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El siervo libre

 Gabriel Guerrero

Las sociedades organizadas bajo el modo de producción capitalista, se caracterizan, según lo concibe Marx, por una tendencia hacia la acumulación de mercancías, esto es, de objetos destinados a la satisfacción de necesidades humanas1, que en tanto útiles a tales fines, son portadores de un valor de uso y que pueden ser intercambiados entre sí mediante su valor de cambio.

El valor de cambio de una mercancía se establece en razón del tiempo de trabajo empleado para la creación de valor de uso de una materia determinada. Mediante el valor de cambio una mercancía se equipara a la otra, haciendo abstracción de su valor de uso, sin consideración de su especificidad, de su carácter único, del tipo de trabajo representado en ella. La disminución del valor de cambio de una mercancía a partir de la implementación de la máquina a vapor en la industria; y la aceleración que esta innovación imprimió al proceso productivo, es una clara demostración de este modo de asignar valor: Al disminuir el tiempo empleado en la elaboración de una mercancía se altera el valor de cambio permaneciendo intacto el valor de uso.

 

De esta primera afirmación Marx desarrolla las siguientes observaciones:

1) Las mercancías que requieren de la misma cantidad de trabajo para su elaboración poseen la misma magnitud de valor y por lo tanto pueden ser intercambiadas entre sí.

2) El doble valor de las mercancías representa el carácter doble del trabajo humano, por un lado es gasto de fuerza de trabajo en el tiempo y por el otro es trabajo específico.

3) El valor de cambio de una mercancía no puede ser expresado por la misma mercancía (2Kg. De pan = 2Kg. De pan), este debe expresarse de manera relativa, es decir, en otra mercancía, la otra mercancía proporciona la materia para la expresión del valor (1 Kg De pan = 1 paquete de cigarros). Prescindiendo de su cuerpo, el pan y los cigarrillos son iguales en tanto son representados por sus magnitudes de valor. Del mismo modo, el diverso trabajo contenido en cada uno de los productos queda equiparado como tiempo de trabajo invertido en la producción.

4) Una mercancía adquiere forma general de valor porque al mismo tiempo todas las mercancías expresan su valor en ella, esta mercancía, entonces, se convierte en dinero o asume la función del dinero. El oro es la mercancía que ha conquistado, históricamente, este papel esencial (1 Kg. De pan = 1 Paquete de cigarros = x cantidad de oro).

5) La expresión relativa de una mercancía en la forma dinero se denomina Precio.

Sobre las observaciones precedentes Marx señala que “Al equipara entre si como valores en el intercambio, sus diversos productos, equiparan entre si sus diversos trabajos como trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen. Por lo tanto, el valor no lleva escrito en la frente lo que es. Más bien el valor transforma todo producto del trabajo en un jeroglífico social (…) pues la determinación de los objetos de uso como valores es su producto social, lo mismo que lo es el lenguaje”2

Es decir que el proceso de determinación de valor de cambio de una mercancía tiene como efecto la negación de la singularidad del tipo de trabajo representado en la especificidad de la materia y con ella el recorrido histórico en el que se constituye el entramado del saber hacer del sujeto que produce.

II

Si bien el proceso de intercambio inaugura un modo de lazo social que traza una diferencia histórica con la etapa feudal, el modo de intercambio, designado precedentemente, solo describe al capitalismo en su establecimiento rudimentario, es decir, cuando la acumulación de mercancías solo se constituye a partir del atesoramiento, producto de la privación de satisfacción de necesidades. El capital surge cuando el mercader encuentra en el mercado una mercancía cuya particularidad reside en el hecho de que al desgastarse es capaz de producir un valor superior al precio por el cual fue adquirida, por efecto de la diferencia entre su valor de compra y el precio de la venta de la nueva mercancía que genera, este excedente es definido por Marx como plusvalía que es la estofa con la que se constituye el capital propia mente dicho.

Del conjunto de mercancías que circulan en el mercado Marx extrae a la fuerza de trabajo como la única capaz de generar este plus valor, sin alterar las leyes de la equidad que caracterizan el intercambio.

