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LA ACTUALIZACIÓN IDEOLÓGICA DEL FA (1) Gonzalo Pereira Casas

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Transcribimos integramente este texto -publicado en Vadenuevo, 6 de julio de 2016- con el cual polemizamos en artículo aparte. Los subrayados son nuestros.
quehacer.com.uy

La lógica de la guerra
El autor sostiene que aunque la lucha contra la dictadura consolidó la democracia y el cumplimiento de la Constitución, no ha desaparecido “la lógica de la guerra” en el escenario político. Como parte de su análisis, dedica un primer capítulo a la desaparición del “socialismo real” y a la pervivencia dentro del Frente Amplio de ideas que lo sustentaron.

Por Gonzalo Pereira Casas

Estamos a pocos meses de un Congreso del Frente Amplio (FA) uno de cuyos propósitos es la actualización ideológica, pero hay desconocimiento entre los frenteamplistas sobre las causas que lo han motivado. Por cierto que existen razones que obligan a pensar en la falta de presencia del FA en la calle, el desánimo de los militantes y los comités vacíos, las confrontaciones permanentes de sus sectores y la lucha por cargos en el gobierno. Sacude la encuesta de Cifra, publicada en junio, que registra una caída de 48 puntos (elecciones de octubre de 2014) a 30 puntos de intención de voto al FA, ¡una reducción de 150 mil votos!

Actualización ideológica significa cambio de las ideas, pero ¿cuáles y por qué? La renovación de las ideas, es decir, la forma de interpretar el entorno y, por tanto, la forma de tratar de incidir sobre la realidad (que es en última instancia la razón de ser de un partido político) tiene que ver, en primer lugar, con los cambios que suceden en la propia realidad, la que existe más allá de lo que pensemos de ella. Y, en segundo lugar, con la crítica a la forma en que se está interpretando esa realidad, que es cambiante. De manera que importan dos áreas: la del mundo objetivo y la que corresponde al pensamiento (en este caso, el pensamiento del colectivo que integra un partido, el Frente Amplio)

Los cambios objetivos, reales, ocurridos en el mundo en algo más de cuatro décadas transcurridas desde la fundación del FA en 1971 son tantos y de tal magnitud que cualquier enumeración resultará insuficiente; propongamos un número limitado de los que podrían ser los principales. Tentativamente:

a) Desaparición del “socialismo real” (y reducción del riesgo de la guerra nuclear).
b) Mundo unipolar y expansión del modo de producción capitalista a todo el globo.
c) Globalización económica, comercial y financiera con exportación de capital industrial.
d) Revolución científico‑tecnológica.

Señalemos también algunos grandes cambios sucedidos en Uruguay:
a) Dictadura y recuperación de la democracia.
b) El FA: de la oposición al gobierno.
c) Irrupción de la mujer en el mundo del trabajo no domiciliario.

¿Hay otros cambios de similar importancia? Seguramente, pero limitémonos a los indicados pues son más que suficientes para comenzar un análisis de la intención de “actualización ideológica”.

Una consideración previa: la actualización ideológica del FA podría referirse a “una” ideología y creer que ella está expuesta y plasmada en los documentos fundacionales. Pero sería un error pues los documentos fundacionales fueron un acuerdo de los partidos y personalidades que impulsaron la formación del Frente y no son una síntesis de las ideologías de los participantes, como lo establecen dichos documentos[1]. No expresan una ideología ni una síntesis de diversas ideologías, sino un acuerdo programático, el mayor posible entre los partidos integrantes en el momento de la fundación del Frente Amplio.

No se debería hablar entonces de una actualización ideológica porque no existe una ideología del FA sino “ideas que existen o existieron” entre los frenteamplistas. Pero si bien no tiene “una” ideología, sí existen dentro del Frente diversas ideologías de sus integrantes: comunista, socialista, anarquista, socialcristiana, batllista, liberal (demócrata), socialdemócrata, nacionalista, etcétera. Todas ellas en coexistencia dentro de la práctica política del FA, lo que es “un milagro” -según suele decirse- único en el mundo. Apenas nos atrevemos a explorar aquí el efecto de los cambios mundiales sobre la ideología “de izquierda”, que incluye la comunista y la fracción socialista que adhirió al “socialismo real” (sin embargo, por acotado que sea este enfoque refiere a la o a las ideologías predominantes en la militancia frenteamplista).

a) DESAPARICIÓN DEL “SOCIALISMO REAL”

Un enfoque, de los tantos disponibles sobre el significado del vendaval producido por la desaparición del “socialismo real” y las “verdades reveladas” de quienes lo defendimos, puede leerse en el nº 4 de vadenuevo (Tirar el lastre inútil”), entre ellas: la propiedad estatal como forma de propiedad social y la planificación de la economía; el rápido tránsito al socialismo a partir de las transformaciones democrático‑liberadoras; la reforma agraria como tarea principal, y la construcción del partido de la clase obrera como la cuestión “cardinal” de la revolución.

