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Rodney Arismendi

"Lenin defendió y restauró las tesis fundamentales de Marx, lo que el mismo Lenin llamara piedras angulares del marxismo.  Lenin confirma a Marx, pero lo hace de la única manera en que se puede ser marxista, es decir ajeno a toda dogmatización, consciente de que nuestra teoría no es un dogma, sino una guía para la acción.  Lenin concreta el marxismo, atento a las nuevas realidades, en su esencia, como una teoría viva, crítica y revolucionaria.  Cambia así las direcciones de la historia."

19 de abril de 1983

I
La vigencia del marxismo-leninismo

Querida compañera Hanna, estimados representantes del Partido, de las Universidades, de las ciencias, profesores y estudiantes:

La compañera Hanna ha hecho muy difícil esta parte de mi tarea.  Ella, destacada científica, Rectora de esta prestigiosa Casa, pero sobre todo revolucionaria comunista de toda la vida, me ha dicho palabras generosas, que las comprendo dirigidas a mi pueblo y a mi Partido; estas tienen un relieve particular y emocionante por pronunciarse en la República Democrática Alemana, en esta Casa de teoría y práctica por ser formadora de cuadros revolucionarios y por venir de una persona que merece cariño y respeto como la compañera Hanna, cuya vida es una muestra característica de las virtudes y el temple del comunista.  Nuestra compañera es admirable por la firmeza de su historia personal, pero también por el hecho de que durante tantos años, en la hora de construir el socialismo en las tierras de Carlos Marx, le han dado la conducción inteligente, aunque dicen que con mano de hierro, de este prestigioso instituto.

"Acercamiento a la obra de Rodney Arismendi desde una perspectiva transformadora: Universidad y Revolución en América Latina.”

Autora: Lic. Anna Lidia Beltrán Marín.
Departamento de Marxismo-Leninismo.
Centro Universitario José Martí Pérez.
Sancti Spíritus. Cuba

 “La Universidad es un hervidero de ideas, de discusión de métodos, de experiencias, pero esto es también un termómetro de la temperatura de la revolución en el Continente”.1
Rodney Arismendi

La Universidad del Siglo XXI está llamada a resolver los problemas que en cada momento la sociedad va teniendo, a través de su carácter científico, tecnológico y humanista, de la labor educativa y político ideológica, así como profundizando en la formación investigativa de sus estudiantes y profesores, en la medida que logre satisfacer estas demandas sociales podemos afirmar que demuestra su impacto y pertinencia. La Universidad cubana de hoy se proyecta en el cumplimiento de su misión social y de su extensión a todo lo largo y ancho de nuestro país, así como se afianza en participar del proceso de integración de las Universidades Latinoamericanas. Existen al respecto posiciones muy alentadoras y otras que no ven la urgencia de este llamado. En Congreso Universidad 2004 en La Habana Cuba se dedicaron Sesiones de Trabajo al análisis de la Integración de las Universidades Latinoamericanas y a la Internacionalización de dichas casa de estudios, existe una necesidad real que Nuestros pueblos se unan para llevar adelante las transformaciones sociales a las que estamos llamados en este nuestro siglo XXI y en este sentido, corresponde a la Universidad cumplir su misión de poner al alcance de la sociedad el acervo cultural de la Humanidad.

Consideramos que en las condiciones actuales de América Latina ha comenzado a palpitar algo nuevo, vivimos el inicio de un nuevo período histórico, donde el neoliberalismo comienza a perder terreno, el postmodernismo y sus variantes denotan la falta de credibilidad de sus sistemas, por tanto el marxismo ,como filosofía de la praxis y teoría critica del capitalismo, debe retomar su papel de vanguardia ,como opción ideológica del presente ante la amenaza de los “nuevos profetas “2 Kohan (2003) que pretenden ocupar el espacio que se abre ante las necesidades de conocimiento de las nuevas generaciones.

Con el objetivo de prevenir el revisionismo que ,algunos aún en este siglo, pretenden ejercer sobre el pensamiento de Marx, desde posiciones ajenas al marxismo, consideramos de vital importancia retomar el estudio de la vida y de las obras de los pensadores marxistas, particularmente de los latinoamericanos, que desde su siglo XX miraron a lo largo y contribuyeron a la formación del pensamiento crítico hacia el capitalismo , hacia la hegemonía de este sistema ,en las condiciones precisas de América Latina.

Desde el conocimiento concreto que nos proporciona, la vivencia de la Revolución cubana, a partir de las convicciones del marxismo-leninismo, consideramos necesario dedicar un espacio al estudio del Pensamiento Marxista en América Latina , en particular , el de Rodney Arismendi quien siguiendo el precepto de Marx sobre la escala universal de los cambios sociales, promueve su Teoría de la Revolución Continental, en las condiciones concretas de América Latina, sustentada desde los años 50 del pasado siglo en sus trabajos alrededor del XVI Congreso del PCU de 1955 , reflejados en la compilación de sus trabajos sobre este tema : La construcción de la Unidad de izquierda y enunciada conceptualmente a raíz del Triunfo de la Revolución cubana, expuesta en su obra cumbre Problemas de una Revolución Continental (1960).

Los aportes teóricos del marxista uruguayo, nos permiten afirmar que su obra constituye un arsenal de ideas en la lucha actual por la emancipación de nuestros pueblos, la contribución teórica de la categoría: concreto- histórico: aplicada a la realidad uruguaya-regional-universal, nos permite comprender la magnitud del conocimiento de Arismendi sobre el legado de los clásicos del marxismo-leninismo y la aplicación, en la praxis revolucionaria de sus teorías.

La conceptualización teórica del papel y lugar de la intelectualidad y los intelectuales en el proceso revolucionario, nos ha llevado a profundizar en el estudio a fondo de la obra de Arismendi, lo cual nos ha permitido conocer sus concepciones políticas sobre : la educación, la enseñanza y comprender el significado que a su juicio tiene la misión de la Universidad ,en la transformación de la sociedad y sobre el potencial de los universitarios , en alianza con la clase obrera como fuerza motriz de la revolución.

El propósito esencial del presente trabajo quedará cumplido al dejar establecidas las ideas fundamentales de Rodney Arismendi sobre la función social de la Universidad, para lo cual pretendemos analizar el conjunto de obras del pensador uruguayo sobre el Tema referido y demostrar que existe en las mismas una concepción política sobre la Universidad, a partir de sus planteamientos acerca de las posibilidades históricas de la Universidad como fuerza integradora en la lucha por los cambios sociales ,teniendo en cuenta su función primaria :”trasmitir la herencia cultural y poner al alcance de las nuevas generaciones la suma de conocimientos que la humanidad ha ido acumulando.”3 .Arismendi (1965).

Rodney Arismendi. Fue un hombre de amplios intereses intelectuales que dedicó:”espacios reflexión al rol de las capas medias intelectualizadas y los intelectuales en el proceso de preparación ideológica para la transformación social “1. Bermejo (2002).Coincidimos con el autor de esta reflexión, a la luz de esta valoración expondremos nuestra visión de las obras de Arismendi que abordan los problemas de la Universidad y la Revolución, la cual ha sido objeto de análisis del político uruguayo desde el enfoque marxista. Sus trabajos constituyen un caudal de ideas propicias para una comprensión dialéctico-materialista de la misión de los intelectuales y de los estudiantes universitarios en el proceso de transformaciones sociales de América Latina , desde su análisis valorativo de los procesos de la Reforma Universitaria de los años 20 del pasado siglo a la luz de las condiciones de los años 60 ,hasta sus consideraciones sobre la misión de la Universidad después del derrocamiento de la dictadura fascista en Uruguay.

Seguidamente relacionaremos y expondremos en una apretada síntesis, las obras que hemos seleccionado para realizar este primer acercamiento al pensamiento de Arismendi, en las cuales aparecen explícitamente enunciadas sus concepciones sobre la Educación y las funciones sociales de la Universidad.

Interpelación sobre la Universidad del Trabajo : es un discurso de interpelación del entonces diputado Rodney Arismendi, ante el Ministro de Instrucción Pública, acerca de la situación de la Universidad del Trabajo de Uruguay (en lo adelante UTU), la cual se prolongó los días 22,24,26 de Mayo de 1950 en la Cámara de Representantes ,teniendo una gran resonancia ya que puso al descubierto la falta de gestión de las autoridades de la UTU, quienes arbitrariamente, negando toda norma pedagógica, influenciados por el contexto internacional : fin de la segunda guerra mundial e implantación de la "Guerra fría “se instaura la práctica del anticomunismo, el macarthismo y la "cacería de brujas", las que irrumpirían con todo: la cultura, el arte, la enseñanza, diseñando planes pedagógicos sobre la base del anticomunismo, la política del entonces director de la UTU contrastaba con la realidad uruguaya, muestra de una favorable atmósfera intelectual y cultural ,en la que se destacaba la Universidad del Trabajo por su activa participación de toda esta institución en la indagación y rescate de las tradiciones culturales del pueblo uruguayo.

El texto del discurso de interpelación, es muestra de la dedicación que Arismendi mantenía por la Educación entendida como factor esencial de la actividad social del hombre. La primera parte del mismo constituye una valoración de los planes de estudio de la UTU, siendo estructurada, por los editores, en capítulos para facilitar su comprensión. Capítulo I Los planes de estudio de la UTU están reñidos con las necesidades económicas y culturales del país. Aquí explica que el cometido fundamental de esta Institución es: ofrecer capacidad técnica, aprendizaje de un oficio, otorgar instrucción que posibilite a los jóvenes incorporarse a la vida laboral. Además critica las políticas antipedagógicas de las autoridades de este centro. El Capítulo II Arbitrariedad, acomodo y corrupción administrativa. Está dedicado la ilegalidad de los nombramientos directos, subordinados a intereses personales y los califica como “un cargo concreto de corrupción y usufructo personal de la función pública” En el Capítulo II Abuso de autoridad, persecución y malos tratos a profesores, continua refiriéndose a casos concretos que demuestran la forma que son tratados los profesores por parte de las autoridades de la UTU. El Capítulo IV Discriminación macarthista en la UTU, hace referencia a la forma discriminatoria, con que las autoridades de esta institución han tratado las cuestiones políticas, lo cual va contra de la Constitución vigente.

Toda esta obra constituye una denuncia a la situación de anarquía e ineptitud pedagógica existente en la UTU, las cuales a su juicio deben ser objeto de análisis de la Cámara de Representante, en tanto que constituyen una violación a la Constitución.

Siete años después pronuncia otro discurso, en las Sesiones de la Cámara de Representantes, 22 y 29 de Mayo de 1957, que publica con el título En defensa de la escuela laica. Del cual asentaremos aquí solamente las ideas fundamentales del autor que demuestran su conocimiento sobre la influencia de la Educación en la en la formación y transformación de la sociedad.

· La escuela debe ser una primera línea del conocimiento científico.

· La validez del conocimiento científico.

· El destino futuro de la escuela es inseparable del destino de la sociedad.

· Reforzamiento de la escuela pública en función de la democratización de la enseñanza.

En 1965 Arismendi pronunció una conferencia donde se refirió a temas relacionados con el Marxismo y la Universidad, el papel de los estudiantes universitarios en el proceso de la Revolución Latinoamericana, la Unidad de Izquierda, y otros tópicos de interés. Esta conferencia se dividió en dos partes: la primera dedicada al análisis teórico de la Función de la Universidad y sus contradicciones, la cual fue publicada con el título: Encuentros y desencuentros de la Universidad con la Revolución y la segunda formó parte de las tres ediciones del libro Insurgencia Juvenil. Serán objeto de análisis en el presente trabajo solamente los aspectos que constituyen los momentos esenciales de esta intervención ante 600 dirigentes y militantes del movimiento estudiantil universitario.

· Presencia irrefutable de los estudiantes entre los actores destacados de este drama optimista que a partir de Cuba nombramos como la segunda guerra de independencia.

· Incorporación de la intelectualidad a las filas del Marxismo Leninismo y al proceso revolucionario latinoamericano.

· Alianza de la clase obrera con las capas medias.

· La Universidad como institución formadora de técnicos y científicos acorde a las exigencias sociales.

· La Universidad trasmite el progreso general de la ciencia, en todas las formas del conocimiento y la expresión.

· La Universidad es propagadora y cultivadora de ideologías, transformadora de cuadros para la vida político social, para la dirección, prepara los hombres dedicados a asegurar la continuidad de la enseñanza.

· La Universidad es una institución del estado, que responde a los intereses de la sociedad en el marco de la cual se desarrolla y enriquece a partir de las propias exigencias sociales; a través de sus relaciones económico sociales y su carácter clasista

 

Esta obra constituye un punto de referencia imprescindible al analizar las contribuciones teóricas de Arismendi sobre el papel de los intelectuales y las clases medias en el proceso revolucionario, a pesar de haber sido esta conferencia en 1965 conserva plena actualidad en su propósito de comprender el rol de la universidad en el proceso de transformaciones sociales del presente siglo. Así como una expresión de las ideas de Arismendi acerca del carácter elitista de la Universidad lo cual contradice su función social, aspecto al cual dedicaremos otro momento en posteriores análisis por considerarlos plenamente vigentes en el proceso de integración de Nuestras Universidades.

Continuamos el análisis de las obras de Arismendi con una breve exposición de las ideas centrales del discurso que pronunció el 13 de noviembre de 1968 ante la Cámara de Representantes: Homenaje a la Universidad, a sus autoridades y a su estudiantado. El cual constituye una crítica a las posiciones del Poder Ejecutivo que extendió una campaña antiuniversitaria basada en afirmaciones calumniosas ajenas a la realidad .El autor considera necesario rendir homenaje a los universitarios y en particular al Rector, legitimizar a este hombre que debió enfrentar esta tremenda situación sobre la base de la invocación del derecho y de la defensa de la universidad. Se refiere además a que la Universidad se inserta en la problemática general del país , así como en lo relacionado con la continuidad de las mejores tradiciones del país en la lucha por la libertad ,por la superación teórica de los profesionales, en la aplicación de la ciencia a los problemas de la sociedad y se inserta también en “ la hora sombría que vive la República.” .Se refiere a las conquistas de las Universidades desde la Reforma de Córdoba, movimiento que abogó por la democratización de la cultura ,por la autonomía la representación estudiantil. Apunta que la insurgencia latinoamericana nace de la crisis profunda de la estructura de nuestra sociedad, de la dominación y la frustración del destino de nuestra patria por la presencia del imperialismo norteamericano. La insurgencia universitaria, es parte del gran movimiento liberador que recorre los pueblos de América Latina.

