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G U A T E M A L A
“A la búsqueda de la unidad de la izquierda guatemalteca”

Guatemala y Uruguay: dos realidades

Parece ser característica de la idiosincrasia uruguaya la realización de procesos unitarios, como el del Frente Amplio, que permiten alcanzar el consenso de distintas visiones políticas. Esto no ha sido fácil en la realidad centroamericana y, menos aún, en el azaroso proceso guatemalteco.

Para comenzar, no ha sido fácil hacer coincidir los respectivos desarrollos de los movimientos social y político. Por muchos años siempre dijimos que para lograr el triunfo de la izquierda había que lograr la coincidencia del desarrollo del movimiento revolucionario en armas con el desarrollo del movimiento de masas. No obstante, las pocas veces que se estuvo cerca de lograr tal coincidencia, la respuesta represiva de los sectores de poder fue sumamente contundente.

Cumbre y caída de la unidad guatemalteca

No podemos entender los encuentros y desencuentros de la izquierda guatemalteca sin analizar la “Primavera Democrática” que tuvo lugar de 1944 a 1954, fenómeno que tuvo repercusiones en otras partes del hemisferio occidental y que entusiasmó a muchos luchadores uruguayos y argentinos, incluido el legendario “Che” Guevara. El 20 de octubre de 1944 se derrocó la dictadura de 14 años del General Jorge Ubico. Ha sido en la historia del país el momento de mayor unidad de los sectores sociales y políticos del país. Se contó con una gran aglutinación de sectores de la izquierda y del centro, así como sectores de derecha moderados. Ese día dio inicio el levantamiento político-militar encabezado por Jacobo Árbenz Guzmán y Francisco Javier Arana, dentro del contexto internacional de la unidad de las fuerzas aliadas contra el fascismo.

Durante los siguientes 10 años, Guatemala vivió una verdadera primavera democrática, dando lugar a los cambios más profundos y trascendentales en beneficio de las grandes mayorías del país: educación, salud, seguridad social, leyes laborales, sistema de justicia, sistema político, política internacional y sistema socio-económico. Si bien no fue un experimento socialista, sí afectó intereses de la oligarquía y se desarrolló como un proyecto claramente anti-imperialista. Aunque la izquierda se mantuvo unida, dándole gran empuje a todas las reformas, los sectores del centro y de la derecha empezaron a alejarse de la Revolución de Octubre, particularmente por la campaña de propaganda en contra realizada por los Estados Unidos, la oligarquía y sectores aliados en la sociedad, primero contra Arévalo y luego contra Árbenz.

La Ley de Reforma Agraria de 1952, a la cual por cierto se opuso el Partido Guatemalteco de los Trabajadores (PGT, partido comunista), hizo que la United Fruit Company (la UFCO) y el Gobierno de los Estados Unidos intensificaran su campaña contra Guatemala, a la cual acusaron de orientarse por la vía comunista y la agredieron en todos los frentes. Posteriormente, el modelo empleado por la CIA para deslegitimar y socavar a Guatemala fue empleado, entre otros, en Brasil, en 1964, Chile, en 1973, contra la revolución sandinista en Nicaragua en el decenio de 1980 y hoy contra Venezuela.

Pese a que ya antes se habían dado docenas de intentos de golpes de estado, la agresión externa armada, organizada de principio a fin por la CIA, se produjo entre mayo y junio de 1954, combinada con acciones políticas y diplomáticas del Gobierno de los Estados Unidos. Aunque el Presidente Árbenz intentó la defensa del país, la traición de los altos oficiales del ejército hizo que presentara su renuncia el 26 de junio de 1954. La intervención se consumó en los primeros días de julio, con su consecuencia de miles de muertos y exiliados. Estos hechos llevaron a la división en las filas de la izquierda, al hacerse acusaciones mutuas con relación a la responsabilidad de la caída de Árbenz. Él mismo tuvo que padecer hostilidad y abandono por parte de la izquierda.

