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General

Entrevista a Gabriel Oyhantçabal  - 01/2017


Hemisferio Izquierdo: En la izquierda frecuentemente hablamos de “horizonte socialista”, “pos-capitalismo”, “sociedad alternativa”, entre otras formulaciones un poco vagas, para referirnos a un nuevo tipo de sociedad superadora del capitalismo. ¿Cuál es esa sociedad? ¿Qué trazos centrales debería tener?
 
Gabriel Oyhantçabal: Pretender dar una respuesta totalmente acabada sería por lo menos soberbio, cuando no irresponsable. Claro que hay rasgos centrales que pueden y deben ser afirmados como principales ejes orientadores, pero las particularidades de la sociedad superadora del capital devendrán de su propio desarrollo. Para empezar, y al menos como hipótesis, creo que sigue sirviendo la distinción que hiciera Marx en su “Crítica al Programa de Gotha” entre socialismo y comunismo. Esto porque es imposible pensar cualquier desarrollo histórico sin transición, sin movimiento contradictorio. Es más, quizás ayude más pensar en clave de “transición permanente”, que en un supuesto estadio que pondría punto final a todas las contradicciones. En esta perspectiva, pienso al socialismo como una etapa de transición prolongada que debe superar al capitalismo por una sociedad donde la producción y la reproducción de la vida sea organizada colectivamente (podría agregar democráticamente, aunque habría que dar significado a un término tan manoseado), y al comunismo como el horizonte de la sociedad sin clases y sin Estado.

Tomado de La Diaria. 10/06/2016
"El problema de pensar que las injusticias o las avivadas pueden corregirse con tecnología y control es que se parte de la base de que la injusticia es un error del sistema, y no una falla inherente a su funcionamiento. En un mundo ideal (en un mundo de historieta, en un mundo que no se cruza en ningún punto con las realidades paralelas de los que están afuera del paraguas civilizatorio) es posible controlar los precios mediante la acción responsable y consciente de ciudadanos munidos de tecnología y vacunados contra la infección de la publicidad. Tan posible como abrigar a los desabrigados mediante percheros solidarios o alimentar a los hambrientos mediante heladeras comunitarias proporcionadas por los dueños de restaurantes. Tan posible como disponer un arsenal de técnicos para contener a un estudiante violento que se muestra incapaz de cursar el sistema educativo sin agredir a los docentes. Lo malo es que ese mundo maravilloso no se parece demasiado al mundo en el que viven unos cuantos, así que, cuando queremos ver, alguien protesta porque la aplicación no carga, otro alguien no sabe lo que quiere decir “aplicación” (y no tiene idea de cuánto cuesta el litro de aceite, porque compra suelto lo que puede, cuando puede), algún desubicado tira y pisotea las bufandas solidarias y algún otro impresentable come lo que no necesita o escupe el plato del que viene detrás.

Daniel Albacete – 30/05/2016
En el inicio de los 90 una gran cantidad de militantes comunistas que no abandonamos ningún principio
pero sí el dogmatismo, hemos transitado por una permanente búsqueda con miras a una real reelaboración que nos permitiera-en especial a las generaciones actuales y futuras-instalarnos actualizadamente en el  siglo XXI.
En lo que nos queremos centrar aquí es en un aspecto vital del marxismo y el leninismo, como es el papel del partido desde el ángulo de la dialéctica materialista y su método de análisis.
 En el período predictatorial los comunistas uruguayos asentábamos nuestro accionar en la definición-entre otras- de que “la cuestión cardinal de la revolución uruguaya es la construcción de un gran partido comunista”. Y fuimos guiados por ese concepto hasta la crisis de 1990-92.
En ese momento, el partido que quedó pos Congreso Extraordinario necesitaba, por un lado,  un discurso de reafirmación, que lo tuvo con creces; pero, por otro lado, le era imprescindible-vital se podría decir- incluir en su agenda el inicio de un proceso de debate  y análisis crítico y autocrítico de 1- la experiencia del socialismo y su colapso y 2- la etapa propia desde  1955 a 1973. Estos dos cruciales temas se omitieron hasta la actualidad y por tanto el desarrollo se detuvo.
Las profundas transformaciones-verdaderas mutaciones-que tuvieron lugar en el mundo al unísono con la caída del campo socialista, transformaciones culturales, económicas y fundamentalmente tecnológicas volvían más imperioso e ineludible aquel debate.

