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27/05/2012

Hace poco tiempo escuché a Esteban Valenti decir en radio “El Espectador”, en una rueda de supuestos sabios y “todólogos” que “toda la culpa de lo que le pasó y le pasa a la izquierda la tiene un maldito libro titulado El Estado y la Revolución” de un tal diablo de siete colas llamado Lenin.

Y me vino a la mente algo que posiblemente me pasó en un sueño…

Vinieron y me contaron de una fuente llena de agua en la que toda mugre terminaba en ella.
Otra vez me contaron de esa misma fuente y me dijeron que era de agua pura cristalina y limpia como ninguna.
Más tarde me dijeron que esa fuente en realidad estaba vacía y que todo lo que se decía de ella era fantasía.
También hubo quien me dijo que la tal fuente no contenía agua, mas estaba llena de sangre…
Un día no pude más y me dispuse a verla con mis propios ojos.

Gran sorpresa me llevé.

La tan comentada fuente no era más que una como las de cualquier pueblo o ciudad, normal, con agua, pero con agua común como cualquiera, y en sus bordes solo había los desgastes y rastros de la vida. En definitiva una obra de humanos interpretando a humanos.

Así me ocurre cuando leo o escucho a interpretadores que interpretan a intérpretes de cual o tal libro de Marx, Engels o Lenin.

Hurgando en los programas de estudio de secundaria y nivel terciario, cuando hacen alusión al “socialismo científico” o directamente a los nombrados anteriormente, solo se ve la bibliografía de interpretadores de sus obras ya que, parecería, que estas son tan complejas y difíciles de leer que necesitan de “digeridores” de ideas para que nuestras pobres mentes atolondradas puedan entenderlos.

Pero, ¡eureka!. Un día fui directamente a uno de los libros de estos tres diablos del conocimiento. ¡Eran más simples de leer que los textos de los sabios digeridores de ideas!

Y aun más. Describen y analizan nuestra gran peripecia colectiva humana. Se atreven a decirnos a nosotros, simples seres humanos, que podemos transformarlo todo… ¡inclusive la sociedad en la que vivimos!.

Cometen el “pecado”, además, de afirmar en un párrafo de “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” (de F. Engels), que “las futuras generaciones habrán de crear sus propias leyes, sus reglas de convivencia y tirarán a la basura” todo lo que nosotros damos como inmutable y sagrado.

Claro, si leyéramos los originales sin intermediarios… los interpretadores que interpretan a intérpretes se quedarían sin trabajo. Y eso me dio lástima.

Alfredo Rivera

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