Lucha y derrota de la izquierda en el decenio de 1960

En marzo y abril de 1962, ocho años después del final violento de la primavera democrática, se produce un nuevo reagrupamiento de los sectores de izquierda para oponerse en las calles a las políticas contra la soberanía nacional y corruptas del Presidente Ydígoras Fuentes. Ya el 13 de noviembre de 1960 oficiales jóvenes del ejército se habían sublevado para protestar por la utilización del territorio nacional para entrenar a los contrarrevolucionarios cubanos y por la corrupción generalizada. En 1962, se llegó a pedir la renuncia del Presidente. El ejército defendió a Ydígoras y reprimió el movimiento, matando a varios estudiantes y encarcelando a cientos de actores del movimiento social. Un sector importante de la juventud tomó el camino de la montaña, para unirse a los ex oficiales del 13 de noviembre y formar las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), la primera organización guerrillera. Aunque muchos de los jóvenes eran del PGT, éste opta por continuar con el trabajo político clandestino. En 1963, cuando buena parte de los lideres del movimiento social buscan activar la candidatura para la presidencia del ex presidente Juan José Arévalo, el ejército da un golpe militar y toma el poder. Se militariza el estado guatemalteco y se reprime intensamente, particularmente al PGT.

La lucha guerrillera se intensificó y las acciones contrainsurgentes se incrementaron y profundizaron. Con el apoyo de los Estados Unidos, el ejército guatemalteco se convierte en una máquina contrainsurgente. Se trató del periodo más intenso de la guerrilla urbana; pero el ejército logró controlar la situación hacia finales del decenio de 1960 y desmantelar, prácticamente, al movimiento guerrillero. Sin embargo, la izquierda había logrado reactivar su trabajo de masas y, pese a la represión, junto a la elección a la presidencia de Arana, uno de los grandes represores del país, se elige como alcalde de la ciudad capital a Manuel Colom Argueta, social-demócrata, y como Rector de la USAC a un doctor en derecho claramente progresista. La USAC se transforma en la abanderada del movimiento social y el alcalde en el aglutinador del movimiento político de izquierda.

Tras la unidad coyuntural, la desunión en las luchas del decenio de 1970

Una nueva iniciativa de unidad se produjo para las elecciones de 1974. Los sectores de izquierda se suman a la Democracia Cristiana Guatemalteca (DC) y las corrientes social-demócratas para conformar un Frente y ganar las elecciones con Efraín Ríos Montt (hoy más conocido por su papel represivo en 1982). Sin embargo, el gobierno no le reconoce el triunfo y deja en la presidencia a otro militar. Si bien en este tiempo crece la movilización social (lo que le permite a la inteligencia militar hacer listas de dirigentes del movimiento social), los sectores de poder se preparan para enfrentar, por todos los medios posibles, el fermento revolucionario centroamericano (los sandinistas en Nicaragua, los revolucionarios salvadoreños y la reorganización guerrillera en Guatemala).

La represión aumenta, particularmente contra los estudiantes y los campesinos, mientras que los sectores de izquierda y las mismas fuerzas guerrilleras se encuentran divididas. Pese a que se forma un Frente Nacional contra la Represión, aun dentro del PGT hay fracturas importantes, con sectores que se inclinan por la lucha armada y otros por el desarrollo político y social. Cuando el ejército coloca en la presidencia a Lucas García, vía elección manipulada, la izquierda se encuentra fracturada y muy vulnerable. Eso permite a Lucas García decapitar mediante asesinatos y desapariciones forzadas a todo el movimiento político de oposición y al movimiento social, entre 1978 y 1981.

La unidad del movimiento guerrillero y sus consecuencias

El verdadero esfuerzo unitario de la izquierda revolucionaria, tanto armada como política, se produce entre 1980 y 1982, culminando con la formación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), en enero de 1982, y el Comité Guatemalteco de Unidad Patriótica (CGUP) como su brazo político, en febrero de 1982. Todo el trabajo internacional posterior surge de estas dos plataformas unitarias, así como el enfrentamiento político-militar a la dictadura militar que el ejército impuso mediante golpe militar en marzo de 1982, precisamente bajo la jefatura de gobierno de Ríos Montt.

Como forma de contener el avance revolucionario, entre 1981 y 1984 el ejército lanza su campaña de genocidio y tierra arrasada en el altiplano guatemalteco, particularmente en contra de las poblaciones indígenas: arrasa con más de 600 aldeas, desplaza forzosamente a más de 1.0 millón de personas, crea el sistema de aldeas modelo, militariza a la población rural (1.0 millón de varones en las llamadas patrullas de autodefensa civil, PAC) e intensifica el control militar sobre el Estado y la sociedad.

