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2007 La burbuja Inmobiliaria

Algo más que una crisis hipotecaria
Juan Torres López

 Octubre de 2007

Temas para el Debate

    La cuestión económica sobre la que todos los analistas se vienen preguntando en las últimas semanas es si la crisis inicialmente desatada en el mercado hipotecario estadounidense el pasado verano se convertirá o no en el inicio de una serie de problemas económicos de mayor envergadura y extensión.

    Pero no es fácil saber por adelantado lo que ocurrirá en economías tan complejas, entrelazadas y volátiles como las de hoy día. Además,  y para colmo, ya se sabe que los economistas tenemos fama de no saber predecir ni siquiera el pasado.

Trataré, al menos, de establecer algunas ideas que me parecen básicas para entender lo que está pasando y para poder otear el horizonte con cierto conocimiento de causa.

    Es bien sabido ya que se trata inicialmente de una crisis hipotecaria porque básicamente tiene que ver con la multiplicación de impagos que se dan en Estados Unidos como consecuencia del aumento del tipo de interés y de la caída de las rentas de familias que habían suscrito pólizas sin apenas capacidad de pago.

    No es por sí mismo poca cosa teniendo en cuenta que ese problema puede afectar casi a una quinta parte del mercado hipotecario estadounidense pero me parece que la crisis no es solo eso.

    Hoy día, los bancos no se limitan a conceder hipotecas (u otros títulos de crédito) sino que una vez concedidos realizan operaciones con ellos en otros mercados, llamados secundarios, en donde aseguran o simplemente venden los títulos que cubren a las operaciones iniciales. Así dan lugar a otra serie de títulos o productos financieros, llamados derivados porque proceden de los anteriores, que, a su vez, generan otros productos nuevos y así sucesivamente, alimentando de esa forma la gran pirámide en que se ha convertido el universo financiero de nuestros días.

    Este universo proporciona beneficios muy elevados, en consonancia, lógicamente, con el altísimo nivel de riesgo que llevan consigo las operaciones sucesivas de papel sobre papel que gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación se llevan a cabo continuamente en los mercados internacionales.

    Es por esa razón que los problemas hipotecarios nacidos en la crisis del mercado inmobiliario de Estados Unidos dan lugar a otros problemas más serios en el universo financiero, puesto que los productos derivados de esas hipotecas (ahora impagados o en riesgo cierto de llegar a serlo) pierden valor y, a su vez, van transmitiendo esa pérdida a los derivados de ellos.

    Cuando eso ocurre, los poseedores de recursos financieros afectados tienden a retirarlos del mercado, generando así una crisis que ya no es solamente hipotecaria sino también financiera.

    Los bancos centrales intervienen entonces, como es bien conocido, suministrando –como en este caso- miles de millones de dólares o euros para tratar de compensar esa escasez coyuntural de recursos. Si llegan a tiempo o disponen de reservas suficientes, podrán aliviar el problema. Si no, solo les quedaría rezar a los santos que les sean más próximos... o esperar que la China comunista sea generosa y utilice sus millonarias reservas de dólares para evitar el colapso financiero del capitalismo. Paradojas de nuestro mundo globalizado.

    Puesto que hoy día los mercados en los que se llevan a cabo todas esas operaciones están perfectamente integrados, no cabe la menor duda de que una crisis de esas características será global y que, en consecuencia, afectará antes o después a casi todas las economías. Es una simpleza, por ejemplo, pensar que España no se verá afectada cuando nuestros bancos y mayores empresas están tan estrechamente involucrados en las redes del comercio y las finanzas internacionales.

    Ahora bien. Cuando todo eso sucede, los bancos restringen el crédito y dificultan la inversión y el consumo y las expectativas de las que depende, sobre todo, la actividad empresarial se deterioran rápidamente. Y además, en este caso se viene abajo el sector de la construcción que en su caída arrastra a otros que están vinculados con él. Y así aumenta el desempleo y se reduce la actividad económica, lo que nos indica claramente que la crisis no es solamente financiera sino real, es decir, que afecta al conjunto de la producción de bienes y servicios.

     Además de todo ello, está hoy día por ver si hay algo más. Especialmente, una crisis de solvencia bancaria como consecuencia del muy alegre uso de sus depósitos que vienen haciendo los bancos en los últimos años, algo que de llegar a darse empeoraría los problemas derivados de la crisis inicial.

