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El Socialismo

EL ESTADO SOCIALISTA Y LAS EMPRESAS: UNA REFLECCION NECESARIA Lic. Luis Marcelo Yera 2

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EL ESTADO SOCIALISTA Y LAS EMPRESAS: UNA REFLECCION NECESARIA
Lic. Luis Marcelo Yera

(Publicado en Cuba: Investigación económica, Diciembre de 1996)
(Instituto Nacional de Investigación Económica -INIE)

(2ª. Parte)

En los cuadros 1 y 2 aparecen, respectivamente, una propuesta de objetivos generales para las empresas estatales cubanas que servirían de orientación a los específicos de las ramas, así como los principios de la descentralización de decisiones tomados de la experiencia de las grandes corporaciones capitalista.

 

Cuadro 1

Propuesta de objetivos generales centralizados que cumplirían las empresas estatales cubanas a través de decisiones descentralizadas.

·         Llevar a cabo la producción teniendo en cuenta tanto la demanda perspectiva como el requerimiento de maximizar la variedad y la calidad.

·         Garantizar la compatibilidad producción - ecología.

·         Aplicar la ciencia y la técnica mediante la realización o contratación de investigaciones en todos los aspectos relacionados con la actividad de que se trate, incluida la Dirección.

·         Buscar la complacencia de los distintos consumidores internos y externos a través de los estudios de mercado, de los clientes y de los canales de distribución.

·         Garantizar toda la secuencia productiva, incluida la distribución de los productos, el cuidado de los mismos y el establecimiento descentralizado de unos precios competitivos socialmente justos, basados en los costos de producción, la calidad, la abundancia relativa de lo producido, el mercado mundial y la necesidad de lograr la rentabilidad debida.

·         Crear una imagen prestigiosa de la producción ante los consumidores a partir de una cultura de calidad total que debe relacionarse con la marca comercial correspondiente.

·         Atender las necesidades de los trabajadores de adecuadas condiciones laborales, superación y estimulantes ingresos, recabando de ellos la actitud requerida, así como el necesario espíritu de equipo para desarrollar la auténtica conciencia socialista.

·         Garantizar la selección profesional y la formación moderna y sistemática del personal de Dirección.

·         Aplicar una eficiente política inversionista que ayude a sostener la debida competitividad tecnológica de los productos, para lo cual se deberá estar informado de lo mejor de la experiencia nacional e internacional.

·         Analizar prospectivamente las posibles iniciativas de los competidores para alterar la dinámica del mercado.

Cuadro 2                                                                                                                          

Principios fundamentales de la descentralización de decisiones.

·         Situar la responsabilidad y autoridad para tomar decisiones en los puntos más próximos al lugar de la acción. Lo anterior produce resultados generales óptimos, pues entran en juego conocimientos más vastos inmediatos y oportunos.

Delegar verdadera responsabilidad y autoridad. No deben modificarse pormenores ni hacerse comprobaciones previas.

Tener plena confianza en la capacidad de los colaboradores. En esto los jefes deben dar el ejemplo y no retener para sí las decisiones que deben tomar otros.

La función primordial de la plana mayor y los servicios auxiliares, es dar ayuda y consejo al personal de línea a través de un reducido número de personas experimentadas.

Conocer, entender y observar los objetivos generales, la estructura organizativa, relaciones, normas y medidas, sin que ello signifique necesariamente uniformar los métodos de llevarlas a la práctica.

·         Establecer una política de personal acertada, donde se aprecien los rendimientos y cumplimientos ,se establezcan premios a los que se desempeñan bien y se sustituya a los que no den la talla. (Cordiner, 1964)

 

En teoría esta concepción ofrece una posibilidad de solución a lo que Janos Kornai, refiriéndose a las intromisiones burocráticas, estimó como un aspecto irreformable del socialismo (Kornai,1992).En adición, la sociedad civil organizada armónicamente para producir jugará el papel que le corresponde, y el presupuesto nacional , así como el Estado, continuarían descongestionándose. Consecuentemente, no habría tal fin de la historia, aunque, indudablemente, por la diversidad de sus elementos componentes, encontrar las respuestas adecuadas y definitorias , así como el camino pertinente, demandará de profundos y sistemáticos estudios al respecto.

No obstante, es lógico que al integrarse en una sola organización las actividades económicas de una rama específica, la descentralización operativa y la centralización estratégica en el concepto marxista de "plan común" deban esclarecerse.

·         La planificación reinterpretada.

