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Africa - Arabia

Thomas Sankara: Discurso ante Naciones Unidas

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Pronunciado: El 4 de octubre de 1984, ante la trigésimo-novena sesión de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas.
Burkina Faso: la tierra de los hombres íntegros.

Señor secretario general,

honorables representantes de la Comunidad internacional:

Vengo en estos lugares aportarle la salvación fraternal de un país de 274.000 km2; donde siete millones de niños, de mujeres y de hombres, se niegan en lo sucesivo a morir de ignorancia, de hambre, de sed, no logrando vivir verdaderamente desde un cuarto de siglo de existencia como Estado soberano, ocupando un escaño en la ONU.

Vengo a esta Treinta y nueve sesión a hablarle a usted en nombre de pueblo que, sobre la tierra de sus antepasados, escogió, desde ahora en adelante, confirmarse y de asumir su historia, en sus aspectos positivos, como en sus aspectos negativos, sin complejo alguno.

Vengo por fin, autorizado por el Consejo Nacional de la Revolución (CNR) de Burkina Faso, para expresar el punto de vista de mi pueblo sobre lo que concierne a los problemas inscritos en el orden del dia, y que constituyen la trama trágica de los acontecimientos que agrietan dolorosamente los fundamentos del mundo en estos finales del vigésimo siglo. Un mundo donde la humanidad se transformó en circo, desgarrada por las luchas entre los grandes y los semigrandes, batida por bandas armadas, sometida a la violencia y el pillaje. Un mundo donde naciones, sustrayéndose a la jurisdicción internacional, acosan a grupos persona fuera de la ley, donde se vive de rapiñas, y que organiza tráficos innobles, fusil en la mano.

Señor Presidente

No tengo aquí la pretensión de enunciar dogmas. No soy un mesías ni un profeta. No detengo ninguna verdad. Mi sola ambición es una aspiración doble: primero, poder, en lenguaje simple, el de la evidencia y de la claridad, hablar en nombre de mi pueblo, el pueblo de Burkina Faso; en segundo lugar, llegar a expresar también, a mi manera, la voz del ” Gran pueblo de los desheredados “, los que pertenecen a este mundo que maliciosamente se bautizó como Tercer Mundo. Y decir, si no logro darlos a entender, las razones que tenemos para rebelarnos.

De todo esto denota el interés a que nos referimos en la ONU, las exigencias de nuestros derechos que toman allí un vigor y el rigor de la conciencia clara de nuestros deberes.

Ninguno se asombrará de vernos asociar el ex Alto-Volta, hoy Burkina Faso, con este trastero despreciado, el Tercer Mundo, al que otro mundo inventó en el momento de las independencias formales, para asegurar mejor nuestra alienación cultural, económica y política. Queremos insertarnos en él sin justificar esta estafa gigantesca de la Historia. Todavía menos para aceptar ser ” el trasero del mundo de Occidente”. Pero para afirmar la conciencia de pertenecer a un conjunto tricontinental y admitir, como no alineados, y con la densidad de nuestras convicciones, que una solidaridad especial une estos tres continentes de Asia, de América Latina y de África en el mismo combate contra los mismos traficantes políticos, los mismos explotadores económicos.

Reconocer pues nuestra presencia en el seno del Tercer Mundo es, parafraseando a José Martí, “afirmar que sentimos sobre nuestra mejilla todo golpe dado a cualquier hombre del mundo”. Tendimos hasta aquí la otra mejilla. Las bofetadas redoblaron. Pero el corazón del malo no se ablandó. Pisotearon la verdad del justo. Del Cristo traicionaron la palabra. Transformaron su cruz en porra. Y después de que se hubieran vestido con su túnica, laceraron nuestros cuerpos y nuestras almas. Oscurecieron su mensaje. Lo que los occidentales tienen lo recibíamos como liberación universal. Entonces, nuestros ojos se abrieron a la lucha de las clases. No habrá más bofetadas.

 

Hay que proclamar que no puede haber salvación para nuestros pueblos, si radicalmente damos la espalda a todos los modelos que los charlatanes de la misma índole tratan de vendernos durante veinte años. Ningún desarrollo aparte de esta rotura. 

De repente, ese mundo es despertado por la subida vertiginosa de mil millones de hombres andrajosos, es asustado por la amenaza que supone para su digestión esta multitud acosada por el hambre, comienza a remodelar sus discursos y, en una búsqueda ansiosa, busca una vez más nuestro lugar, conceptos-milagros, nuevas formas de desarrollo para nuestros países. Basta para convencérselo de leer los numerosos actos de los coloquios innumerables y los seminarios.