    En estos momentos, parece que puede ya descontarse que la crisis afectará a la economía española, puesto que es un engranaje más en el contexto de la globalización actual de los negocios y las relaciones financieras, y la cuestión más bien estriba en saber cuáles serán sus manifestaciones específicas y cuándo producirá sus efectos más preocupantes.

    En mi opinión es prácticamente seguro que el sector de la construcción y las actividades inmobiliarias en general van a salir profundamente afectadas de la situación en la que se está entrando. De hecho, ya se está advirtiendo una caída importante en los pedidos de materias primas, en la recaudación del IVA, en el empleo y posiblemente en el consumo
final familiar.

Es más difícil saber, aunque realmente no es fácil ser muy optimista, si se está a tiempo o si hay medios suficientes para aprovechar la crisis y modificar la base del crecimiento de nuestra economía.

Apoyada en la construcción y en la conversión del sector de la vivienda en un mercado especulativo al servicio del ahorro y no de la habitabilidad, la economía española ha sido capaz de proporcionar grandes beneficios, bastante empleo (aunque haya sido muy precario) y crecimiento por encima de la media de nuestro entorno. Pero, como seguramente ya hemos empezado a comprobar, con carácter muy poco sostenible; y, como también es sabido, con un notable aumento de la desigualdad social.

    Como he señalado más arriba, tampoco es fácil saber actualmente hasta qué punto la banca española está afectada por la crisis. Establecida sobre privilegios inexistentes en otros lugares, ha ofertado las hipotecas más caras de Europa y ha obtenido beneficios millonarios que en su gran mayoría no han revertido de ningún modo estructuralmente positivo en la economía española. Aunque técnicamente hablando ofrece una pequeña proporción de hipotecas sub prime, de las que han provocado la crisis en Estados Unidos, su cartera de hecho de hipotecas arriesgadas es bastante más amplia de lo que suele comentarse. Algo que ha podido ir cubriendo hasta ahora haciendo prácticamente ilíquido el ahorro depositado y compensándolo gracias a ventajas fiscales que son, en realidad, una retribución bancaria que no pagan los bancos sino el conjunto de los ciudadanos.

    Lo que no parece que vaya a cambiar es el papel acomodaticio de los bancos centrales, que siguen haciendo oídos sordos frente a la opacidad de los mercados financieros y a la incertidumbre y riesgo innecesarios que generan estas crisis.. Aunque antes o después habrá que plantearse si un mundo económico como el actual se puede permitir la existencia de reguladores monetarios que solo funcionan a piñón fijo, es decir, sin tener en cuenta el conjunto de los objetivos económicos y de las necesidades sociales.

Juan Torrez López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España). Su web personal es www.juantorreslopez.com

URUGUAY

Empleo, Salario e Ingreso
Economía y Estado

Ruben López

  Abril 2007                                                                     
“Así como la física tiene sus leyes, eternas e inmutables, la economía también posee las suyas. Pese a que ciertas personas piensen que no es así y que con “voluntad” el comportamiento humano puede ser alterado. En su manera de razonar suelen olvidar los factores determinantes principales de tal comportamiento, lo cierto es que a lo largo de la historia (desde que se desarrolló la escritura) el estudio de las civilizaciones muestra de manera clara, incontrovertible e irradia potente luz acerca de cómo los hombres reaccionan a determinados estímulos. Éstos, al igual que los resultantes de las fuerzas físicas, no dan lugar a dudas en el efecto final.”
“………….., en la economía debemos de poner los recursos necesarios para compensar la distorsión que se genera a la evolución natural, o sea a los deseos de las personas.”
“…El tema es que las intervenciones cuestan mucho, disminuye el nivel de actividad (PBI) de una economía por debajo de su potencial…” Tomado de: Economía y Mercado. El País -23 de octubre de 2006 – pag.3

Esta es una de las concepciones que imperan en el mundo, el Estado juez y gendarme, que no es nueva, pero que aquí se muestra  en todo su extremismo: hay una evolución natural de la economía y de la sociedad, sobre la cual el hombre no puede intervenir, so pena de que sobrevengan las más inimaginables catástrofes.

Pero, sea por “hacer” o “no hacer,” la intervención se da igual. De ahí saldrán ganadores y perdedores y no por casualidad los  más fuertes ganan y  reclaman  “libertad” para mantener sus privilegios. Son los dueños de la riqueza y estas teorías  son funcionales a sus intereses.