Caras y Caretas Dic 31, 2015

Desconciertan los hechos políticos que se suceden con pasmosa rapidez y amenazan destruir el fruto de 60 años de acumulación política de la izquierda y diez años de gobiernos progresistas.
La campaña histórica de la derecha contra las empresas públicas (en particular Ancap, a la que Luis Alberto Lacalle Herrera e Ignacio de Posadas planteaban directamente suprimir), ya no es conducida por el herrerismo, sino que altas personalidades progresistas se suman al debate cuestionando el rol de las empresas del Estado, sus inversiones, sus estrategias comerciales y, tímidamente, hasta su propiedad, o al menos la propiedad de aquellas áreas que no sean “rentables”
Formalmente, esta megabatalla política (iniciada poco después de la formidable derrota que la derecha sufrió con el “caso Amodio”), se inició cuando el herrerismo pidió una comisión investigadora parlamentaria sobre Ancap, que fue votada con integridad ética, seguridad moral y gran ingenuidad política por el Frente Amplio.
¿Por qué no se hizo una gran auditoría y una comisión investigadora para ver cómo recibió el país el Frente Amplio el 1º de marzo de 2005, con el Brou, la CND, el BHU y el Banco de Seguros, esos sí, quebrados y con patrimonio negativo?
Era la oportunidad de condenar a la derecha por lo que le hizo a Uruguay desde 1985 hasta 2004, pero se perdió, porque algunos no quisieron hacer auditorías en los organismos devastados. Por el contrario, derrochaban elogios sobre Carlos Sténeri, Javier de Haedo y Alejandro Conforte, pensando acaso que la lucha política iba a ser de guante blanco. Pero esta vez la comedia se volvió drama.
El desarrollo de los hechos en los últimos meses, lamentablemente, fue tensando todas las cuerdas, y así vimos cómo el ex presidente José Mujica y su ex vicepresidente Danilo Astori, se cruzaban duras cartas abiertas en las que el primero acusaba al Ministerio de Economía y Finanzas de haber desfinanciado a Ancap (al no reconocerle mayores costos) y, al mismo tiempo, de haber estado siempre al tanto de la situación, y el segundo aseguraba haber estado siempre en contra de las inversiones que el ente petrolero hizo durante el gobierno anterior.

16/08/2015
Todo el terrorismo verbal, el desenfrenado circo montado por la derecha en torno a ANCAP, al cual no han dudado en montarse algún que otro compañero que cualquier trolley los deja bien, parte de un objetivo y de un presupuesto.
El objetivo, es preparar la revancha. Retomar la ofensiva privatizadora a contrapelo del camino que se viene desandando en la región, llevarse puesto a los últimos presidentes de la empresa y de  pasada a la Ministra de industria, liquidando tres posibles candidatos de la izquierda para 2019 y colocar durante los 5 años de gobierno al Frente Amplio a la defensiva y en tensión interna permanente.
El presupuesto, es colocar a las empresas públicas como si fueran privadas. Por lo tanto si dan ganancia la gestión es buena, si dan pérdidas es mala y hay que deshacerse de ellas, o encontrar algún responsable y cortar alguna cabeza para que tan vasto operativo político mediático  haya valido la pena.
Algunos de izquierda tuvimos –y mantenemos- una posición diametralmente opuesta: la empresa es el país y es a éste a quien le deben cerrar las cuentas. Las macroeconómicas por supuesto, pero sobre todo las sociales y productivas.
Las empresas públicas, los Entes Autónomos o sus empresas controladas funcionen o no bajo el derecho público, son herramientas para alcanzar los objetivos supremos de bienestar general. Por lo tanto las EE PP podrán dar ganancia o no, o alguna si y otras no, según el papel que le sea asignado por los sucesivos gobiernos en nombre del estado y ante determinadas coyunturas.

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