El concepto de planificación desde mi punto de vista, debe reinterpretarse. Deficientemente aplicado por el "socialismo real", fue adaptado por el capitalismo en base a sus intereses, como si fuera posible una completa planificación nacional al margen de una organización productiva única del país que contemple una sola forma genuina de propiedad social.

Entre las muchas definiciones de planificación existentes en economías mixtas, Godet presenta una de Ackoff que el primero ofrece como muy representativa: "La planificación consiste en concebir un futuro deseado, así como los medios reales para llegar a él."(Godet, 1993).

En esencia, la de los manuales soviéticos no difiere de la anterior. Sin embargo, los fundadores del marxismo contraponían el plan elaborado en condiciones de una verdadera propiedad social, a la anarquía de la producción y las crisis periódicas provocadas por la competencia entre los distintos tipos de propietarios fabricantes de un determinado producto sin compradores en las circunstancias del mercado capitalista, males que por cierto hoy aparecen amortiguados en los países desarrollados por facilidades brindadas para adelantar consumos, entre otros recursos condenados al fracaso.

Es necesario recordar cómo Engels utilizó el ejemplo de la unión en un trust de las 48 grandes fábricas inglesas de álcalis el pasado siglo para argumentar que aquí ya hay un plan, pero que ningún pueblo toleraría la explotación de la colectividad por un pequeño grupo (Engels, s.a. ( a ). pp.442-443 ). Siguiendo la teoría marxista , pienso que otra cosa sería si cada una de las 48 fábricas mencionadas hubiera sido transformada en una "sociedad cooperativa", las que estarían "unidas " bajo la organización de lo que fue el trust capitalista, ahora socializado y por ende desmonopolizado.

Consecuentemente con lo fundamentado por Marx y Engels acerca de la organización socialista general de la economía y teniendo en cuenta la existencia del mercado y por ende también del dinero, el cual sólo podría ser sustituido a escala planetaria si la ciencia corrobora la vía propuesta por Marx, se pudiera intentar una definición de planificación probablemente más palpable que las empleadas por la literatura socialista conocida al tener incorporadas las condiciones en que se realiza. Así, la planificación, en su esencia, podría entenderse como el proceso mediante el cual cada rama económica armoniza socialmente sus objetivos productivos en el mercado, de tal manera, que en el largo y el corto plazo todos los colectivos de productores que la integran garanticen la venta total de sus productos.

Para dicha armonización ya existen distintas prácticas en el mundo de hoy como son el marketing, (aunque aquí sería ramal), la experiencia japonesa en materia de coordinación interempresarial y la de muchas grandes corporaciones capitalistas con más de una fábrica que producen valores de uso iguales.

No obstante, de todas formas se necesitaría de la existencia de un núcleo central en el conglomerado que haga de contrapartida de las corporaciones y de coordinador entre ellas, así como que resuma los planes y garantice la dirección estratégica del sistema productivo.

Tal vez con la definición de planificación propuesta se ayude, entre otras cosas diferenciar la misma no sólo de aquellos procesos previsorios y secuenciales asociados más bien a la toma de decisiones en lo que respecta a la política económica sino de la propia estrategia de desarrollo económico con la cual a veces se confunde. La planificación pues, no debe igualarse a la programación.

Sin embargo, es importante resaltar que para que exista una genuina planificación las actividades de una rama deben estar agrupadas bajo una única organización. El hecho, tomando un ejemplo de tantos, que exista en Cuba un Ministerio de la Construcción por una parte y 14 empresas constructoras del Ministerio de la Agricultura por otra, impide que se pueda realizar una planificación auténtica en el sector constructivo. Incluso, de resolverse esta problemática, no debe extrañarnos que producto de la práctica anterior, se manifieste un exceso de capacidades al establecerse una competencia armónica en condiciones de mercado de la cual se beneficiaría - ¿ por qué no ? - el necesario capital extranjero asociado y por asociarse a las entidades que compongan las corporaciones.

No tener en cuenta las mencionadas condiciones de partida del concepto de propiedad social en lo que respecta a la planificación, es lo que a mi juicio ha limitado sus resultados tanto en los países del "socialismo real" como en los capitalistas.

En los primeros, los objetivos eran trazados en condiciones burocráticas bajo el cómodo amparo del presupuesto nacional y sin considerar la competencia armónica. En los segundos que la practicaban, ocurrió algo similar en su sector público, además de que la vida demostró la inviabilidad de tratar de orientar intereses privados rivales hacia un objetivo nacional.