Lejos de mí la idea de ridiculizar los esfuerzos pacientes de estos intelectuales honrados que, porque tienen ojos para ver, descubren las consecuencias terribles de los estragos impuestos por los susodichos “especialistas” en desarrollo en el Tercer Mundo. El temor que me habita es ver los resultados de tantas energías confiscadas por Prospéro de todo género, para hacerlo la varilla mágica destinada a reenviarnos un mundo de esclavitud maquillado según el gusto de nuestro tiempo.

La pequeña burguesía africana diplomada, si la del Tercer Mundo, por pereza intelectual, habiendo merendado al modo occidental de vida, no está dispuesta a renunciar a sus privilegios. Olvida que toda verdadera lucha política postula un debate teórico riguroso y niega el esfuerzo de reflexión que nos espera. Consumidora pasiva y lamentable, ella se rebosa de vocablos-fetiche por Occidente como lo hace su whisky y su champán, en sus salones a la armonía dudosa.

Rescatamos en vano los conceptos de negritud o de “African Personality” marcados ahora por los tiempos, las ideas verdaderamente nuevas nacidas cerebros de nuestros “grandes” intelectuales. El vocabulario y las ideas nos vienen por otra parte. Nuestros profesores, nuestros ingenieros y nuestros economistas se contentan con añadir a eso colorantes porque, universidades europeas devolvieron sólo sus diplomas y el terciopelo de los adjetivos superlativos.

Es necesario, es urgente que nuestro personal y nuestros trabajadores de la pluma se enteren que no hay escritura inocente. En estos tiempos de tempestades, no podemos dejar a nuestros enemigos de ayer y de hoy, el monopolio del pensamiento, de la imaginación y de la creatividad. Hace falta, antes de que sea demasiado tarde (porque ya es demasiado tarde) que estas élites, estos hombres de África, del Tercero Mundo, les vuelvan la cara a su sociedad, a la miseria que heredamos, para comprender no sólo que la batalla para un pensamiento al servicio de las masas desheredadas no es vana, sino que pueden volverse creíbles en el plano internacional. Realmente inventando, es decir, dando una imagen fiel de su pueblo. Una imagen que les permita realizar cambios profundos de la posición social y política, susceptibles de sacarnos de la dominación y de la explotación extranjeras que entregan nuestros Estados a la sola perspectiva de la quiebra.

Es lo que percibimos, nosotros, el pueblo burkinabè, en el curso de esta noche del 4 agosto de 1983, a los primeros centelleos de las estrellas en el cielo de nuestra Patria. Debíamos ponernos a la cabeza de levantamientos de campesinos que se miraban en los campos enloquecidos por la hijuela del desierto, agotadas por el hambre y la sed, abandonadas. Debíamos dar un sentido a las rebeliones gruñidoras de las masas urbanas ociosas, frustradas y cansadas de ver circular las limusinas de las élites enajenadas que se sucedían en la cabeza del Estado y que no les ofrecían nada más que las soluciones falsas pensadas y concebidas por otros cerebros. Debíamos dar peso ideológico a las luchas justas de nuestras masas populares, movilizadas contra el imperialismo monstruoso. A la rebelión pasajera, simple fuego de paja, debía sustituirse para siempre la revolución, la lucha eterna contra la dominación.

Otros han hablado antes que yo. Otros más, después de mí, dirán hasta
qué punto se ensanchó el foso entre los pueblos pudientes y los que aspiran sólo a aplacar su hambre, su sed, sobrevivir y conservar su dignidad. Pero ninguno imaginará hasta qué punto “el grano del pobre alimentó la vaca del rico”.

En el caso del ex Alto Volta, el proceso era todavía más ejemplar. Éramos la condensación de todas las calamidades, que se derritieron sobre los países denominados “en vías de desarrollo”. El testimonio de la ayuda presentada como la panacea y a menudo anunciada a bombo y platillo es aquí más elocuente. Son muy pocos los países que fueron, como el mío, tan inundados de ayudasinternacionales de toda clase. Esta ayuda es en principio considerada para contribuir al desarrollo. Busquemos en vano, en lo que fue en otro tiempo Alto Volta, los monos de lo que puede depender de un desarrollo. Los hombres, sea por ingenuidad o por egoísmo de clase, no pudieron, no quisieron dominar este flujo del exterior. Cogieron todo lo que quisieron y exprimieron, en interés de nuestro pueblo.