Encontramos plena vigencia en el planteamiento anterior, el lugar que ocupa la Universidad en el proceso de cambio, la cual, no puede separarse de la sociedad, porque está enraizada en las relaciones de clases, la universidad por si sola no puede hacer la revolución, ella está llamada a unirse a las demás capas sociales en el Proceso de la Revolución Latinoamericana. 

Otra de las obras de Arismendi que analizaremos brevemente es una intervención en la Mesa Redonda La Universidad y la Revolución auspiciada por el VII Congreso de la Unión de la Juventud Comunista, efectuada los días 5 y 6 de diciembre de 1969, en la misma hace referencia a la participación estudiantil en la revolución, a los conflictos que la universidad ha tenido con los regímenes establecidos, afirma que la universidad aparece en la lucha por la libertad, la independencia, la defensa de las tradiciones democráticas. Plantea: “el problema educacional es parte del problema social, la soluciones no pueden hallarse dentro de la universidad, sino que deben ser totales, para resolver los problemas de la educación, de la cultura, parte de los problemas de la revolución, (....) la expresión cultural es parte de la división en clases sociales a la que no escapa la universidad, de donde los problemas y la crisis de la universidad y de la cultura solo pueden solventarse con la revolución” 6

Ø En esta propia intervención Arismendi rememora lo que había expresado en Encuentros y desencuentros de la Universidad con la Revolución que la misión de la universidad es formar técnicos y científicos según las necesidades del desarrollo social, entendiendo estas necesidades de un modo históricamente concreto. Posteriormente sintetiza las funciones de la universidad, concluyendo que su principal función es trasmitir la herencia cultural; “es decir poner al alcance de las jóvenes generaciones la suma de conocimientos que la humanidad ha ido acumulando” 7 y amplia que no es una simple transmisión pasiva del pasado, sino vistas a la luz de los nuevos desarrollos científico técnicos y para esto crean un tipo de trasmisores de esa herencia cultural. Estima pertinente los debates sobre el destino de la universidad, los problemas de organización de la docencia, las cuestiones de la revolución, su estrategia, su metodología y plantea: “la universidad es un hervidero de ideas, de discusión de métodos, de experiencias por esto es también un termómetro de la temperatura de la revolución en el continente”8.

En Noviembre de 1972 Arismendi interviene nuevamente ante la Cámara de Representantes, en esta oportunidad en relación con la Discusión de la Ley de Educación 14.101. Calificándola expresión de la crisis nacional que dividió la República, la que “surge como respuesta regresiva para superar las diversas contradicciones insolubles en el horizonte ideológico y político de las clases dominantes y de quienes dirigen el poder” 9. Mencionamos a continuación algunas de las contradicciones que contiene dicha Ley, planteadas por Arismendi durante su intervención parlamentaria:

 

Ø Incapacidad para desarrollar en la nueva situación, los tradicionales principios de la enseñanza uruguaya, acordes con el desarrollo democrático del país y su sustitución por tendencias autoritarias.

Ø Contradicción con la nueva realidad del país, donde se evidencia la presencia de la clase obrera impulsando al resto de las capas medias progresistas hacia las nuevas transformaciones y reformas.

Ø Incapacidad para responder a las aspiraciones de desarrollo de la enseñanza, a su extensión y a su elevación.

Ø Incapaces de dar los recursos para que la enseñanza alcance su nivel.

Ø Incapaces de resolver los problemas del país, de la infraestructura, de la enseñanza, de las necesidades de los profesores y de los estudiantes.

Antes de concluir su intervención sintetiza lo anterior expresando que la ley propuesta es ajena al país, a su historia, a la historia de la enseñanza, es una ley de miedo hacia el pueblo.

Conversación con los estudiantes latinoamericanos es el título de la conferencia pronunciada por Arismendi, en Noviembre de 1979 en el Seminario de Estudiantes Latinoamericanos, efectuado en Moscú. Aquí enfatiza su Tesis acerca del Continente Americano como “un continente en revolución” en el cual se plantea cada día la necesidad de cambios revolucionarios, cuya tendencia general se hizo irreversible a partir del triunfo de la Revolución cubana y es el resultado de una gran revolución, en la que se entrelazan la lucha antiimperialista y las tareas democráticas de la revolución. Analiza el proceso histórico independentista en América Latina desde el siglo XIX y plantea que hay un elemento en común: la reafirmación del rompimiento con el sistema de opresión que significa el imperialismo mundial .Lo expuesto por Arismendi en su día cobra vigencia en nuestro siglo XXI, Latinoamérica continua siendo un continente en revolución y en aferrada lucha por la soberanía nacional, contra el neoliberalismo, y contra el imperialismo.

Enseñanza democrática, proyecto nacional es el título de la conferencia pronunciada por Arismendi en el Comité de Base del Frente Amplio el 2 de Junio de 1985. Exponemos a continuación las ideas fundamentales sobre la enseñanza recogidas en esta obra.

Recorrido histórico por el camino transitado hacia la democratización de la enseñanza.

 

Rememora los sucesos de la Reforma Universitaria de 1918-1920.

 

Establece un paralelo entre la crisis de la economía nacional y la reacción de la “población universitaria”, frente a esta crisis, situación propicia para el encuentro solidario con la clase obrera.

 

La población universitaria ,proveniente de las capas medias de la población ,forman parte del proceso social en los países dependientes, sometidos a la oligarquía y en esta América Latina nuestra ,que los hace transformar en una fuerza motriz del cambio revolucionario.

 

Define que el maestro es un asalariado, vive de su sueldo y contribuye con sus conocimientos a la formación de una juventud capaz de manejar las maquinarias y de desenvolverse en la producción, de elevarse en los planes de la ciencia y la cultura para atender las nuevas realidades en una sociedad que se desenvuelve.

Expresa que la irrupción obrera, estudiantil, de la Universidad y de la enseñanza, coincide con un hecho fundamental en la historia de América Latina: el triunfo de la Revolución Cubana.

 

Plantea que la educación en su país, al igual que en otros de la región, ha sido afectada por las dictaduras fascistas, expone con cifras, que ilustran esta situación, datos que deben ser conocidos por todo el país.

Fundamenta que la ciencia no tiene contenido de clase, sino que es parte de la acumulación de conocimientos del hombre para dominar la naturaleza y desenvolverse a si mismos.

Reflexiona en torno a la vinculación de la enseñanza a las necesidades nacionales, sin rebajarla de su sentido cultural, de su conocimiento científico.

Es decir, dentro del proyecto revolucionario que debe asumir el Frente Amplio está concebir una Universidad que responda a las necesidades del cambio democrático que la sociedad uruguaya necesita. 

El informe ,elaborado por Arismendi para la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Uruguay, realizada en Diciembre de 1985 se ha publicado con el título : El Partido y los Intelectuales.,hemos considerado oportuno traer a nuestra selección de obras del autor ,fragmentos de este informe ya que aparecen conceptos que deben formar parte del proceso que constituye la presente reseña . Define el concepto de intelectualidad, expresa la relación de la misma con la clase obrera en el proceso revolucionario de su país en particular y como regularidad en casi toda América Latina. Expone las posiciones teóricas de su Partido respecto a los intelectuales.

En 1988 Arismendi sostiene una conversación con profesionales de la salud, la versión grabada de esa charla se publicó con el título: Diálogo con los médicos, seguidamente nos referiremos a las ideas esenciales que sobre la Educación Superior aparecen enunciada en esta obra:

· Retos actuales de la Universidad uruguaya.

· Contradicciones entre la alta capacidad de los docentes, médicos, técnicos y la penuria en la infraestructura educacional y sanitaria.

· La ética médica enaltecida reivindica el destino de los profesionales de la salud.

· La Universidad se inserta en la ideología, es continuadora de la herencia cultural: la conserva, la trasmite.

· Asimilar críticamente todos los aportes en el terreno del pensamiento científico y de la investigación.

· Necesidad de comprender el marxismo como una relación dialéctica con la cultura del mundo, con sus corrientes y expresiones.

· El marxismo no es un receptáculo de verdades sagradas.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Este breve análisis constituye el punto de partida de nuestro proyecto de investigación el cual se propone de manera general el estudio del pensamiento marxista latinoamericano contemporáneo y en particular la contribución de las ideas de Rodney Arismendi al proyecto emancipador del Continente, así como la valoración crítica de las ideas del uruguayo acerca de la educación, la universidad y los intelectuales.

En Arismendi encontramos una interpretación creativa del marxismo, una concepción de marxismo abierto, una posición revolucionaria sobre los intelectuales, una actitud creadora sobre la función de la Universidad, un conocimiento profundo sobre las posibilidades emancipatorias de América latina.

El compañero Hugo Rodríguez en sus palabras de apertura de la obra de Arismendi: Sobre la enseñanza la literatura y el arte, pequeña recopilación, expresa que las disquisiciones teóricas de Arismendi obedecen a situaciones concretas de la historia uruguaya, y manifiesta:” la colección de sus intervenciones en este plano se pueden tomar como una crónica de las venturas y desventuras de la educación pública en el Uruguay de las últimas cuatro décadas. La escuela pública, laica y científica, la Universidad Autónoma, la educación técnica de cara al país, lo encontraron como abogado intransigente.”10

El contenido desarrollado en este trabajo , constituye una apretada síntesis de ideas ,seleccionadas en diez obras de Rodney Arismendi consultadas con el propósito de demostrar sus consideraciones sobre las funciones sociales de la Universidad y dentro de ellas en particular dejar establecidas las sus consideraciones sobre la Universidad como termómetro de la temperatura de la Revolución en el Continente.

Asimismo consideramos que en la actualidad la Universidad uruguaya transita por un período crítico, no forma parte de las preocupaciones del gobierno resolver sus problemas, la crisis económica ha impactado en el proceso universitario, por tanto está llamada a abrir sus puertas a la integración a partir de la búsqueda de un destino común para nuestros pueblos. El conocimiento del legado de Rodney Arismendi sobre las funciones de la Universidad uruguaya y sus tradiciones progresistas puede constituir un punto de partida hacia el logro de ese ideal integracionista de las Universidades de América latina.

 

CITAS Y REFERENCIAS

1- Arismendi R. Universidad y Revolución. En la obra Lenin y Nuestro tiempo. Pag. 164

2- Kohan Nestor: Marx en su tercer mundo. Prólogo a la Edición cubana. La Habana. 2003.

3- Arismendi R Encuentros y desencuentros de la Universidad con la Revolución. En la obra Sobre la enseñanza, la literatura y el arte. Pág.276

4- Bermejo S. A. Rodney Arismendi: sus concepciones sobre la intelectualidad y los intelectuales .El paradigma del intelectual orgánico .en EL Catoblepas. www.nodulo.org.

5- Arismendi R Sobre la enseñanza la literatura y el arte. Pequeña Recopilación. Pag.395.

6- -----------------------------Pag.278.

7- --------------------------Pag.181.

8- Lenin y nuestro tiempo .Pag.157.

9- Arismendi .R. Sobre la enseñanza la literatura y el arte. Pequeña Recopilación. Pag. 278.

10- Hugo Rodríguez Sobre la enseñanza la literatura y el arte. Pequeña Recopilación .Pag.. 12.

 BIBLIOGRAFÍA

1- Arismendi. R. Problemas de una revolución continental.
2- Arismendi. R. Lenin y nuestro tiempo
3- Arismendi. R. Lenin y nuestro tiempo.
4- Arismendi. R. Para un prontuario del dólar.
5- Arismendi. R. La construcción de la unidad de izquierda.
6- Arismendi. R. Sobre la enseñanza, la literatura y el arte: pequeña recopilación.
7- Bermejo. A. Rodney Arismendi: sus concepciones sobre la intelectualidad y los intelectuales .El paradigma del intelectual orgánico”.en EL Catoblepas. www.nodulo.org.
8- Kohan.N. Marx en su tercer mundo.
9- Pereyra Faget R. La Universidad de la República Centro de enseñanza superior, investigación, creador de cultura y baluarte de defensa de las libertades.

10- Schuarz N. José C. Mariategui y Rodney Arismendi: dos cumbres del marxismo en América Latina.

ESPACIO FRENTEAMPLISTA - URUGUAY

LIBERTAD, DEMOCRACIA, SOCIALISMO

En el correr de año 2004 se desarrollaron charlas y conferencias por parte de un grupo  de compañeros preocupados por la crisis ideiológica por la que pasa la izquierda en el país y en el mundo. Este texto pertenece a una de ellas.

PONENCIA

Marisa Battegazzore

EL CONCEPTO DE “DEMOCRACIA AVANZADA” EN RODNEY ARISMENDI: UN REFERENTE EN EL PROCESO POLÍTICO LATINOAMERICANO

                                    “Las citas no clausuran debates” (Rodney Arismendi)

                                    - pero dan en qué pensar y enseñan cómo. (M.B.)

