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Nuestra América

Un misil ponzoñoso contra Lula

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Por Angel Guerra Cabrera 

Agosto de 2015 

El ex guerrillero José Dirceu, jefe de gabinete del primer gobierno de Lula da Silva, ha sido arrestado por orden del juez Sergio Moro. La fiscalía lo acusa de ser autor intelectual y beneficiario del presunto esquema de corrupción en la estatal Petrobras que sacude a Brasil desde el año pasado. 

El hecho marca un hito en la gigantesca operación de desprestigio de la derecha y los pulpos mediáticos brasileños contra la presidenta Dilma Rousseff, su administración y el gobernante Partido de los Trabajadores (PT). 

Curiosamente, pese a que hay políticos de todos los grandes partidos involucrados en la trama, a los únicos que machacan el juez Moro y los medios corporativos son a los del PT y sus aliados en el gobierno. Juristas de prestigio no simpatizantes del gobierno han expresado dudas sobre la imparcialidad y apego a la ley de Moro, que está apoyando sus acusaciones en testimonios obtenidos a cambio de reducción de sentencia. 

 

Pero no es Dilma el más importante blanco de la operación. No, el objetivo principal es Lula, único líder popular en Brasil con carisma, prestigio y capacidad para reconstituir el proyecto de justicia social, soberanía nacional y apoyo a la unidad e integración latino-caribeña iniciado en su dos mandatos y para ganar cómodamente una elección a cualquiera de los candidatos de la derecha. 

La prueba es que mientras la feroz y bien orquestada conspiración derechista, y, también, la situación económica y errores del gobierno, han hecho hundirse estrepitosamente la popularidad de Dilma y del PT, la de Lula sigue indemne.  En círculos políticos y periodísticos se afirma que después de la detención de Dirceu puede venir la de Lula en cualquier momento. Aunque el ex presidente todavía no ha sido acusado de nada, Dirceu fue su asesor y hombre de confianza hasta que renunció en 2005, secretario general del Partido de los Trabajadores de 1995 a 2002  y jefe de su campaña cuando llegó a la presidencia. La oposición ha convocado a una marcha el 16 de agosto supuestamente contra la corrupción en Petrobras que considera el preámbulo del juicio político a Dilma. 

Dirceu ya estaba en prisión domiciliaria desde 2012, urdida por jueces y medios de difusión venales, que entonces, igual que ahora, intentaban acabar políticamente con Lula. Se basaron en un caso real de corrupción que involucraba de lleno al PT y llevó a Dirceu a la renuncia. La corrupción es particularmente consustancial a buena parte de la política brasileña. 

El juez Moro es una ficha de la cadena O Globo y de la derecha local, dedicados a tiempo completo a lograr la restauración neoliberal en el país. No es casual que el magistrado haya sido nombrado Personalidad del Año por esa corporación mediática y que se haya convertido en la estrella rutilante de la gran prensa brasileña: reaccionaria, proimperialista y enemiga jurada de Lula desde que era candidato. 

Pero esta operación, en la que participan el capital financiero internacional y casi seguramente los servicios secretos de Estados Unidos –que espiaron descaradamente a Dilma-, no lleva solo dedicatoria a Brasil. Puesto que si Lula fuera procesado y condenado, la restauración conservadora en el gigante suramericano parecería imposible de detener, lo que implicaría, a su vez, un rudo golpe a la unidad e integración de América Latina y el Caribe(ALC). 

La ofensiva oligárquico-imperialista en nuestra región ya lleva tiempo. Condujo a los golpes de Estado y derrocamiento de los presidentes de Honduras y Paraguay, Manuel Zelaya y Fernando Lugo. Mucho más, a intentos golpistas contra todos los gobiernos posneliberales, excepto el de Uruguay, y hoy, además de en Brasil, continúan los aprestos desestabilizadores en Ecuador, Argentina, El Salvador y, por supuesto, Venezuela, a dónde Washington y la derecha internacional dirigen el golpe principal dado  su carácter de puntal del proceso de unidad e integración regional, además de poseer las mayores reservas de petróleo en el planeta. 

En Ecuador y Argentina se corrobora estos días que la derecha y el imperialismo solamente aceptan el juego democrático cuando es funcional a sus intereses. Imposibilitados de derrotar electoralmente a Correa o al kirchnerismo, su arma principal es el llamado golpe blando mediante las campañas de calumnias de las corporaciones mediáticas y, también la violencia, con tal de echar abajo a proyectos que han demostrado cuánto bienestar puede proporcionarse al pueblo aplicando políticas distintas a las neoliberales. 

 

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