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Aportes

La necesidad de profundizar los cambios.

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Uruguay 
La necesidad de profundizar los cambios.
A ganar en Junio y Octubre con el FA.

Ruben López

Lo permanente es el movimiento y el cambio, el equilibrio es lo transitorio y circunstancial.

En Uruguay el Frente Amplio, síntesis de las luchas obreras y populares de dos décadas (1950/1960), surge como la expresión de los sectores populares para sustituir a la clase dominante en  el poder.
Aquella época fue matrizada también por las grandes luchas y los avances de la izquierda en todo el planeta.
Como respuesta, en América Latina, las fuerzas internas más retrógradas, aliadas al imperio, ahogaron en sangre a sus pueblos, instaurando dictaduras fascistas y el terrorismo de Estado.

En los ochenta el imperio recupera terreno, con políticas regresivas y más concentradoras de la riqueza  encabezados por R. Reagan en USA y M. Tatcher en gran Bretaña.

A principios de los 90, la implosión de la URSS y el campo socialista europeo es un regalo inesperado para la reacción; el mundo unipolar, el pensamiento único, más  poder para los grandes monopolios de las finanzas, la industria y el comercio. Se suma, tras continuos avances de la ciencia y la técnica, el monopolio de la información y los medios de comunicación, para el dominio político e ideológico a nivel mundial.

Mientras, la izquierda se hunde en una profunda crisis ideológica, tras los errores evidentes en los países donde se construía “el socialismo real”. No son pocos los que, ante esos hechos, renuncian a sus propios sueños y explícita o implícitamente dejan de lado la idea de cambios profundos, sustituyéndolos  por una mejora en las condiciones de vida, sin atacar las bases del sistema de explotación que nos domina. Las vacilaciones, las renuncias a los principios, devastan los partidos comunistas, de izquierda y la socialdemocracia en occidente, y, en los antiguos países socialistas se abandona todo ideal de justicia instalándose  el capitalismo más salvaje, donde tras años de corrupción los personeros del antiguo régimen se transforman el la nuevos dueños de la riqueza.

Pero la clase dominante no puede dejar de responder a su ser intrínseco. Impone una redistribución aún más regresiva del ingreso,  y su triunfo tras la caída del socialismo en la URSS y Europa del Este se vuelve efímero. La superioridad lograda  no conduce a un mundo de paz, sustentable económica y socialmente.  Por el contrario, la mayoría de la población se hunde en la pobreza, la miseria  y la exclusión, imperan el hambre y la muerte. La situación mundial muestra la incapacidad de la clase capitalista para  administrar los destinos de la humanidad.

Dentro de ese orden, que reserva al Sur su condición subalterna, pagando con sudor y sangre el alto nivel de vida del Norte, hay un resurgir de los pueblos de  América Latina. Como respuesta a esa situación, se rebelan, florecen por doquier gobiernos progresistas y de izquierda. En mayor o menor medida, con más o menos éxito enfrentan la política del Imperio y las oligarquías locales. Con contradicciones, avances y retrocesos, acuerdos y divergencias, los pueblos acumularon desde los años 60, en experiencia, unidad, organización y conciencia. Y hoy derrotan en su propio terreno a la burguesía. Seguramente, recuerdan los continuos engaños y promesas electorales o no, de los caudillos locales al servicio de las clases dominantes, o la dictadura y los crímenes cuando fallaban los métodos pacíficos, ahogando en sangre cualquier resistencia. Grandes masas recuperan su esperanza, en avalanchas de votos, concientes de la necesidad de forjar su propio destino,  optan por quienes mejor representan sus intereses. En marzo, el pueblo salvadoreño entrega el gobierno al FMLN con más del 51% de los votos.

Como era previsible, ese orden mundial, incapaz por su esencia elitista de resolver los problemas de la humanidad, condujo a una nueva y más profunda crisis, que estalla en las entrañas del sistema. Explota en 2007 la burbuja inmobiliaria en USA, que se ha profundizado en estos dos años, a pesar de los billones de dólares destinados a frenarla. Como en otras crisis –los uruguayos tenemos experiencias- para la clase dominante, la solución es socializar las pérdidas. El sistema está en crisis, y para preservarlo hay que salvar a sus protagonistas, los principales banqueros e industriales, sus sostenes, a costa de los dineros públicos.