Este periodo resulta ser el más brutal en la historia de Guatemala, como lo confirmó el Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH, la comisión de la verdad creada en virtud del Acuerdo de Paz con apoyo de la ONU). Dicho informe, denominado “Guatemala: Memoria del Silencio”, afirma que entre 1962 y 1996 hubo 200,000 victimas entre muertos y desaparecidos (45,000 desaparecidos según las organizaciones de derechos humanos) y que el Estado fue directamente responsable del 97% de las mismas. Afirma, igualmente, que entre 1981 y 1983 se dio el genocidio contra la población maya, así como que los Estados Unidos fueron corresponsables de las políticas represivas.

No obstante y pese al altísimo costo en vidas y a la desarticulación total del movimiento social, los frentes guerrilleros y la lucha revolucionaria se sostuvieron. La unidad de la URNG y su intenso accionar político y militar, incluido el importantísimo componente del trabajo internacional, permite enfrentar las repetidas campañas militares y represivas en su contra. Los sectores de poder de Guatemala se ven forzados, entonces, a producir una transición hacia gobierno civil, aunque garantizándose, previamente, la aprobación de una Constitución basada en la Doctrina de la Seguridad Nacional. En 1986, con el apoyo de amplios sectores de la población, gana la Democracia Cristiana las elecciones a la presidencia y el Congreso; pero el poder real es mantenido por el aparato militar.

Esta transición, sin embargo, genera las condiciones para que muchos integrantes del movimiento revolucionario busquen su reinserción en el país, algunos como infiltrados de la URNG y otros rompiendo con la misma y buscando su propio protagonismo. Se pierde parte de la unidad lograda anteriormente (la Social Democracia actúa legalmente); pero se mantiene la cohesión suficiente para resistir al ejército y forzar la apertura de un proceso de negociaciones de paz.

Proceso de negociaciones de paz: factor de unidad

El proceso de paz se abre en Guatemala en 1990, por medio de diálogos entre la URNG y sectores del país, mediados por la Iglesia Católica, y continúa como eje central del intento de solucionar el conflicto armado interno, como un proceso con mediación de la ONU, de 1991 a 1996. Aunque la parte revolucionaria permanece relativamente sólida en torno a la URNG, se van produciendo defecciones individuales y surgen actores políticos ajenos al movimiento revolucionario armado.

No obstante, la URNG propone la incorporación del movimiento social y otros sectores a las discusiones del proceso de paz, creándose la Asamblea de la Sociedad Civil (ASC), conformada por los sectores más significativos de la sociedad guatemalteca. Al lograr la URNG, con el apoyo de la Iglesia Católica y de la ONU, que su visión del proceso de paz predominara, en el sentido de buscar las soluciones a las causas esenciales que habían generado el conflicto armado interno, la ASC se convierte en el primer foro para la discusión de cada uno de los acuerdos parciales que se fueron discutiendo y firmando.

La unidad lograda así entre la URNG y la mayoría de los sectores de la sociedad civil, contando con el apoyo de la solidaridad internacional de países y pueblos, da la fuerza suficiente para lograr en 1996 el mejor acuerdo de paz en la región. No solamente se atiende el profundo problema de la exclusión política de grandes sectores y la represión estatal, como se había hecho en El Salvador, sino que se entra de lleno a atender el problema de la exclusión racista y discriminatoria de los pueblos indígenas y la exclusión social y económica de las grandes mayorías pobres del país.

La búsqueda de la unidad política a la luz del Acuerdo de Paz

En 1995, cuando la firma del Acuerdo de Paz era inminente, se intentó un nuevo proyecto político unitario de la izquierda y sectores del centro, con la formación del partido político Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG). Por primera vez desde 1966 los sectores revolucionarios –la URNG- llamaron a la participación en las elecciones y la formación de un partido político, a fin de aprovechar el espacio existente. Se hizo un buen esfuerzo de unidad; pero resultó incompleto. De todas maneras, el FDNG se convirtió en la tercera fuerza política del país, con cerca del 10% del voto y 6 puestos en un Congreso de 80 diputados.

El 29 de diciembre de 1996, la URNG y el Gobierno de Guatemala firmaron el Acuerdo de Paz Firme y Duradera. Si bien todo Acuerdo es el producto de negociaciones entre las dos partes, dándose concesiones en ambas direcciones, cualquier análisis objetivo de lo logrado en Guatemala llega a la conclusión de que los términos de este Acuerdo fueron excelentes. Su cumplimiento durante 1997 se constituye en un ejemplo para la comunidad internacional.

