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10 JUNIO, 2014 TRIBUNA POPULAR

Por Mikel Koba 

El comunista belga Ludo Martens nos previno sobre el truco de la burguesía que consiste en hablar bien de Marx para después atacar con saña a continuadores de su obra como Lenin y Stalin. Hoy cuesta encontrar a un burgués culto que desprecie a Marx, pero la cruzada de la burguesía, la academia, pequeña burguesía y trotskismo es permanente contra la supuesta teoría maligna, totalitaria y dogmática que es, según ellos, el marxismo-leninismo. 

En realidad, como dijo Stalin, el marxismo-leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de las revoluciones socialistas. Dado que estamos más que nunca en la época del imperialismo, la vigencia del marxismo-leninismo es más intensa que jamás antes. Es la síntesis planteada por Stalin en su obra Cuestiones del Leninismo, entre los descubrimientos geniales teóricos de Marx y Engels y las contribuciones de Lenin, no menos geniales, que son, a saber, una Teoría del Estado, del Partido de vanguardia, de la Revolución, de la transición y del imperialismo y, además, una práctica de carácter universal de la toma del Poder, la construcción del nuevo poder revolucionario, de una Internacional revolucionaria de la construcción económica del socialismo y la revolución cultural. El intelectual orgánico comunista Althusser distingue en la ciencia del marxismo-leninismo una ciencia de la Historia y del modo de producción que es el materialismo histórico y una filosofía que es el materialismo dialéctico. 

El que autodenominados comunistas no hayan ni estudiado ni comprendido ni asimilado el marxismo-leninismo, cometiendo graves errores en su práctica, no lo invalida como “la gran teoría revolucionaria de nuestra época”, en expresión del comunista uruguayo Rodney Arismendi. Lenin, Stalin y Gramsci llamaron continuamente a la formación permanente de los cuadros y los militantes para apropiarse de la herramienta fundamental a fin de que un Partido Comunista pueda dirigir de alguna manera el proceso social hacia el socialismo y el comunismo. La validez del marxismo-leninismo ha sido refrendada en la práctica política y científica en toda ocasión. No así la validez de algunos Partidos comunistas que fueron incapaces de cohesionar sus filas, cortar desviaciones, entender los procesos, manejar las contradicciones y orientar a las masas. La vida es implacable con los que cometen errores. 

Como insiste el Maestro Ramón Losada Aldana, la esencia del marxismo-leninismo es profundamente antidogmática. Se refresca continuamente en contacto con la realidad, con la lucha, la ciencia y las masas. Repetir “leninista” como un sonsonete no da a nadie ningún conocimiento especial. Losada señala agudamente que es al calor de la lucha política y social como se asimilan profundamente las leyes del marxismo-leninismo, de modo que conocerlo no es un ejercicio puramente académico sino militante. El Marxismo sin Leninismo es insuficiente y es una manera de negarlo al rechazar los aportes de Lenin. 

Comprendemos bien el odio visceral de la burguesía contra el marxismo-leninismo. Comprendemos mucho menos semejante actitud en quien se dice revolucionario y desde sus publicaciones, editoriales y foros lo calumnia y falsifica para tratar de privar a la clase obrera y al pueblo de una herramienta filosófica y científica indispensable en su liberación plena. 

 

 

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