      El concepto “democracia avanzada” que ha cobrado actualidad en la búsqueda de caminos de algunos sectores de la izquierda uruguaya no es sólo un feliz hallazgo terminológico de Arismendi ni atiende a una situación coyuntural: es una categoría teórica que aparece ya en su libro Lenin, la revolución y América Latina, escrito entre 1968 y 1970, para ser retomado, con mayor proyección política, a la salida de la dictadura uruguaya. Ha tenido la buena y mala fortuna de convertirse en consigna y designación de un agrupamiento político estructurado en torno al PCU, cuyos dirigentes continuaban proscriptos, en las elecciones de 1984. Este hecho denota su capacidad para encarnar en la conciencia social, pero entraña el peligro de que el nombre absorba el contenido. Es obligatorio continuar el análisis de este concepto, profundizar en el significado del mismo en el contexto del pensamiento de Arismendi, para pautar adecuadamente nuestra propia perspectiva actual. La categoría “democracia avanzada” forma parte de una concepción estratégica y táctica. Se integra en la definición del carácter del “primer movimiento de la revolución latinoamericana”. Reubicada en un contexto político-intelectual diferente, corremos el peligro de que, por mirar el collar, no nos demos cuenta que nos han cambiado el perro.

Uruguay y América Latina viven momentos de definición. En un cuadro mundial signado por profundas contradicciones, el “trueno subterráneo” de que hablaba Arismendi, vuelve a oírse y los pueblos buscan alternativas a las impuestas políticas  neoliberales[1] que se habían presentado como panacea para los problemas del desarrollo. La persistencia de las contradicciones irresueltas  hace que nuestros países vivan una historia de crisis recurrentes, cada vez más profundas y duraderas, y que, pese a todas las derrotas, se sucedan los movimientos de resistencia y las luchas por transformar nuestra realidad. Se ha ensanchado el abanico de fuerzas sociales potencialmente interesadas en un proyecto alternativo. Es responsabilidad de las fuerzas políticas construirlo y convertirlo en conciencia de amplias masas.

En la senda de Lenin

En Lenin, la revolución y América Latina, un extenso estudio del problema de las vías, la expresión “democracia avanzada” –por lo demás, un término de raíz leninista[2]- reviste básicamente dos sentidos. Primero, orientación política: así habla de “partidos y personalidades democráticos avanzados, en general subjetivamente socialistas ...”[3] Pero además, caracteriza un régimen político-social que, al mismo tiempo, pueda ser camino de aproximación al socialismo[4], dependiendo de las condiciones histórico-sociales, en particular, de qué clases o sectores de clases hegemonicen el bloque histórico. Entre los conceptos de “régimen” y “ruta”, estado y proceso, no hay relación de exclusión, sino contradictoriedad dialéctica.

Arismendi rechaza frontalmente la noción de integración del capitalismo en el socialismo y la fetichización de la continuidad. Más allá de discriminar claramente entre las categorías “formas del Estado”, “tipo de estado” y “máquina del estado”[5], y de partir de la idea de que no hay modelos preestablecidos en cuanto a la forma concreta de la organización socialista en cada lugar, cuando admite que formas institucionales originadas en el estado burgués podrían ser utilizadas en el tránsito al socialismo, aclara que “utilización equivale aquí a conservación formal relativa aunque se transforme el contenido, y ello tenga por lo tanto que afectar ulteriormente también a la forma”.[6] Merece especial análisis el problema de la utilización –ya vimos en qué sentido- de las formas parlamentarias existentes. Aborda la cuestión de la vía pacífica al socialismo en la hipótesis de que se combinaran la conquista de una mayoría parlamentaria estable por un frente de fuerzas populares con la acción de masas capaz de quebrar la resistencia conservadora. Para Arismendi, lejos de ser ésa la vía más frecuente ni más probable al socialismo, sólo podría darse en condiciones excepcionales, en relación con el concreto desarrollo histórico-cultural de cada país. Y asimismo, dependerá de la medida en que las fuerzas populares sean capaces de ir transformando el contenido de esas formas institucionales. Pues considera errónea la tesis de que la posibilidad de esa vía “signifique una superación o una limitación de la teoría marxista-leninista del estado”[7] y reafirma las tesis generales acerca de la necesidad de destruir el aparato burocrático-militar del estado burgués. Esta destrucción –y consiguiente construcción de nuevas formas organizativas- puede darse a consecuencia de la revolución socialista o bien irse procesando en un período de transición, democrático avanzado, lo que podría hacer posible el tránsito relativamente pacífico, es decir, sin una insurrección o una guerra civil. Decimos “relativamente”, porque Arismendi sostiene la vigencia de la tesis de que las clases dominantes no entregarán buenamente el poder y porque señala que la unidad de un bloque pluriclasista por los cambios no elimina la lucha de clases, sobre todo una vez que se van logrado ciertos objetivos[8]. Para confirmar esta tesis, basta recordar la posterior experiencia chilena. Asimismo plantea el caso –nada hipotético, pensemos en Cuba- en que la lucha armada abra el camino a una revolución democrático avanzada, lo que comprende tareas nacional liberadoras, y en plazos más o menos largos, transite al socialismo sin una nueva confrontación.

Una preocupación en este libro fue sin duda aventar la confusión entre vía democrática y vía pacífica. La correspondencia entre ambas, señala Arismendi, siguiendo a Lenin, no es biunívoca. No hay otra senda hacia el socialismo, dice Lenin[9], que la de la democratización. Pero todo cambio, aún modesto, que afecte la dominación de clase, va a ser resistido. Y no se va a avanzar en democracia sin afectar los intereses de las clases dominantes que, por otra parte son mucho más extensos y celosos ahora que las políticas neoliberales han ampliado los derechos del capital, en la misma medida en que recortaban los de los trabajadores. En el contexto del imperialismo, hay que incluir el poder económico, político y militar de la potencia hegemónica. Esas resistencias pueden contribuir, dependiendo de múltiples condiciones objetivas y subjetivas, a la radicalización del movimiento o a su retroceso.

 La extensión y profundización de la democracia no consiste en ensanchar sólo en el terreno formal la igualdad, la libertad o la participación. Lukács señala que no es casual “... que el más perfecto, el más explícito ‘idealismo’ abstracto de las formas de gobierno del Estado, sea el instrumento más apropiado para que se afirmen los intereses egoístas-capitalistas sin dificultad bajo el pretexto de intereses generales, ideales.”[10]
 A nuestro parecer, en el pensamiento de Arismendi, la posibilidad de que, dentro del marco de las instituciones burguesas, un gobierno con mayoría de las fuerzas populares alcance a configurar un régimen democrático avanzado, deriva de las siguientes condiciones:

 ·         el carácter de clase del bloque social que lo impulsa y qué clase o sectores de clase tienen la hegemonía o la adquieren en el curso del proceso
 ·         el programa que efectivamente ponga en práctica, esto es, su capacidad de tomar medidas radicales en el sentido de la democratización de las relaciones económico-sociales y también jurídico-institucionales, ensanchando la participación efectiva, y no sólo formal, del pueblo en las tareas de gobierno.
 ·         la acción de las masas populares conscientes y movilizadas, sosteniendo e impulsando el proceso, imprimiendo su sello y marcando rumbos
 ·         una orientación al menos subjetivamente socialista, es decir, la voluntad y el proyecto de trascender y superar los marcos del capitalismo. Esto excluye el concepto estático de democracia avanzada como etapa cerrada. Pero sobre todo implica la preparación consciente en esa dirección, que exige modificar no sólo las relaciones económicas y jurídicas. Es necesaria una transformación moral: educar en nuevos valores,  crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia, construir en la vida social las formas concretas de realización de las tendencias democratizadoras, “de cara al futuro y no al pasado”. Sería bueno recordar las conclusiones de Lenin a partir de la experiencia del trabajo voluntario, así la forja del “hombre nuevo” que proponía el Che. Pensamos que es en este sentido que Arismendi habla de “los valores universales de la democracia”.[11]
 
El pensamiento de Arismendi sobre este tema tiene, en lo esencial, total coherencia interna. En Problemas de una revolución continental, en función de su tesis del carácter dual de la contradicción fundamental en América Latina, plantea que la revolución democrática de liberación nacional deberá asumir tareas anticapitalistas; no identifica, como otros representantes del pensamiento marxista latinoamericano, la categoría “democracia” con “democracia burguesa”[12]. Por lo tanto se separa de un pensamiento teórico que cristaliza etapas predeterminadas de desarrollo y que preveía como necesaria una supuesta “culminación democrática” de la frustrada revolución burguesa en los países latinoamericanos, una especie de “capitalismo normal” previo a la revolución socialista. En Lenin, la revolución y América Latina  examina incluso la posibilidad de una vía no capitalista al socialismo en relación a los pueblos recientemente liberados de la opresión colonial. 

En este sentido no hay en Arismendi una reificación de la democracia. No sólo combate la tendencia por la cual “La expresión democracia pasa a manejarse como un concepto abstracto absoluto y no como una forma institucional histórica”[13], sino que, como vimos, no es planteada como estado sino como proceso, en sí misma y en tanto vía de aproximación al socialismo. “Estudiamos, por tanto, los objetivos democráticos de la revolución en la perspectiva del socialismo, que los continuará y negará en una fase superior”[14]

La teoría deviene política

En el Informe al XX Congreso del PCU, en diciembre de 1970, la categoría “democracia avanzada” define el carácter del frente político entonces en formación y, asimismo de su gobierno, en caso de alcanzarlo. En esa caracterización del futuro Frente Amplio aparece como sinónimo de “frente democrático, antiimperialista y antioligárquico”.[15]

Esta categorización merece algunas precisiones, ya que Arismendi no la hace a la ligera. En primer lugar, atiende a la composición de clase, al sentido de las alianzas, y distingue el concepto de frente de la izquierda de frente del pueblo. El XX Congreso tiene lugar durante la presidencia de Pacheco, en el que la oligarquía financiera, vinculada al latifundio y al imperialismo, asume directamente las riendas del gobierno, para reacomodar, violentamente y al filo de la inconstitucionalidad, la distribución del producto nacional en su beneficio. El movimiento popular –partidos de izquierda, sindicatos, movimiento estudiantil- se amplía y se radicaliza. Se introduce la lucha armada contribuyendo a la polarización de la escena política. En este cuadro, el Partido había definido la contradicción principal en los términos oligarquía-pueblo.

En segundo lugar, el Informe reitera algunas de las condiciones que delimitan claramente el contenido del  frente democrático avanzado: “... un movimiento político que tenga por base social de sustentación la alianza de la clase obrera y de los diversos sectores de trabajadores con las amplias capas medias de la ciudad y del campo; pero que sea apto, a la vez, para arrastrar tras de sí a todos los que se oponen directa o indirectamente a la oligarquía y al imperialismo ...”[16]

Inmediatamente, el programa de unidad, cuyas “líneas principales ... coinciden con los postulados matrizados por más de una década de acciones de las multitudes obreras y populares, que opusieron una plataforma nacional, democrática y progresiva (...) existe evidentemente un programa básico en la conciencia de las masas ...”[17], y prosigue con una enumeración de las líneas esenciales de ese programa básico que incluía, entre otras, moratoria de la deuda externa, nacionalización de la banca, medidas de reforma agraria, rescate de los entes estatales del dominio imperialista. “Este programa (... ) apunta en las direcciones principales de lo que denominamos un cambio democrático avanzado...”[18].

La integración al frente no responde a meras razones tácticas: “Lo consideramos una respuesta consciente a las peculiaridades del momento uruguayo, pero inserta en las perspectivas de los cambios revolucionarios...”[19]. El frente político tiene por tanto una dimensión estratégica que, debe entenderse en el marco del progresivo vaciamiento de contenidos, aún en el terreno jurídico, de la democracia uruguaya. Este proceso no puede ser limitado a la coyuntura del pachecato: se trata de la profundización de la crisis económica, política e ideológica cuyos primeros síntomas se perciben hacia la mitad de la década de 1950. En el plano político, se expresa como crisis del bipartidismo y del nacional reformismo y, ante todo, crisis del batllismo, principal representante de la burguesía nacional, cabeza pensante y gobernante del modelo de desarrollo industrial, estatalista y proteccionista, del Uruguay en la primera mitad del siglo XX.

Avanzar en democracia

Luego de doce años de dictadura, Arismendi retoma el concepto de “democracia avanzada” y reafirma su carácter dinámico:  

“La democracia avanzada no es un acto ni el carácter automático del gobierno que empieza en marzo. La democracia avanzada es un proceso de combate programático, reivindicativo, que empieza ya, pero que debe seguir mañana, de desarrollo de la lucha de clases en determinadas condiciones (...) de imposiciones mediante el empuje popular. Desde luego, también será un gobierno, si es el gobierno que surge por el triunfo del Frente Amplio. Pero incluso en tal caso, sería un proceso”.[20]

En 1985, el informe a la Conferencia Nacional del PCU enfatiza ese carácter al marcar el uso indistinto de dos expresiones: “La expresión ‘democracia avanzada’ o ‘avanzar en democracia’, supone hoy la movilización y la unidad del pueblo por afirmar esta democracia, pero para lograr soluciones de justicia social e independencia económica. Supone al mismo tiempo la lucha por un programa de gobierno del FA, o del FA y sus posibles aliados”.[21] Es bien interesante la coincidencia con Lukács que propone el uso del término “democratización” mejor que democracia, “... ya que se trata sobre todo de un proceso y no de un estado ...”[22]

Hay una concordancia conceptual básica entre esta formulación y la que hiciera 15 años antes, por lo cual no reiteraremos consideraciones. Sólo señalaremos dos aspectos que tienen que ver con el momento histórico que vivía el Uruguay y un tercero de orden teórico..

·         la reciente recuperación de la institucionalidad democrática, es altamente valorada, pero no pensada como fin último –en el doble sentido de terminación y de finalidad. Avanzar hacia una democracia real no sólo es una meta: también es el medio para defender la democracia formal[23].

