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Un Uruguay que trabaja y otro que conspira - Por Alberto Grille

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Caras y Caretas Dic 31, 2015

Desconciertan los hechos políticos que se suceden con pasmosa rapidez y amenazan destruir el fruto de 60 años de acumulación política de la izquierda y diez años de gobiernos progresistas.
La campaña histórica de la derecha contra las empresas públicas (en particular Ancap, a la que Luis Alberto Lacalle Herrera e Ignacio de Posadas planteaban directamente suprimir), ya no es conducida por el herrerismo, sino que altas personalidades progresistas se suman al debate cuestionando el rol de las empresas del Estado, sus inversiones, sus estrategias comerciales y, tímidamente, hasta su propiedad, o al menos la propiedad de aquellas áreas que no sean “rentables”
Formalmente, esta megabatalla política (iniciada poco después de la formidable derrota que la derecha sufrió con el “caso Amodio”), se inició cuando el herrerismo pidió una comisión investigadora parlamentaria sobre Ancap, que fue votada con integridad ética, seguridad moral y gran ingenuidad política por el Frente Amplio.
¿Por qué no se hizo una gran auditoría y una comisión investigadora para ver cómo recibió el país el Frente Amplio el 1º de marzo de 2005, con el Brou, la CND, el BHU y el Banco de Seguros, esos sí, quebrados y con patrimonio negativo?
Era la oportunidad de condenar a la derecha por lo que le hizo a Uruguay desde 1985 hasta 2004, pero se perdió, porque algunos no quisieron hacer auditorías en los organismos devastados. Por el contrario, derrochaban elogios sobre Carlos Sténeri, Javier de Haedo y Alejandro Conforte, pensando acaso que la lucha política iba a ser de guante blanco. Pero esta vez la comedia se volvió drama.
El desarrollo de los hechos en los últimos meses, lamentablemente, fue tensando todas las cuerdas, y así vimos cómo el ex presidente José Mujica y su ex vicepresidente Danilo Astori, se cruzaban duras cartas abiertas en las que el primero acusaba al Ministerio de Economía y Finanzas de haber desfinanciado a Ancap (al no reconocerle mayores costos) y, al mismo tiempo, de haber estado siempre al tanto de la situación, y el segundo aseguraba haber estado siempre en contra de las inversiones que el ente petrolero hizo durante el gobierno anterior.

