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Rodney Arismendi

Homenaje a Rodney Arismendi -Gerardo Caetano

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Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si
no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la
tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda
lastimado... Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna,
en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos
hollando el polvo... Los 7 ojos míos en la contemplación del mañana... Mis
manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma
de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.

Alfredo Zitarrosa

Palabras de Gerardo Caetano
Homenaje a Rodney Arismendi

12/11/2008

Muy buenas noches. Quiero decirles antes que nada que me siento muy honrado
y muy contento de estar entre ustedes, de estar en este día, conmemorando
los 95 años del nacimiento de Rodney Arismendi. Y quiero decirles que me
produce una particular honra atravesar esta figura, mirarla con esa
perspectiva larga que buscamos los historiadores, y tratar de encontrar en
él la silueta de tradiciones, de pueblo, sus legados. Y créanme que me honra
particularmente hacerlo desde mi condición: Yo no soy comunista, no fui
comunista.

Pero creo a veces que para encontrar el alma de ciertos partidos, el alma de
ciertas tradiciones, el núcleo vivo de ciertas figuras que trascienden su
origen ideológico, su trayectoria política, a veces, mirarlos desde otro
lugar descubre cosas. Y créanme hace muchos años que me viene provocando la
figura de Arismendi. Y más aún, atrás de la figura de Arismendi esa
tradición tan relevante en la historia de la República, la tradición
comunista.

Una tradición cargada de una historia gigantesca que va más allá de la
ideología, que comporta compromisos humanos, con carga de ideas pero también
con carga de hombres. Hace años que vengo bregando entre mis estudiantes
para que alguno de ellos haga una de las biografías más importantes que le
falta a este país. La biografía de Rodney Arismendi. Sin duda uno de los
uruguayos más relevantes del siglo XX. Una de las figuras políticas
centrales de este país. Tal vez las anteojeras del provincianismo o del
anticomunismo han podido opacar esa realidad que rompe los ojos. Rodney
Arismendi por su trayectoria política, por su proyección internacional que
lo hizo una de las figuras de referencia de una de las dos superpotencias
del siglo XX. Fue sin duda una de las figuras políticas más relevantes.
Diría algo más, fue tal vez uno de los políticos más renovadores y más
exitosos con una mirada estratégica, cargada de historia.

Por eso ese afán de  entender a Arismendi, de encontrar su mejor versión.
Pero a través de él, de llegar a lo que más me importa, la tradición
comunista. Ese color absolutamente indispensable. Esa historia que está
todavía por hacer, por reconstruir, esa gran aventura hecha desde un enfoque
ciudadano y hecha también desde el oficio, desde la mirada del historiador,
créanme, es una tarea extraordinariamente provocadora y relevante.

Rodney Arismendi es una figura con perfiles muy particulares. En primer
lugar nació en Río Branco un 21 de marzo de 1913. Tratemos de advertir lo
que podía ser Río Branco, ese Uruguay profundo, esa aventura que llevó a
aquel uruguayo nacido en la frontera pobre a –como vemos en las fotos
maravillosas del hall- caminar junto a figuras que marcaron la historia
universal de su siglo.

¿Qué hubo en esa peripecia? ¿Qué hubo en aquel militante social y político
que fue primero dirigente estudiantil y luego, como tantos uruguayos, marcó
su compromiso de vida en la lucha contra una dictadura, marca indeleble? En
este país las generaciones que se formaron luchando contra una dictadura
incorporaron una marca indeleble, incorporaron una carga de futuro. Rodney
Arismendi nació al compromiso político luchando contra una dictadura pero
además incorporándose en esa dimensión que tanto cultivó y que sin duda lo
llevó a ser comunista, esa dimensión internacional, esa concepción radical
de que la lucha política no podía terminar en la frontera, que él era
compañero de otras luchas, en otros lugares del planeta. Y que su proyecto
de vida no podía sino encontrarse en una lucha que o era internacional o no
era.

Es el Uruguay, no solo el Uruguay comunista. El Uruguay es internacional o
no es. Y aquella generación que sintió como propio el oprobio de la
dictadura franquista  y respaldó a los republicanos. Aquellos uruguayos,
aquella generación que nació al mundo tratando de respaldar la lucha contra
el fascismo emergente. Aquella generación que vinculaba sus compromisos
políticos locales con esa visión de mundo. Aquella generación estaba cargada
de futuro. En esa generación Arismendi nació a la vida política, en esa
generación Arismendi recogió desde su mirada, desde un origen muy humilde,
la necesidad de construirse comunista.

Cuarenta y siete procesos en su enfrentamiento a la dictadura terrista. La
“dictablanda” con Arismendi no fue tan blanda. Cuarenta y siete procesos que
en el marco de la lucha contra el fascismo, en el marco de esa proyección
internacional de su compromiso, lo llevaron a construir su visión teórica.

 Uno de sus primeros libros “Para un prontuario del dólar” es de 1947. Y
adviertan ustedes ya el anticomunismo, y miren que en este país, bueno, que
les tengo que decir a ustedes, en este país hubo mucho anticomunismo, ese
segregacionismo, maldito  como todo segregacionismo. Y hubo mucho
anticomunismo después de la guerra. Allí, en un contexto difícil, el Partido
Comunista obtiene una gran votación, 1946. Y allí por primera vez Arismendi
se hace parlamentario.