En el referido artículo tratamos de mostrar que la desaparición del “socialismo real” afectaba un factor fundamental del pensamiento marxista, el que reconoce al mundo objetivo que existe fuera de la conciencia, de las ideas y de las interpretaciones. Y afectaba fuertemente a dicho pensamiento pues el argumento más sólido para la defensa del “socialismo real” era… su existencia. Ésta fue clave ante las críticas desde la propia izquierda o la condena anarquista.

Pero ahora nos interesa otro ángulo del análisis: ¿cómo es posible que la desaparición de lo “real” del socialismo no haya sido asumida por el pensamiento comunista y por vertientes socialistas? Esto se puede constatar, por ejemplo, en las versiones públicas del pensamiento orgánico del Partido Comunista del Uruguay (PCU), como el periódico El Popular o los congresos. Y no es que falte análisis del tema. No, es aun más sorprendente: ¡no figura!

¿Cómo puede explicarse? Lo intentaré desde mi experiencia personal: he participado en la defensa del “socialismo real” y aun de sus peores expresiones (la invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia, por citar una de tantas). Desde la distancia que da el tiempo podemos preguntarnos: ¿cuál era el fundamento para defender cosas que ahora nos parecen indefendibles? ¿Cómo operaban nuestras cabezas?

Tal vez una clave se encuentre en la “lógica de la guerra”. Pero, ¿qué es la “lógica de la guerra”? Cito a continuación a un pensador contemporáneo:

Nada más grave para una sociedad que un estado de guerra… La guerra impulsa la lógica militar pura, al mando y a la obediencia… Se acorta el ámbito de la discusión, de la deliberación,...

lógica bélica, que una vez puesta en marcha no puede anularse a sí misma… Es el reino de la inseguridad, del miedo, de la sospecha… Es el paroxismo de la desconfianza social… Es una neblina fratricida…”

“… lo más radical que puede acaecerle a una sociedad: un estado de guerra… nos envuelve a todos… afecta y contamina todas las relaciones humanas…

Las propias características de esa lógica bélica hacen que no se pueda determinar con claridad sus límites… la guerra desatada no tiene tranqueras ni puertas con cerrojos… La lógica bélica… pretende llegar al exterminio de una de las partes… un estado de guerra es un suicidio colectivo…

la dura e implacable lógica de la guerra. A ella se entra y en ella sólo hay lucha y muerte… es la dureza implacable… los oponentes terminan por no pedir ni dar cuartel… ”

Tal “lógica de la guerra” operó a nivel mundial durante décadas como resultado de la confrontación de dos sistemas opuestos, el socialista y el capitalista. Guerra fría, a veces tibia, a veces bordeando la guerra caliente y abierta. Y esa guerra siguió su lógica: la URSS planteó la coexistencia pacífica para que la confrontación mundial se limitara a la emulación económica (pues sostenía que se impondría la superioridad económica y social del socialismo) pero muchas veces se rozó la guerra nuclear (como, por ejemplo, en 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba). La lógica de la guerra fría de los dos sistemas mundiales contagió al mundo y, naturalmente, el contagio nos alcanzó a los latinoamericanos y a los uruguayos. Nos llevó a muchos a creer en el “vale todo” y en que el fin justifica los medios. Y conocíamos bien los medios aplicados por el imperialismo…

No existe hoy una opción alternativa al capitalismo pues la abandonaron los protagonistas del “socialismo real” y desapareció la URSS y, por lo tanto, todo apoyo material y concreto para una opción socialista en un país como Uruguay. A lo que se agrega que las circunstancias sucedidas en nuestro país determinaron que los dos Programas de Gobierno del FA ya ejecutados y el actual en desarrollo modificaran aspectos severamente confrontativos del programa fundacional[2]. Además, el Frente Amplio llegó al gobierno nacional por la vía electoral (“la deseada”) y no por la vía armada (“la más probable” según tesis elaboradas en la era bipolar), y la lucha contra la dictadura consolidó la democracia y el cumplimiento de la Constitución por parte de todos.