El choque entre los dos veteranos líderes fue creciendo en intensidad, y empezamos a ver cosas raras. Tan raras que asistimos al espectáculo inédito e inaudito de que altos dirigentes del Frente Amplio fueran a la comisión a declarar contra compañeros frenteamplistas.
No es fácil entender lo que está pasando pero hay que asumir que éste no es el Frente Amplio que queríamos, ni los dirigentes expresan las ilusiones por la que luchamos. En realidad, parecería evidente que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos; que a veces luchamos, incluso, contra nosotros mismos, algunos intentando ser consecuentes y fieles a nuestra propia historia y otros pretendiendo hacer más pulcro el arrepentimiento y suave el aterrizaje.
A esta voltereta, que es una suerte de acrobacia sin red, en ese nuevo diccionario en que las palabras se disfrazan para presentarse en público, le llamamos actualización ideológica.
Pero hay que creer en la buena fe de los compañeros, aun en la de aquellos que afirman que hay que ser implacables con los errores ajenos y benévolos con los propios.
El jueves 23, Búsqueda publicó en su primera plana, y nadie lo ha desmentido, que “dirigentes frenteamplistas aportaron en secreto ‘datos’ sobre Ancap a senadores de la oposición”. El artículo citado decía que esa información fue usada como insumo por la comisión investigadora parlamentaria que analizaba el déficit de Ancap, y precisaba que habían sido “integrantes del Frente Líber Seregni” los que brindaron los “datos importantes” a legisladores de la oposición para que pudieran hacer denuncias concretas en la comisión. También repasaba brevemente los enfrentamientos entre Mujica, Sendic y Astori, para concluir afirmando que “otros informantes vinculados al Movimiento de Participación Popular” estaban en conocimiento de una “sugerencia” hecha por dirigentes frenteamplistas a senadores del Partido Nacional para que promovieran la investigadora en el Senado.
Por supuesto que el artículo de Búsqueda no ocultaba su intención de “operar” políticamente. Así lo revelaban su falta de referencia a las fuentes y la ausencia de firma responsable.
Supongo que tanto Paolillo como yo esperábamos un desmentido enfático, aunque por motivos diferentes. Yo, porque esperaba ansioso que Astori o Valenti develaran la infamia del editor de Búsqueda, y Paolillo, porque con toda calma aguardaba la oportunidad de mostrar las pruebas, si alguien caía en la trampa.
La espera fue larga, pero no hubo desmentido alguno. Una posibilidad era que se advirtiera la trampa, que sería como reconocer la veracidad del episodio. La otra, que la operación fuera parte de una estrategia de acostumbrar a los frenteamplistas a digerir este tipo de traiciones. Tal vez, incluso, la operación haya sido ideada también por actores del partido de gobierno.
Al final, resulta que no fueron Lacalle y Delgado quienes convocaron la comisión y consiguieron los documentos que atacan la gestión del Frente Amplio, sino gente muy calificada de las filas del ex vicepresidente y dos veces ministro de Economía contador Danilo Astori. Así lo informó Búsqueda y como este medio es el elegido por algunos “operadores” del Frente Amplio para filtrar “medias verdades”, uno termina por creer que son ciertas.
Parece (lo dice Búsqueda, no lo desmiente nadie y empezamos a creerlo todos) que la operación política contra las empresas públicas y contra los precandidatos Raúl Sendic y Daniel Martínez, que también ataca a José Pepe Mujica y al gobierno de Tabaré Vázquez, salió del Frente Líber Seregni.
Tenemos que pensar, por fuerza, que así ocurrió. Naturalmente me da muchísima pena, pero no puedo ser tan imbécil de no creerlo. Entre otras cosas, porque si fuera, como deseamos, un infundio, bastaban cuatro líneas para desmentirlo.
Pero las cosas continuaron agravándose en una escala difícil de creer.
Durante la reunión con el presidente Tabaré Vázquez y Raúl Sendic, el día antes de Navidad, Danilo Astori habría pedido la remoción de todo el Directorio de Ancap. Algunos trascendidos dicen que la reunión fue muy tensa, pero a mí me dijeron algunos de los participantes que “no fue para tanto”.
Eso sí, todo esto fue bien manejado y explotado desde los medios por la derecha, que hasta puso el nombre de la solución: “Capitalización”. Pero la mentada capitalización no es tal. Se trata de una mera compensación dentro de las cuentas del Estado, y de la toma de un crédito, para lo cual no hay que aumentar el circo reuniendo a la Asamblea General. Capitalizar una empresa es aumentar o restaurar su patrimonio, como se hizo con el Brou, la CND, el BHU y el Banco de Seguros, que tenían patrimonios negativos en marzo de 2005, luego de la depredación blanquicolorada. Ancap tiene hoy patrimonio positivo y no requiere “capitalización” alguna. Sí necesita que le saquen, por un tiempo, los impuestos que la asfixian y que componen 55% del costo de los combustibles. Creo entender, de lo que he leído sobre el proyecto de ley enviado al Parlamento, que así se hará, resignando Economía, al menos temporalmente, las cargas del Imesi a los combustibles.
Pero la tragicomedia continuó. Tabaré Vázquez convocó a sus ministros, resolvió “capitalizar” Ancap, mantener a sus autoridades y crear un equipo de apoyo a la gestión de la empresa. También reclamó a los dirigentes frenteamplistas que bajaran la pelota al piso, pero fueron pocos los que bajaron el tono de las acusaciones.
Rafael Michelini, que había pedido públicamente el cese de, al menos, José Coya y Juan Gómez –dos de los miembros frenteamplistas del Directorio de Ancap–, no se hizo presente en el Senado el Día de los Inocentes en horas de la mañana para votar la ley enviada por el Poder Ejecutivo, y sólo abandonó Playa Verde cuando Tabaré le dijo que se dejara de joder.
Blancos y colorados se pavonean moviendo la cola mientras en el Frente Amplio nos arrancamos las muelas. En verdad, no son nimiedades las que se discuten. El Poder Ejecutivo debe tener sus buenas razones para pretender que las empresas públicas se alineen con las orientaciones de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y el Ministerio de Economía. Eso está muy bien mientras no comprometa la autonomía de las empresas del Estado, y está muy mal si alimenta el ego de reyezuelos que se proponen recrear un sistema de control central estatal que ya fracasó en la década del 50 en la Unión Soviética.
Los cacareos de los blancos y colorados suenan a hipocresía. ¡No están en condiciones de dictar normas morales! Basta recordar que colorados y blancos “baratos” nos llevaron a la dictadura, estuvieron con ella, y después, desde 1985, tomaron las medidas que condujeron a la crisis de 2002.
Aunque haya “capitalización”, faltan aún muchas humillaciones y destratos al Frente a causa de esta operación, que no sabemos decir si es de izquierda o de derecha.
La denuncia penal es una bomba de tiempo destinada a mantener en el debate público este tema por los próximos dos años. Y era previsible e inevitable, porque el único propósito de la oposición es arrebatarle el gobierno al Frente Amplio. La granada está en el aire y ya le retiraron la espoleta.
El primer año del tercer gobierno del Frente Amplio ha sido difícil. Bajo un cielo cubierto de petardos, algunos ministros trabajan, hacen cosas y obtienen resultados que no aparecen en los titulares de los diarios ni en los informativos de televisión. Algunas empresas públicas dan ganancias y aportan a las alcancías del Estado, se llega a acuerdos en casi todas las ruedas salariales, el gobierno intenta repotenciar el Mercosur, y la Intendencia de Montevideo se encuentra negociando soluciones que le permitirán encarar importantes obras.
Hay un Uruguay que trabaja y otro Uruguay que conspira.
Pero la batalla de Ancap ha sido elegida para dirimir disputas internas en el Frente Amplio y para debilitar a la izquierda por parte de sus adversarios.
Si estamos advertidos de esto, mejor sería que siguiéramos el consejo de Tabaré. Hablar del futuro de Ancap y no discutir sobre el pasado parece ser una buena idea.

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