La fuerza de trabajo es el último recurso de su oferente, como cualquier otra mercancía está despojada de su especificidad, su valor de cambio se establece en función de la suma de costos de los insumos necesarios para recuperar la fuerza desgastada en el proceso de trabajo (Alimento, vestimenta, etc.)

Ahora bien, mientras la fuerza de trabajo, se paga en el mercado por su usufructo durante todo un jornal (12 Horas), el pago de los medios de subsistencia, necesario para la recuperación de la energía consumida, el trabajador lo obtiene al cabo de media jornada de trabajo. Por lo tanto durante el tiempo de contratación reproduce en el valor de cambio que el mercader pagó como costo de la mano de obra contratada, más un excedente de valor. A dicho excedente Marx lo denomina plusvalía.

El mercader no precisa de la reinserción al mercado de este excedente para acumular plus valor, reproduciendo una y otra vez la inversión inicial obtiene dinero ilimitadamente sin infringir las leyes de equidad que regulan el mercado, su capital crece sin la necesidad de sufrir privación alguna de la satisfacción de sus necesidades.

III

Para que todo este proceso sea posible deben reunirse ciertas condiciones:

1) “Para la transformación de dinero en capital, el poseedor de dinero tiene, pues, que encontrar al trabajador libre en el mercado de mercancías, libre en el doble sentido de que, en cuanto persona libre, disponga de su fuerza de trabajo como mercancía suya, y de que, por otro lado, no tenga otras mercancías que vender, que esté suelto y vacante, libre de todas las cosas necesarias para la realización de su fuerza de trabajo”3

2) Solo es posible encontrar en el mercado un trabajador libre, en el sentido en que Marx lo describe, si se han abolido antes las relaciones sociales de dependencia propia de la época feudal, donde “(…) los productos y los trabajos no necesitan adoptar una figura fantasmática, diferente de su realidad. Pasan por servicios y prestaciones naturales en el engranaje social.

La forma natural del trabajo, su particularidad (…) es aquí su forma social inmediata. La prestación de trabajo se mide por el tiempo también como el trabajo productor de mercancías, pero todo siervo de la gleba sabe que lo que gasta al servicio de su señor es una cantidad determinada de su fuerza de trabajo personal”

La innovación del capitalismo consiste en la reproducción estructural de las condiciones de dependencia propia de la época feudal, pero ocultas bajo el manto de equidad en el que funda el intercambio de mercaderías, equidad que, por otra parte, se funda en el despojo de la particularidad del trabajo depositado en la mercancía.

El hombre libre del régimen feudal queda incluido dentro del capitalismo como engranaje dentro de la maquinaria de producción; es educado, vestido y alimentado para la reproducción incesante de plus valor. Distanciado del saber de su enajenación en un nuevo sistema de dependencia, por la ilusión de igualdad y de justicia que emanan de las condiciones del mercado, solo vuelve a encontrar su verdad cuando, con el decurso del tiempo, se profundicen las diferencias entre las condiciones de existencia de la clase propietaria y la trabajadora, cuando quede expresa en los signos de su pobreza que darán razón a la rebelión.

De la nada a la que ha sido reducido el hombre validado por su fuerza Marx hará surgir al sujeto destinado a producir un salto cualitativo en las relaciones sociales

IV

En el enlace entre feudalismo y capitalismo Lacan sostiene que se puede ubicar la noción de síntoma, tal cual como lo retoma la experiencia psicoanalítica, con la salvedad de que, conservando su estructura, no se trata para el psicoanálisis de un síntoma social sino particular.

Es en el múltiple sentido del carácter libre del hombre, en donde se encuentra el punto central de este pasaje de un momento histórico a otro: Por efecto de la revolución burguesa el hombre es libre del cerco feudal, lo cual implica que dispone para sí de su fuerza de trabajo, pero en cuanto que no dispone de materia alguna que poder transformar en mercancía, esta disposición es en sí pura potencia, por sí sola no genera medios de subsistencia, razón por la cual, necesariamente, debe enajenarse como mercancía para usufructo de otro; es decir, la libertad que resulta de la abolición del régimen feudal lleva en sí el impulso que vuelve a cercar al hombre en el territorio del nuevo amo, el capital.