Por demás, los objetivos nacionales y privados envejecían rápidamente debido a la propia turbulencia que crea en el entorno la competencia anárquica y ningún otro recurso similar bastó para dar respuesta al problema. Comienza a introducirse entonces en la segunda mitad de los años 80 la concepción de Planificación Estratégica en áreas específicas del sector público, idea que desde hace más de dos décadas introdujeron las grandes corporaciones transnacionales para resolver con nuevos métodos la rigidez que reveló el tradicional concepto de planificación, por lo que a esta última muchos prefieren llamarla hoy Dirección Estratégica.

Como parte de la moda de cambiar las palabras y los métodos correspondientes en el tratamiento del futuro en vez de hacerlo con las condiciones sociales de producción, se ha popularizado en los últimos tiempos la prospectiva, un ingenioso y activo recurso de reflexión colectiva que busca, mediante su "caja de herramientas" viejas y nuevas (los métodos de análisis estructural, los impactos cruzados, el Delphi, los escenarios, etc.) anticipar los acontecimientos en vez de sufrirlos, para dar pertinencia, coherencia, verosimilitud y transparencia a la acción estratégica. Concebida para el mundo empresarial, la prospectiva tiene un éxito creciente en organizaciones regionales y colectividades locales. Una de sus máximas, "El futuro es la razón de ser del presente", tendría con la aplicación del método prospectivo una más completa realización social en lo que respecta a la planificación a largo plazo en las condiciones de la organización socialista de la economía.

Sin embargo, la desburocratización y la flexibilización inherente a la idea expresada, no deben asociarse a un debilitamiento del control. El plan sería un importante componente de este último, pero habría otros.

·         Un control distinto

Quizás el aspecto más propiciador de control, tanto desde el punto de vista organizativo como el sicológico, sea el aislamiento de las corporaciones sociales del presupuesto nacional y por tanto sean sus miembros (productores-consumidores-ciudadanos a la vez) quienes soporten o disfruten los resultados de su trabajo. Por la misma razón se produciría una gran racionalización en los mecanismos internos de control. Sin embargo, es normal que existan controles externos. Uno de ellos sería el partidista, el cual podría estar dirigido sobre todo a los aspectos estratégicos del desarrollo de la sociedad, incluyendo su plasmación práctica. Otro, el parlamentario, estaría concentrado fundamentalmente en los planes y como estos cumplen los objetivos generales productivos. El Parlamento también atendería los proyectos económicos específicos y los reportes sobre la actividad de las corporaciones.

Mientras se justifiquen los ministerios globales, estos, como instrumentos del Estado, llevarían a cabo controles fiscales, laborales y de seguridad y asistencia social, así como los judiciales, ya que es vital velar por el cumplimiento de las leyes de la esfera, entre las cuales se destacaría la Ley de empresa. A propósito del tema jurídico, es necesario observar que, al menos durante el período de coexistencia con las formas de propiedad privada (transición), los fundadores del marxismo prevenían en cuanto a que la propiedad social sobre los medios de producción y la tierra no excluía de ninguna manera el mantenimiento de la relación de arriendo, de alquiler, vinculándola al posible pago de indemnizaciones. Ello matiza el propio control de la sociedad sobre esos recursos (Engels, 1973, p.391).

Por su parte el control crediticio jugaría el rol que le corresponde, mientras que no menos relevante sería el papel de la prensa la cual se comportaría en relación con la actividad económica pública como un verdadero centinela social. También serían importantes las asociaciones de consumidores.

Debe entenderse que las medidas enunciadas responden a la necesidad de cambiar las reglas de juego del socialismo en materia de control económico. Una mirada al caso de Japón demuestra que a pesar del desarrollo y complejidad de su economía, éste dispone de un aparato estatal-ministerial pequeño y eficiente para atender con una voluntad de equipo la esfera productiva (12), aunque a pesar de ello un importante teórico, Kenichi Omhae, considere a Japón un país todavía burocrático y proponga que los ministerios se transformen en organismos de consumidores (Contrapunto, 1992).

Pero aunque la esfera productiva que tratamos aquí es la que cubren las grandes agrupaciones de empresas estatales, es oportuno analizar teóricamente, y no sólo desde el punto de vista del control, el fenómeno de las pequeñas y medianas empresas en los países de orientación socialista.

·         Empresas menores y socialismo.