Analizando un cuadro publicado en 1983 por el Club de Sahel, Santiago Giri en su obra “Sahel Mañana”, concluye con mucho sentido común que la ayuda a Sahel, a causa de su contenido y mecanismos, es sólo una ayuda a la supervivencia. Sólo, subraya, el 30 por ciento de esta ayuda bastaría para que el Sahel sobreviviera. Según Santiago Giri, esta ayuda exterior tenía otros fines: continuar desarrollando los sectores improductivos, imponer cargas intolerables a nuestros pequeños presupuestos, desorganizar nuestros campos, cavar los déficit de nuestra balanza comercial, acelerar nuestra deuda…

Sólo algunos datos para presentarles el ex Alto Volta:

- 7 millones de habitantes, más de 6 millones campesinas y de campesinos.

- Un índice de mortalidad infantil de 180 pcada mil.

- Una esperanza de vida que se limita a 40 años.

- Un índice de analfabetismo del 98 por ciento, si concebimos el alfabetizado como el que sabe leer, escribir y hablar una lengua.

- Un médico para cada 50.000 habitantes.

- Un índice de escolarización de 16 por ciento.

- Y, por fin, un producto interior bruto por habitante de 53.356 francos CFA, es decir, de apenas más 100 dólares.

El diagnóstico, evidentemente, era sombrío. La fuente del mal era la política. Por eso, el tratamiento sólo podía ser político.

Por cierto, animamos a que nos ayuden a evolucionar sin ayuda externa. Porque, en general, la política de asistencia sólo nos llega para desorganizarnos, esclavizarnos, desestabilizar nuestro espacio económico, político y cultural.

Escogemos arriesgarnos para ser más felices. Elegimos practicar nuevas técnicas.

Preferimos buscar formas de organización mejor adaptadas a nuestra civilización, rechazando de manera abrupta y definitiva toda suerte de imposiciones externas, para crear condiciones dignas, a la altura de nuestras ambiciones. Acabar con la supervivencia, aflojar las presiones, liberar nuestros campos de un inmovilismo medieval, democratizar nuestra sociedad, despertar los espíritus sobre un universo de responsabilidad colectiva, para atreverse a inventar el futuro. Reconstruir la administración cambiando la imagen del funcionario, sumergir nuestro ejército en el pueblo y recordarle sin cesar que sin formación patriótica, un militar es sólo un criminal en potencia. Ése es nuestro programa político.

En el plano de la gestión económica, simplemente hemos damos una lección. Aceptamos e imponemos la austeridad, con el fin de poder estar en condiciones de realizar grandes intenciones.

Ya, gracias al ejemplo de la Caja de solidaridad nacional (alimentada por contribuciones voluntarias) comenzamos a responder a las cuestiones crueles derivadas de la sequía. Sostuvimos y aplicamos los principios de Alma-Ata extendiendo los cuidados primarios de la salud. Hicimos nuestra, como política de Estado, la estrategia del GOBI FFF, preconizada por UNICEF.

A través del Oficio de Sahel de Unidas las Naciones, pensamos que las Naciones Unidas deberían permitir a los países afectados por la sequía la puesta en pie de un plan a medio y largo plazo, con el fin de alcanzar la autosuficiencia alimenticia.

Para preparar el siglo XXI, vamos a aplicar el programa especial “Instruyamos a nuestros niños”, lanzando un programa inmenso de educación y formación de nuestros niños en una escuela nueva. Lanzamos, a través de la acción salvadora de los Comités de Defensa de la Revolución, un vasto programa de construcción de viviendas sociales, 500 en tres meses, de caminos, de pequeñas conducciones de agua. Nuestra ambición económica es trabajar para que el cerebro y los brazos de cada burkinabè puedan por lo menos servir para él mismo y asegurarse, al menos, dos comidas al día y agua potable.

Juramos, proclamamos, que en lo sucesivo, en Burkina Faso, nada más se hará sin la participación del burkinabè. Nada que previamente hubiera sido decidido por nosotros. No habrá más atentados a nuestro pudor ni a nuestra dignidad.

Fuertes de esta certeza, querríamos que nuestra palabra se extendiera a todos los que sufren en sus carnes, los que sienten que una minoría de hombres o un sistema que les atrpella y aplasta se burlan de su dignidad de hombre.

Permítame, usted que me escucha, que lo diga: hablo ni siquiera en nombre de Burkina Faso, sino en nombre de todos los que sufren dolor en alguna parte.

Hablo en nombre de estos millones de seres que están en los guetos porque tienen la piel negra o porque son de cultura diferente y gozan de un estatuto apenas superior al del animal.

Sufro en nombre de los indios masacrados, atropellados, aplastados, humillados y confinados desde hace siglos en reservas, con el fin de que no aspiren a ningún derecho y el fin de que su cultura no pueda enriquecerse casándose en bodas felices en contacto con otras culturas, incluida la del invasor.