Es evidente en este caso, que la ley natural, no actuaría con  ecuanimidad y que “la evolución natural” o sea “el deseo de las personas” que detentan el poder económico, político e ideológico, saldrá más favorecido de ese estado de cosas. La no intervención, dejando a los más débiles en un enfrentamiento desigual con los más fuertes es un gran negocio para estos últimos.
Este podría  ser un camino válido para el desarrollo de la humanidad, la eternidad del capital y la sobrevivencia del más fuerte. Es la opción que defienden quienes piensan así. Pero, ¿es la única? ¿la natural?, ¿la que desean las personas? ¿Por qué?.

Es interesante partir del análisis de este texto, pues la polémica sobre la intervención del Estado en la economía está en la orden del día. Intervención no, intervención sí, y hasta dónde.

“Tres ciudadanos estadounidenses –Bill Gates, Paul Allen y Warren Buffet- poseen juntos una fortuna superior al PIB de 42 naciones pobres, en las cuales viven 600 millones de habitantes (“Grito de los excluídos” 2000), “las 500  personas más ricas reciben ingresos totales parecidos a 416 millones de las personas más pobres de todo el mundo”(PNUD).  “El 2% de los adultos más ricos posee la mitad del capital mundial. El 50% de los adultos más pobres sólo el 1%.

El 1% -37 millones de adultos-, tiene el 40% de la riqueza  (50 billones de U$S) mientras la mitad de la población del planeta -1.850 millones de adultos-tiene el 1% (1,25 billones U$S).
Cada uno de los integrantes del 1% más rico, en promedio tiene U$S 1.350.000, mientras cada uno de los más pobres tendría U$S 676. (Fuente:Estudio sobre “La distribución Mundial de la Riqueza de los hogares” de la Universidad de las Naciones Unidas de diciembre de 2006. Los datos corresponden al año 2000.)  (www.wider.unu.edu)
Si esto fuera hoy y tendiera a mejorar, pero veamos la evolución: “En las últimas cuatro décadas la renta per cápita de los países más ricos casi se triplicó. Entre los más pobres sólo creció un 26 %” ( Frei Betto, www.EcoPortal.net).

Esta situación se pretende justificar con el  dogma de “la evolución natural”,  de “eternas e inmutables” leyes que, como la palabra de Dios, no se pueden discutir. El argumento es que con la “voluntad” no se puede dominar “el comportamiento humano”, “los deseos de las personas”. Y el Estado, juez y gendarme.
¿Pero no son algunos hombres quienes sostienen estas ideas?

Otras ideas, de otros hombres, pueden pensar que el Estado debe intervenir, regular, arbitrar entre las partes. Que no existe una “evolución natural” de la economía, de la sociedad, del “comportamiento humano”. Sí que la economía y la sociedad están sujetas a leyes, independientes de la voluntad de los hombres. Y es posible utilizar el conocimiento de esas leyes para mejorar la condición humana. No para explicar, como en la religión, que en la tierra hay que resignarse a los designios del Señor, porque de los pobres será el Reino de los Cielos. Ahora nos cambiaron “el Señor”, por “el Mercado”, con un resultado igual: los beneficios van a los mismos, los que tienen la riqueza, aunque pasen mil años y los que pierden sean los mismos, los que nada tienen.

La humanidad, a través de sus tantas tragedias, ha comprendido que es necesaria cierta regulación en la sociedad,  que es principal la actividad económica, por algo sencillo y natural: si no se come no se puede pensar.

Cuando hablamos de economía hablamos de sociedad, porque es la ciencia que estudia las relaciones en que los hombres producen e intercambian entre sí. Pues el ser humano es producto del trabajo. La esencia del Hombre es el trabajo y éste es social.
El sentido de la economía, entonces, no es encontrar algunas fórmulas que sirvan para explicar los fenómenos macro o micro económicos.

Son ideas, de otros hombres, que sostienen: sí se debe proteger a todos los individuos, tanto de los desastres naturales como sociales, provocados por la naturaleza o por la acción de de los propios hombres.
El conocimiento de  las leyes económicas, cuando se  producen las crisis con sus secuelas de destrucción, hambre y muerte de miles, a veces millones de personas, ¿ no debe ser utilizado para evitar, aliviar, esas calamidades?.

La acción deliberada y voluntaria para intervenir, prevenir, está explícita, por ejemplo en La Declaración Universal de los Derechos Humanos. Después de una  de las principales tragedias de la humanidad como lo fuera la 2ª Guerra Mundial,  en 1948 se proclama en el Art. 23, inc3: “Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana…” y en el  “Art. 25º - 1) Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios….”

