico desactualizado de planificación centralizada que Cuba heredó de la Unión Soviética. Los numerosos socios comerciales de Cuba quisieran invertir más en el país y preferirían importar más de la isla para corregir los desequilibrios de su balanza comercial bilateral, pero se frustran ante la escasez de ofertas económicas de Cuba”(5).
Igualmente el ensayo elaborado en julio de 2015 por el Atlantic Council se basa en un enfoque similar a Feinberg, pero utilizando como base de comparación los casos de Albania y Vietnam en su proceso de entrada a las instituciones financieras internacionales, en tanto que plantea la necesidad de una transición hacia una economía “basada en mercados libres” de una forma más sutil:
“La sustitución de una economía centralmente planificada por una economía basada en los mercados libres por lo general necesita un largo período de formación, educación y reestructuración de las instituciones públicas. El FMI y otras fuentes externas (lo que incluye al gobierno de Estados Unidos) pueden desempeñar un papel importante en la facilitación del proceso de aprendizaje” (6).
Curiosamente, en ninguno de los dos casos se hace referencia a la condicionalidad que imponen las instituciones financieras internacionales para otorgar el financiamiento, lo que deja la impresión de que con el ingreso a las mismas todo serian ventajas al recibir la economía cubana un aval de mucha importancia para su reintegración más favorable a la economía internacional.
Sin embargo, la experiencia histórica reciente de la transición al capitalismo de los antiguos países socialistas europeos muestra el enorme costo social de los programas de ajuste de corte neoliberal impuestos a los que aceptaron las recetas del FMI que incluyeron la privatización masiva de la propiedad pública; la reducción de los gastos del presupuesto, especialmente los de orden social en aras del ajuste fiscal; el control de la inflación reduciendo la partida de salarios; y la liberalización de los precios y el control de cambios, entre las medidas de mayor trascendencia.
Está a la vista la situación de Rusia, que durante los años del gobierno neoliberal de Boris Yeltsin (1992-1999) sufrió la reducción de la población en 8 millones de habitantes; redujo la esperanza de vida de 65,5 a 57,3 años; disminuyó el salario real en un 68,3% y las pensiones mínimas en un 67%; elevó la desigualdad medida a través del coeficiente de GINI de un valor de 0,27 a 0,48; triplicó la tasa de homicidios y llevó a la población rusa a un nivel de pobreza del 50,3% a finales de la década de los 90 (7).
La actualización del modelo económico socialista en Cuba se ha planteado el reconocimiento objetivo al mercado y a la propiedad no estatal como elementos que –bajo control estatal- pueden propiciar una economía más eficiente, acompañando las transformaciones esenciales de la propiedad pública en un proceso de tránsito hacia un socialismo próspero y sostenible.
Es un proceso difícil, complejo e incluso doloroso, porque impone costos en aras de un futuro mejor y está sujeta –como toda obra humana- a que se cometan errores. Pero una transición al capitalismo en Cuba supondría no solo reimplantar la explotación del hombre por el hombre como base de la reproducción del sistema, sino que estaría sujeta a la represalia de la mayor potencia capitalista del mundo, que no perdonará jamás la lección de resistencia y valor que ha protagonizado nuestra patria desde 1959 y que está en la base real y objetiva de los cambios que comenzaron a producirse el 17 de diciembre de 2014. Es una lección que no tenemos derecho a olvidar.
Notas
[1] Ver de Richard Feinberg,“Extender la mano: la nueva economía de Cuba y la respuesta internacional”. Brookings Institution, November 2011 en www.brookings.edu.
[2] Ver de Pavel Vidal y Scott Brown, “La reintegración económica de Cuba. Comenzar con las instituciones financieras internacionales”. The Atlantic Council, July 2015 en www.cc-ic.it
[3] Ver “¿Qué es el Fondo Monetario Internacional?” Washington, 2004 en www.imf.org
[4] Ver Comunicado de la Casa Blanca sobre el Descongelamiento de las Relaciones entre Estados Unidos y Cuba el 17 de diciembre de 2014 enhttp://cnnespanol.cnn.com/2014/12/17/
[5] Ver de Richard Feinberg “Extender la mano: la nueva economía de Cuba y la respuesta internacional” Brookings Institution, November 2011 en www.brookings.edu. pagina 4.
[6] Ver Ver de Pavel Vidal y Scott Brown “La reintegración económica de Cuba. Comenzar con las instituciones financieras internacionales” The Atlantic Council, July 2015 en www.cc-ic.it página 15
[7] Ver de José Luis Rodríguez “El derrumbe del socialismo en Europa”, Ruth Casa Editorial y Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014, capítulo III.  (Tomado de Cuba Contemporánea)

Joomla templates by a4joomla