Exclamo en nombre de los parados de un sistema estructuralmente injusto y conyunturalmente descentrado, reducidos a ver pasar la vida sólo en el reflejo de cómo viven los más pudientes.

Hablo en nombre de las mujeres del mundo entero, que sufren un sistema impuesto por los varones. Para lo que nos concierne, estamos dispuestos a acoger todas las sugerencias del mundo entero, alcanzaremos la libertad total de la mujer burkinabè. A cambio, escúchenme todos los países, creemos en la experiencia positiva de contar con las mujeres en todos los escalones del aparato del Estado y de la vida social en Burkina Faso. Mujeres que luchan y proclaman con nosotros, que el esclavo que no es capaz de asumir su rebelión no merece que nadie se apiade de su suerte. Sólo la lucha libera. Hacemos un llamamiento a todas nuestras hermanas de todas las razas para que se lancen al asalto de la conquista de sus derechos.

Hablo en nombre de las madres de nuestros países desprovistos, que ven morir sus niños de malaria o de diarrea, ignorando que existen, para salvarles, unos medios simples que la ciencia de las multinacionales no les ofrece, prefiriendo invertir en los laboratorios de cosméticos y en la cirugía estética para los caprichos de algunas mujeres o de hombres, cuya coquetería es amenazada por los excesos de calorías de sus comidas demasiado ricas que a nosotros, los del Sahel, dos producen vértigo. Recomendamos seguir las medidas básicas contempladas en los informes de la OMS y el UNICEF. Decidimos adoptarlos y popularizarlos.

Hablo también en nombre del niño. El niño del pobre, que tiene hambre y que bizquea furtivamente hacia la abundancia amontonada en una tienda para ricos. La tienda protegida por un cristal espeso. El cristal defendido por una verja infranqueable. Y la verja guardada por un policía enguantado y armado de garrote. Este policía, colocado allí por el padre de otro niño que vendrá para servirse o más bien para hacerse servir.

Hablo en nombre de los artistas (poetas, pintores, escultores, músicos, actores), hombres de bien, que ven su arte prostituirse para la alquimia de las prestidigitaciones de mundo del espectáculo.

Grito en nombre de los periodistas que son reducidos al silencio, o sea a la mentira para no sufrir las leyes duras del paro.

Protesto en nombre de los deportistas del mundo entero, cuyos músculos son explotados por los sistemas políticos o los negociantes modernos de la esclavitud.

Mi país posee concentradas todas las desgracias de los pueblos. Es una síntesis dolorosa de todos los sufrimientos de la Humanidad, pero también, y sobre todo, concentra las esperanzas de nuestras luchas. Es por eso que naturalmente vibro en nombre de los enfermos que escudriñan con ansiedad el horizonte de una ciencia acaparada ahora por los vendedores de armas. Mis pensamientos van a todos los que son tocados por la destrucción de la naturaleza y a estos treinta millones de hombres que van a morir como cada año, derrotados por el arma temible del hambre.

Militar, no puedo olvidar a este soldado que obedece las órdenes, el dedo sobre el descanso, y que sabe que la pelota que va a irse lleva sólo el mensaje de la muerte.

Por fin, quiero indignarme y pensar en los palestinos, que una humanidad inhumana escogió sustituir por otro pueblo, ayer todavía martirizado. Pienso en este pueblo valiente y palestino, es decir en estas familias atomizadas que vagan por todas partes en busca de un asilo. Valientes, determinados, estoicos e infatigables, los palestinos recuerdan a cada conciencia humana la necesidad y la obligación moral de que se respeten los derechos de pueblo: con sus hermanos judíos, son antisionistas.

Al lado de mis hermanos soldados de Iran y de Iraq, que mueren en una guerra fratricida y suicida, también quiero sentirme próximo a los compañeros de Nicaragua cuyos puertos son minados, sus ciudades bombardeadas y que, a pesar de todo, se enfrentan con coraje y lucidez a su destino. Sufro con todos los que, en América Latina, sufren del embargo imperialista.

Quiero estar al lado de los pueblos afganos e irlandeses, al lado de los pueblos de Granada y de Timor Oriental, cada uno en busca de una felicidad dictada por la dignidad y las leyes de su cultura.

Me elevo aquí en nombre de todo los que buscan vanamente dejar oír su voz y que realmente hacerlo signifique que los tengan en cuenta. Sobre esta tribuna muchos me precedieron, otros vendrán después de mí. Pero sólo algunos pocos tomarán decisiones. Sin embargo, oficialmente somos iguales. Pues bien, yo me erijo como la voz de todos los que buscan vanamente su lugar en este foro para que se les oiga.