La Constitución de la República Oriental del Uruguay dice:
Art. 7º. Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general.
Y en el art. 54, sostiene: La ley ha de reconocer a quien se hallare en una relación de trabajo o servicio como obrero o empleado …la justa remuneración, la limitación de la jornada; el descanso semanal y la higiene física y moral…”

En estos textos se plantea no abandonar a los más necesitados, la pobreza no se considera un “estado natural”, la sociedad debe hacer esfuerzos para que cada persona tenga una existencia digna

 

Estas ideas también se expresan en nuestro país, en la Política Laboral:

Unos dicen: El estado no puede intervenir, debe desregular y liberalizar la negociación sobre los salarios entre trabajadores y patronos.
Por otro lado se plantea, como mínimo,  que se deben dictar leyes –como la Ley de Consejos de Salarios de 1943- donde comisiones tripartitas conformadas por representantes del gobierno, empresarios y trabajadores puedan regular, arbitrar la negociación por salarios y condiciones de trabajo.

Veamos algunos  datos de los últimos años.  El PBI en 2005 alcanzó el pico más alto desde el anterior correspondiente al tercer trimestre de 1998, en cambio el empleo fue 5.4% menor y el salario real un 18% inferior a aquel período.  Dentro de los factores que hacen a este fenómeno hay uno estructural, que tiende a profundizarse por los avances en la revolución científico técnica, la creciente productividad de las empresas y el ahorro de mano de obra.
“La participación de la masa salarial en el INBD (Ingreso Nacional) pasó de 31% en el trienio 1998-002 a 17.5% en 2004. En 2005 aumentó la participación de la masa salarial, pero las estimaciones para 2006 y las proyecciones para 2007 muestran que el aumento no continuará.” (Jorge Notaro, Brecha, 2 de marzo de 2007-Pag II)

El progreso científico técnico, mayor productividad, más inversión con desplazamiento de mano de obra, es decir: crecimiento económico, menos empleo, menores salarios.  Pero además concentración del ingreso en menos manos. Eso es lo que pasó en nuestro país, (pero también en el mundo) y seguirá pasando si se lo deja en manos de la “evolución natural” y las leyes del Mercado.

El aumento del empleo y el ingreso está relacionado con la capacidad de producir con mayor valor agregado, con tecnologías avanzadas, desarrollo científico y capacidad innovadora.
Si seguimos exportando  materias primas y productos con poco valor agregado, en esa vieja tradición del comercio no equivalente, compramos caro, vendemos barato, pagamos los altos salarios del norte mientras ellos pagan los nuestros muy inferiores.

Multiplicar las relaciones comerciales con los mejores socios, quienes nos aseguren la compra de nuestros productos, en particular los más elaborados.  

Buscar la complementación productiva con los países de la región o extrarregionales, siempre y cuando esos acuerdos impliquen más y mejor empleo, cuidado del ambiente e impulsen el desarrollo nacional. Promoción de inversiones, utilizar la capacidad de compra del Estado, impulsar proyectos  donde el mayor beneficio quede en el país e impliquen aumentar el empleo, mejores salarios y se haga hincapié en una mejor distribución del ingreso.

La participación de la sociedad en la solución de los problemas de todos es una batalla a dar, con fuerza, ante el extremismo ideológico de plantearse como natural la ley de la selva en la sociedad,

Los trabajadores viven la convocatoria a los Consejos de Salarios, la protección de sus fueron sindicales, que permiten a amplios sectores participar y organizarse, logrando importantes reivindicaciones.
¿Como valorarán, por ejemplo, los trabajadores de supermercados, reprimidos durante años sus intentos de sindicalizarse, esta teoría de la “evolución natural” y que no debe existir intervención del Estado en la economía?. Quizás vean que en realidad,  esas leyes eternas e inmutables son sólo  reflejo de las ideas que sirven a los intereses de los propietarios. Y que la posibilidad de organizarse, hoy, también es reflejo de las ideas que representan  los intereses de los trabajadores.

Don José Artigas, desde su Reglamento Provisorio de Tierras de 1815, tiene algo que decir.
En el art. 6º, cuando define quienes deben ser favorecidos por el reparto de tierras: “… con prevención que, los más infelices sean los más privilegiados  …todos podrán ser agraciados en suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y la de la Provincia.”

Problemas de empleo e ingresos en el Uruguay 2006. Cooperación OIT-OPP. Coordinador Jorge Notaro.

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