Sin embargo, no ha desaparecido la lógica de la guerra en el escenario político. ¿No sigue acaso una “lógica de guerra” la crispada relación de sectores del FA y del sindicalismo con los partidos tradicionales, con las cámaras empresariales y aun con sectores que integran el FA y su tercer gobierno? ¿Acaso no “…acorta el ámbito de la discusión, de la deliberación”, la conducta política de quienes consideran que este es “un gobierno en disputa” con concepciones sustentadas por el gobierno del FA? ¿Acaso no reproduce “…el reino de la inseguridad, del miedo, de la sospecha…”? ¿No es “el paroxismo de la desconfianza social…”, como dice la cita recuadrada?

Creo que aún vivimos expresiones de la “lógica de la guerra” por inercia, es decir, por dificultad para cambiar y rectificar el rumbo. Hay defensores del “socialismo real” que mantienen el ideario aunque ya no sea “real”, aunque ya no exista.

Como la idea actualmente no tiene base de sustentación a nivel internacional, se mantiene la “lógica de la guerra” en el terreno local. Al caer el “socialismo real” en la URSS y en el mundo, se podría esperar una revisión de la tesis según la cual la confrontación de los dos sistemas expresaba la contradicción fundamental de la época. Y no solamente porque desapareció la meta debido a la caída del régimen sino además, y sobre todo, por el fracaso del experimento y de su correspondiente ideario.

Habría que admitir que la vida real descartó el experimento socialista y proyecta larga vida al modo capitalista de producción. Es en vano invocar la “crisis estructural del capitalismo”, que aunque algunos pronostiquen, no ocurre (recordemos que según Marx las fuerzas productivas tendrían que estar trabadas por las relaciones de producción).

Sin embargo se conserva en el escenario local la lógica de la guerra propia de aquella confrontación mundial; ello va de la mano con la prédica acerca de la inminencia del socialismo nativo, que carece de base real.

Y como resulta arduo defender al “socialismo real” con propiedad estatal sobre los principales medios de producción, resurge el socialismo utópico al estilo de Robert Owen, Charles Fourier y otros, con la propuesta del socialismo (o la “superación” del sistema capitalista) en Uruguay. Propuesta difusa o confusa pues esas visiones, que podrían denominarse nostálgicas, refieren a “nuevos modelos de producción que no sean solamente los capitalistas”[3], o también a que “se hace necesaria toda una construcción jurídica, social y económica para edificar ese espacio democrático de producción que permita asociaciones mixtas entre trabajadores y el Estado”[4]. Se proponen formas de un socialismo añorado pero indefinido, sin ofrecer la menor idea de cuáles son esas formas. Quizás la vaguedad responda al pobre desempeño de varias cooperativas que se han apoyado desde el gobierno del FA y que no se demostraron como formas deseadas de producción no capitalista. Quizás lo difuso sea para no volver a sostener que las empresas del Estado deben expandirse para sustituir a las empresas capitalistas, pues tal concepción ha llevado a algunos resultados muy malos, especialmente en el caso notorio de Ancap.

Lo que sí es claro es que esas visiones supuestamente superadoras del capitalismo serán impulsadas durante el Congreso de actualización ideológica. El carancanfún está garantizado… Y la cuestión adquiere una notable importancia pues si se postulara y se aprobase la inminencia del socialismo, es inevitable una modificación completa de las alianzas políticas y sociales que convocaron la fundación del Frente Amplio. Y no precisamente para ampliarlas…

Digámoslo de otra forma: cuando todo indica que encaramos un periodo no breve de desarrollo del capitalismo en Uruguay (en coherencia con el único modo de producción vigente, triunfante y en expansión en el mundo) aparece la tesis de la lucha por un socialismo nativo. En lugar del análisis de las dificultades y las posibilidades del desarrollo en las condiciones concretas del Uruguay tenemos un planteo divergente con el Programa de Gobierno que votó la ciudadanía y que aplica el actual gobierno.

Cabría preguntarse también si la propuesta sobre la ubicación del socialismo uruguayo en un horizonte no lejano es una expresión política derivada de la idea de “lucha de clases” tal como algunos la conciben. Si a la lucha de clases se la entiende a nivel internacional como contradicción fundamental de la época, es decir, entre el campo socialista y el campo capitalista, no se puede ignorar que dejó de operar. Ciertamente que la desaparición del “socialismo real” no elimina la contradicción trabajo asalariado/capital pues todo aumento instantáneo del salario significa la reducción de la ganancia empresarial, y a la inversa. Pero tal contradicción no significa que estemos viendo al socialismo en el horizonte, ni un “protosocialismo” como ha sido denominado en algún caso, ni la guerra de clases, ni la validez de la “lógica de la guerra” dentro de fronteras.