Nuestra revolución en Burkina Faso está abierta a las desgracias de todos los pueblos. Se inspira también en todas las experiencias de los hombres, desde el primer soplo de la Humanidad. Queremos ser los herederos de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas de liberación de los pueblos del Tercer Mundo. Estamos en la línea de los grandes cambios que transformaron el mundo. Sacamos fruto de la revolución americana, las lecciones de su victoria contra la dominación colonial y las consecuencias de esta victoria. Hacemos nuestra la afirmación de la doctrina de la no injerencia de los europeos en los asuntos americanos y los estadounidenses en los asuntos europeos. Lo que Monroe clamaba en 1823, « América para los estadounidenses », le repetimos diciendo « África para los africanos », « Burkina para los burkinabè ». La Revolución francesa de 1789, revolviendo los fundamentos del absolutismo, nos enseñó los derechos del hombre aliados a los derechos de los pueblos a la libertad. La gran revolución de octubre de 1917 transformó el mundo, permitió la victoria del proletariado, quebrantó los cimientos del capitalismo y la devoluvió los sueños de justicia a los franceses.

Abiertos a todos los vientos de la voluntad de los pueblos y de sus revoluciones, instruyéndonos también de ciertos fracasos terribles que condujeron a trágicas consecuencias contra los derechos del hombre, queremos conservar lo bueno de cada revolución: que el tuétano de la pureza nos prohíba enfeudarnos en las realidades de otros.

Señor Presidente,
No hay más engaño posible. El nuevo orden económico mundial por el cual luchamos y continuaremos luchando, puede realizarse sólo:

- Si llegamos a arruinar al antiguo orden que nos ignora,

- Si imponemos el sitio que nos corresponde en la organización política del mundo,

- Si, dándose cuenta de nuestra importancia en el mundo, obtenemos un derecho de mirada y de decisión sobre los mecanismos que rigen el comercio, la economía y la moneda a la escala planetaria.

El nuevo orden económico internacional se inscribe simplemente, al lado de todos los demás derechos de los pueblos, como el derecho a la independencia, a la elección libre de las formas y de las estructuras de gobierno, como el derecho al desarrollo. Y como todos los derechos de los pueblos jamás será el resultado de un acto de la generosidad de una potencia cualquiera.

Conservo en mí la confianza inquebrantable, la confianza compartida con la comunidad inmensa de los países no alineados, que ante los ataques bruscos y violentos del desamparo aullador de nuestros pueblos, nuestro grupo va a mantener su cohesión, a reforzar su poder de negociación colectiva, a establecer alianzas entre las naciones para organizar un sistema de relaciones económicas internacionales verdaderamente nuevas.

Señor Presidente,

Si acepté presentarme delante de esta asamblea ilustre para tomar la palabra, es porque, a pesar de las críticas enviadas por ciertas grandes contributeurs, las Naciones Unidas son la tribuna ideal para nuestras reivindicaciones, el lugar obligado para reclamar la legitimidad de los países sin voz.

Es esto lo que expresa nuestro Secretario general, cuando escribe:
“La organización de las Naciones Unidas es única en lo que refleja las aspiraciones y las frustraciones de numerosos países y gobiernos del mundo entero. Uno de sus grandes méritos es que todas las Naciones, incluidas las que son débiles, oprimidas o víctimas de la injusticia, (se trata de nosotros), pueden, hasta cuando están confrontadas con las realidades duras del poder, encontrar allí una tribuna y hacerse oír allí. Una causa justa, aunque encuentra sólo revés o indiferencia, puede encontrar un eco en la Organización de las Naciones Unidas; este atributo de la Organización no siempre es apreciado, pero es esencial”.

No podemos definir mejor el sentido de la Organización.

Para cada uno de nosotros, es imperativo consolidar los cimientos de nuestra Organización, darle los medios para que pueda actuar. Adoptamos en consecuencia las proposiciones cumbres a este fin por el Secretario general, para sacar la Organización de los numerosos callejones sin salida, cuidadosamente mantenidos por el juego de las grandes potencias, con el fin de desacreditarla ante los ojos de la opinión pública.

Señor Presidente,

Reconociendo los méritos mismos limitados de nuestra Organización, sólo puedo regocijarme por verla contar con nuevas adhesiones. Es por eso que la delegación burkinabè saluda la entrada del 159 Miembro de nuestra Organización: el Estado de Brunei Darussalam.

Es el desatino de de las manos que han regido la dirección del mundo obliga al Movimiento de los países no alineados, al cual lo espero, se sumará pronto el Estado de Brunei Darussalam. Consideramos como uno de los objetivos permanentes la lucha para conseguir el desarme y, otro aspecto esencial, nuestro derecho al desarrollo.