Probablemente no pocas personas, incluso de izquierda, se disgusten inicialmente si, en medio de los aires de cambio existentes, se insiste con la idea de que en el socialismo construido no podrían sostenerse las pequeñas y medianas empresas (PYME's) fuera de la propiedad social y, por tanto, serían absorbidas gradual y favorablemente para todos por ese más competitivo conglomerado productivo único, fundamentalmente de PYME's, que representa dicha propiedad.

Sin embargo, ello no debe traernos a la mente la colosal incompetencia que en general demostró el tipo de gestión estatal conocido en materia empresarial. Una pregunta puede hacernos reflexionar. ¿Cómo se las ingenia la gigantesca firma norteamericana McDonals para mantener una misma imagen competitiva a través de sus miles de pequeñas unidades dispersas por el mundo?

No es que se quieran hacer necesariamente loas a las franquicias o a las licencias, pero ya hoy debiera ser evidente que el gran tamaño de las organizaciones no tiene porque ser sinónimo de pesadez y torpeza, pues estos "atributos" los crean las trabas organizativo-burocráticas y las tecnologías obsoletas. Incluso, está reconocido y establecido que el paradigma de la gran producción en el presente es precisamente el de la masificación de la diversidad.

No obstante, en los países que construyen el socialismo, como Cuba, las pequeñas y medianas empresas privadas deben propiciarse sin espontaneidad, para evitar costosas quiebras, allí donde no serían suficientemente fuertes las corporaciones sociales o donde se requiera una determinada complementariedad productiva. "La pequeña producción -observó Marx- es una condición necesaria para el desarrollo de la producción social" (Marx, 1983ª. p. 698).

En condiciones de escasez de recursos la inversión privada y la ayuda o crédito a particulares proveniente de fuentes de ese mismo origen, significaría un impulso estratégico a la corporación nacional encargada de desarrollar y socializar con el apoyo de los bancos estatales una rama específica.

Sería inteligente establecer como política en materia de pequeñas y medianas empresas el ofrecer créditos más ventajosos a las empresas productivas cooperativas que a las de otras formas de propiedad y a todas las formas productivas prioritariamente en relación con las empresas comerciales. En el futuro y en el momento económico propicio, las empresas privadas mencionadas estarían económicamente motivadas a incorporarse a las grandes más competitivas, ya sea por la vía de la venta o de la unión voluntaria.

A fin de cuentas, ya Marx había observado en relación con la propiedad pequeño burguesa que "no tenemos que abolirla: el progreso de la industria la ha abolido y está aboliendo a diario" (Marx, s.a..(c), p.44). Y aunque hoy en los países altamente desarrollados las leyes antimonopolios evitan la absorción de las firmas menores que funcionan acertadamente para prevenir el debilitamiento de la competencia y los mecanismos de mercado, en el socialismo reorganizado la competencia sería armónica y al estar verdaderamente socializada la producción, el monopolio dejaría de serlo.

Todo ello debe llevar a la certeza de que si se organiza científicamente la orientación socialista del desarrollo económico, aquellas famosas preguntas de Lenin acerca de "¿Quién vencerá? ¿El capitalismo o el poder soviético?", no demuestran sino los vacíos teóricos de una época cuyo completamiento conceptual ocurrió más de tres décadas después con el aporte organizativo de las grandes corporaciones capitalistas. Ello haría viable lo que el mismo Lenin llamó "el régimen de los cooperativistas cultos" (Lenin, 1987 p.389).

·         Los precios: monopolio que no lo es.

Una de las categorías más centralizadas en el socialismo conocido fue la de los precios. A esto contribuyó fundamentalmente el tipo de propiedad estatal adoptado por esas sociedades.

Pero hay otra característica de los países socialistas vinculada al tema de los precios. Las circunstancias históricas del surgimiento del socialismo en naciones no precisamente a la vanguardia productiva, mostraron la aparente paradoja en materia de valor y de su manifestación en dinero, el precio, que mientras el desarrollo tecnológico llevó a los países capitalistas industrializados a disponer de la capacidad de producir cada vez más productos en el mismo tiempo de trabajo (o lo que es lo mismo, emplear cada vez menos tiempo en fabricar un producto), lo cual define el valor de los bienes y por ende su abundancia o escasez relativas, los países socialistas, retrasados en este sentido, se veían obligados en general a vender en las naciones capitalistas sus manufacturas más escasas a un precio menor al de sus competidores. Muchos ejemplos hay de esta situación.