La confrontación salario/capital tiene dos campos de expresión: a nivel de empresa y a nivel de poder político, es decir, de gobierno. En el primero siempre existirá una tensión, pero ¿qué significa en el terreno político? La contradicción trabajo asalariado/capital corresponde al modo de producción capitalista, pero la política se define no según el modo de producción dominante (sin duda el capitalista en el Uruguay) sino por la formación económico‑social concreta, que incluye el escenario mundial. Y que está incluida en el escenario mundial. La correspondiente a Uruguay es, como toda formación económica‑social, mucho más compleja que el modo de producción. Por eso, la contradicción salario/capital de ninguna manera determina la contradicción fundamental de Uruguay, es decir, la que debe mirar el programa de transformaciones de un partido político, el Frente Amplio en el caso que nos ocupa. Por eso su programa fundacional fue democrático liberador y no socialista; lo sabían quienes creían en el socialismo y no se propusieron imponerlo. El término socialismo referido a Uruguay no existe en aquellos documentos de 1971. Ahora ‑con la desaparición del campo socialista- el intento al que hemos hecho referencia rechina.

Pero, ¿acaso la contradicción trabajo/capital ha de determinar la política económica? La pregunta queda planteada para un próximo artículo de la serie.

El gobierno del FA soporta una extraña y compleja situación, casi no imaginable a nivel internacional: sectores significativos del partido Frente Amplio no lo apoyan. La explicación tiene un componente: es una recidiva de la desaparición de la contradicción fundamental entre el capitalismo y el socialismo a escala global.Plantear hoy el socialismo (o la superación del capitalismo) está confundiendo los ejes de la política nacional; mantener conductas propias de la “lógica de la guerra” va a contrapelo de la realidad nacional y distorsiona la línea política del FA. Traba, por ejemplo, la iniciativa de políticas de Estado[5] como las que hoy impulsa el presidente Tabaré Vázquez sobre seguridad ciudadana y otras áreas. Y, como fundamentaremos en próximos artículos, dificulta la construcción del desarrollo económico y social que está al alcance del país.

Parece necesario entonces que el Congreso de actualización ideológica analice las iniciativas de “profundizar los cambios” si por tal expresión se entiende algo parecido al “socialismo real”, a la luz de su desaparición en el mundo.

En la próxima entrega veremos la relación de otros cambios sucedidos en el mundo con algunas ideas existentes dentro del FA.

 NOTA: Finalizado el primer artículo de la serie debo confesar una pequeña trampa al violar una norma de las citas de autor, una licencia guiada por un concepto que aparece en la Presentación de la revista vadenuevo: “… sería mejor que las ideas se valoraran más por su contenido y menos por su origen”. Ahora -y sólo ahora-, luego que el lector valoró en su contenido el análisis de la “lógica de la guerra” en la cita del recuadro, desvelo el autor: el general Liber Seregni (Colección Liber Seregni, coordinada por Gerardo Caetano, T. II, discursos del 29 de abril y del 28 de mayo de 1972; Ed. Parlamento del Uruguay y Taurus, 2005). Ambas intervenciones respondían a la Guerra Interna aprobada por el Parlamento Nacional el 15 de abril de 1972, situación que Seregni -siendo Presidente del FA- calificara como “una de las instancias más dramáticas que ha conocido el país a lo largo de su historia” -antesala de la dictadura- y diera lugar a su propuesta: “Queremos la pacificación para el cambio y queremos el cambio para alcanzar la paz” (ibídem, 28 de mayo de 1972).

Es que Seregni nunca fue ganado por la “lógica de la guerra”.

[1] “… esta coalición de fuerzas -que no es una fusión y donde cada uno de sus participantes mantiene su identidad…” (Declaración Constitutiva del Frente Amplio, 5 de febrero de 1971)
[2] Ver, por ejemplo, La “crisis estructural” del Uruguay (y lo que la nueva realidad enseña), DOCUMENTOS de vadenuevo, noviembre de 2014.
[3] Marcos Gérez, El Popular, 03/06/2016.
[4] IX Congreso del Movimiento de Participación Popular (MPP): Aportes para la discusión, parágrafo 49
[5] Ver, por ejemplo, la serie Políticas de Estado en el Uruguay contemporáneo, vadenuevo ns. 68, 69 y 70.

(Los subrayados en el texto son nuestros. QueHacer)

 

 

 

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