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FA: Internas. Democracia insurgente. Un cambio necesario construido entre todos - Javier Miranda

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05.07.2016
Estamos a pocas semanas de una elección interna en el Frente Amplio y la constatación de una cierta apatía, una preocupante frialdad, un distanciamiento de militantes, adherentes y ciudadanos,es perceptible. No debe ser negada si de verdad deseamos que sea revertida.

Es, casi con certeza,  la comprensible y legítima expresión de una protesta sin estridencias, que todos sabemos que existe porque la escuchamos en el barrio, en el trabajo o en cotidianas conversaciones entre amigos y familiares. Aunque muchas de las razones sean compartibles, queremos convencer a nuestras compañeras y compañeros de que sólo la participación y el involucramiento  permitirán superar la desazón y liberar energías creativas que permitan la renovación.

No se trata de una peculiaridad frenteamplista ni uruguaya: la crisis de la política, de la representación, la fatiga, un cierto agotamiento de capacidad de entusiasmar y suscitar esperanzas en la gente, son fenómenos universales. Todos los días tenemos noticias que vuelven evidente que algo muy ubicuo y expandido (también muy peligroso) recorre el mundo.
Muy cercanas a nosotros,  las crisis severas de Argentina y Brasil, nos alertan en la región que navegamos a través aguas embravecidas. Dificultades y desazones, agotamientos y convulsiones, corrupciones estructurales y ofensivas de desmantelamiento de derechos, descreimientos y desconciertos, dibujan la cartografía.

Más lejos, en los mismísimos centros imperiales, la situación tampoco es calma ni esperanzadora. Donald Trump, un non plus ultra de un racismo y una xenofobia que ni siquiera intenta disimularse, con sus desbordes populistas, es expresión de esa amenaza que se cierne sobre las democracias.Ni siquiera la flema británica ha logrado constituirse en dique razonable que pusiera freno al simplismo y la demagogia que alentara el Brexit.