El razonamiento nos lleva a pensar que el socialismo, incluso como bloque, no tuvo en cuenta el hecho de la unidad de la economía mundial y que por lo tanto, nadie puede sustraerse de la competencia internacional si no desea sufrir un descalabro en todos los órdenes.

Sin embargo, no sólo en lo internacional hay que aceptar el reto. En el plano interno y como base de la competencia hacia el exterior, la propiedad estatal está obligada a renovarse y a ser competitiva y atractiva en relación con las formas de propiedad restantes. Pero para ello los precios de los productos estatales deben estar descentralizados y reflejar la verdadera abundancia o escasez relativa del mercado, definidas, por el lado de la oferta, por la tecnología. Bajo este marco, y al estar vigente el período de transición, es a mi juicio válido para la nueva empresa estatal lo que Marx observó en las cooperativas privadas …"por el momento…los obreros asociados son sus propios capitalistas, es decir, emplean los medios de producción para valorizar su propio trabajo" (Marx, 1983b, p.460). En relación con ello, la famosa máxima de Lenin merece ser precisada: "el que no vende no come".

Cualquier exceso en materia de precios se detectaría a través de los controles que se establezcan para observar el cumplimiento del objetivo general de la producción social vinculado a la problemática de los precios (ver el punto 5 del cuadro #1), cuyo respeto modificaría por primera vez en la historia el propio concepto de monopolio aunque sólo existiera en el país de que se trate una sola fábrica del producto determinado. Bajo esta forma organizativa los precios estarían más fundamentados científicamente en su vinculación al ahorro y al consumo, a la vez que se haría obsoleto el ministerio o área de este que se ocupe del tema.

Es cierto que si, por ejemplo, analizamos una rama concreta en Cuba, puede existir un desarrollo tecnológico desigual en sus fábricas e, incluso, la más avanzada quizás esté por debajo de los estándares mundiales, no pudiendo por tal motivo aspirar a competir de entrada eficientemente en base a costos en los mercados importantes. Pero existen adicionalmente otros mercados, incluido el interno, donde obtener divisas para ir mejorando la tecnología. Además, se tiene la posibilidad de la asociación con firmas extranjeras de vanguardia, que son las que hay que atraer, y la propia fuerza que brinda la unión corporativa explicada, tanto en el aspecto económico como en el creativo. Sin embargo, la entidad productiva que no pueda lograr la rentabilidad debida a través de los precios deberá ser paralizada y repensada.

La estrategia aquí sería la de alcanzar un equilibrio tecnológico en el plantel productivo acorde con los niveles mundiales, lo que unido a la nueva concepción en la planificación, propiciaría la homogeneización y la tendencia a la reducción de los costos y los precios de las mercancías nacionales con iguales valores de uso.

El antecedente directo de esta práctica en la realidad actual son las grandes corporaciones capitalistas que al crecer a través de la historia asumieron su propia competencia interna.

·         Un ejemplo necesario.

En lo que pudiera ser un proceso de metamorfosis gradual de los ministerios ramales cubanos hacia formas corporativas desburocratizadas ajena al presupuesto nacional, debiera considerarse para los primeros la experiencia mencionada en cuanto a descentralizar hacia las empresas lo operativo y centralizar lo estratégico.

El propio Che Guevara, un estudioso de las técnicas utilizadas por las grandes compañías capitalistas de su época, se pronunció en 1963 por "…tener una determinada cantidad de decisiones a niveles jerárquicos superiores". Añadiendo a continuación: "Tampoco todas en el ministerio, una gran cantidad y cada vez más en las empresas y otras en las fábricas" (Pérez, 1979).

En tal sentido, imaginemos que aplicamos de forma muy general lo expuesto a una actividad específica de la economía cubana. Por su relevancia vamos a seleccionar a la industria azucarera, la cual ha tenido no pocos tropiezos en los últimos años y, aunque se recupera, aún se encuentra lejos de alcanzar su nivel productivo potencial.

Lo primero que debe precisarse aunque parezca una verdad de perogrullo, es que la misión de esta actividad es elaborar productos primarios y subproductos (azúcares, mieles, guarapo, bagazo, cachaza). Sin embargo, se insiste en ello porque tanto la producción cañera cono la de derivados de dichos bienes, se podrían integrar, respectivamente, a la corporación agrícola cubana y a la que les corresponda a los segundos de acuerdo con la rama en que clasifiquen.

