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DEMOCRACIA SIGLO XXI- URUGUAY Y EL FRENTE AMPLIO Daniel Albacete

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18/04/2016
El presidente Vázquez se reunió días atrás con representantes de todo el sistema político (inicialmente estaba previsto  para partidos con representación parlamentaria, pero a último momento se sumó el empresario Edgardo Novik, de la Concertación, en el marco de la grandeza de aquél) para discutir acerca de la eventualidad de la explotación y extracción de petróleo en caso de localizar yacimientos.

Una vez más, la opción no es consultar masivamente con la ciudadanía ni las organizaciones sociales sino con sus más estrechos y directos presuntos representantes, quedando el tema en ese círculo cerrado de una docena de personas que, cuando mucho lo comunica a la prensa.

Este evento ilustra luminosamente el hecho de que, en el FA estamos hablando idiomas diferentes. Y eso es grave. Es grave porque hace directamente a algo muy caro a los uruguayos y en particular a los frenteamplistas como es la democracia. Y decimos que hablamos idiomas diferentes-para ser generosos- porque parecería que cuando lo hacemos no nos referimos a lo mismo.

En una palabra, ¿Qué democracia queremos los frenteamplistas?

Este, como todos los grandes temas, ha sido expresamente soslayado por el FA desde la propia recuperación democrática, es decir justo en el momento en que más imprescindible se volvía hacerlo por la trágica historia que dejábamos atrás. A lo máximo que se llegó es a innumerables declaraciones, discursos y documentos proclamando la defensa de la democracia y su consolidación. Pero una democracia en abstracto, nunca la síntesis de un análisis y debate crítico sobre la experiencia vivida como sociedad y sus proyecciones.

Pero que no se haya procesado este análisis no significa que la vida política se haya paralizado. Así ocurre en todos los órdenes de la vida: lo que uno no define termina haciéndolo la propia vida. Así entonces, nos encontramos con que en el FA las cosas se discuten y resuelven-más allá de las instancias orgánicas formales (mesa política, plenario nacional o congresos) entre las dirigencias de los partidos; entre éstas y el gobierno y entre el gobierno y los demás partidos.
Eso sí, todo en democracia plena. Una democracia instalada al amparo del desamparo del movimiento de comités de base, hoy vacíos de vecinos frenteamplistas “a secas” donde, los que funcionan se nutren-como nunca antes-de los aparatos partidarios que acuerdan todo para que “el comité” lo apruebe.

Hoy vemos cómo voces aisladas nos presentan desafíos para ese debate tan necesario, aunque la mayoría de la dirigencia haga oídos sordos. Así, por ejemplo, nos encontramos con un más que interesante artículo en Brecha que aborda nada menos que el tema de un socialismo para nuestro tiempo y que en un pasaje propone: “…Crear un diseño político-institucional que permita una mayor, más auténtica y eficaz participación ciudadana a todos los niveles (local, nacional y global); lo que necesariamente obliga a combinar mecanismos de democracia representativa (insustituible en cualquier futuro previsible), con formas de democracia deliberativa y directa.”(1)

Aunque estas propuestas parezcan lejanas en las actuales condiciones de la vida política del FA, en los hombros de lo que queda de auténtica izquierda en el FA recae la esperanza de crear las condiciones para promover este debate. Hay, en el horizonte cercano una instancia propicia para iniciarlo, como es el próximo congreso llamado de “actualización ideológica”.

¿Podrá instalarse allí este debate?

1-Ariel Petruccelli, Brecha 8/4/16, pág.14

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