Lamentablemente, en 1998 y 1999 la voluntad de cumplimiento por parte del gobierno disminuyó, privilegiando la imposición del modelo económico neoliberal. Esto, aunado a la debilidad relativa de la URNG, explicable por muchas razones, llevó a dejar en el papel la mayoría de los aspectos más importantes que se tenían que cumplir. Especialmente negativa fue la derrota de la reforma constitucional que se sometió a referéndum en 1999.

El partido en el gobierno pagó un alto precio por la falta de cumplimiento del Acuerdo y la imposición del modelo neoliberal, al perder las elecciones generales de 1999. Desdichadamente, el grupo político que capitalizó el desgaste fue el partido neo-fascista del General Ríos Montt, el FRG. Álvaro Portillo ganó las elecciones y durante sus cuatro años habló mucho del Acuerdo de Paz; pero hizo muy poco por implementarlo. De hecho, el FRG reúne a la gente que se opuso al Acuerdo de Paz, por lo que su no-implementación fue una acción premeditada. En las elecciones de 1999, la URNG planteó un proyecto unitario, la Alianza Nueva Nación (ANN), invitando a otras tres fuerzas políticas a ser parte del mismo. No obstante, cuatro meses antes de las elecciones la ANN expulsó a una de las fuerzas y el proyecto unitario se resquebrajó significativamente. De nuevo la izquierda fue una tercera fuerza; pero bastante más distante de las dos primeras.

La fragmentación de la izquierda continuó durante los cuatro años de Portillo, al punto que se dio la primera separación oficial de la URNG. Uno de los antiguos integrantes de la Comandancia General de la URNG, Pablo Monsanto, rompió con la URNG y formó su propio partido, al cual le dio el nombre de ANN. Por su parte, quien fuera el candidato a presidente de la mayoría de la izquierda en las elecciones de 1999, Álvaro Colom, formó otro partido (la Unidad Nacional de la Esperanza, UNE) para competir en 2003. Para este candidato la campaña fue un éxito, ya que terminó en segundo lugar y con mucha fuerza en el Congreso; pero a la izquierda, como tal, le fue muy mal, terminando con porcentajes de menos del 3% para la URNG y la ANN. Puede decirse que el año 2004 encuentra a la izquierda guatemalteca en su momento de mayor desunión, encontrándose sus militantes repartidos en todo el espectro político.

El reto actual: un nuevo proceso de unidad

No obstante, al principio mismo de 2004 se inician procesos para reunificar a la izquierda. Por su parte, la URNG realiza un análisis profundo de su experiencia electoral y considera nuevamente la formación de alianzas. Por otro, sectores de izquierda de diversas corrientes plantean la necesidad de abrir un espacio de discusión con miras a realizar un proceso unitario. En octubre de 2004 se realiza el Primer Encuentro por la Democracia y la Paz, en la ciudad de Quetzaltenango, habiendo concurrido representantes de la URNG y la ANN, así como muchos revolucionarios no comprometidos partidariamente. La Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala, con bases en México, Estados Unidos y Canadá, que yo coordino, fue invitada oficialmente a ser parte del Encuentro y de su Grupo Promotor. Una de las conclusiones del Primer Encuentro es que hacia falta ampliar la convocatoria y la participación, para incluir más jóvenes, mujeres y pueblo indígenas. Se realizaron varias reuniones sectoriales entre octubre de 2004 y mayo de 2005.

En mayo de 2005, se realizó el Segundo Encuentro por la Paz y la Democracia, en la población de Río Hondo. Si bien uno de los desarrollos principales de esa reunión fue la decisión de un grupo grande de participantes de formar un nuevo partido político, que se llamará Encuentro por Guatemala, un sector igualmente importante, dentro del cual se encuentra nuestra Red, se comprometió a seguir los esfuerzos de unidad, haciendo del Encuentro por la Paz y la Democracia el instrumento para la conformación del movimiento político y social más amplio posible, que plantee un proyecto electoral unitario, de posición centro-izquierda, en las elecciones generales de 2007. Ahí nos encontramos, con el reto de construir nuestro Frente Amplio en el plazo de dos años, como final de un proceso de acumulación de fuerzas y como principio de una unidad amplia e incluyente para dar respuesta a los graves problemas de Guatemala.

Montevideo, 15 de agosto de 2005
Raúl Molina Mejía
Coordinador General de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala

Notas:

1) El ejército en Guatemala abarca a todas las fuerzas armadas: tierra, aire y agua.
2) Los sectores de poder en Guatemala tradicionalmente han sido la oligarquía, el ejército y los intereses políticos y económicos de los Estados Unidos.

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