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Tisa: La Democracia y la Soberanía en juego. Alexis Capobianco

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Uruguay. julio/2015

Uno de los argumentos a favor del Tisa sostiene básicamente que no podemos estar a priori en contra del mismo, antes de discutir y antes de que exista el acuerdo en cuestión. 
 
Creo que ese argumento no es correcto, en primer lugar porque hay una larga experiencia de acuerdos previos de EEUU con diferentes estados latinoamericanos, así como una larga tradición de propuestas en ese sentido que vienen desde los años inmediatamente posteriores a la segunda guerra mundial (el Plan Truman). Todos estos acuerdos se basan en la ideología panamericanista, históricamente enfrentada con el latinoamericanismo, la misma, según una larga tradición de análisis en la izquierda, apunta a la profundización de los niveles de subordinación y dependencia de los países latinoamericanos con respecto a EEUU. El TISA no incluye solo a EEUU, pero es algo bastante claro que el mismo es la principal potencia integrante de estos acuerdos junto con otros países históricamente aliados a  la principal potencia imperialista, excluyendo a China, Rusia y los restantes países del Mercosur, que son, dicho sea de paso, países fundamentales en el destino de nuestras exportaciones. Estos acuerdos se basan en la premisa del “trato igualitario” a los prestadores de servicios, lo cual significa poner en condiciones de igualdad a los grandes monopolios cuyo producto rebasa el de muchos países con nuestras empresas, particularmente las públicas, proponer igualdad en estas condiciones de radical desigualdad solo profundizará la desigualdad existente, y esto, insisto, no es nuevo, EEUU está preocupada porque sus empresas reciban un trato “igualitario” desde 1946 por lo menos. Lo poco que ha trascendido de los acuerdos plantean estos mismos principios de “libre comercio” que ya hemos rechazado una y mil veces.


Pero aparte hay una cuestión previa: el secretismo y el carácter secreto de los acuerdos, contradice radicalmente la democracia. La democracia no se puede basar jamás en discusiones secretas y acuerdos secretos a espaldas de los ciudadanos, esta forma de negociación implica todo un contenido previo, el mismo supone sustituir a los organos de representación política, y por tanto al soberano, por organismos tecnocráticos subordinados a los “mercados”. Profundizar la democracia es apuntar en una dirección radicalmente opuesta a la concepción política que presuponen todas estas negociaciones, profundizar la democracia es politizar, construir espacio público, lo cual supone también información pública, fundamentalmente sobre todas aquellas cuestiones que afectan la vida de los pueblos.
 
Los que parten de presupuestos y dogmas que van contra toda la evidencia empírica son precisamente quienes impulsan este acuerdo, tanto por lo arriba reseñado como por el carácter imperialista de EEUU, que no es solo una cuestión de políticas o mala voluntad, sino que obedece a profundas razones del mismo desarrollo del sistema capitalista, y que se ha expresado brutalmente en las invasiones de Irak, Afganistán, Libia entre otras realizadas recientemente, con sus secuelas de miles de muertos. Agresiones militares que contaron con la colaboración de muchos de los países que hoy se encuentran en las negociaciones del TISA, y cuya principal potencia no tuvo ningún problema en impulsar el Plan Cóndor cuando su hegemonía peligraba en América del Sur.

Se nos suele decir, y el Canciller Nin Novoa lo repite frecuentemente, que “es la realidad”, “hacía allá va el mundo”, este tipo de expresiones presupone una concepción fatalista para la cual ya hay un futuro predeterminado “hacia donde va el mundo”, y el mundo parece que siempre va hacia donde va EEUU y las potencias hegemónicas, visión que no solo es incapaz de ver la profunda crisis que padece todo el sistema capitalista mundial, sino las contradicicones que existen a nivel internacional y las nuevas realidades que han surgido, y que precisamente hacen que ese “hacia donde vaya el mundo” dependa, en gran medida, de la lucha y de decisiones políticas. El mundo no va inevitablemente hacia EEUU, no va inevitablemente hacia una realidad hegemonizada por los siglos de los siglos por EEUU, el mundo puede ir en otra dirección, en nuestro caso hacia la integración latinoamericana y hacia relaciones internacionales mas justas, hacia allí pensó siempre que debería ir la izquierda y orientó su práctica en ese sentido, no como producto de una mera utopía o un sueño, sino porque hay condiciones reales para que el mundo vaya en ese sentido y porque la dependencia de EEUU y las potencias capitalistas hegemónicas ha significado para nosotros pobreza, subdesarrollo y dictaduras genocidas entre otras bellezas. Siempre quisimos que nuestro mundo vaya en otro sentido y uno de los principales obstáculos para concretarlo fueron siempre los EEUU y las potencias hegemónicas. 
 
Lo mismo con respecto a “la realidad”, la misma no es algo ajeno a los seres humanos, la “realidad” hace a los seres humanos pero los seres humanos hacemos a “la realidad”, la idea de que hay una realidad inevitable que siempre coincide con los intereses de las grandes potencias capitalistas,  expresa una visión absolutamente pasiva y resignada de la realidad, que niega la capacidad humana de transformar a la misma, cuándo la historia ya nos ha probado hace mucho que la historia y el futuro depende en gran medida de nosotros. Suponer que la “realidad” es una especie de fatalidad a la cual nos debemos subordinar es, además, una negación de la política, y la reducción de la misma a mera gestión.

Este “realismo” que nos dice que la “realidad va hacía allá y nada más que allá” no es tal, es un utopismo radical: nos promete la utopía de un mundo feliz basado en el libre comercio, de desarrollo y “complementación”, de democracia y prosperidad, es un pensamiento totalmente irrealista en nombre de la realidad. Basta ver experiencias como la de México para saber a donde lleva el “free trade”, basta revisar la historia de América Latina y ver como la profundización de los vínculos económicos con EEUU siempre significó para nosotros más dependencia, desarrollo deforme o subdesarrollo, y a nivel social: pobreza y miseria.

También el reciente plebiscito griego nos enseña lo que puede llevar a significar la resignación de soberanía y el sometimiento a organismos tecnoburocráticos que sustituyen a los organismos electos democráticamente:   a una dictadura de los burócratas y de las grandes corporaciones.

La cuestión es entre más democracia y menos democracia, entre soberanía y reducción drástica de nuestra soberanía, entre mayor bienestar para la mayoría de nuestros pueblos o deterioro general de las condiciones de vida de la gran mayoría y beneficio a pequeños núcleos empresariales aliados a los intereses hegemónicos a nivel mundial.

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