Este principio de especialización en base a la separación administrativa fabril de la parte meramente agrícola, que hoy cuentan con un mando ministerial único, comenzó a aplicarse gradualmente en Cuba a partir de la propuesta en base a la multiplicación de la propiedad, del influyente conde de Pozos Dulces, realizada como consecuencia de la crisis financiera y mercantil de 1857 que afectó gravemente a la agricultura de la isla (Guerra, 1985, p.573)

La nueva idea, que recoge lo mejor de los dos sistemas conocidos, es ir a la transformación gradual de dicho aparato ministerial en una corporación azucarera, la cual deberá nacer desburocratizada y separada del presupuesto nacional para llevar a cabo su misión.

Partiendo de los objetivos específicos para la rama, que se basarían en los generales de toda la producción socialista, en dicha corporación estarían centralizadas las funciones estratégicas, es decir los aspectos financieros, la investigación - desarrollo (incluido el marketing) y la estrategia de desarrollo, a la cual estaría lógicamente asociado el proceso inversionista. Desde luego, los aspectos estratégicos se tratarían en estrecha y democrática vinculación con la base productiva de la corporación, es decir, las 156 centrales existentes (si el mercado no aconseja disminuir su número), los cuales desempeñarían descentralizadamente las funciones operativas de la organización corporativa, adoptando cada uno una forma de producción cooperativa acorde con la cuota que le corresponda del mercado (plan). Ello brinda una mayor claridad en cuanto a como aplicar la fórmula "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo", con vistas a eliminar el trabajo asalariado.

Las funciones operativas incluirían los acuerdos en materia de precios con los suministradores libremente elegidos y clientes, teniendo en cuenta que algunos precios les vendrían impuestos a las fábricas ya sea por la vía del mercado mundial o por virtuales acuerdos de alcance nacional sobre productos específicos.

También en las fábricas de azúcar se decidirían los asuntos de personal, las cuestiones de contabilidad, jurídicas, relaciones públicas y toda tarea funcional de carácter operativo. La elección de los dirigentes sería de abajo hacia arriba.

Finalmente, no puede perderse de vista que la materialización real de un empeño de tal naturaleza, por la complejidad y magnitud de las maniobras que ello implica, no pudiera decirse que pueda verificarse en lo inmediato, pero si es necesario comenzar, en primer término, a meditar acerca de este particular y sus efectos previsibles y, en consecuencia, comenzar a actuar en el sentido de ir generando las condiciones para, gradual y articuladamente, dar los pasos que sean aconsejables en cuanto al logro de los objetivos señalados.

 A MODO DE CONCLUSIONES: LOS LIMITES ENTRE LO PRIVADO Y LO DE TODOS

Después de examinar lo que ocurrió y ocurre con la inmensa mayoría de las empresas estatales a las que les fue aplicada una concepción organizativa similar en uno u otro campo político, y como continuación a la presentación de una visión nueva, aunque inacabada sobre la organización empresarial socialista, se estima necesario por su extraordinaria relevancia analizar con mayor profundidad el tema de la propiedad económica.

Aunque es enorme el desarrollo alcanzado en el mundo en disímiles esferas del saber, y no obstante constituir la propiedad sobre los medios de producción una cuestión tan omnipresente den la vida de cualquier país, el conocimiento científico acerca de este tema ha sido realmente pobre. Ello está estrechamente vinculado al velo que ha cubierto el pensamiento de Marx sobre el particular.

Como vimos cuando se examinó el párrafo donde el pensador alemán aplicaba las leyes de la dialéctica a la evolución de la propiedad durante el desarrollo del capitalismo en los países avanzados de su época, son sólo tres las formas evolutivas de posesión económica vistas desde el ángulo de quienes trabajan o no directamente: la propiedad privada individual, la privada capitalista y la individual, esta última ya como solución dialéctica. Las infinitas modalidades que a primera vista se manifiestan parten de estas posiciones de clase vigentes ante el trabajo directo.

La primera de ellas, también hoy llamada "trabajo por cuenta propia" o "autoempleo", fue anulada por las restantes formas de propiedad que se corresponden con las máquinas más productivas durante el desarrollo industrial capitalista. Los restos de esta forma inicial de apropiación están relegados en el presente a los campesinos individuales y las pequeñas producciones artesanales de las que aún no se puede prescindir.

La segunda sufrió una evolución histórica. Desde un solo dueño que explotaba a un número de obreros, y que está todavía presente en parte de la pequeña y mediana empresa mundial, hasta cientos de miles de accionistas para quienes trabajan los obreros de la organización, una proporción de los cuales puede que sean también accionistas de la asociación económica concreta. Este último estadio corresponde desde luego a las sociedades anónimas o por acciones, hoy ya de propiedad demasiado anónima, las cuales abarcan a las grandes corporaciones y conglomerados del presente y una proporción de las empresas menores.