·         la “defensa de la democracia” no se identifica con la “gobernabilidad”[24],que desde 1985 se transformó en verdadera consigna de las clases dominantes y que sirvió para cohonestar, antes que nada, la impunidad por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. Tampoco con la estabilidad en el sentido de conservación. Arismendi habla de “consolidar” la democracia, pero también de “crear una nueva democracia”[25]. A su criterio esto significa entre otras cosas “... un programa de auténticas y urgentes soluciones nacionales y populares (...) un programa positivo y posible que rompa con las recetas impuestas por el FMI y utilizando los recursos destinados a pagar la deuda externa para reactivar nuestra economía y resolver algunos de los más graves y dramáticos problemas  sociales.” y asimismo “... liquidar todos los vestigios dejados por el régimen, reconstruir la legislación social y desmantelar el aparato represivo, redimensionar y reorientar las fuerzas armadas en un sentido democrático y de defensa de la soberanía nacional y aclarar la situación de los desaparecidos”.[26] La defensa y la profundización de la democracia no excluye sino que implica el despliegue de la lucha de clases. En este sentido, recordemos que Arismendi se pronunció tajantemente en contra de las propuestas de “pacto social”, al estilo del realizado en España a la salida del franquismo.[27]

·         la comprensión de la dialéctica fines-medios. La escisión no dialéctica de estas categorías conduce a la diferenciación excluyente de los conceptos avanzar en democracia y democracia avanzada –una sería la vía, el medio, la segunda la etapa, el objetivo a alcanzar. Subrayamos los artículos determinados, porque a menudo se olvida el consejo de Arismendi de “no atarse las manos”, lo cual no era muestra de empirismo o pragmatismo, sino reconocimiento teórico de los límites de la previsibilidad de los procesos históricos que están dados por el carácter tendencial,  no absoluto ni mecánico, de las leyes que los rigen.[28]. Arismendi rechaza los “modelos” predefinidos –incluso la noción misma de “modelo”[29] que, ignorando la dialéctica de lo general y lo particular, edifica abstracciones estáticas.

El río ha cambiado pero también los bañistas

En la actualidad el proyecto del frente de unidad política no corresponde, a nuestro entender, a una orientación democrático avanzada, si nos atenemos a la caracterización que hemos desarrollado. Por razones de espacio, nos limitamos al enunciado. Siguiendo la exigencia de Arismendi de precisar estrictamente los términos y categorías, pensamos más adecuada la expresión “proyecto democrático de desarrollo nacional”, que emplea Rabelo en relación a Brasil[30]. Lo cual no excluye sino que supone crear las condiciones para ‘avanzar en democracia’.  Reconocer la realidad no significa adaptarse a ella. La praxis social modifica las condiciones objetivas: se puede y se debe “educar al educador”. Explícitas o implícitas, las previsiones de un “largo período” para el que no es pensable superar los marcos de la democracia capitalista,  carecen de la comprensión dialéctica del tiempo histórico, que no transcurre como una línea ascendente de cambios graduales y progresivos, como querían los evolucionistas, ni recorre ordenadamente estadios o etapas cerrados, al estilo comptiano[31]. La dialéctica preside el pensamiento de Arismendi y es lo que le otorga su vitalidad y validez actuales. Los principios filosóficos y metodológicos tienen una directa proyección política. Hacia 1970, Arismendi, precisando el concepto de “período de acumulación de fuerzas”, recuerda que las épocas de lento desarrollo social deben ser aprovechadas para  elevar la conciencia y la capacidad combativa de las masas populares, encauzando esa labor “hacia el objetivo final del movimiento”, “capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas de los grandes días en que están corporizados 20 años”. Y continúa: “Esta comprensión dialéctica del desarrollo es fundamental para no perder el paso de la historia, si no se quiere extraviar la perspectiva revolucionaria (...) más grave (que el infantilismo) es el riesgo de adecuación a las fases lentas o relativamente lentas de desarrollo social. Y esto no es especulación teoricista. (...) tiene que ver con la concepción total de la dirección política.”[32]

No ambicionemos, como Fausto, poder decir “detente, instante, eres tan bello”. Todos sabemos qué hizo para lograrlo.


[1] Usamos este término porque su uso generalizado exime de largas descripciones. Sin embargo creemos que esa denominación sería merecedora de mayor análisis crítico.

[2] Lenin habla de “tareas democrático avanzadas de la clase de vanguardia” – Dos Tácticas.- Obras Escogidas.- Progreso.- Moscú.-. T. 1.- Pág. 574.

[3] Lenin, la revolución y América Latina. EPU- Montevideo.- 1970 - Pág. 220 (Énfasis del autor)

[4] “... se trata del tránsito al socialismo desde un régimen democrático avanzado ...” Ibídem. Pág. 218.

“... se está transitando por una senda democrático avanzada, es decir, por una ruta de aproximación al socialismo...” Ibídem.-Pág. 234- (Énfasis nuestro)

[5] Ibídem.-Pág. 239.

[6] Ibídem.-Pág. 228 (Énfasis del autor)

[7] Ibídem.- Pág. 235

[8] Ibídem.- Págs. 222-223

[9] “Quien quiera ir al socialismo por otro camino que no sea el de la democracia política, llegará infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido económico como en el político” Dos Tácticas.- Ob. cit.-Pág. 490. La cuestión de la democracia es central en el pensamiento de Lenin, pero es un aspecto bastante poco frecuentado y a menudo tergiversado.

[10] Georg Lukács- El hombre y la democracia.- Contrapunto - Buenos Aires – 1989 - Págs. 53-54

[11] Estudios 104.- Montevideo – 1989 – Pág. 12.

[12]  “Democracia burguesa” en el sentido de “democracia capitalista”, concepto leninista que ha revalorizado Atilio Borón. Vale la aclaración por cuanto sobrevive la confusión en torno el término democrático-burgués, con el cual buena parte de los marxistas latinoamericanos designaban a la revolución democrática. Arismendi utiliza esa denominación en trabajos tempranos, pero luego lo abandona por nombres más precisos conceptualmente como “democrático de liberación nacional”, o “agraria antiimperialista”.

[13] R. Arismendi.- Vigencia del marxismo-leninismo.- Grijalbo.- México- 1984 - Pág. 76.

[14] R. Arismendi- Problemas de una revolución continental- Fundación Arismendi-Grafinel- Montevideo- 1997- Tomo II - Pág. 114.- (Énfasis nuestro).

[15] Informe al XX Congreso del PCU.- En Congresos y Documentos.- Comisión Nacional de Propaganda. PCU. – Montevideo – 1988 - Pág. 197 En el mismo Informe habla del objetivo central del período: “... una alternativa de poder democrático avanzado y patriótico. La conquista de un gobierno ... realizador de un programa de transformaciones democráticas y de rescate de la soberanía nacional, en el que participen la clase obrera y las grandes masas trabajadoras...” Pág. 184.

[16] Informe al XX Congreso del PCU.- Ob. cit.- Pág. 197. (Énfasis nuestro)

[17] Ibídem. –Pág. 197-198. La mayor parte del programa frenteamplista de esa época ya era bandera de la CNT, y se había forjado en el curso de un proceso de confluencias y debates para culminar en el pronunciamiento del Congreso del Pueblo de 1965.

[18] Ibídem. – Pág. 198

[19] Ibídem.- Págs. 198-199

[20] R. Arismendi.- Informe al Comité Central – 1984- Congresos y Documentos- Ob. cit.-- Pág. 237- (Énfasis nuestro)

[21] R. Arismendi.- Informe a la Conferencia Nacional del PCU –1985–Congresos y Documentos–Ob. Cit. Pág. 299.(Énfasis nuestro)

[22] G. Lukács.- Ob. Cit.- Pág. 38. El título de la primera edición es Demoratización hoy y mañana.

[23] “La democracia no se estabilizará sobre la base del hambre” Estudios Nº 91- Pág. IV

[24] “Las dictaduras latinoamericanas construyeron la gobernabilidad que requería el neoliberalismo para imponerse. Cuando éstas dejaron de garantizar la estabilidad política, el problema de la gobernabilidad adoptó la forma de la democracia gobernable”- Beatriz Stolowicz.- Democracia gobernable: instrumentalismo conservador- I Encuentro Internacional.- Ob. cit.- Pág. 199

[25] Estudios.- Nº 91.- Julio 1984.- Pág. IV.

[26] Estudios- Nº 95.- Diciembre 1985.- Págs. 5 y 6.

[27] “Esta concertación no debe entenderse ... como una especie de pacto de Moncloa” Estudios Nº 91. Cit. Pág. IV

[28] “... el concepto de ley histórica no equivale en el marxismo a un determinismo ciego y mecanicista. a una variedad de fatalismo. Son leyes tendenciales , señalan la dirección principal del desarrollo en una sociedad y en una època determinada (...) la historia la hacen los hombres (...) en un cuadro objetivo determinado (...) pero (...) introducen, en la faena, la gama compleja de sus aciertos y errores (...) a los que -¡todavía!- se suma el margen de azar ...” R. Arismendi.- Lenin, la revolución y América Latina.-Pág. 156

[29] R. Arismendi.- Vigencia del marxismo-leninismo. Ob. cit. Pág. 89.

[30] Renato Rabelo.- En A nova realidade internacional sob o primado dos Estados Unidos. Anita Garibaldi.- San Pablo.-2003.- Pág. 13

[31] Arismendi hace suya la opinión de Lenin, en el sentido de que el reformismo es una degeneración positivista del marxismo llevada al campo político. Lenin, la revolución y América Latina.- Ob. cit.- Pág. 383 

[32] R. Arismedi.- Lenin, la revolución y América Latina.- Ob. cit. Págs. 382-383

Rodney Arismendi: sus concepciones sobre la intelectualidad y los intelectuales. El paradigma del intelectual orgánico

Antonio Bermejo Santos

Se ofrece una introducción a las ideas que el dirigente comunista uruguayo Rodney Arismendi (1913-1989), primer secretario del Partido Comunista de Uruguay entre 1955 y 1988, mantuvo sobre los intelectuales

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A manera de introducción

Rodney   Arismendi (1913-1989)Rodney Arismendi es de esos hombres «imprescindibles» de que habla Bertolt Brecht{1}. Su fidelidad por más de 57 años a la causa revolucionaria y a los principios del Marxismo y el Leninismo serían más que suficientes para colocarlo en ese lugar privilegiado de los que «luchan la vida entera». Sin embargo, tal condición moral no se fundamenta en Arismendi aludiendo tan solo a su rico itinerario revolucionario; resulta indispensable referirse a sus aportes indiscutibles en el terreno de la teoría y la praxis política y a la vitalidad de su legado en las condiciones contemporáneas.

En la historia del pensamiento Marxista, Antonio Gramsci y Rodney Arismendi posiblemente sean las figuras que más espacios de reflexión dedicaran al rol de las capas medias intelectualizadas y de los intelectuales en el proceso de preparación ideológica para la transformación social. Dentro de la tradición marxista en América Latina, pocos como él han dejado a las nuevas generaciones de cuadros y militantes revolucionarios y a los estudiosos del pensamiento sociopolítico, una filosofía política coherentemente desarrollada desde una perspectiva Marxista y Leninista. Pocos como el político uruguayo dedicaron tanta atención a la fundamentación teórica de la Revolución Continental y a las particularidades del proceso revolucionario en su país.

En modo alguno puede ser soslayada la contribución teórica de sus estudios sobre el imperialismo y la dependencia de América Latina de los centros de poder hegemónicos, en los cuales potencia de manera creadora la metodología Leninista. Por otra parte, en cuanto Revolución Cubana no fue Arismendi tan solo el fiel amigo, el hombre amable y solidario, fue además, el teórico sagaz que desde un primer momento patentizó la necesidad de emprender un estudio a fondo del alcance histórico-universal del triunfo popular del Primero de Enero de 1959 y de la construcción socialista en Cuba: «Cualquier examen crítico de la revolución cubana, como acontecimiento histórico de primera magnitud, reclama considerar entonces, dos aspectos inseparables en la vida, pero separables a los efectos del estudio: las cuestiones específicamente cubanas y aquellas de posible alcance continental –teóricas, estratégicas y tácticas»{2}.

Sin embargo no resulta posible en un breve ensayo poder abarcar las distintas aristas del pensamiento marxista de Arismendi que corroboran de manera inequívoca sus aportes teóricos. La intención básica del presente trabajo no va más allá de una primera aproximación a una problemática coherentemente desplegada por el teórico uruguayo en su reflexión político-filosófica: el lugar y papel de la intelectualidad y los intelectuales en el proceso de Revolución Continental. De esto se deriva una zona del legado de Arismendi de suma importancia para los inevitables ajustes y enriquecimientos del paradigma emancipatorio marxista a la luz de las nuevas experiencias histórico sociales: principales exigencias que tiene ante sí los intelectuales orgánicos al servicio de los cambios sociales en América Latina.

Sus concepciones acerca de la intelectualidad y los intelectuales en el contexto de la revolución latinoamericana, reciben el influjo de una premisa de tipo personal que en buena medida puede explicar la raigambre de la lógica explicativa del autor sobre dicha problemática: en Arismendi el hombre culto y el hombre auténtico están indisolublemente imbricados.

Si se potencian los fundamentos teóricos contenidos en el concepto de cultura expuesto por Antonio Gramsci en su trabajo «Socialismo y Cultura» (1916), puede afirmarse que el marxista uruguayo está bien distante de aquel saber enciclopédico con marcada tendencia al intelectualismo a través del cual, «(...) el hombre no se contempla más que bajo la forma de recipiente que hay que rellenar y apuntalar con datos empíricos, con hechos en bruto e inconexos que él tendrá luego que encasillarse en el cerebro como en las columnas de un diccionario para poder contestar, en cada ocasión, a los estímulos varios del mundo externo»{3}.

En Arismendi la dimensión de hombre culto hay que verlo en estrecha conexión con su expresión más orgánica y acabada que es precisamente la del hombre que encuentra la autenticidad en el duro bregar revolucionario:

«Si algo he querido en mi vida y lo digo con toda modestia, es ser realmente auténtico, que mi discurso no se diferencie del estilo de mi vida y de mi lucha, y par ello no basta ningún revolucionario químicamente puro. Solo se es así, fundiéndose con la clase obrera, con el pueblo, marchando brazo con brazo con la gente bien inspirada de todas las tendencias, construyendo la patria sobre la base del pueblo y no de grupos iluminados.»{4}

Tal aseveración del político uruguayo coincide en lo fundamental con las precisiones de Antonio Gramsci cuando se refería al concepto de cultura:

«La cultura es cosa muy distinta. Es organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior consciencia por la cuál se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes.»{5}

La imbricación que se da en Arismendi entre el hombre culto y el hombre auténtico fecunda de cierta manera a su concepción político-filosófica. Dicha fecundación se evidencia en el vínculo armónico que se establece entre la experiencia personal y la producción teórica; entre la praxis política y el discurso político-filosófico. En el caso particular de la problemática que nos ocupa en el presente ensayo, puede afirmarse que la conexión entre lo culto y lo auténtico en el pensador uruguayo, incide en el tono de la reflexión sobre el lugar y papel de la intelectualidad y los intelectuales en el proceso de cambios sociales en América Latina.