El sistema de producción de valor y de intercambio, propio del capitalismo, conserva en si la estructura económica de dominación del período anterior, pero su sistema de valoración de la mercancía y el mecanismo de intercambio que desarrolla, constituye la mascarada de igualdad, por cuyo señuelo se atrae al mercado oferta de fuerza de trabajo, desplaza la relación directa del hombre con el valor de uso de sus producciones, con la particularidad de que la mercancía, al ser reflejo del trabajo humano, en la misma operación, deja de lado la particularidad de su saber hacer.

El hombre libre, al ver obstaculizado el camino de procuración de los medios de subsistencia en el nuevo régimen, retorna a una forma antigua de satisfacción, se satisface como siervo, es decir, sigue el camino descripto por Freud5 como la vía de formación de síntoma. En otras palabras el hombre libre del capitalismo, sustituye al siervo de la época feudal.

En consecuencia es en este hombre, llamado libre por la nueva era, en donde el síntoma social queda expreso; el análisis de Marx pone en evidencia el vacío en torno al cual la libertad se soporta. Desde esa nada convoca al hombre a forjar una posteridad donde se produzca un verdadero encuentro con la libertad.

A este respecto sostiene Lacan que gracias a la reducción a la nada del hombre proletario que realiza el capitalismo “(…) el hombre proletario realiza la esencia del hombre, y por ser despojado de todo está encargado de ser el mesías del futuro. Tal es la manera en que Marx analiza la noción de síntoma (…) la relación de esto con una fe en el hombre es completamente indiscutible.”6

En otro trabajo, en el que se elaboran las conclusiones de un debate planteado entre anarquistas y marxistas7, en torno al concepto de Dictadura del Proletariado, elaborado por Marx y Engels, queda de manifiesto como la cuestión de la libertad captura en un enredo a anarquistas, capitalistas y marxistas en tanto la negativa a catalogarla como ideal les impide ver el límite de su posibilidad.

(…) la libertad es un objeto particular solo realizable en soluciones de compromiso que dependen de las posibilidades de cada sujeto. La constitución de una sociedad sin clases por la vía revolucionaria es un objeto colectivo que crea la ilusión de que lo imposible subjetivo pueda alcanzarse por medio de la colectividad. Por dicha ilusión lo individual se enlaza a lo social y si ello es posible es porque toda revolución tiene como premisa la destrucción del sujeto tiránico, llámese, sistema capitalista, Amo, terrateniente o explotador. Por su parte el tirano, efectivamente despoja al oprimido en lo que hace a su condición material para ensanchar sus arcas y por este acto es constituido en el representante absoluto de toda restricción, con total independencia del hecho de que por la pre maturación de su nacimiento, la criatura humana está de entrada a expensa de otro.

Por otra parte, el tirano, funda su ilusión en la acumulación de riquezas y con ello colabora él mismo, en la designación de tirano universal.

El tirano busca su libertad por vía de la explotación, el explotado, en cambio por medio de la revolución. Y tan es así la cuestión para el tirano que, por ejemplo, (…) el imperio norteamericano. Autoriza sus invasiones, sus entrometimientos, sus métodos de tortura, sus robos, en el nombre de la libertad; todas sus tropelías se fundan en la libertad. Se complacen en presentarse como paladines de la libertad, y en realidad lo son, solo que esa libertad se soporta en las condiciones de ilusión del tirano.