Es interesante la observación que hizo Marx sobre estas sociedades por acciones al plantear que en ellas "el antagonismo aparece abolido negativamente" (Marx, 1983b, p.460). El antagonismo mencionado, que no es otro que el capital-trabajo, queda en ellas anulado debido a la multiplicación de los propietarios que trabajan o no directamente en relación con la variante de propiedad privada capitalista que viene de los inicios de este modo de producción, basada en un solo dueño que no producía a derechas. Sin embargo, dicha anulación la expresa Marx con signo negativo porque en dichas asociaciones económicas existen accionistas que no son obreros directos.

Esta interpretación del pensamiento de Marx se sustenta al contraponer éste las cooperativas privadas a las sociedades por acciones en el mismo párrafo de "El capital". En las cooperativas -se dice allí- el antagonismo "aparece abolido en sentido positivo".

Marx dio el nombre científico de propiedad individual al cooperativismo armónico (solución dialéctica) pues apreció que lo privado, tanto en lo que se refiere a la explotación que produce la forma capitalista, como al aislamiento de las cooperativas de grupos y del trabajador por cuenta propia, desaparece allí. Lo privado en un grupo cooperativo sólo quedaría erradicado en el socialismo, al organizarse una unión de cooperativas y por tanto conformarse una gran colectividad.

Teóricamente esta asociación de cooperativas la fundamentó Marx a partir de la utilización de la tríada del desarrollo que viene de los filósofos griegos y que después había perfeccionado Hegel. A través de la Ley de la negación de la negación, la afirmación o tesis (la propiedad privada individual) es negada por la negación o antítesis (la propiedad privada capitalista dada en las grandes corporaciones, su mayor logro), la que a su vez se niega por la negación de la negación o síntesis (la propiedad individual o cooperativismo armónico), que en un plano superior conserva rasgos de ambos estadios precedentes.

De hecho, lo que Marx planteó como síntesis prospectiva es también hoy, pudiera decirse, una suerte de híbrido entre los dos sistemas socioeconómicos conocidos en este siglo y por tanto se revela un tercero con lo mejor de ambos que nunca ha existido, ni siquiera en la Yugoslavia de la autogestión también en alto grado burocrática. Desde el punto de vista de la interrelación base - superestructura en la esfera de la producción material, las características generales de los tres sistemas teóricos son:

a.        El capitalismo, donde unos pocos ministerios y organizaciones estatales o paraestatales vinculadas a la esfera productiva regulan desde el punto de vista de los intereses del estado la actividad de una mayoría de empresas privadas con independencia estratégica y operativa, las que compiten anárquicamente entre sí en un campo determinado.

b.        El llamado "socialismo real", donde un órgano de planificación central y numerosos ministerios y organizaciones estatales ligadas a la a la producción material deciden, desde el punto de vista de los intereses del estado, sobre la actividad estratégica y operativa de una mayoría de empresas estatales que no compiten entre sí.

c.        El socialismo remodelado, en el cual un núcleo central coordinador y distintas corporaciones separadas del presupuesto público, y con las funciones estratégicas centralizadas, organizan ramalmente la producción a través de cooperativas sociales con gestión operativa descentralizada, de manera tal que la competencia armónica entre estas últimas equivalga al plan nacional del producto que corresponda.

Se pueden verificar, y de hecho se han verificado, variantes de lo expuesto, pero estas parten de mezclas de rasgos de los sistemas descritos. La llamada "tercera posición" socialdemócrata, hoy con una lógica crisis de identidad, es un ejemplo de ello, fundamentalmente en lo que respecta a los dos primeros enunciados.

Precisamente, el socialismo real fracasó porque la supuesta síntesis que representaba no portó los atributos de la tesis y la antítesis precedentes. La falta de dominio teórico y las características de las sociedades de partida motivaron esto.

Así por ejemplo, difícilmente del Japón de hoy pueda surgir un socialismo repleto de ministerios e hipercentralizado donde todos en el sistema productivo sean asalariados y por tanto nadie se sienta realmente dueño de nada. La propiedad de todos no es la propiedad de nadie, como criticó en el tiempo Yuri Andropov. En realidad, por no ser verdaderamente de todos es que esa propiedad tenía que ser necesariamente de nadie, lo cual trajo y trae toda una secuela de aberraciones y delitos.