No se trata tan solo de la ubicación conceptual de las capas medias intelectualizadas en el contexto de la revolución latinoamericana magistralmente revelada por el autor a partir del despliegue creativo de la metodología marxista y leninista y del estudio a fondo de las especificidades histórico-culturales del Uruguay y de la región en general. Se trata además, y sobre todo, de una fundamentación teórica orientada al diseño de una estrategia política: la movilización e incorporación de la intelectualidad avanzada (en su primera línea la juventud estudiantil) junto a los obreros, campesinos, capas medias urbanas y rurales en el frente de lucha contra el imperialismo yanqui, los latifundistas y la gran burguesía.

Cabe apuntar de manera sintética, que las concepciones de Arismendi sobre la problemática objeto de estudio, rebasan con creces la indudable significación académica. Sus reflexiones brotan precisamente de las exigencias de la práctica revolucionaria y están al servicio de un proyecto de transformación de una realidad específica. Por ello en el político uruguayo como en todo revolucionario auténtico, la teoría se convierte en una poderosa fuerza material del cambio social.

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Arismendi sobre la intelectualidad y los intelectuales
Premisas y tesis principales

2.1 Premisas

El autor en el estudio de la problemática, desarrolla lo que pudiera considerarse como premisas o bases teóricas que sirven de sostén al despliegue del discurso. Es decir, se produce un nexo indisoluble entre los principios teóricos generales y las tesis fundamentales acerca del lugar y papel de la intelectualidad y de los intelectuales en el contexto de la revolución latinoamericana.

Las premisas teóricas pueden quedar sintetizadas de la siguiente manera:

a) Concepción abierta sobre el Marxismo y el Leninismo

¿En qué sentido? En el siguiente: «Las ideas de Lenin y de Marx no son un catecismo ni una fórmula escolástica; no son una receta ni un artículo de fe, son una concepción del mundo, un método de interpretación y transformación del mundo y de la historia; una guía para la acción, como decía Engels.»{6}

«No se puede pensar en el marxismo como una especie de filosofía en guerra con toda la historia de la filosofía, sino recordar que el Marxismo nació entre otras, de la filosofía clásica alemana, particularmente de Hegel. Lo que no quiere decir que seamos eclécticos, ni partidarios de un cóctel de filosofías. Pero hay que estar atentos para asimilar críticamente todos los aportes en el terreno del pensamiento científico y de la investigación.»{7}

En Arismendi debe entenderse su concepción abierta del Marxismo y el Leninismo en el sentido de los inevitables y necesarios enriquecimientos de la teoría acorde con las nuevas experiencias histórico-sociales y el avance experimentado por el quehacer científico y la investigación. Esto incluye por supuesto una lectura del Marxismo y el Leninismo a propósito de la «peculiaridad latinoamericana» y las «singularidades de cada país». Lo anterior en modo alguno debe verse asociado a la existencia de «diversos marxismos». El teórico uruguayo no comparte tal postura teórico-política. Para él una cosa es hablar del desarrollo del Marxismo en un país determinado, de su proceso formativo y de las especificidades histórico-concretas que sirven de escenario al itinerario de dicha corriente y otra cosa bien diferente es nacionalizarlo a partir del reconocimiento de un «Marxismo ruso», «alemán», «yugoslavo», «chino» ó «castrista»{8}.

b) La realidad uruguaya como concreto histórico

«En segundo término, creemos que es una contribución al necesario proceso de elaboración creativa en el terreno social e histórico político, de interpretación de la realidad uruguaya como concreto histórico, y de la sintetización teórica que nunca debe interrumpirse so pena de caer en el dogmatismo y en el esquematismo. Tal creatividad –que sólo puede parir la interacción entre la teoría y la práctica– es una definición por excelencia de nuestro pensamiento, de nuestra concepción del mundo y de nuestro método.»{9}

Esta premisa resulta de extraordinaria importancia para justipreciar el alcance histórico-universal del legado de Arismendi. La realidad uruguaya como concreto histórico no es más que la síntesis teórica que revela la estructura, el funcionamiento, las regularidades y particularidades de una formación social determinada (puede definirse en esencia como una «totalidad pensada o representación intelectual de lo concreto{10}). Se trata de un certero tratamiento conceptual de una realidad específica con fines de interpretación y de transformación sociales comparable en la historia del pensamiento marxista en América Latina con los indiscutibles aportes teóricos de José Carlos Mariátegui{11}.

En el caso de la problemática que nos ocupa la realidad uruguaya como concreto histórico determina el tono de la definición de intelectualidad expuesta por el autor: «En el conjunto del movimiento popular, la intelectualidad se destaca en nuestro país, por su papel avanzado. Entendemos por intelectualidad, en expresión genérica, los escritores y artistas, los educadores, profesores, profesionales universitarios, a la gente de teatro, a los cantores, a los representantes de la creación popular, en fin, a esa influyente y muy amplia capa social de nuestro país y de América Latina, convocada a ser aliada de la clase obrera en la tarea histórica de la lucha por la democracia, la liberación nacional y el socialismo»{12}.

Sin dudas, el tono de dicha definición estriba en que desentraña el lugar y papel de la intelectualidad y los intelectuales en el proceso revolucionario uruguayo. Aquí la realidad uruguaya como concreto histórico revela una particularidad que es común al resto de América Latina: no se trata de sectores intelectuales que se desprenden de la vieja clase y se ponen al servicio del movimiento histórico (como lo explican Marx y Engels en el Manifiesto Comunista); en las condiciones histórico-concretas del Uruguay y la región latinoamericana, el autor, corrobora la siguiente tesis: «(...) ya no es el caso de hombres aislados, de personalidades de la cultura que van al campo de la revolución; es, por un lado, la población universitaria en sí misma, las capas medias intelectualizadas o participantes del proceso cultural que integran el frente transformador como una fuerza motriz, como la clase obrera, como las masas del campo{13}.

La anterior aseveración está indisolublemente vinculada a otra zona de la reflexión de Arismendi de suma importancia en el orden teórico y político, donde se revela otra especificidad de la realidad uruguaya como concreto histórico, la que resulta válida también para el conjunto de países de la región. Dicha zona de reflexión puede quedar enunciada de la siguiente forma: la «conexión dual» de la Universidad y los universitarios, con el resto de la sociedad. Es decir, la conexión de la Universidad con los dos componentes del modo de producción, por un lado «las fuerzas productivas que pugnan por desarrollarse» y por otro lado «las relaciones de producción que contienen o aceleran ese desarrollo».

En síntesis: «dicha conexión comprende dos polos. Por un lado el vínculo con los patrones ideológicos socialmente dominantes, patrones que la universidad conserva y trasmite. Por otro lado, el vínculo con el conocimiento científico y técnico y con su potencial de transformación de la naturaleza y de la propia sociedad. Vínculos antagónicos que, al decir del autor, conviven como hermanos mal avenidos convirtiendo a la Universidad en cuanto a instrumento de transmisión de la ideología dominante en un engranaje contradictorio»{14}.

De la lógica explicativa del autor en torno a la realidad contradictoria dentro de la Universidad y la enseñanza en Uruguay y el resto de América Latina, se desprenden los lineamientos fundamentales de su concepción sobre el rol de una mayoritaria parte de la clase media y la intelectualidad en el contexto de la revolución latinoamericana. Es decir, el potencial de transformación que encierra la Universidad, en la medida que trasmite la herencia cultural y científica, entra en perceptible contradicción con la sociedad capitalista deforme y dependiente, empujando a una buena parte de la clase media y de la intelectualidad al terreno de la revolución, de la lucha revolucionaria contra la oligarquía y el imperialismo.

Debe notarse sin embargo que las puntuales precisiones del teórico uruguayo acerca de la «conexión dual» de la Universidad y los universitarios con el resto de la sociedad, no siempre han sido debidamente atendidas por las fuerzas políticas de la izquierda latinoamericana. En su momento las concepciones de Arismendi sobre este particular representaron un duro golpe a las formulaciones estrechas de aquellas agrupaciones políticas que desde la izquierda veían a la Universidad tan solo como una suerte de efectivo engranaje de transmisión de la ideología dominante. Dicho engranaje trasmitiría los patrones ideológicos desde la elite del poder político hasta las aulas y laboratorios, sin interferencia alguna.

En la actualidad todavía se manifiesta con cierta frecuencia una débil articulación de la Universidad con las fuerzas políticas de la izquierda en la región. No siempre se aprovecha por dichas fuerzas el potencial de transformación que se concentra en los centros universitarios. En esto influye entre otras cuestiones un cierto prejuicio sectario producto de una visión estrecha y mecanicista. Potenciar el legado de Arismendi en esta dirección desde una perspectiva creativa y acorde con las condiciones histórico-concretas de cada país resulta un imperativo teórico y político imprescindible para el logro del vínculo duradero entre la Universidad y los universitarios, y las fuerzas políticas interesadas en el cambio social.

2.2 Tesis principales

«Por lo tanto, comprender el tema de los intelectuales, es un grado de la madurez teórica y práctica de cualquier Partido Comunista del mundo. Es una prueba de madurez. Lo hemos dicho: no se puede ser auténticamente marxista y leninista y pensar en profundidad el cambio de este país, si saber reunir en una concepción orgánica el tema del papel rector de la clase obrera con el agrupamiento de los intelectuales y las capas medias en un sistema de alianzas, engranado a la formación del frente de unidad política, democrático y antiimperialista, y sin pensar, simultáneamente en el desarrollo de un Partido que inserto en todos los ámbitos de lucha ideológica, forme su intelectualidad orgánica y sepa elaborar un proyecto para la intelectualidad.»{15}

La reflexión del autor tiene una marcada importancia teórica y política. Se trata de la ubicación precisa de la problemática de los intelectuales en el contexto de la actividad de los partidos comunistas. Para él la cuestión debe ocupar un lugar central en la praxis de dichos partidos al punto de expresar un grado de madurez en el orden teórico y práctico. La problemática está planteada en dos direcciones interconectadas: por una parte, el reconocimiento de los intelectuales como uno de los componentes del sujeto de las transformaciones sociales en la región y por otra parte, el papel de partido en la formación de su intelectualidad orgánica y en el diseño de un proyecto para la intelectualidad.

Lo anterior corrobora la atención brindada por el autor a la problemática. Sin embargo no siempre en el seno de la izquierda y en particular de los partidos comunistas en la región, se le ha dado la atención que merece esta cuestión. Han proliferado con cierta frecuencia manifestaciones de perjuicios sectarios hacia la intelectualidad y los intelectuales, que han repercutido de manera nociva en la incorporación coherente de los mismos al proceso de cambios sociales en América Latina . Esto ha quedado evidenciado en la falta de una línea política clara con respecto a la Universidad y los universitarios, lo cual ha generado el enclaustramiento de las casas de altos estudios, es decir, una Universidad concentrada exclusivamente en la lucha por demandas sectoriales y con una acción expansiva limitada y no pocas veces anárquica hacia el resto de la sociedad.

Por otro lado, en la labor de los partidos comunistas ha faltado en ocasiones una estrategia para la formación de un sólido destacamento de intelectuales orgánicos y por ende, no se ha precisado un proyecto para la intelectualidad. Esto es una cuestión de extrema importancia; no es casual que el político uruguayo en sus reflexiones le prestara la debida atención a este asunto. Los intelectuales orgánicos constituyen ese segmento del intelectual colectivo que representa en este caso los partidos comunistas («intelectual orgánico» y «el partido como intelectual colectivo» son conceptos gramscianos) llamados a convertirse en la «inteligencia especializada» del partido, la que «produce teorías» a partir del indisoluble nexo con la praxis política y sirve por entero a los intereses de la clase social hegemónica (clase obrera) y del resto de las masas oprimidas y explotadas.

Del rol que deben desempeñar los intelectuales orgánicos de los partidos comunistas en la región, se desprende un «axioma» de tipo político, que Arismendi con su reflexión al respecto ayuda a revelar: uno de los indicadores que mide el grado de fortaleza ideopolítica alcanzado por un partido comunista es el que concierne a la solidez demostrada por el destacamento de los intelectuales orgánicos. En la contemporaneidad el diseño de una política coherente de formación y consolidación de dicho destacamento por parte de los partidos comunistas, se convierte en un imperativo de primer orden en medio de la lucha ideológica y política frente a la Globalización Neoliberal impuesta por los centros hegemónicos del imperialismo.

Los intelectuales orgánicos de los partidos comunistas de América Latina tiene ante sí no pocos retos en el orden teórico y político; baste señalar algunos de los más urgentes:

1. La construcción de proyectos emancipatorios ajustados a las condiciones histórico-concretas de la región y de cada país en particular. Esto incluye lo referido a la dialéctica entre la dinámica de las tácticas políticas y la estrategia política. En esta dirección resulta de suma importancia la elaboración conceptual de las alianzas como parte importante de la praxis política de las fuerzas interesadas en las transformaciones sociales.

2. La fundamentación teórico- política del accionar específico de los partidos comunistas. Esto incluye el nexo político del partido con los sindicatos, los campesinos, las capas medias intelectualizadas, los estudiantes, la Universidad, &c., así como el diseño de la relaciones con otras agrupaciones políticas interesadas en los cambios sociales.