Hace falta, según nuestra opinión, estudios serios que tomen en consideración todos los elementos que condujeron a las calamidades que se vertieron sobre la gente. A este título, el Presidente Fidel Castro en 1979, admirablemente expresó nuestro punto de vista en la apertura de la sexta cumbre de los Países no alineados cuando declaraba:

Con 300 mil millones de dólares, podríamos construir en un año 600.000 escuelas que podrían recibir a 400 millones de niños; o 60 millones de viviendas confortables para 300 millones de personas; ó 30.000 hospitales equipados con 18 millones de las camas; o 20.000 fábricas que pueden emplear más de 20 millones de trabajadores o irrigar 150 millones de hectáreas de tierra que, con los medios técnicos adecuados, podrían alimentar a un mil millones de personas … “

Multiplicando hoy esta cifra por 10, ciertemente por debajo de la realidad, justamente coincide con lo que la Humanidad despilfarra cada año en el dominio militar, es decir, contra la paz.

Percibimos fácilmente por qué la indignación de los pueblos se transforma rápidamente en rebelión y en revolución contra las migajas que se les echa bajo la forma ignominiosa de una cierta “ayuda”, combinada por condiciones a veces francamente abyectas. Comprendemos por fin por qué en el combate para el desarrollo, nos designamos como militantes incansables de la paz.

Juramos luchar para atenuar las tensiones, introducir los principios de una vida civilizada en las relaciones internacionales y extenderlos en todos los continentes. Lo que quiere decir que no podemos asistir pasivos, al tráfico de conceptos.

Reiteramos nuestra resolución de ser agentes activos de la paz; de ocupar nuestra plaza en el combate por el desarme; de actuar por fin en la política internacional como el factor decisivo y liberado de toda traba, frente de todas las grandes potencias, cualesquiera que sean los proyectos de éstas últimas.

Pero la búsqueda de la paz es posible con la aplicación firme del derecho de los países a la independencia, los pueblos a la libertad y las naciones a la existencia autónoma. Sobre este punto, la lista de premios más lamentable y más lamentable sí, más lamentable la tienen en Oriente Medio en términos de arrogancia, de insolencia y de terquedad increíble por un pequeño país, Israel, que, después de más de veinte años, con incalificable complicidad de su protector poderoso los Estados Unidos, continúan desafiando a la comunidad internacional.

Con desprecio a la historia que ayer todavía enviaba a cada judío al horror de los hornos crematorios, Israel logra infligir a otros esto que fue su propio calvario. De todas formas, Israel del que nos gusta el pueblo por su coraje y sus sacrificios de ayer, debe saber que las condiciones de su propia paz mental no residen en la potencia militar financiada del exterior. Israel debe comenzar a aprender a hacerse una nación como otras.

Por ahora, queremos afirmar desde lo alto de esta tribuna, nuestra solidaridad militante y activa con respecto a los combatientes, a mujeres y hombres, de este pueblo maravilloso de Palestina porque sabemos que no hay sufrimiento infinito.

Señor, el Presidente,

Analizando la situación que prevale en África sobre los planos económicos y políticos, no podemos olvidar las preocupaciones graves frente a los desafíos peligrosos lanzados a los derechos de los pueblos por ciertas naciones que, seguras de sus alianzas, abiertamente se burlan de la moral internacional.

Por cierto, tenemos el derecho a regocijarnos de la decisión de retirada de las tropas extranjeras del Chad, con el fin de que chadianos entre ellos, sin intermediarios, busquen los medios de poner fin a esta guerra fratricida, y dar por fin a este pueblo que no acaba de llorar desde numerosas invernadas, los medios para secar sus lágrimas. Pero, a pesar de los progresos registrados acá y allí por los pueblos africanos en su lucha por la emancipación económica, nuestro continente continúa reflejando la realidad esencial de las contradicciones entre las grandes potencias, acarreando los insoportables pesos del mundo contemporáneo.

Es por eso que tenemos por inadmisible y condenamos sin recurso, la suerte que infringe al pueblo de Sáhara Occidental el Reino de Marruecos, que se entrega a métodos dilatorios para retrasar el vencimiento que, de todo modo, le será impuesto por la voluntad del pueblo saharaui. Después de haber visitado personalmente las regiones liberadas por el pueblo saharaui, adquirí la confirmación que nada más en lo sucesivo sabría trabar su marcha hacia la liberación total de su país, bajo la conducta del la Frente Polisario.