El sistema capitalista mundial después de un largo e inusual período de crecimiento continuo, unos 15 años, cae en la mayor crisis desde los años 30.

Marx y Engels plantean en el manifiesto comunista:
“¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos.  Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.”

Desde el siglo XIX se suceden las crisis de superproducción. Una contradicción propia del sistema: su capacidad para producir más, junto a la incapacidad de distribuir esa riqueza que crea. La  mayor productividad gracias a los permanentes avances científicos y técnicos, conquistas de toda la humanidad, se vuelven en contra de la población trabajadora. Cada mejora en la producción deja más desempleo, empresas cerradas, enriqueciendo a los más fuertes. Lo que debiera ser un alivio para productores y trabajadores se transforma en su condena. Así a principios del siglo XIX,  los confundidos obreros de las hilanderías, rompían las máquinas que los dejaban sin trabajo.

La obsesión por la tasa de ganancia domina a los poseedores del capital, la libre concurrencia deja su lugar a los grandes monopolios, a la concentración de la riqueza, dejando como contrapartida, miseria y pobreza.

Esto es lo permanente. Condiciona el desarrollo y las sucesivas crisis del sistema capitalista.

Así, cuando explota la crisis, aparece como relámpago en cielo sereno, no se comprende, pues no se analizan en profundidad sus causas profundas. Los fenómenos se presentan de golpe, sin explicación posible, -y no la tienen dentro de los estrechos parámetros del análisis burgués-. Este,  tiene al régimen vigente como inalterable, “la física tiene sus leyes, eternas e inmutables, la economía también posee las suyas..” entre ellas  “ ..que las intervenciones cuestan mucho, disminuye el nivel de actividad de una economía por debajo de su potencial..”( ), se leía hace dos años en El País (Uruguay).
Sin embargo, a contrapelo de su prédica, ¡¡Bush  volcaba billones de dólares  para reactivar la economía!!.
El G20  destinará más de un billón de dólares para “intervenir”, tratar de salvar algunas empresas, y llegaría a tres billones ante de terminar el año (Londres, 2 de Abril de 2009).

Entonces, se busca la explicación por inconducta de algunas personas:
La avaricia de los banqueros, inventando nuevas formas de multiplicar su fortuna a través de ingeniosos instrumentos financieros, que al ver caer su tasa de ganancia encuentran nuevos trucos para aumentar sus ganancias, sin creación de riqueza.
Hipotecas sin garantías suficientes, por millones, mutan en productos financieros derivados que se venden por el mundo. Cuando los deudores hipotecarios dejan de pagar, los “papeles con valor” se tornan “papeles basura”.
La ambición de millones de inversionistas que jugaron a aumentar su ganancia con esos dudosos papeles, por sus altos intereses.
La falta de controles, de regulaciones estatales para el mercado financiero, que debió autorregularse, fue aprovechado por algunos inescrupulosos.
Esto es lo coyuntural, lo que aparece en la superficie, la explicación de los medios. Sucedió, son hechos ciertos, demostrados, que ocurrieron, ocurren –y seguirán ocurriendo- mientras aquellas causas, las verdaderas, profundas, no  sean modificadas

Ir a los cambios de los factores esenciales, estructurales.

Trabajadores y pueblos tienen sólo una salida: luchar por el poder político y económico en camino hacia su definitiva liberación.
Desarrollo de un programa popular y democrático, por la propiedad y gestión de sectores estratégicos. Distintas formas de propiedad social, de organización del trabajo, de participación en la gestión de las empresas.
Crecimiento con redistribución del ingreso hacia los más necesitados, formas para apropiarse del excedente económico generado por el trabajo.

Profundizando la democracia, en la gestión de los distintos ámbitos, empoderamiento por los ciudadanos de espacios de gobierno, local, departamental, nacional.