3. Necesidad de que los intelectuales orgánicos de los partidos comunistas sean a la vez intelectuales orgánicos de las fuerzas motrices de la transformación social. Esto tiene que ver con el poder de convocatoria del partido y la influencia real de sus intelectuales orgánicos en el seno de las fuerzas que conforman el sujeto de la modificación social.

4. La elaboración de un pensamiento crítico coherente frente al modelo ideológico de la Globalización Neoliberal y de la monocultura hegemónica. Lo anterior constituye una necesidad vital, pues tiene que ver con la crítica orgánica al capital contemporáneo, la cual comprende desde el estudio a fondo de las tendencias que tipifican el desenvolvimiento capitalista actual hasta la desacralización del patrón cultural hegemónico que el imperialismo pretende imponer al mundo en detrimento de las identidades culturales nacionales y regionales y de la memoria histórica de nuestros pueblos.

Finalmente, debe notarse, que en este empeño los intelectuales orgánicos de los partidos comunistas en América Latina, cuentan con la reflexión político filosófica de Arismendi, quien puede ser considerado como un paradigma de intelectual orgánico no solo por su ejemplo personal y su fidelidad a la causa revolucionaria, sino también por la profundidad con que abordó en su obra los problemas medulares de su tiempo.

Por otra parte, cabe señalar que si importante resulta la problemática de los intelectuales orgánicos; no menos significativo es lo concerniente a la elaboración por los partidos comunistas de un proyecto para la intelectualidad. Esto presupone un programa de trabajo integral derivado de la línea política del partido en torno a la intelectualidad y los intelectuales. Dicho programa debe incluir desde las tareas partidistas en función de la movilización de las capas medias intelectualizadas y de la Universidad para el cambio social hasta las misiones político culturales de los distintos segmentos de la intelectualidad como parte de la preparación ideológica del sujeto de la transformación social,

«Y diría inclusive que un partido comunista debe estar integrado críticamente en la cultura de su sociedad y del mundo. Debe promover el papel de los intelectuales, sobre el cual nosotros hemos escrito tanto y venimos diciendo desde hace tanto tiempo. Pero mucha veces hubo actitudes no justas en relación a este tema en el movimiento comunista. Yo no hablo de aquella época en que Trotski decía que eran simples acompañantes de ruta de la revolución, ni hablo tampoco del período sectario, obrerista, de hace varios años, cuando sino se era obrero, aunque se pensara como obrero y se actuara como obrero en el sentido revolucionario, no se podía formar parte de una determinada alcurnia revolucionaria. Hay que comprender el papel de los intelectuales, su puesto en la sociedad, su parte ineludible en el proceso de la revolución.»{16}

El autor en la anterior aseveración patentiza la postura teórico-política en torno al papel de los intelectuales en los procesos revolucionarios a escala global. Si bien es cierto, que el político Uruguayo dedicó una buena parte de sus meditaciones al respecto al caso de Uruguay y de América Latina (como buen marxista centra la atención en el estudio de un concreto histórico); no es menos cierto, que su concepción sobre el rol de los intelectuales en el contexto de la transformación social debe verse también en su dimensión universal. La misma brota por una parte del estudio a fondo de la experiencia revolucionaria internacional no siempre positiva, constructiva, dado los errores cometidos en su momento por los partidos comunistas en el tratamiento de esta cuestión, tal es el caso del período sectario, obrerista (justamente señalado por el autor); y brota por otra parte, de la tesis acerca de la natural y necesaria inserción del partido comunista en el espectro cultural nacional y mundial, de la cual se deriva un «axioma» de tipo político de suma importancia: los partidos comunistas a nivel internacional deben prestar una adecuada atención al lugar y papel de los intelectuales.

Dicha dimensión universal queda corroborada y a la vez enriquecida con la reflexión del autor sobre la incorporación y la activa participación de las capas medias intelectualizadas dentro de las fuerzas motrices de la revolución en América Latina. Esta se convierte en el espacio histórico por excelencia donde la praxis política va «terrenalizando» la coherencia teórica del discurso de Arismendi sobre la problemática. Sin temor a equívocos pude afirmarse que la experiencia político- revolucionaria latinoamericana de las últimas décadas ha confirmado la viabilidad práctica de una de las concepciones más orgánicas sobre el tema en la historia del pensamiento marxista en la región.

«Es natural pues, que si por un lado, la mayoría de los universitario, como integrantes de las capas sociales intermedias, se sienten sacudidos por la crisis de la sociedad y tienden con ardor aunque con hesitación ideológica hacia la revolución; por otro, es también natural que muchos entre ellos rebasen las fronteras mentales de su clase para adherir al socialismo, para elevarse ideológicamente a la condición de revolucionarios de la clase obrera.»{17}

En la anterior afirmación el autor puntualiza el rol histórico del movimiento universitario en el contexto de la revolución latinoamericana. Por un lado, el universitario como exponente de las clases medias afectadas por la crisis social básicamente económica, el cual queda enrolado en el proceso revolucionario y por otro, el universitario de avanzada que situado ya en las filas de la revolución, rompe con la psicología de su clase (se emancipa ideológicamente) y abraza la ideología de la clase obrera. Sin embargo, este proceso no debe dejarse a la espontaneidad; es decir, en modo alguno debe prevalecer una postura política mecanicista y fatalista que vea la incorporación del sector universitario a la revolución como el resultado tan solo del impacto de la crisis macrosocial en el devenir de las capas medias. Aquí entra a jugar un papel central un factor de tipo subjetivo debidamente desarrollado y justipreciado por Arismendi en sus meditaciones al respecto: el diseño por los partidos comunistas de un proyecto para la intelectualidad indisolublemente conectado a la línea política general del Partido en torno a la intelectualidad y los intelectuales.

Dicho factor incide directamente en la calidad del proceso de incorporación de los universitarios a las filas de la revolución. Se convierte en un antídoto eficaz frente a la espontaneidad anárquica en la que puede desembocar dicho proceso de no estar adecuadamente modulado por los resortes subjetivos. Hasta el último universitario insertado en la lucha por las transformaciones sociales debe llegar la influencia ideopolítica del partido comunista mediante la educación política y las misiones político-culturales. Esto permitirá por una parte, que los universitarios sean partícipes conscientes (y no agregados mecánicos) de los frentes democráticos y antimperialistas y por otra parte, que un número importante de ellos se conviertan en intelectuales orgánicos de las fuerzas motrices de la revolución incluso de los partidos comunistas.

«Intelectuales y estudiantes, más allá de los que ascienden, se conservan, o se integran en los equipos de las clases dominantes –los grandes capitalistas y terratenientes– son parte del pueblo en nuestros países y de un pueblo social y nacionalmente oprimido. Dentro de ese pueblo, forman en la gama heterogénea de las capas medias, llamadas a la revolución por la crisis profunda e irrecuperable de toda la sociedad (...) hoy solo el proletariado está en condiciones de ser el conductor, la clase hegemónica de la revolución. En el frente que el proletariado aliado a los campesinos está construyendo, un amplio lugar debe ser ocupado por la intelectualidad, debe ser llenado por los estudiantes. Y es justamente, el proceso que estamos viviendo. Y esto explica –reiteramos– el acento y el nuevo contenido del grito estudiantil: obreros y estudiantes, unidos y adelante.
«No solo unidos, sino hacia delante; cumpliendo ahora la fase antiimperialista y agraria de la revolución; transitando mañana –en ese mismo movimiento dialéctico de unidad y de lucha entre el proletariado y sus aliados– hacia el socialismo.»
{18}

La anterior aseveración del autor sintetiza el tono de su concepción sobre el lugar y el rol de la intelectualidad y de los intelectuales en el contexto de la revolución latinoamericana. Queda explícitamente definida la misión histórica de las capas medias intelectualizadas: aliadas duraderas (y no transitorias) del proletariado y del campesinado en los frentes de liberación nacional contra el imperialismo y la gran burguesía explotadora. Revelar dicha misión a partir del estudio a fondo de un concreto histórico (realidad uruguaya) y de una particularidad histórico-cultural (América Latina) y teniendo muy en cuenta desde una perspectiva crítica la práctica política internacional, constituye una contribución indudable de Arismendi a la teoría marxista y a la praxis revolucionaria a escala global. Resulta una muestra palpable de los desarrollos creativos del marxismo en la región que evidencian grados importantes de autenticidad

3
Arismendi y el paradigma del intelectual orgánico

El concepto de intelectual orgánico fue acuñado dentro de la literatura marxista por el destacado teórico y político italiano, Antonio Gramsci, quien desarrolló una reflexión coherente sobre el tema de la intelectualidad y de los intelectuales. En el caso específico de los intelectuales orgánicos, el autor señalaba: « Cada grupo social, naciendo en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea al mismo tiempo, orgánicamente, una o más capas de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de su propia función no solo en el campo económico, sino también en el social y político»{19}.

La vida y obra de Arismendi lo convierte en un paradigma de intelectual orgánico al cual se debe acudir no tan solo en función de la evocación de su legado, sino también y sobre todo, para desentrañar la vitalidad de su ejemplo en la contemporaneidad. Dicho paradigma queda desplegado en tres grandes direcciones: su ejemplo personal y su fidelidad sin límites a la causa revolucionaria, al socialismo y a la ideología marxista y leninista; su pensamiento crítico coherente frente a las corrientes reformistas, social-demócratas y revisionistas de su tiempo y la imbricación que se da en su reflexión entre la opción ética y los recursos epistémicos. Esta última dirección dado su importancia será esbozada de manera sintética en esta parte final del presente trabajo.

El marxismo clásico dejó a la posteridad un paradigma de solución coherente al nexo entre la opción ética y el condicionamiento epistemológico. En la teoría marxista la crítica científica al capital deviene en un proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad capitalista. Es decir, la opción por los pobres en Marx no es el resultado de un resorte filantrópico a «caballo de la fantasía», es sobre todo, consecuencia de la necesidad histórica concienciada. Esto constituye uno de los rasgos que distinguen al marxismo clásico de las corrientes socialistas utópicas y de toda la filantropía pequeño burguesa.

Los más sobresalientes representantes de la tradición teórico-política iniciada con Marx, Engels y Lenin a pesar de responder no pocas veces a distintas vertientes y desarrollos de un mismo macromodelo teórico, han corroborado con sus producciones teóricas la vitalidad del paradigma marxista. Este puede y debe convertirse en un eficaz antídoto frente al empirismo hiperbolizado, frente a la ciencia reducida al mero panfleto, frente a la vulgarización simplificadora y la recepción acrítica de las modas intelectuales provenientes básicamente de otras latitudes.

El pensamiento socialista contemporáneo y la izquierdas políticas en general necesitan hoy más que nunca de un sólido destacamento de intelectuales orgánicos alejados completamente de viejos dogmas sectarios y caducos esquemas de pensamientos estereotipados, que otrora incidieron entre otros factores en el derrumbe del modelo euro-soviético del «socialismo real». Si bien es cierto que en los últimos años las fuerzas de izquierda han experimentado pasos de avance en lo concerniente a la reorientación ideológica y política en las nuevas condiciones histórico-sociales; no es menos cierto que en el plano del quehacer científico de sus intelectuales orgánicos se observan objetos de estudios no suficientemente explorados entre los cuales se encuentran el referido a la bien importante cuestión de la elaboración de la tácticas y las estrategias en la lucha revolucionaria (a nivel nacional e internacional) contra el capitalismo neoliberal.

El proceso complejo de reorientación ideológica y política de las izquierdas originado a partir del fracaso de la experiencia del «socialismo real», tiene sus comienzos en los principios de la década del noventa del siglo XX; dicho proceso es llevado a cabo en un contexto ideopolítico caracterizado por la emergencia a gran escala de un pensamiento conservador ahistórico diseñado por los centros de poder del capitalismo neoliberal a lo que se le suma, la no menos importante cuestión de la confusión ideológica y las tendencias divisionistas reinantes en el seno de las fuerzas de izquierda. Lo anterior puede explicar el por qué de la relativa lentitud de este proceso integral de ajustes el cual incluye desde los conceptos político filosóficos generales hasta la propia praxis política.

Ciertamente la década del noventa del siglo pasado encuentra a la izquierda concentrada en lo fundamental en dicho proceso de ajustes. Mientras esto ocurría el esquema neoliberal convertido en la gran panacea de los cetros hegemónicos para eternizar la «dictadura del gran capital» a escala global empezaba a dar las primeras muestras de agotamiento. Los finales de la década representan el comienzo de un movimiento articulado de rechazo a las políticas neoliberales en el contexto nacional e internacional.

La fallas del esquema neoliberal han acelerado el sistema global de contradicciones que incluye desde el diferendo entre los grandes bloques económicos por controlar los mercados hasta el conflicto entre el norte desarrollado y el sur subdesarrollado; entre los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Sin dudas estas condicionantes objetivas para los inevitables cambios sociales van madurando con mucha más rapidez que los factores ideopolíticos que conciernen a la tácticas y las estrategias de la acción revolucionaria en el marco de la Globalización Neoliberal.

Por tanto si bien en la década del noventa del siglo XX las fuerzas de izquierda centraron la atención en los ajustes ideopolíticos internos (lo que explica hasta cierto punto el retraso de la teoría política sobre las tácticas y las estrategias de la lucha revolucionaria en las condiciones actuales con respecto a la aceleración experimentada por los factores objetivos) la presente década debe ser la de puesta en práctica de nuevas concepciones de lucha a nivel nacional e internacional, las que de ninguna manera podrán obviar como fines últimos el derrumbe del capitalismo neoliberal y el no menos importante asunto de la toma del poder político por los actores sociales que promueven la necesidad de cambios.

Emprender un estudio a fondo de la s tácticas y las estrategias de la lucha revolucionaria de las izquierdas contra el capitalismo neoliberal en el plano nacional e internacional presupone desde el punto de vista teórico atender con toda prioridad lo referido al nexo entre la opción ética y el condicionamiento epistemológico. En honor a la verdad se debe notar que a pesar de la existencia del paradigma marxista de solución coherente de dicho nexo que data como se sabe del siglo XIX, en ocasiones aparecen estudios desde el ángulo visual de la filosofía política, la politología o la economía política que manifiestan una falta de correspondencia entre lo ético y lo epistemológico que bien conduce al eticismo estéril o en cambio al cientificismo o el tecnicismo de prosa hermética de muy poca utilidad para la praxis política contra el gran capital.