Señor Presidente,

No querría extenderme demasiado sobre la cuestión de Mayotte y de las islas del Archipiélago malgache. Cuando las cosas son claras, cuando los principios son evidentes, sólo hay que trabajar. El Mayotte pertenece a las Comores. Las islas del archipiélago son malgaches.
En América Latina, saludamos la iniciativa del Grupo de Contadora, que constituye una etapa positiva en la búsqueda de una solución justa a la situación explosiva que prevalece allí. El comandante Daniel Ortega, en nombre del pueblo revolucionario de Nicaragua, hizo aquí proposiciones concretas y planteó las cuestiones de fondo al que tienen derecho. Esperamos ver la paz instalarse en su país y en América Central el próximo 15 de octubre. Tomamos por testigo a la opinión pública mundial.

Lo mismo que condenamos la agresión extraña de la isla de Granada, también fustigamos todas las intervenciones extrañas. Tampoco podemos callarnos frente a la intervención militar en Afganistán.

Es sin embargo un punto, pero la gravedad exige a cada uno de nosotros su explicación franca y decisiva. Esta cuestión, usted lo sospecha, puede sólo ser la de África del Sur. La insolencia increíble de este país con respecto a todas las naciones del mundo, hasta enfrente de las que sostienen el terrorismo que erige en sistema para liquidar físicamente la mayoría negra de este país, el desprecio que adopta con respecto a todas nuestras resoluciones, constituyen una de las preocupaciones más oprimentes del mundo contemporáneo.

Pero lo más trágico no es que África del Sur misma se haya puesto en contra a la comunidad internacional a causa de la abyección de las leyes del apartheid, todavía más lo es lo que continúa vigente ilegalmente en Namibia bajo la bota colonialista y racista, o sometiendo impunemente a sus vecinos a las leyes del bandolerismo. No, lo más abyecto, lo más humillante para la conciencia humana, es que haya llegado a “hacer trivial” la desgracia de millones de seres humanos que sólo tienen para defenderse su pecho y el heroísmo de sus manos desnudas. Segura de la complicidad de las grandes potencias y del empeño activo de algunas de ellas a su lado, así como de la colaboración criminal de algunos tristes dirigentes de países africanos, la minoría blanca ridiculiza los estados de alma de todos los pueblos, que, por todas partes a través del mundo encuentran intolerable el salvajismo de los métodos en uso en este país.

Fue el tiempo cuando las brigadas internacionales se constituían para ir a defender el honor de las naciones agredidas en su dignidad. Hoy, a pesar de la purulencia de las heridas que nosotros todos nos llevamos en nuestros costados, vamos a votar resoluciones sobre las que las solas virtudes, se nos dirá, serían conducir a arrepentimiento a una nación de corsarios que “destruye la sonrisa como el granizo las flores”.

Señor Presidente,

Vamos pronto a celebrar ciento quincuagésimo aniversario de la emancipación de los esclavos del Imperio británico. Mi delegación suscribe la proposición de los países de Antigua y del Barbados de conmemorar este acontecimiento que reviste, para los países africanos y el mundo negro, un significado de una gran importancia. Para nosotros, todo lo que podrá ser hecho, ser dicho u organizado a través de la gente en el curso de las ceremonias conmemorativas, deberá poner el énfasis en el precio terrible pagado por África y la gente negra al desarrollo de la civilización humana. Escote pagado sin retorno y que explica, sin duda alguna, las razones de la tragedia que hoy se cierne sobre nuestro continente.

Es nuestra sangre se alimentó el vuelo del capitalismo, la devolución posible nuestra dependencia presente y se consolidó nuestro subdesarrollo. No podemos más escamotear la verdad, traficar con las cifras. Por cada negro que llegó a las plantaciones, cinco por lo menos conocieron a la muerte o la mutilación. Y omito a propósito, la desorganización del continente y las secuelas que se lo siguieron.

Señor Presidente,

Si la tierra entera, a gracias a usted, con la ayuda del Secretario general, alcanza con ocasión de este aniversario que hay que convencerse de aquella verdad, comprenderá por qué, con toda la tensión de nuestro ser, queremos la paz entre las naciones, por qué exigimos y reclamamos nuestro derecho al desarrollo en la igualdad absoluta, por una organización y una repartición justa de los recursos humanos.

Es porque, de todas las razas humanas, pertenecemos a las que más sufrieron, que juramos, nosotros los burkinabè, no aceptar nunca más la menor parcela de esta tierra, la omisión de justicia. Es la memoria del sufrimiento que nos coloca al lado del OLP contra las fuerzas armadas de Israel. Es la memoria del sufrimiento que, de una parte, nos hace sostener el ACN y el SWAPO, y por otra parte, nos hace intolerable la presencia en África del Sur de los hombres que se dicen blancos y que queman al resto del mundo sólo esgrimiendo ese título. Es por fin esta memoria la que nos hace depositar en la Organización de las Naciones Unidas toda nuestra fe en un deber común, en tarea común para una esperanza común.