Se ha tematizado hasta el abuso sobre el malestar en la era de la globalización, sobre las interpelaciones que este malestar arroja a las democracias como formas de gobierno y convivencia.
Una causa plausible de este malestar pueda hallarse en las promesas  incumplidas de la democracia constitucional.
Es que, como efecto de la globalización, se ha producido un desfasaje entre la dimensión estatal de la política -anclada en el Estado nacional- y la dimensión global de la economía, que trasciende fronteras estatales y se expande por todo el planeta, en base a poderes de hecho desterritorializados. Este giro globalizador de la economía, no ha sido acompañado por un paralelo desarrollo de una efectiva institucionalidad internacional de gobierno. Como consecuencia de ello, asistimos a un desarrollo desregulado del mercado mundial, que desafía el poder de regulación social de la política y el derecho, de escala estatal.
Los márgenes de acción de la política, su real capacidad de gobernar la economía, se han estrechado en forma considerable. No es menor el capítulo que en buena medida ha sido sustraído de las antiguas prerrogativas soberanas de los Estados. "El poder ya es global; la política sigue siendo lastimosamente local", sintetiza Bauman.
La ciudadanía termina teniendo así una percepción, no del todo equivocada, de democracia restringida, limitada: son más bien pocas las cosas que pueden modificarse, sea quien sea que gane las elecciones nacionales tras obtener el respaldo popular.
Este es el malestar en la globalización. El malestar suele reunir dos componentes: la insatisfacción con lo que hay y un cierto escepticismo a la hora de pensar en la posibilidad real de alternativas para transformarlo, una peligrosa eliminación de la esperanza de cambio.
Nuestros gobiernos,  departamentales y nacionales, han obtenido importantes resultados que han mejorado en forma significativa la vida de la gente. Pero hoy se enfrentan a límites: salarios bajos, núcleos duros de pobreza, fractura social y cultural que no sólo no se detiene sino que, al menos en algunos aspectos, a veces parece que se acentúa. Y una parálisis que emana de un veto corporativo, que provoca un descuido general, casi un abandono de la búsqueda delinterés común en beneficio de intereses meramente sectoriales. Los sectores más desposeídos y con menor poder de agenda resultan los más afectados por el inmovilismo político determinado por la prevalencia de los enfoques corporativos
También los sectores medios que  han hecho un esfuerzo importante se sienten molestos. Es razonable, a esta altura,  que demanden servicios educativos, de salud, de seguridady municipales de calidad.Quiero citar un reciente tweet de Gonzalo Frasca que expresa una cierta mirada  -mantengo la coloquialidad del giro para no disminuir su contundente claridad gráfica-:"Ser anti-impuestos es de facho. Ser pro-impuestos pero sin exigir servicios estatales de calidad es de pelotudo".
Los Partidos Tradicionales, tan importantes en la conformación de la nacionalidad, no logran regenerarse y realizar propuestas consistentes. La gente se disgusta con el Frente Amplio y su Gobierno, mientras mantiene intacto su rechazo a las formaciones fundacionales, a las que - con acierto- responsabiliza del declive nacional de las décadas precedentes.
Muchos errores se agregan al cuadro: errores de nuestro Gobierno (una cierta falta de agenda que trasmita entusiasmo y visión de futuro) y errores de nuestra fuerza política (que no da a nuestro Gobierno un respaldo consistente, imprescindible para gobernar). En fin, un espectáculo de desunión y divisionismo, de descarnado egoísmo sectorial, que es la antítesis misma de la seriedad y la cohesión que la gente aguarda de un partido al que le ha confiado el Gobierno. Esta es la hora en la que los independientes debieran emerger, en forma masiva y contestataria,  para ayudar al Frente Amplio frente al declive y la postración a la que le condena la actual dinámica tan alejada del  proyecto común que a todos debiera convocarnos.
Todo esto configura, naturalmente, un cuadro de desmotivación que es caldo de cultivo para la retracción y la apatía.
En el mundo, el malestar con la globalización se ha expresado en muy diversos movimientos de resistencia. Muchas ideas nuevas y prácticas innovadoras, lenguajes que se abren camino, éticas y estéticas que nacen y se arrojan al mundo, interpelando su crueldad e injusticia, han sido forjadas en las redes, en las  calles y en las plazas.
Precedidas de oleadas mundiales de democratización en fases y épocas distintas -desde la culminación de la Segunda Guerra Mundial, fin de los fascismos europeos (Alemania, Italia, España,Portugal, Grecia), las dictaduras latinoamericanas, las de Europa del Este y el legado estalinista,y la más reciente y fallida de la Primavera árabe- algo interesante podría y debería surgir de ese encuentro de batallas diversas por la emancipación libradas en culturas y tradiciones diversas.
Encuentro y fusión, sincretismo innovador y creativo entre una democracia política con instituciones sanas y sólidas, que fortalezca garantías y libertades, con la voluntad y la capacidad política de ir cumpliendo,  al mismo tiempo,los desafíos de los derechos sociales y culturales.
Una democracia insurgente, que se renueva en forma cotidiana rebelándose contra sus propias limitaciones, proponiéndose nuevos retos que levantan las metas de manera desafiante.
Una democracia insurgente que expande los derechos y, al mismo tiempo, vuelva a restablecer el otro plato de la balanza, que nunca debió haber sido descuidado -pero lo fue-,el de los deberes, las obligaciones y los compromisos; la solidaridad.
Un modelo de democracia constitucional, que expresa sus cuatro dimensiones basada en los derechos fundamentales -por ello, fundacionales-: democracia liberal, democracia social, democracia civil y democracia política.
Una democracia insurgente que requiere, en nuestro Frente Amplio, de una rebelión originaria: que nos libere de aparatos e intereses  menores que se han apropiado de nuestra fuerza política anulando su potencialidad y eficacia transformadora, que sea fiel al espíritu de lucha,  grandeza e inventiva que animó a los fundadores, que restablezca y propulse el énfasis en el país y el bienestar de la gente.
Una  democracia insurgente en pos de un cambio profundo es lo que el Frente Amplio hoy necesita: un viraje sustantivo, de intensa radicalidad democrática e innovadora debe operarse, para empezar con estas tareas,  a partir del  24 de julio. Tenemos la determinación de ayudar a impulsarlo y necesitamos que los frenteamplistas nos acompañen.
 Dr. Javier Miranda

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