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Uruguay. El Capitalismo, crisis y ajustes. ¿Quien paga la cuenta? - Soledad Platero

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Tomado de La Diaria. 10/06/2016
"El problema de pensar que las injusticias o las avivadas pueden corregirse con tecnología y control es que se parte de la base de que la injusticia es un error del sistema, y no una falla inherente a su funcionamiento. En un mundo ideal (en un mundo de historieta, en un mundo que no se cruza en ningún punto con las realidades paralelas de los que están afuera del paraguas civilizatorio) es posible controlar los precios mediante la acción responsable y consciente de ciudadanos munidos de tecnología y vacunados contra la infección de la publicidad. Tan posible como abrigar a los desabrigados mediante percheros solidarios o alimentar a los hambrientos mediante heladeras comunitarias proporcionadas por los dueños de restaurantes. Tan posible como disponer un arsenal de técnicos para contener a un estudiante violento que se muestra incapaz de cursar el sistema educativo sin agredir a los docentes. Lo malo es que ese mundo maravilloso no se parece demasiado al mundo en el que viven unos cuantos, así que, cuando queremos ver, alguien protesta porque la aplicación no carga, otro alguien no sabe lo que quiere decir “aplicación” (y no tiene idea de cuánto cuesta el litro de aceite, porque compra suelto lo que puede, cuando puede), algún desubicado tira y pisotea las bufandas solidarias y algún otro impresentable come lo que no necesita o escupe el plato del que viene detrás.

No se puede tener un mundo eficiente y bien aceitado con tanto maleducado, tanto menesteroso y tanto ignorante en la vuelta. Las formas que nos damos para evitar decir que el capitalismo de mercado es injusto y salvaje, que deja a millones en el mundo no sólo fuera de sus beneficios sino fuera de las más básicas condiciones de supervivencia, ya alcanza extremos ridículos. Nos organizamos para combatir el mal con medidas correctivas que, en última instancia, sólo pueden funcionar con la buena voluntad de los beneficiarios, sin considerar si esa buena voluntad es esperable. Nos encanta ser buenos y ser modernos, y estamos dispuestos a todo con tal de no poner en discusión un modelo de crecimiento constante evidentemente insustentable y que nos obliga cada vez a más esfuerzo y más consumo a cambio de más precariedad y más incertidumbre. Pero nos duele la injusticia, así que vemos con optimismo todas las iniciativas buenoides para compartir lo que nos sobra o para vigilar a los que nos quieren estafar. Se hace lo que se puede, aunque se pueda poco.

En estos últimos días he visto crecer expresiones asertivas que señalan (sobre casi cualquier tópico) que “es por ahí” o que, al contrario, “no es por ahí”; maravillas de la lírica militante que apuntan, como es obvio, a celebrar el buen camino y advertir del peligro de tomar el camino errado. Suelen hacer referencia a medidas concretas, porque lo concreto es siempre más fácil de evaluar. Yo confieso no saber muy bien por dónde es la cosa, pero reclamo que en algún momento volvamos a plantearnos no tanto por dónde sino para dónde. Que hagamos el ejercicio de ver si podemos enunciar que es para la justicia y la dignidad de todos, o no es. Que es para terminar con la explotación, con la miseria y con el abuso, o no es. Que es para terminar con los privilegios, o no es. Y punto. Porque ya cansa un poco eso de pedir disculpas antes de haber siquiera empezado a tomar una medida de choque."

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