La obra político filosófica de Arismendi representa una legítima continuación del paradigma marxista clásico de solución coherente al nexo entre la opción ética y los recursos epistémicos. Su teoría orgánica de la Revolución Continental{20} (la cual incluye una exposición integral de la acción recíproca entre los fundamentos económicos y los factores ideológicos desde una perspectiva marxista y leninista y teniendo muy en cuenta la dialéctica entre lo universal, lo particular y lo singular) constituye un proyecto de cambio social a favor de las mayorías explotadas y oprimidas de la región (opción ética), en el cual no se hace ni la más mínima concesión al dogmatismo, la vulgarización y el pensamiento estereotipado. Dicho proyecto brota del estudio a fondo de la «peculiaridad latinoamericana» insertada en el contexto de la civilización occidental y de las exigencias de la práctica histórico social. Su resultado final: la revolución latinoamericana y las vías de la revolución.

Por otra parte, la teoría política de Arismendi sobre el proceso de transformaciones sociales en su país es una expresión también del vínculo estrecho entre la opción ética y los recursos conceptuales. Lo anterior queda corroborado en el tratamiento teórico de la realidad uruguaya como «concreto histórico». Es decir, se trata de una reproducción conceptual de dicha realidad como «totalidad concreta» de donde brota la reflexión del autor sobre la táctica y la estrategia políticas en el proceso de revolución. Baste tan solo dos ejemplos: su concepción sobre el Frente Amplio y la Democracia Avanzada.

La elaboración conceptual de la concepción política del Frente Amplio como frente democrático antiimperialista (que agrupa la clase obrera, asalariados, estudiantes, profesionales universitarios, intelectuales, militares progresistas, gente desprendida de los grandes partidos) brota precisamente del concreto histórico (realidad uruguaya) reproducido teóricamente. Es decir, dicha concepción no es el fruto de la especulación arbitraria o del practicismo político anárquico; por el contrario, es un componente básico de la estrategia política del cambio social, que se revela como un instrumento movilizador del sujeto de las transformaciones sociales debidamente afincado en un basamento teórico que reproduce las particularidades histórico concretas de la realidad específica. La viabilidad del concepto del Frente Amplio queda ratificada en su alcance histórico: representa uno de los sucesos históricos más importantes en el itinerario de la izquierda latinoamericana desde el mismo momento de su fundación el cinco de febrero de mil novecientos setenta y uno.

Por otro lado, la categoría de Democracia Avanzada merece también toda la atención. Arismendi la define de la siguiente manera:

«(...) o sea : la democracia avanzada como una fase del desarrollo social y económico deriva de la profundización de la democracia: vía de aproximación peculiar que no se identifica exactamente con el concepto de gobierno democrático de liberación nacional, es una transformación económica, social, y política y una singular correlación de fuerzas que permite y facilita la indagación de las formas y la comprobación en la práctica de ese desarrollo de la democracia hasta sus últimas consecuencias.»{21}

No es un propósito del presente ensayo detenerse en la significación teórico política de la categoría de Democracia Avanzada. Esto por sí solo merece un estudio independiente dado su extraordinaria importancia. Baste tan solo afirmar que dicha categoría constituye una de las piedras angulares de la reflexión político filosófica de Arismendi. En esta oportunidad interesa destacar que tal formulación brota al igual que el concepto de Frente Amplio del estudio a fondo de la realidad uruguaya como concreto histórico. Se trata de una categoría político - filosófica que sintetiza toda una fase (o un peldaño necesario) en el proceso revolucionario uruguayo, la cual en su pleno desarrollo presupone desde la reivindicaciones democrático-radicales hasta la remodelación de las instituciones políticas y el estado a través de reformas cuyo grado de profundidad estará indisolublemente vinculado al grado de participación en las mismas de la clase obrera y el pueblo.

Para Arismendi el devenir de dicha fase desembocará en el cuestionamiento del régimen capitalista y en la orientación hacia el socialismo. Esto será el resultado de un proceso que dependerá en buena medida «de las correlaciones de fuerzas y de la conciencia de las masas». Tanto en el concepto de Frente Amplio como en la categoría de Democracia Avanzada, la opción ética y los recursos epistémicos aparecen interconectados. Es decir, el compromiso del político uruguayo con la clase obrera y el resto de las masas explotadas y oprimidas, se revela no tan solo en su militancia revolucionaria, en su ejemplo personal, sino también en su reflexión teórica-orgánica capaz de diseñar desde los instrumentos movilizativos para el cambio social hasta los peldaños necesarios en el proceso de revolución.

El legado político filosófico de Arismendi constituye un ejemplo de la conexión entre la opción ética y los recursos epistémicos. El político uruguayo supo llevar de manera paralela una praxis política activa como secretario general del Partido Comunista de Uruguay y una ocupación sistemática por la reflexión teórica, la que puede ser calificada de esencialmente creativa. En todo momento fue consecuente con su aseveración de que:

«El marxismo y el leninismo no comprenden solo mucho más cuando pisamos el umbral de los años ochenta, las tesis fundamentales elaboradas por Marx, Engels y Lenin durante sus vidas, sino también todo el resultado –susceptible de generalización teórica– de la revolución de nuestro tiempo incluidos, en ciertos campos, los logros de la revolución científico-técnica y ,e otros, todo el estudio crítico de la cultura contemporánea. El mundo en revolución contemporánea hace estallar esquemas, es profundamente antidogmático, está lleno de desafíos, de problemas concretos y hay que reconocerlo: en el plano de la teoría, los marxistas-leninistas retrasamos, frente a este mundo en movimiento. Y esto no es una vergüenza sino un acicate para la búsqueda y la nueva generalización.»{22}

Los retos que tienen ante sí los intelectuales orgánicos de los partidos comunistas y las fuerzas políticas de la izquierda en América Latina y en el resto del mundo son cada vez más complejos. Hoy más que nunca urge desenmascarar en este planeta cada día más desigual bajo la hegemonía de una superpotencia depredadora y egoísta, los nuevos «ropajes» de la explotación capitalista desde la crítica de la economía política; urge revelar la verdadera dimensión de la bancarrota moral que afecta a la superestructura ideológica del sistema capitalista contemporáneo así como los nexos causales que expliquen el desgaste sistemático y creciente del sistema político capitalista a nivel mundial desde la crítica de la política, por solo mencionar tres grandes urgencias. En este empeño los intelectuales orgánicos del movimiento revolucionario cuentan con el patrimonio teórico-político del marxismo clásico y sus continuadores más auténticos.

No se trata de asumir acríticamente dicho patrimonio convirtiéndolo en un conjunto de fórmulas o recetas político filosóficas de obligatoria aplicación en condiciones histórico sociales diferentes y en los más disímiles contextos específicos. Esto sería simple y llanamente nefasto para el inevitable proceso de desarrollo de la teoría marxista en la contemporaneidad. Se precisa de la asunción creadora de las herramientas epistemológicas elaboradas por esta herencia de pensamiento que sean válidas para interpretación y la transformación del mundo de hoy y por otro lado, se precisa de la construcción de nuevos recursos conceptuales acorde con las actuales exigencias histórico sociales.

Para los intelectuales orgánicos de las fuerzas motrices de los cambios sociales en la contemporaneidad, el compromiso más coherente con las masas explotadas y oprimidas del mundo de hoy (opción ética) es el que concierne al diseño del proyecto emancipatorio (en lo nacional e internacional) frente al capitalismo neoliberal. Este empeño debe sustentarse en una reflexión teórica orgánica devenida en el arma ideológica de la redención social. El legado teórico político de Arismendi corrobora cómo la opción ética puede brotar de una meditación teórica esencialmente emancipatoria.

Notas

{1} «Hay quienes luchan una hora y son buenos; hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero pocos luchan la vida entera; éstos son los imprescindibles.»

{2} Rodney Arismendi, Lenin, la Revolución y América Latina, Ediciones Pueblos Unidos. Montevideo 1970, págs. 266-267.

{3} Antonio Gramsci, Antología, Instituto Cubano del Libro, La Habana 1973, pág. 15.

{4} Rodney Arismendi, Sobre la enseñanza, la literatura y el arte, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1989, págs. 22-23.

{5} Antonio Gramsci, Ob. cit., pág. 15.

{6} Rodney Arismendi, Sobre la enseñanza..., pág. 247.

{7} Ibídem, pág. 248.

{8} Véase: Rodney Arismendi, «La teoría y la práctica de la revolución en América Latina», en: Dos trabajos de Arismendi, Edición Fundación Rodney Arismendi, Montevideo 1993, págs. 1-13. Después del derrumbe del modelo eurosoviético del «Socialismo Real», la postura teórico política que sustenta la existencia de diversos marxismos ha ganado en adeptos incluso dentro de la comunidad de investigadores marxistas convictos y confesos. Coincido con la postura teórico-política de Arismendi al respecto. Reconocer la existencia de distintos marxismos es a la larga una concesión teórica al relativismo. El marxismo es un macromodelo teórico sujeto a los desarrollos particulares. Negar esto es, simple y llanamente, atentar contra la unidad orgánica de la teoría marxista.

{9} Rodney Arismendi, Sobre la enseñanza..., pág. 31.

{10} Carlos Marx, Fundamentos de la crítica de la Economía Política, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1970, págs. 38-39.

{11} Véase: Niko Schuarz, José Carlos Mariátegui y Rodney Arismendi: dos cumbres del marxismo en América Latina, Editorial Grafinel, Montevideo 1998.

{12} Rodney Arismendi, Sobre la enseñanza..., pág. 103.

{13} Ibídem, pág. 131.

{14} Rafael Guarga, «Una indagación polémica», en Estudios, nº 105, Montevideo, Octubre 1989.

{15} Rodney Arismendi, Sobre la enseñanza..., págs. 33-34.

{16} Ibídem, págs. 247-248.

{17} Ibídem, pág. 265.

{18} Ibídem, págs. 272-273.

{19} Gerardo Ramos y Jorge Luis Acanda (compiladores), Gramsci y la filosofía de la praxis, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1997, pág. 162. El teórico italiano expone una amplia tipología de intelectuales: intelectual urbano y rural; intelectuales pequeños, intermedios y grandes; el intelectual colectivo; los intelectuales orgánicos y los intelectuales tradicionales. Este último tipo lo conforman aquellos intelectuales vinculados a las clases desaparecidas o en vías de desaparición; relacionados con el sector campesino y con la pequeña burguesía de la ciudad. Están conectados al modo de producción anterior y no están unidos a las clases ascendentes. En otras épocas fueron orgánicos. Ejemplo: los eclesiásticos. El intelectual tradicional viene siendo como la antítesis del intelectual orgánico. Véase: Rafael Díaz Salazar, Gramsci y la construcción del socialismo, UCA, San Salvador 1993, págs. 177-187.

{20} Véase Rodney Arismendi, Problemas de una revolución continental, Fundación Rodney Arismendi & Editorial Grafinel, Uruguay, 2 tomos.

{21} Rodney Arismendi «Nuevos problemas de América latina al tramontar los ochenta y el papel de la izquierda», en Estudios, nº 104, Montevideo, septiembre 1989, pág. 12.

{22} Rodney Arismendi, «La Teoría y la práctica de la revolución en América latina», en Dos trabajos de Arismendi, Fundación Rodney Arismendi, Montevideo 1993 (noviembre), págs. 10-11.

 

Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si
no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la
tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda
lastimado... Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna,
en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos
hollando el polvo... Los 7 ojos míos en la contemplación del mañana... Mis
manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma
de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.

Alfredo Zitarrosa

Palabras de Gerardo Caetano
Homenaje a Rodney Arismendi

12/11/2008

Muy buenas noches. Quiero decirles antes que nada que me siento muy honrado
y muy contento de estar entre ustedes, de estar en este día, conmemorando
los 95 años del nacimiento de Rodney Arismendi. Y quiero decirles que me
produce una particular honra atravesar esta figura, mirarla con esa
perspectiva larga que buscamos los historiadores, y tratar de encontrar en
él la silueta de tradiciones, de pueblo, sus legados. Y créanme que me honra
particularmente hacerlo desde mi condición: Yo no soy comunista, no fui
comunista.

Pero creo a veces que para encontrar el alma de ciertos partidos, el alma de
ciertas tradiciones, el núcleo vivo de ciertas figuras que trascienden su
origen ideológico, su trayectoria política, a veces, mirarlos desde otro
lugar descubre cosas. Y créanme hace muchos años que me viene provocando la
figura de Arismendi. Y más aún, atrás de la figura de Arismendi esa
tradición tan relevante en la historia de la República, la tradición
comunista.

Una tradición cargada de una historia gigantesca que va más allá de la
ideología, que comporta compromisos humanos, con carga de ideas pero también
con carga de hombres. Hace años que vengo bregando entre mis estudiantes
para que alguno de ellos haga una de las biografías más importantes que le
falta a este país. La biografía de Rodney Arismendi. Sin duda uno de los
uruguayos más relevantes del siglo XX. Una de las figuras políticas
centrales de este país. Tal vez las anteojeras del provincianismo o del
anticomunismo han podido opacar esa realidad que rompe los ojos. Rodney
Arismendi por su trayectoria política, por su proyección internacional que
lo hizo una de las figuras de referencia de una de las dos superpotencias
del siglo XX. Fue sin duda una de las figuras políticas más relevantes.
Diría algo más, fue tal vez uno de los políticos más renovadores y más
exitosos con una mirada estratégica, cargada de historia.

Por eso ese afán de  entender a Arismendi, de encontrar su mejor versión.
Pero a través de él, de llegar a lo que más me importa, la tradición
comunista. Ese color absolutamente indispensable. Esa historia que está
todavía por hacer, por reconstruir, esa gran aventura hecha desde un enfoque
ciudadano y hecha también desde el oficio, desde la mirada del historiador,
créanme, es una tarea extraordinariamente provocadora y relevante.

