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   Por: Iván Salas Rodríguez (*)
13 junio 2014

     "Vengan senadores, congresistas por favor, oigan la llamada
y no se queden en el umbral, no bloqueen la entrada,
porque resultará herido el que se haya opuesto,
hay en el exterior una batalla furibunda,
pronto golpeará sus ventanas y crujirán sus muros
porque los tiempos están cambiando". Bob Dylan


1.- Culminadas las elecciones presidenciales, los discursos son rutinariamente circulares, los de siempre: es hora de la unidad, es momento de concertar; fotos, abrazos, más discursos, algunos sinceros, otros falsos, pensando en el cálculo personal y el futuro político.
Pedro Pablo Kucsinsky (ilustre representante de la derecha tecnocrática-liberal), ganó las elecciones por 42,597 votos,  37.5% del total del electorado). Keiko Fujimori, quien representa el ala radical de la derecha autoritaria, populista, heredera de la megacorrupción del gobierno de su padre Alberto Fujimori y su malévolo asesor Vladimiro Montesinos, obtuvo 37.3%, el resto es la sumatoria de los que no fueron a votar (20%) más el voto blanco y nulo.

2.- Desde el lunes 6 de junio, el people sigue en su vida cotidiana batallando por la supervivencia en las condiciones más dignas: el tema de la mejor educación para los hijos, la oportuna atención a los problemas de la salud, la vivienda; las amas de casa (las mejores economistas del Perú, continuarán en su faena diaria recorriendo los pasadizos de los mercados y mercadillos, hasta los lugares recónditos buscando los productos más baratos para llenar la olla diaria); la letra vencida, las cuentas, las tarjetas plásticas que te salvan de apuros a cambio de un elevado interés.
La celebración de los cumpleaños familiares y amicales, bautizos, bodas, aniversarios, desfiles, 1838 distritos y 195 provincias celebrando sus fiestas, el Perú es una fiesta oiga uste; trago, alegría, ¡salud carajo!; las carretillas desde tempranito ofreciendo jugo de naranja, maca, quinua, emoliente, ¡aprovecha la oferta papi: un vaso de quinua con tu sanduche de huevo a luca y media!
EL prójimo seguirá haciendo el amor con sus lindos condones multicolores o la píldora del siguiente así se enojen Opus Dei y sus voceros; los chismes que no paran en la conversación cotidiana, la televisión basura seguirá distrayendo y descerebrando (según el maestro Marco Aurelio Denegri)  a miles de espectadores.
3.- Representantes del fujimorismo no aceptan su derrota, basta verles las caras en la conferencia de prensa de Keiko, entrégales una escopeta y te aseguro que le disparan a los camarógrafos. Vociferan y muestran su  terrible arrogancia al sentirse dueños del Congreso (73 curules de 130). Pobrecitos, olvidan que el Congreso es la institución más desacreditada en todas las encuestas (si consideramos el margen de error, sospecho que su aprobación es cero).

 Me comenta un amigo sicoanalista que el problema del fujimontesinismo es su interconexión neuronal, se han quedado con la foto en blanco y negro de la década funesta de los años 90, hicieron lo que quisieron: asesinatos, corrupción, esterilización a más de 300,000 mujeres pobres, destrucción de las instituciones agravando el malévolo pendejismo criollo: ¿cómo es la mía hermanito?, "¡apúrate cojudo, camarón que se duerme lo lleva la corriente!”
 Control de un vasto sector de la prensa irresponsable y mermelera, los sicosociales. ¿Te acuerdas hijita cuando estos desgraciados hacían llorar a la virgencita en una parroquia en el Callao? comentaba una señora en una juguería en el mercado de frutas. O cuando apareció el "monstruo de los cerros", ¡qué miedo abuelita, dicen que este monstruo viola a todas las mujeres que encuentra a su paso! Y para que te quedes tranquila(o) en tu casa: ¡hoy, sí hoy, Laura Bozo premiará con billete en efectivo a la mujer que le lama el cuerpo sudado a un fisicoculturista! ¿Recuerdan? Este es el pasado que los discípulos de Montesinos-Fujimori añoran.
4.- Bueno, las elecciones han culminado, la vida continúa y los problemas pendientes de resolverse también: desempleo, pobreza concentrada en las áreas rurales y urbano marginales, carencia de desarrollo industrial, agro en eternos problemas, muerte de criaturas en las zonas altoandinas por el problema del friaje, 25% de nuestros niños con desnutrición crónica, abuso por parte   de empresas mineras y petroleras; últimos en la prueba PISA hablando de  nuestro nivel educativo, salarios cachueleros, corrupción creciente, minería informal, narcotráfico, informalidad, inseguridad ciudadana, hospitales congestionados (esperas con paciencia en el pasadizo encima de tu camilla, si tienes la suerte de encontrar una), rogando a Dios todopoderoso que te ayude o en todo caso, si partes al más allá, que sea para descansar bien arriba.
Improvisación y desorden en la papelocracia burocrática en los tres niveles de gobierno, centralismo criollo frívolo que mira hacia abajo al Perú, reaccionando solo cuando se presentan conflictos sociales, el fenómeno del niño o un terremoto.
        Los encantadores los encantadores jóvenes invidentes seguirán cantando en coro, alegrando el jirón de la Unión de la Lima capital; los estadios llenos, porque carajo ¡matemáticamente si es posible clasificar al mundial!, etc, etc. Es decir, alegría, esperanza y  crisis, seguirán jugando juntas a la ronda y su  lobo está.
      La vida continúa, estoy absolutamente convencido que el pueblo peruano es de acero inoxidable, su capacidad de lucha y supervivencia son admirables.  A pesar que la “clase política” tiene aún la enorme dificultad de ponerse de acuerdo en temas elementales mirando el mediano y largo plazo, se presenta  otra oportunidad, en vísperas del Bicentenario de la Independencia, para intentar discutir  temas básicos en que las fuerzas políticas democráticas impulsen una agenda mínima, para intentar nuevamente construir un país  más civilizado. Caso contrario, la población responderá en las calles como ya lo hicieron antes, no son los años 90, ya no; hoy, millones de ciudadanos (as) se enteran de los temas de coyuntura en segundos a través de la red, luego se organizan y movilizan. 
Por eso, tiene razón Bob Dylan, cuando en una de sus canciones dice: ¡Los tiempos están cambiando...!
(*) Sociólogo, columnista periodístico  /  

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