Según opinó sobre el tema el jurista búlgaro Konstantin Katzarov, especialista de reconocido prestigio mundial en materia de nacionalizaciones, "La idea de que cada ciudadano o cada obrero es propietario de todas las empresas estatales es, en efecto, demasiado abstracta para ser asimilada fácilmente por el obrero y por el consumidor. En cambio, la idea de que determinada empresa pertenece no a un propietario privado, sino al Estado en la persona de los obreros y de los empleados de la empresa es más concreta y aceptable" (Katzarov, 1963, p.389). Algo así como un "ciudadano de la empresa" de acuerdo con la expresión de un autor francés que el propio Katzarov cita en el mismo material.

Interesantes coincidencias con el socialismo que para la etapa de transición, por existir todavía el Estado, esbozó Marx en el pasado siglo. En Marx, la propiedad del pueblo, del ciudadano, del productor, sobre los medios de producción, es real, lo que ocurre es que se hace superflua, implícita e innecesaria su mención al ser todos propietarios con igual rango, como mismo ocurriría con el grado militar en un ejército de generales de cinco estrellas.

La propiedad social es una forma de organizar la propiedad humana, no de anularla, lo cual ocurrió en el socialismo burocrático conocido, también la organización es lo que debe diferenciar la propiedad social marxista de las formas privadas. La competencia armónica o emulación, en la primera es lo que se contrapone a la competencia anárquica entre las segundas, pero para ambas los precios deben expresar irremediablemente la escasez o abundancia relativa de los factores, mientras el dinero no pueda ser sustituido. En correspondencia, desestatizar no significa necesariamente privatizar, puede denotar también socializar si hablamos de una propuesta donde las corporaciones sociales autofinanciadas sustituyen a los ministerios en lo que se refiere a sus funciones de administración de empresas.

Lo ocurrido finalmente pudiera considerarse como una derivación de la existencia de dos alternativas de Estado al enfrentase la construcción socialista, uno con tendencia a ampliarse y por tanto a burocratizarse aún más en relación con su antecesor, y otro con inclinación a reducirse gradualmente hasta desaparecer en un futuro indeterminado.

En el primero, los obreros no lograron sentirse verdaderos dueños pues no podían decidir descentralizadamente a partir de objetivos generales, su propia sindicalización como contraparte de la administración fue uno de los síntomas de esta situación.

Y de eso se trata, que la decisión que expresa la propiedad social o lo que es lo mismo la propiedad individual del socialismo, sea por su libertad de opción como la privada que conocemos, pero que quienes la protagonizan tengan las condiciones organizativas creada para actuar como nación. Elementos vitales serían el estudiar las formas de arriendo recomendadas por los fundadores, la adecuada configuración del eje centralización- descentralización en las agrupaciones de empresas, el diseño preciso de los objetivos generales de la producción, así como el desempeñarse independientemente del presupuesto nacional conocido, pues toda actividad económica ajena al gasto público forma parte automáticamente de algunas de las modalidades de la propiedad humana.

De ello depende que la segunda posibilidad de Estado, aquella donde la burocracia que subsista aparezca subordinada al productor social, se abra pasa gradualmente por primera vez. Así, al extinguirse dicho Estado, dejaría un modo de producción científicamente organizado (el medio) cuya construcción desde ahora es estratégica pues equivale al ser social, el cual para los marxistas determina la conciencia social o sea, el pensar del hombre nuevo (el fin) al que la humanidad aspira. También se identifica dicho modo con una buena parte de la sociedad, no con la civil, pues ya no habría Estado o sociedad política al cual contraponerla, como está de moda hoy, sino con esa importante proporción de la sociedad armónicamente organizada para producir, la cual iría ganándole espacio gradualmente a la sociedad de las formas no socialistas, durante el necesario tránsito.

En consecuencia, y al decir de Engels sobre el futuro socialista, "El gobierno sobre las personas sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción" (Engels. s.a., (a), p.446). Ello no es una utopía pues la existencia de muchos ingredientes y expresiones de socialismo en el mundo de hoy, brinda la debida solidez práctica a la voluntad teórica para que esta última pueda conceptualizar lo que sería la revolución definitiva del socialismo científico: la de su modo de producción.

Diciembre de 1996

Agradecemos al Lic. Luis Marcelo  y al Instituto Nacional de Investigación Económica de Cuba por permitirnos la reproducción de su artículo.

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