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La crisis mundial revaloriza el papel de la UNASUR Eduardo Lucita

Rebelión 24-08-2011

El temor al impacto que la crisis mundial pudiera tener sobre los países de la región provocó la constitución del Consejo Suramericano de Economía y Finanzas y el fortalecimiento de la UNASUR, lo que puede dar lugar a una experiencia inédita en la región.

Distintas voces reconocidas a nivel mundial están alertando sobre la dinámica de la crisis. Tanto Joseph Stiglitz, como Nouriel Roubini o Paul Krugman, acuerdan en pronosticar que Europa está entrando en un nuevo ciclo de recesión, más ahora que se ralentiza el crecimiento de Alemania y se estanca el de Francia. Otros especialistas anticipan un débil crecimiento de los Estados Unidos en los próximos meses, sin embargo Krugman es menos optimista, define la actual situación de la economía estadounidense como "un largo período de depresión menor".

 

Nueva fase

Por si fuera poco el presidente del Banco Mundial, R. Zoellick, declaró en Australia que “Estamos en una fase nueva y más peligrosa de la crisis”, según el funcionario se trata de “…los primeros momentos de una tormenta nueva y diferente. No es igual que en 2008, cuando estalló la crisis financiera, los gobiernos tienen ahora menos margen de maniobra para estimular la economía”. "La mayoría de los países desarrollados ha agotado su margen fiscal y su política monetaria ha alcanzado la máxima flexibilidad posible".

Es este temor de la profundización de la crisis y el impacto que puede llegar a tener sobre la región que llevó a los presidentes reunidos en Lima para la ascensión del presidente Ollanta Humala a analizar la situación en el marco de la UNASUR.

Orígenes de la UNASUR

La Unión de Naciones Suramericanas nació como proyecto de unidad política de América del Sur y reconoce sus orígenes en una iniciativa brasileña, gestada durante el primer mandato de Lula Da Silva, para crear una Comunidad Sudamericana de Naciones a imagen de lo que fuera en sus inicios la Unión Europea.

En aquellos años no faltaron quienes interpretaron la iniciativa como un intento de Brasil por contar con un bloque que, bajo su hegemonía, le permitiera asumirse como el interlocutor del conjunto en las negociaciones frente a las grandes potencias en los foros internacionales. Esto incluía su aspiración a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Sin embargo poco tiempo después Brasil consiguió ser reconocido por Estados Unidos y la Unión Europea en las negociaciones comerciales de la Ronda de Doha, con lo que la iniciativa quedó congelada. La idea fue entonces retomada por el presidente Hugo Chávez en el 2007 y un año después se firmó la Carta Constitutiva que creó un organismo intergubernamental integrado por doce países, la mayoría de ellos ya logró completar el requisito de aprobación parlamentaria para su integración.

Desde entonces la UNASUR ha jugado un papel destacado cuando la crisis entre Ecuador y Colombia; en el intento de golpe en Bolivia y cuando el levantamiento policial en Ecuador.

Protegerse frente a la crisis

No deja de ser sorprendente que fuera el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien manifestara su preocupación por la “irresponsabilidad” en el manejo de la situación financiera internacional por parte de las potencias mundiales y quien lanzara la iniciativa para convocar a la reunión en Lima. Es que tanto Colombia, como Perú o Chile, junto con México constituyen el cordón neoliberal del subcontinente, tienen fuertes relaciones financieras y comerciales con EEUU y sienten más que el resto de los países la presión de la crisis, de ahí la necesidad de crear un cerco protector.

Por otra parte en Colombia “el trabajo sucio” ya lo hizo el ex presidente Uribe, Santos parece encarar otro momento en el que intenta romper el aislamiento al que lo condena el rol del “Israel de América latina”.

De esa reunión surgió la constitución del Consejo Suramericano de Naciones de Economía y Finanzas que acaba de reunirse en Buenos Aires. Los puntos de debate no fueron menores, giraron en torno a la integración y fortalecimiento del mercado intraregional; a la utilización de monedas locales en los intercambios comerciales entre países miembros -extendiendo así lo que ya practican Argentina y Brasil, una forma de "desdolarizar" las transacciones y a la creación de una arquitectura financiera que permita intervenir en emergencias financieras y al mismo tiempo operar como banca de desarrollo.

Este último punto tuvo fuerte presencia en las discusiones tanto por una evaluación crítica de los actuales organismos financieros -Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o la Corporación Andina de Fomento (CAF)- como por el debate de fondo: ¿se buscará fortalecer el actual Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), como propone Brasil?, ¿o se trata, sin desestimar el FLAR, de ampliar la constitución y darle concreción definitiva al Banco del Sur?

Debate

Este es un tema crucial del debate. No es un secreto que Brasil no tiene mayor interés en el Banco del Sur. Si este constituye su capital con reservas, sería quien mas debería aportar pues de los 550.000 millones dedolares de reservas de la región, más de 300.000 pertenecen al socio mayor, con el adicional de que este ya posee su propio banco de desarrollo, tal vez el mayor del mundo, en tanto que Venezuela y Ecuador participando de la idea del banco regional tienen algunas diferencias en sus propuestas y Argentina pivota entre las distintas posiciones. De todas formas es probable esto se resuelva en una bilateral Argentina-Brasil.

Finalmente se constituyeron tres grupos de trabajo coordinados por distintos países para presentar en un máximo de 60 días las propuestas a la región.

La crisis como oportunidad

"Nos tenemos que preparar tanto para eventuales agravamientos como para una crisis más larga en los países avanzados", señaló el ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega. "No es casual que nos hayamos demorado en la formación del consejo de economía. Es el área en la que más se notaban las diferencias entre los 12 países, pero también superamos esa barrera hoy". Así ratificó la voluntad colectiva de avanzar en la concreción de mecanismos comunes de defensa la colombiana secretaria general de la UNASUR, María Emma Mejía.

Es que la concreción de estas iniciativas, sin ingerencia o con independencia de EEUU, según como se lo quiera ver, puede ser un salto político significativo para la región. Todos son conscientes de las diferencias de enfoque en la política económica; de la fuertes asimetrías y condicionantes estructurales; de la diferente capacidad financiera de los países miembros; así como del papel que juegan en cada país las corporaciones multinacionales.

Pero al mismo tiempo la crisis empuja a lograr acuerdos en breve tiempo. Si se quiere es el lado positivo de la crisis. Está acercando a países cuyas direcciones hasta hace no mucho tiempo eran radicalmente opuestas, y está la experiencia limitada pero sustantiva del ALBA y de los TCP (Tratados de Comercio entre los Pueblos), que muestran que hay otra forma de relacionarse, de integrarse y comerciar, que no sea sólo mercantilista y no resulte promovida por la ganancia rápida

En un mundo tan cambiante como el actual nada debe descartarse. La crisis es también una oportunidad.

*integrante del colectivo EDI- Economistas de Izquierda

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