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Pagina12 - 30/11/2015
Brasil fue un campo de ensayo para el esquema político que terminó resultando en Argentina, en la búsqueda de la derecha de derrotar a gobiernos populares por la vía institucional. Después de sucesivas derrotas –en algunos países han sumado cuatro derrotas– en elecciones presidenciales, la derecha fue perfeccionando un esquema que casi resultó en Brasil y que terminó teniendo éxito en Argentina.
¿Cómo opera ese esquema? Esencial, como elemento de dirección de todo el proceso, es la acción coordinada del monopolio de los medios de comunicación. Ellos actúan decididamente como el elemento de dirección política e ideológica a lo largo de todo el proceso.
Como operación ideológica, se trata de exhibir al gobierno –el del PT en Brasil, el kirchnerista en Argentina– como el enemigo fundamental, como el responsable de todos los problemas del país. Al mismo tiempo, se busca crear la sensación de que todo va mal, que todo empeora, que nos es posible seguir así.
La campaña se concentra, por un lado, en el terrorismo económico, diseminando el pesimismo respecto de la inflación, el empleo, los salarios, la recesión. Por otro lado, se pone énfasis en el denuncismo para tratar de extender la idea de que el gobierno es un gobierno corrupto.
En el plano político, se trata de unir a varios candidatos que se oponen al gobierno, buscando hacer que el campo político sea caracterizado por el enfrentamiento petismo/antipetismo en Brasil, kirchnerismo/antikirchnerismo en Argentina. Buscan con ello desplazar la polarización real: neoliberalismo/antineoliberalismo, modelo de desarrollo con distribución de renta/modelo de ajuste fiscal.

En Brasil se han sumado los votos de un candidato tradicional de la oposición Aécio Neves, del PSDB, con los de dos disidentes del gobierno –Eduardo Campos y Marina Silva–. En Argentina, los de la oposición dura –Mauricio Macri– con los de un disidente del kirchnerismo –Sergio Massa–. Toda la operación ideológica y política busca aislar al gobierno, polarizando fuerzas distintas en contra suya y escondiendo la polarización real.
En Brasil el proyecto casi resultó. En dos momentos de la campaña electoral Marina y Aécio lideraron las encuestas. Las campañas para desenmascarlos, revelando su verdadero carácter neoliberal tuvieron efecto. Aécio terminó derrotado por el 3 por ciento de los votos. En Argentina el proyecto resultó, y Macri derrotó al candidato del oficialismo por casi el 3 por ciento de los votos.
Si Marina hubiera logrado mantenerse como la principal adversaria del gobierno, a lo mejor el proyecto de la derecha hubiera resultado vencedor también en Brasil. Con el discurso despolitizador que llevaba –ni derecha ni izquierda, ni PT ni PSDB–, la oposición real quedaba más escondida. Aecio recordaba al gobierno de Cardoso, haciendo que la contraposición entre los gobiernos de Cardoso y los del PT fuera inevitable, lo que fue muy negativo para la oposición.
En Argentina, Macri ha personificado la antipolítica en contra del estilo de enfrentamiento directo de Cristina. El se ha distanciado del modelo neoliberal de los años 90, alegando que fue implementado por el peronismo –de Menem–, aunque su equipo sea todo de fuerte cuño neoliberal.
El modelo de la derecha está reconstituido: monopolio de los medios de comunicación; campaña catastrofista sobre la situación económica y política del país; aislamiento del gobierno y polarización en contra de él; diversos candidatos para converger en la unidad de la oposición en contra del gobierno en una segunda vuelta electoral.
La batalla democrática decisiva es por las mentes y los corazones de todos, lo cual supone si no romper el monopolio de los medios de comunicación, por lo menos neutralizarlo en parte en sus ofensivas. Supone un cuerpo de ideas de lo que fue realizado y de lo que la izquierda se propone hacer en el país –qué tipo de país, qué tipo de sociedad, qué tipo de educación, etc., etc.–, que reponga el enfrentamiento central en la sociedad. Un enfrentamiento entre el derecho de todos contra el privilegio de algunos, entre la esfera pública y la esfera mercantil, de la democratización en contra de la mercantilización de la sociedad.
Asimismo, supone, sobre todo, la capacidad de llegar a los más amplios sectores populares beneficiarios de las políticas sociales del gobierno popular, para ayudar a desarrollar en ellos la conciencia social y política de que esos beneficios son el resultado de una política de izquierda para garantizar sus derechos. Un trabajo inmenso, que requiere la acción del gobierno, pero también un enorme trabajo de todas las organizaciones –políticas, sociales, culturales– del campo popular, para consolidar las conquistas en la conciencia de la gente y trasformarlas en fuerza política.

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