Reclamamos:

- Que se intensifique a través del mundo la liberación de Nelson Mandela y su presencia efectiva en la Junta general próximo de la ONU como una victoria de orgullo colectivo.

- Qué sea creado como recuerdo de nuestros sufrimientos y a título de perdón colectivo un Precio internacional de la Humanidad reconciliada, concedido a todos los que por su búsqueda habrían contribuido a la defensa de los derechos del hombre.

- Qué todos los presupuestos de la carrera espacial sean amputados por 1/10000E Y consagrados a búsqueda del dominio de la salud, que apunta a la reconstitución del medio ambiente humano perturbado por todos estos fuegos de artificios perjudiciales para el ecosistema.

También proponemos que las estructuras de las Naciones Unidas sean repensadas y para que se dé fin a este escándalo que constituye el derecho de veto. Por supuesto, los efectos depravados de su uso abusivo son atenuados por la vigilancia de algunos de sus poseedores. Sin embargo, nada justifica este derecho: ni la talla de los países que lo detentan, ni las riquezas de estos últimos.

Si el argumento desarrollado para justificar tal iniquidad es el precio pagado en el curso de la guerra mundial, estas naciones, que se arrogaron estos derechos, deben saber que nosotros también nos tenemos cada uno un tío o un padre que, a ejemplo de millares de otros inocentes arrancados al Tercer Mundo para defender los derechos burlados por las hordas hitlerianas, lleva él también en su carne las magulladuras de las pelotas nazis. Que cese pues la arrogancia de los grandes que no pierden ninguna ocasión para devolver en causa el derecho de los pueblos. La ausencia de África del Club de los que detentan el derecho de veto es una injusticia que debe acabar.

Por fin mi delegación no habría cumplido todos sus deberes si no exigiera la suspensión de Israel y África del Sur de nuestra organización. Cuando, con el paso del tiempo, estos países hayan operado la mudanza que los introducirá en la Comunidad internacional, cada uno de nosotros, y mi país en cabeza, deberá acogerlos con bondad, guiar su primer paso.

Queremos reafirmar nuestra confianza en la Organización de las Naciones Unidas. Le somos agradecidos del trabajo desarrollado por sus agencias en Burkina Faso y de la presencia de estas últimas a nuestro lado en los momentos duros que atravesamos.

Somos agradecidos a los miembros del Consejo de Seguridad por habernos permitido presidir dos veces este año los trabajos del Consejo. Deseamos ver al Consejo admitir solamente el exterminio de 30 millones de seres humanos cada año, por el arma del hambre que, en nuestros días, hace más estragos que el arma nuclear.

Esta confianza y esta fe en la Organización me obligan a agradecer al Secretario general, Sr. Xavier Pérez de Cuellar, la visita tan apreciada que nos hizo para comprobar, en el mismo sitio, las realidades duras de nuestra existencia y hacerse una imagen fiel de la aridez del Sahel y la tragedia del desierto conquistador.

No sabré acabar sin rendir homenaje a las calidades eminentes de nuestro Presidente (Pablo Lusaka de Zambia) que sabrá, con la clarividencia que le conocemos, dirigir los trabajos de esta Treinta y nueve sesión.

Señor Presidente,

Recorrí millares de kilómetros. Vine para pedirle a cada uno de ustedes que pudiéramos poner juntos nuestros esfuerzos para que cese el depósito de cadáveres de la gente que no tiene razón, para que se borre el espectáculo triste de los niños que mueren de hambre, para que desaparezca la ignorancia, para que triunfe la rebelión legítima pueblos, para que se calle el ruido de las armas y que, por fin, con una sola y misma voluntad, luchemos por la Supervivencia De la Humanidad, y lleguemos cantar en coro al gran poeta Novalis:

Pronto los astros volverán a visitar la tierra de donde se alejaron durante nuestros tiempos oscuros; el sol depositará su espectro severo, volverá a ser estrella entre las estrellas, todas las razas del mundo se reunirán de nuevo, después de una separación larga, las familias viejas huérfanas se reencontrarán y cada día verá nuevos reencuentros, nuevos abrazos; entonces los habitantes del tiempo antaño volverán hacia la tierra, en cada tumba se despertará la ceniza apagada, por todas partes quemarán de nuevo las llamas de la vida, moradas viejas serán reconstruidas, los tiempos remotos se renovarán y la historia será el sueño de un obsequio a la extensión infinita “.

¡ La Patria o la muerte, venceremos!


Esta edición: Marxists Internet Archive, 2010.

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