“Lo que es seguro en todo caso, es que la desprivatización de los medios de producción no puede ser tenida por ella misma como condición decisiva de la superación del capitalismo. Evidentemente, todos los huérfanos del  antiguo socialismo científico aún no lo han comprendido. Para operar una tal superación es precisa nada menos que una  revolución en el acceso social a la gestión. Parafraseando a Lenin, se podría decir: es necesario que cada asalariado aprenda a gobernar la empresa. Es el asunto de una época entera.”
“es necesario asumir la idea de una apropiación social. Ella implica de entrada apertura del capital a los asalariados de la empresa, y esto hasta niveles elevados dándoles la posibilidad de intervenir en todas las decisiones de gestión. Apertura también a otros agentes sociales efectivos de las actividades concernidas – asociaciones de usuarios, colectividades locales, empresas de servicios concernidas, sin excluir lo privado, mientras haya mercado capitalista- y esto será durante un largo periodo- ( ) Lucien Sève

Esto nos planteaba Sève hace más de una década, encontrar alternativas al capitalismo, ese sistema condenado por su incapacidad. Ineficaz, ineficiente para alcanzar un desarrollo sustentable, mientras aumenta cada día su capacidad productiva. Y para ello habrá que superar preconceptos, corregir errores, estudiar la realidad, encontrar ideas para transformarla revolucionariamente. Más adelante nos dice Lucien Sève:  “..ir hacia una apropiación efectivamente social del aparato productivo exige nada más y nada menos que desestatizar el Estado mismo en beneficio de los ciudadanos puestos en posesión de un poder político de nuevo tipo.

En el contexto de la situación internacional de crisis, y de avance de las ideas progresistas en América Latina, resulta esencial el triunfo del Frente Amplio en las instancias electorales de 2009 en nuestro país, en las internas de junio, siendo la primera fuerza y en octubre sumando más que todos los otros partidos en las presidenciales y parlamentarias.
Dar continuidad al primer gobierno de izquierda, profundizando el proceso de cambios, la participación ciudadana, la distribución de la riqueza, la defensa de los recursos naturales, principalmente la tierra, fortaleciendo al estado y el desarrollo de la propiedad social, promoviendo la integración latinoamericana con el Mercosur, la Unasur, el Alba, Banco del Sur, la complementación productiva, la inversión en infraestructura  y los intercambios mutuamente beneficiosos con todos los países.

La derecha,  en nuestro país, no se ha enterado de los grandes cambios que se dan en el mundo tras la crisis que estalló y que todavía no tiene punto final.
A pesar de que el Primer Ministro Británico anunció el fin del Consenso de Washington, los candidatos de los partidos tradicionales siguen defendiendo las viejas recetas.
Mientras, auguran consecuencias nefastas para Uruguay, pues el gobierno no se preparó para los malos tiempos, gastando irresponsablemente –¿en educación, salud, atención a los más necesitados?-
Pero, no se percatan que lo que hace agua en el universo, por todos lados, es su concepción dogmática del “mercado autorregulado”, regulador y asignador de recursos, que sería condición necesaria para un desarrollo armónico de la sociedad, donde sobreviven los más aptos y estos aseguran el desarrollo de los demás, sin un Estado que se entrometa en los negocios privados.

En el marco de esta nueva batalla, es necesario afirmar la gran herramienta que ha construido nuestro pueblo, con gran sacrificio en los últimos 50 años.  Los desafíos para enfrentar la crisis económica mundial, unirnos  al proceso de liberación que vive la Patria Grande, encarar la gran batalla ideológica, hacen necesario el fortalecimiento del Frente Amplio, la elaboración de un  proyecto estratégico de cambios profundos para el mediano y largo plazo y la superación de la organización, imprescindible para llevar adelante esos cambios, con la participación de todos.

En artículo recomendable para reflexionar el compañero Wladimir Turiansky plantea:

“Mi propuesta es que se establezcan dos objetivos: uno, delinear el proyecto de país como programa de largo plazo, de tal manera que los programas de gobierno se conciban como aproximaciones; y  dos, proyectar la estructura del Frente acorde a las nuevas realidades, sustituyendo la actual, absolutamente anacrónica.”
(Para acceder al artículo completo)


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Economía y Mercado El País -23 de octubre de 2006 – pag.3

Lucien Sève ¿Alternativa socialista o aspiración comunista? Octubre de 1997

Ganar el hoy y asegurar el mañana. Wladimir Turiansky. www.quehacer.com.uy 

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