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Uruguay en la Coyuntura IV - El Pensamiento del Gral. Seregni y la “Consolidación Fiscal” - Ruben López

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 25/06/2016

 El General Liber Seregni en su primer discurso en el primer acto de masas del Frente Amplio, que nacía al calor de las luchas populares, nos decía aquel lejano 26 de marzo de 1971:

  “Seremos muy breves. En los últimos 25 años, desde el término de la Segunda Guerra Mundial, pueden distinguirse dos etapas diferenciadas, dos políticas económicas distintas. La primera, que comienza al término de la SGM y se clausura en el año 1958, corresponde al esfuerzo por industrializar al país. La segunda que va desde el año 1958 al año 1964, parece animada por el intento de fortificar nuestra agropecuaria. Esos dos enfoques sucesivos y distintos, terminaron los dos en callejones sin salida, con características distintas, con enfoques distintos, no lograron renovar y movilizar creativamente al país.

 ¿Por qué no tuvieron salida? ¿Por qué se frustraron? En la última instancia la contestación es muy sencilla: las dos vías tomadas no enfrentaron el obstáculo decisivo para el desarrollo nacional, y ese obstáculo es la oligarquía, es decir, la trenza bancaria terrateniente y de intermediación exportadora, el grupo social que domina y acapara la tierra, el crédito, los canales de comercialización de nuestros productos. Sus centros de poder siguieron intactos, determinando nuestra economía, estrangulando al país, beneficiándose de las energías de nuestro pueblo, apropiándose y desviando el esfuerzo nacional.

En la primera etapa, cuando la prosperidad de la postguerra, en la fase ascendente de la etapa industrializadora, las masas urbanas participaron de un nivel de vida que llenaba sus necesidadesmínimas. No parecía vital entonces profundizar la lucha.

En la segunda etapa, cuando se reviene el proceso sobre una vía ruralista, las clases medias rurales tuvieron un momento de ilusión, creyeron que se abrían nuevos horizontes. Pero tampoco fue así. Los precios fueron absorbidos por la inflación, por la trenza bancaria exportadora y latifundista. El país siguió estancado y el deterioro siguió avanzando. Porque está claro, los grupos dominantes están ligados a poderosos intereses extranjeros, son la expresión interna de nuestra dependencia de las grandes potencias capitalistas, de esas potencias que nos fijan precios, que nos imponen términos de intercambio adversos. Así, en los últimos años, se agudizó el endeudamiento externo y las ataduras al Fondo Monetario Internacional.

Es entonces la realidad urgente, el empobrecimiento colectivo, lo que obliga a enfrentar de una buena vez a la rosca que nos aprieta. La disyuntiva de hoy es muy clara: o la oligarquía liquida al pueblooriental, o el pueblo oriental termina con la oligarquía.” i(Subrayados y negrita RL)

Hace unos meses escribimos en otro artículo, una parte más breve de este texto. Pero vale la pena releer la larga cita, cuando nuestro FA daba sus primeros pasos y se definían sus ideas, sus sueños, su visión de la coyuntura y de la historia reciente.

Vivíamos un gobierno autoritario (Pacheco Areco), directamente integrado por figuras prominentes de la oligarquía que trataba de volcar el peso de la crisis sobre los trabajadores y el pueblo. Un alto nivel de lucha popular lograba arrancar concesiones -como aquel increíble e ingenioso concepto que rompió la congelación de salarios: “préstamos no reintegrables”- y lo que más preocupaba a la clase dominante: el pueblo oriental adquiría, en su dura experiencia de lucha, un mayor nivel de conciencia, organización y unidad -primero los trabajadores con la CNT, luego la unidad de la izquierda en el FA-. El Pueblo unido.

Hoy, vivimos el tercer gobierno del FA. Pero, con el pueblo y el FA desmovilizados, cada día menos militantes, el movimiento obrero luchando por su salario y condiciones de trabajo, como es lógico, pero no tanto por construir la unidad más amplia, para avanzar hacia cambios profundos y definitivos. Y ninguno por construir las bases de un nuevo orden, por generar conciencia: “o la oligarquía liquida al pueblo oriental, o el pueblo oriental termina con la oligarquía.” Y esto sigue siendo el problema cardinal: conciencia del momento, de las tareas, más unidad y organización, participación, movilización de masas. Profundizar la democracia en la sociedad y en el FA.

Seregni sintetiza con claridad las dos etapas, que en el siglo pasado, trataron de superar las trabas al desarrollo nacional. Industrializar primero, volver al campo después. Y la frustración: no actuaron contra el verdadero freno: la oligarquía local y el imperialismo al cual está ligada históricamente de forma cada vez más dependiente, dada la brutal concentración de la riqueza en el mundo.

Hoy podemos decir que vivimos una tercera etapa.

Desde 2005, el gobierno del FA, con la idea también de superar las trabas al desarrollo nacional, con la sana intención de favorecer a los trabajadores, a los sectores populares, a los excluidos.

Cabe preguntarse,¿no habremos olvidado aquella advertencia del primer discurso de Seregni, en 1971?

Los invito a releer:

“es decir, la trenza bancaria terrateniente y de intermediación exportadora, el grupo social que domina y acapara la tierra, el crédito, los canales de comercialización de nuestros productos. Sus centros de poder siguieron intactos, determinando nuestra economía, estrangulando al país, beneficiándose de las energías de nuestro pueblo, apropiándose y desviando el esfuerzo nacional.”