Rodney Arismendi es una figura con perfiles muy particulares. En primer
lugar nació en Río Branco un 21 de marzo de 1913. Tratemos de advertir lo
que podía ser Río Branco, ese Uruguay profundo, esa aventura que llevó a
aquel uruguayo nacido en la frontera pobre a –como vemos en las fotos
maravillosas del hall- caminar junto a figuras que marcaron la historia
universal de su siglo.

¿Qué hubo en esa peripecia? ¿Qué hubo en aquel militante social y político
que fue primero dirigente estudiantil y luego, como tantos uruguayos, marcó
su compromiso de vida en la lucha contra una dictadura, marca indeleble? En
este país las generaciones que se formaron luchando contra una dictadura
incorporaron una marca indeleble, incorporaron una carga de futuro. Rodney
Arismendi nació al compromiso político luchando contra una dictadura pero
además incorporándose en esa dimensión que tanto cultivó y que sin duda lo
llevó a ser comunista, esa dimensión internacional, esa concepción radical
de que la lucha política no podía terminar en la frontera, que él era
compañero de otras luchas, en otros lugares del planeta. Y que su proyecto
de vida no podía sino encontrarse en una lucha que o era internacional o no
era.

Es el Uruguay, no solo el Uruguay comunista. El Uruguay es internacional o
no es. Y aquella generación que sintió como propio el oprobio de la
dictadura franquista  y respaldó a los republicanos. Aquellos uruguayos,
aquella generación que nació al mundo tratando de respaldar la lucha contra
el fascismo emergente. Aquella generación que vinculaba sus compromisos
políticos locales con esa visión de mundo. Aquella generación estaba cargada
de futuro. En esa generación Arismendi nació a la vida política, en esa
generación Arismendi recogió desde su mirada, desde un origen muy humilde,
la necesidad de construirse comunista.

Cuarenta y siete procesos en su enfrentamiento a la dictadura terrista. La
“dictablanda” con Arismendi no fue tan blanda. Cuarenta y siete procesos que
en el marco de la lucha contra el fascismo, en el marco de esa proyección
internacional de su compromiso, lo llevaron a construir su visión teórica.

 Uno de sus primeros libros “Para un prontuario del dólar” es de 1947. Y
adviertan ustedes ya el anticomunismo, y miren que en este país, bueno, que
les tengo que decir a ustedes, en este país hubo mucho anticomunismo, ese
segregacionismo, maldito  como todo segregacionismo. Y hubo mucho
anticomunismo después de la guerra. Allí, en un contexto difícil, el Partido
Comunista obtiene una gran votación, 1946. Y allí por primera vez Arismendi
se hace parlamentario.

No se puede hablar de Arismendi sin recordarlo como uno de los
parlamentarios más relevantes que tuvo este país. Y repito, no lo digo desde
la adhesión a un partido. Lo trato de decir pesando cada palabra. Lo han
reconocido los parlamentarios de todos los partidos, lo reconocieron cuando
cumplió 25 años de vida ininterrumpida en el parlamento. Era un
parlamentario que sabía la oratoria del hemiciclo pero que sobre todo sabía
la construcción republicana de la ley, que construía la libertad en los
corrillos, negociando, negociando. Ese gran legado negociador que Arismendi
le dejó al partido comunista y al movimiento sindical uruguayo. Pensar en
Arismendi y no pensar en un gran negociador, pensando siempre la
construcción de avances para los trabajadores, de avances para la enseñanza,
de avances para la cultura, de avances para los necesitados, es impensable.

Tal vez en ningún ámbito se sintió más grato que en el parlamento y no era
de los parlamentarios que son haraganes en la fragua cotidiana pero salen
cada tanto con oratorias rutilantes en los plenarios. No. Por ejemplo, en la
ley más difícil, que prueba a cualquier  parlamentario como es la ley de
presupuesto, Arismendi era clave. Todos los presupuestos que el vivió como
legislador -¡todos!- tuvieron en él a un constructor fundamental.

Era un hombre muy culto. Su vocación cultural era inherente a su manera de
concebir el humanismo. No podía entender que un hombre comprometido con la
sociedad no fuera culto. Y eso no nació con él en el partido comunista, por
cierto, pero con él adquirió, como ya se ha dicho, una dimensión muy grande.
El partido comunista uruguayo, que supo construir Arismendi con otros
muchos, fue un partido en donde hubo mucha cultura. Fue un partido donde
muchas figuras extraordinarias de la cultura encontraron un lugar. Fue ese
partido, liderado por Arismendi, que logró, momento estelar de la historia
de la cultura y de sus cruces con la política, nada menos que la adhesión de
Paco Espínola, un 27 de agosto de 1971. Paco Espínola que en su discurso
justificaba su adhesión al partido comunista en su naturaleza profundamente
cristiana. Paco Espínola que quería sentir en carne propio el
segregacionismo anticomunista que el había visto en otros, en su hija, en
Mecha Espínola, que fue quien firmó el carné de afiliación de Paco.

Ese partido tuvo nada menos que a esa “voz de otro” que encarnó en Alfredo
Zitarrosa. Ese partido tuvo a historiadores como Lucía Sala, como Julio
Rodríguez, como Nelson de la Torre, antes había tenido a Jesualdo. Tuvo a
filósofos. Tuvo a pintores en este país de pintores. Tuvo a poetas. Y si
repasamos los líderes sindicales que llegó a tener ese partido, bueno,
impresiona, eran gigantes.

Ese hombre debería tener algo para acaudillar una fuerza política que pudo
construir una tradición tan honda, tan fuerte, tan plural, tan diversa.

Era un lector incansable. Dejó para el debate que le gustaba, que provocaba,
muchas obras que deben ser recogidas como seguramente le hubiera gustado a
Arismendi: desde la crítica, desde el debate por todo lo alto, fuerte. Ese
debate que tanto nos falta. “Problemas de la revolución continental”, antes
“La filosofía del marxismo y el señor Haya de la Torre”, su polémica con
Haya. “Lenin y la revolución en América Latina”, “Uruguay y América Latina
en los años 70”, sus artículos en la revista ESTUDIOS, sus discursos
extraordinariamente relevantes en los distintos  congresos del partido
comunista. Algunos de ellos que marcaron una época. No solamente una época
del partido comunista o de la izquierda. Que marcaban una época de la
historia uruguaya.

Sobre su perfil internacional ¿qué puedo decir? Los convoco a que miren las
fotos  que lo muestran en los cinco continentes con figuras gigantescas,
interlocutor principal de múltiples líderes políticos.
Y un hombre serio, un político serio. Tan serio que no ocultaba sus
diferencias. Incluso con sus amigos. Hay una imagen inolvidable de Rodney
Arismendi. En el documental de la  reunión de la Organización
Latinoamericana de Solidaridad, en la OLAS, en donde toda la tribuna
aplaudía y había un solo hombre con los brazos cruzados que no aplaudía. Ese
hombre era Rodney Arismendi.

Era Rodney Arismendi que, en épocas donde con mucho amor, y con mucho
romanticismo y con mucho idealismo, que hay que reivindicar, generaciones y
generaciones de jóvenes dieron su vida pero muchas veces la dieron sin el
continente necesario de figuras gigantescas y serias como ese Rodney
Arismendi que fue dique contra los violentismos. Que supo serlo en el peor
momento.

Honra permanente para una figura capaz de fundar sus convicciones en
momentos tan difíciles y de manera tan radical. Porque era un radical, claro
que era un radical. Su radicalismo genuino, no impostado, era el radicalismo
de los trabajadores que no necesitan –como decía Zitarrosa- tener una
pistola en la cintura para saberse plenamente revolucionarios.

Fue ese político serio que mirando lejos, en 1955, mirando lejos y
reivindicando esa dimensión de historia que tiene la política, la política
bien entendida, que no mira la elección del próximo año sino mira por los
tiempos, mira más allá de uno, mira la historia, tiene un sentido de
historia. Él lo tuvo y cuando era difícil imaginarlo, imaginó un gran
partido comunista, un partido que no se consolidara solamente como un
aparato político. ¡No! Que fundara una tradición, que incorporara redes de
trabajadores,  de la cultura, que convocara a los jóvenes, que los convocara
seriamente, con responsabilidad, cuidándolos, porque son la clave del
cambio. Sin paternalismos,  pero cuidándolos. Que convocó a tantas familias,
porque si hablo de una tradición comunista estoy hablando de familias en
donde, no por imposición sino por amor, los hijos y los nietos se hicieron
orgullosamente comunistas como sus padres y sus abuelos.

Fue desde esa seriedad que miró lejos. Y vio la necesidad de fundar un
movimiento sindical único, marcando junto a una generación de gigantes uno
de los perfiles más importantes de la democracia uruguaya: una central
sindical única, sin corruptos, una central sindical seria, pluralista, que
en los momentos más difíciles supo demostrar su compromiso inclaudicable con
la democracia.

Esa misma seriedad estratégica que lo llevo a imaginar -cuando casi era
inimaginable- un gran partido comunista, que lo llevó a imaginar en la
necesidad de aportar junto con otros en un gran movimiento sindical, fue la
que lo llevó a pensar en la unidad política de la izquierda como una
contribución central para la democracia uruguaya y para la transformación
del país.

No es casual, no fue casual que fuera un hombre de confianza radical del
general Seregni. Tenían la misma seriedad. En aquella generación de los
fundadores del Frente Amplio había personas muy serias. Y obviamente que no
pensaban igual. Pero cuando hablaban, hablaban desde la seriedad, de los
compromisos vitales que no tienen retorno, hablaban sintiendo que más allá
de ellos sus figuras portaban pueblo, trabajadores, jóvenes, pulsión,
sentido de historia.

Por eso cuando cayó la dictadura el partido comunista estuvo allí. Y
créanme, he tenido el calvario de ver los archivos de la represión, es un
calvario. No se imaginan hasta donde esa dictadura fue siniestra. Y créanme,
lo dice el historiador, desde la verdad debo decir que el gran partido de la
resistencia fue el partido comunista.

No hay como negarlo. Lo pudo ser desde el comienzo y hasta el final. En los
momentos más duros, en momentos terribles, como el 75, el 76, el 77,  cuando
aparecían movilizaciones en una fábrica, jóvenes haciendo una volanteada por
la libertad de Seregni, allí estaban los comunistas.
Yo pude ver el fichero del partido. Y es momento de contestar de la manera
más rotunda los agravios incalificables que quisieron manchar con la
acusación de la traición nada menos que a Rodney Arismendi. No estaríamos
aquí si hubiera habido la mínima señal de traición. Ninguno de ustedes
estaría aquí. Yo no estaría aquí. Él no estaría aquí (señala al Chato). Pero
allí en ese fichero había miles de uruguayos, miles. Es impresionante
advertir la cantidad gigantesca del número de militantes comunistas que
había podido construir la base de ese partido. En la historia uruguaya no
hay ningún otro ejemplo de una relación militante/votante que se pueda
acercar. Son decenas de miles.

Y Rodney Arismendi, como bien se ha dicho, en el exilio fue organizador.
Líder de esa patria que también luchaba contra la dictadura. Y buscó
caminos. Fue por eso que cuando regresó su partido estaba esperándolo. No
solo su partido. Los jóvenes que nunca lo habían visto, jóvenes de otros
grupos, jóvenes que ni siquiera eran del Frente Amplio pero que sentían la
leyenda de Rodney Arismendi. Y volvió y tenía mucho por hacer.

Quería la transformación, quería ver como enfrentar lo que le pasaba a la
Unión Soviética, quería que Gorbachov tuviera razón. No tuvo el personalismo
de eternizarse y buscó transferir la secretaría general. No quiso ser
senador. Quién iba a pensar que en el cuarto lugar de la lista iba a salir
senador. Y la muerte lo encontró un 27 de diciembre de 1989. Adviertan
ustedes: se caía el muro de Berlín. Aquellas  figuras que él había conocido
estaban viviendo el final. El mundo por el que él había luchado y en el que
él había creído se derrumbaba y el partido comunista en Uruguay obtenía el
10 por ciento del electorado. Y no solamente por la propaganda.

Por eso a noventa y cinco años del nacimiento de Arismendi yo creo que la
mejor respuesta que se puede dar, lo dice alguien que no es comunista,
(repetido sacar) es estudiar e historiar  esa rica tradición comunista. Lo
necesita no solo la izquierda sino el Uruguay. Necesita los perfiles de esa
tradición política que no solamente se funda en ideología, se funda en
compromisos humanos imperecederos. Pasará Marx, sino ya pasó. Pero no
pasarán los compromisos humanos de tantas generaciones de trabajadores, de
tantas generaciones de jóvenes; no pasarán esos estudiantes que se hicieron
comunistas en el peor momento y que arriesgaron su vida; no pasarán la
valentía para enfrentar el garrote, la tortura, la desaparición; no pasará.

Por eso, queridos amigos, mucho se podría decir de Rodney Arismendi, pero
creo que nada mejor, nada que a él le hubiera convencido más, nada que a la
República toda, se mire por donde se mire, le hiciera mejor favor que ver en
Arismendi esa tradición comunista rica, que ver en Arismendi “la sombra de
Gancio y de Mora, de Fernández, de Mendiola,” de ver en los versos del poeta
“la canción más madura, que será la que cante puras razones, que ya son
muchas, del compañero que lucha sin pistola en la cintura”, de recordar de
manera indeleble el nombre de la “carne horadada, de la vida más amada, la
desarmada”. De recordar, de no olvidar nunca! Superando litigios,  superando
rencillas, superando quiebres, superando fracturas; de recordar, que hace
falta, de recordar a Zitarrosa que en sus versos recogía la tradición
comunista:

Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si
no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la
tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda
lastimado... Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna,
en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos
hollando el polvo... Los 7 ojos míos en la contemplación del mañana... Mis
manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma
de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.

Muchas gracias
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