El marxismo, entonces, es resistido por el tirano en tanto que amenaza su riqueza en donde este cree que residen las posibilidades de su libertad y por los libertarios en tanto que marca a la libertad como no toda, pero por otra parte, al hacerlo hace posible la revolución. El ideal libertario o el ideal armónico de la sociedad comunista tienen la función de trazar un horizonte en función del cual se ordena la lucha que en su continuo avance va acumulando conquistas que ensanchan las posibilidades de elección de un individuo dentro del orden social, sin que nunca llegue a coincidir dichos avances con el ideal trazado. El ideal agrupa la individualidad dispersa, la organiza, la conduce a dar la lucha, más no se realiza y su función de falta pone en marcha una y otra vez los procesos de la historia.

Ahora bien, no se trata de un ideal cualquiera, la autoridad legítima del ideal reside en que plantea soluciones a problemáticas enraizadas en la historia de los pueblos que lo acuñan. Solo por efecto del terror y en apariencia, se deja de lado tal ideal y se asume el que se le ha impuesto, hasta que las condiciones materiales de la historia permiten que el ideal sojuzgado vuelva a surgir aglutinando el pueblo disperso y conduciendo nuevamente sus alternativas”.8

El hecho de que la materia sea el producto de la injerencia de la labor humana en la naturaleza justifica el planteo lacaneano según el cual se establece que no hay otra materialidad que no sea la del significante, lo cual no hace equivaler al significante con el trabajo social, en tanto este se define por una determinada cantidad de tiempo por cuya medida toda materia es en determinadas proporciones igual a otra, el significante, en cambio, está asociado a la producción de un bien de uso cuya característica fundamental, es su diferencia absoluta con cualquier otro, incluso en relación a aquel por cuya forma corporal se presenta como equivalente, por ejemplo una pala, una pala no es igual a la otra según la haya producido Pedro o Juan, ni siquiera si las dos fueran producidas por uno o por otro en diferentes momentos, y es que el significante una vez echado a andar trastoca al creador en su criatura, el agujero que fue, seguramente causa de la pala, una vez la pala se configura como su razón de ser, la pala, reproduce su causa en diferentes hoyos, cava la mismidad y la diferencia en el mismo acto una y otra vez.

El significante, entonces tal cual como lo concibe Lacan, define la particularidad del sujeto efecto del significante, particularidad que no hace clase, que solo comparte con lo social el efecto imaginario de su captura en las redes del significante, por la que un cuerpo se presenta como formando el conjunto de otros cuerpos a consecuencia de negar su particularidad.

1 En El Capital Marx aclara que se trate de necesidades vitales o de fantasías la definición de mercancía no se altera.

2 Marx Karl, El Capital, Libro 1, Tomo 1, Ediciones Akal S.A., Madrid, España, 2012, Pág. 105

3 Ibídem, cita 2, Pág. 227

4 Ibídem, cita 2, Pág. 109

5 Respecto de la formación de síntomas, en la Lección XXIII, Freud dice que “(…) la libido insatisfecha, alejada de la realidad y obligada a buscar nuevos modos de satisfacción (…) recurrirá, en último término, a la regresión y buscará su satisfacción en organizaciones anteriores y en objetos abandonados en el curso de su desarrollo.” ( Freud Sigmund, “Lecciones introductorrias al psicoanálisis”, Lección XXIII, Obras Completas, Tomo 12, Hyspamérica S.A., Buenos Aires, 1993, Pág. 2346)

6 Lacan Jacques, “R.S.I.”, versión inédita, Traducción Ricardo E. Rodriguez Ponte, Pág. 93

7 Se trata de las controversias planteadas ente Anarquistas y marxistas (1870) en el ceno de la Asociación Internacional de Trabajadores, a partir de la propuesta de Marx y sus seguidores, propuesta que se impuso por mayoría, de crear un partido político que represente a los trabajadores y que participe de la contienda electoral dentro del sistema democrático burgués, si bien este hecho fue el disparador de las disputas, el debate se planteó en derredor del concepto Dictadura del Proletariado, desarrollado por Marx y Engels y la cuestión del Estado que se desprende de dicho concepto.

8 Guerrero Gabriel, “La certeza de Luz . Uruguay. La construcción de su identidad colectiva. 1811 - 1973, Buenos Aires, Editorial Dunken, Junio de 2014

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