¿Cual es la diferencia?

Señalemos que la primer etapa, del segundo batllismo, trajo la Ley de Consejos de Salarios y el Instituto Nacional de Colonización, nada menos.

Ahora cientos de miles de hás. están en manos de empresas extranjeras, otras decenas de miles explotados por extranjeros, nuestra industria desflecada desde los 90, el comercio exterior dominado por el Gran Capital, el mayorista y el minorista a través de las grandes superficies, la Deuda Externa sigue enorme y eterna, el FMI ha sido sustituido por las Calificadoras de Riesgo, que determinan las política correctas, a las cuales se rinden los gobiernos, más el Mercado, los Inversores, dejan poco margen para la soberanía nacional, la toma de decisiones por parte de los pueblos.

Al fin, eso lleva a que los mecanismos democráticos se vuelvan molestos, al vaciamiento de las instituciones. Desde la izquierda, el gobierno y el FA, conduce al abandono de la más amplia participación, la restricción de las decisiones estratégicas a pequeños círculos, se desestimula la organización, la militancia, la movilización de los ciudadanos en los lugares donde viven y trabajan, donde deben ser protagonistas de su destino. Mediatizando los organismos de base y de Dirección del FA, como el Plenario Nacional -por Estatuto quien debe resolver entre Congresos- y fundamentalmente la movilización de masas, garantía última de la posibilidad de los cambios, como lo demuestra con claridad meridiana la situación en Brasil.

Releamos:

“Porque está claro, los grupos dominantes están ligados a poderosos intereses extranjeros, son la expresión interna de nuestra dependencia de las grandes potencias capitalistas, de esas potencias que nos fijan precios, que nos imponen términos de intercambio adversos.”

Hoy nos siguen imponiendo precios, tratados multilaterales, bilaterales, donde lo importante es la defensa del Inversor, del Gran Capital, de quien detenta la riqueza y el poder. Y miremos la realidad, no nos engañemos, los cambios son más concentración de la Riqueza y más Poder que hace 50 años. (Sólo 65 personas detentan riqueza igual al 50% de la humanidad más pobre).

Y, ¿renovación es aceptar esa realidad como normal?

El Presente. La consolidación -o ajuste- fiscal en Uruguay

Adjudicar nombres distintos no cambia el contenido, consolidación o ajuste no hace a la cosa.

Pero analicemos el presente a la luz de las ideas originales, a los hechos pasados y presentes.

Las dos etapas fueron contradictorias, opuestas, mientras la industrialización fue un intento progresista de resolver la situación por parte del Batllismo, la etapa Blanco-ruralista de volver al campo fue la reacción de los sectores que ante la crisis, querían volcarla sobre los trabajadores y sectores medios.

La primera, ligada a un aumento de los precios de las materias primas producto de la guerra y la necesidad de sustituir importaciones y la segunda, fruto de una crisis económica profunda, caída de precios internacionales, déficit de la Balanza comercial, inflación, caída del producto. La década de 1960 ve morir al viejo Uruguay, las políticas liberales impondrán un duro ajuste a los sectores populares, en la disputa por el excedente.

En 2005, nuevamente una situación internacional de aumento de los precios de las materias primas. En ese contexto aumentan los ingresos de los trabajadores y de los excluidos, vía consejos de Salarios y transferencias, mientras, también aumenta la renta de la clase dominante. Decíamos: Favorecer a los trabajadores, a los sectores populares, a los excluidos.

Volvamos a preguntarnos: en esta tercera etapa, tras 11 años de gobierno, ¿no habremos dejado por el camino nuevamente aquel razonamiento del General?

 Quizás valga la pena reiterarlo:

“Esos dos enfoques sucesivos y distintos, terminaron los dos en callejones sin salida, con características distintas, con enfoques distintos, no lograron renovar y movilizar creativamente al país.”

 Esta tercera etapa, con el FA, o tercer enfoque, obviamente distinto, tras la debacle de los lemas históricos, justamente por ser representativos y servidores de la clase dominante, que el FA viene a sustituir como representante de la clases subalternas, ¿tendrá una salida o será una nueva frustración?

 La respuesta nos la da Seregni:

 “la contestación es muy sencilla” ...enfrentar “el obstáculo decisivo para el desarrollo nacional, y ese obstáculo es la oligarquía, es decir, la trenza bancaria terrateniente y de intermediación exportadora, el grupo social que domina y acapara la tierra, el crédito, los canales de comercialización de nuestros productos.

  Y lo reafirma:

  “La disyuntiva de hoy es muy clara: o la oligarquía liquida al pueblo oriental, o el pueblo oriental termina con la oligarquía.”

 Y el pueblo oriental sólo puede derrotar a la Oligarquía si no se resigna, si se rebela y moviliza, como en los difíciles años de su nacimiento:

Construir el futuro: tal es nuestra vocación y nuestro deber.

“No debemos engañarnos afirmando que se trata de una tarea fácil. En cada encrucijada histórica siempre están los que optan por el mal menor, por la seguridad mediocre, por el camino del medio, que no lleva a ningún lado. Pero también están presentes quienes no se resignan a sufrir la historia, sino que están dispuestos a crearla. Son los que convierten en posible lo imposible, son los que logran demostrar que, en ciertas circunstancias, resignarse equivale a traicionar” .ii (Seregni, 1971)

i Discurso del Gral Seregni. 26 de marzo de 1971
ii Discurso del Gral Seregni. 8 de setiembre de 1971
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