No se puede hablar de Arismendi sin recordarlo como uno de los
parlamentarios más relevantes que tuvo este país. Y repito, no lo digo desde
la adhesión a un partido. Lo trato de decir pesando cada palabra. Lo han
reconocido los parlamentarios de todos los partidos, lo reconocieron cuando
cumplió 25 años de vida ininterrumpida en el parlamento. Era un
parlamentario que sabía la oratoria del hemiciclo pero que sobre todo sabía
la construcción republicana de la ley, que construía la libertad en los
corrillos, negociando, negociando. Ese gran legado negociador que Arismendi
le dejó al partido comunista y al movimiento sindical uruguayo. Pensar en
Arismendi y no pensar en un gran negociador, pensando siempre la
construcción de avances para los trabajadores, de avances para la enseñanza,
de avances para la cultura, de avances para los necesitados, es impensable.

Tal vez en ningún ámbito se sintió más grato que en el parlamento y no era
de los parlamentarios que son haraganes en la fragua cotidiana pero salen
cada tanto con oratorias rutilantes en los plenarios. No. Por ejemplo, en la
ley más difícil, que prueba a cualquier  parlamentario como es la ley de
presupuesto, Arismendi era clave. Todos los presupuestos que el vivió como
legislador -¡todos!- tuvieron en él a un constructor fundamental.

Era un hombre muy culto. Su vocación cultural era inherente a su manera de
concebir el humanismo. No podía entender que un hombre comprometido con la
sociedad no fuera culto. Y eso no nació con él en el partido comunista, por
cierto, pero con él adquirió, como ya se ha dicho, una dimensión muy grande.
El partido comunista uruguayo, que supo construir Arismendi con otros
muchos, fue un partido en donde hubo mucha cultura. Fue un partido donde
muchas figuras extraordinarias de la cultura encontraron un lugar. Fue ese
partido, liderado por Arismendi, que logró, momento estelar de la historia
de la cultura y de sus cruces con la política, nada menos que la adhesión de
Paco Espínola, un 27 de agosto de 1971. Paco Espínola que en su discurso
justificaba su adhesión al partido comunista en su naturaleza profundamente
cristiana. Paco Espínola que quería sentir en carne propio el
segregacionismo anticomunista que el había visto en otros, en su hija, en
Mecha Espínola, que fue quien firmó el carné de afiliación de Paco.

Ese partido tuvo nada menos que a esa “voz de otro” que encarnó en Alfredo
Zitarrosa. Ese partido tuvo a historiadores como Lucía Sala, como Julio
Rodríguez, como Nelson de la Torre, antes había tenido a Jesualdo. Tuvo a
filósofos. Tuvo a pintores en este país de pintores. Tuvo a poetas. Y si
repasamos los líderes sindicales que llegó a tener ese partido, bueno,
impresiona, eran gigantes.

Ese hombre debería tener algo para acaudillar una fuerza política que pudo
construir una tradición tan honda, tan fuerte, tan plural, tan diversa.

Era un lector incansable. Dejó para el debate que le gustaba, que provocaba,
muchas obras que deben ser recogidas como seguramente le hubiera gustado a
Arismendi: desde la crítica, desde el debate por todo lo alto, fuerte. Ese
debate que tanto nos falta. “Problemas de la revolución continental”, antes
“La filosofía del marxismo y el señor Haya de la Torre”, su polémica con
Haya. “Lenin y la revolución en América Latina”, “Uruguay y América Latina
en los años 70”, sus artículos en la revista ESTUDIOS, sus discursos
extraordinariamente relevantes en los distintos  congresos del partido
comunista. Algunos de ellos que marcaron una época. No solamente una época
del partido comunista o de la izquierda. Que marcaban una época de la
historia uruguaya.

Sobre su perfil internacional ¿qué puedo decir? Los convoco a que miren las
fotos  que lo muestran en los cinco continentes con figuras gigantescas,
interlocutor principal de múltiples líderes políticos.
Y un hombre serio, un político serio. Tan serio que no ocultaba sus
diferencias. Incluso con sus amigos. Hay una imagen inolvidable de Rodney
Arismendi. En el documental de la  reunión de la Organización
Latinoamericana de Solidaridad, en la OLAS, en donde toda la tribuna
aplaudía y había un solo hombre con los brazos cruzados que no aplaudía. Ese
hombre era Rodney Arismendi.

Era Rodney Arismendi que, en épocas donde con mucho amor, y con mucho
romanticismo y con mucho idealismo, que hay que reivindicar, generaciones y
generaciones de jóvenes dieron su vida pero muchas veces la dieron sin el
continente necesario de figuras gigantescas y serias como ese Rodney
Arismendi que fue dique contra los violentismos. Que supo serlo en el peor
momento.

Honra permanente para una figura capaz de fundar sus convicciones en
momentos tan difíciles y de manera tan radical. Porque era un radical, claro
que era un radical. Su radicalismo genuino, no impostado, era el radicalismo
de los trabajadores que no necesitan –como decía Zitarrosa- tener una
pistola en la cintura para saberse plenamente revolucionarios.

Fue ese político serio que mirando lejos, en 1955, mirando lejos y
reivindicando esa dimensión de historia que tiene la política, la política
bien entendida, que no mira la elección del próximo año sino mira por los
tiempos, mira más allá de uno, mira la historia, tiene un sentido de
historia. Él lo tuvo y cuando era difícil imaginarlo, imaginó un gran
partido comunista, un partido que no se consolidara solamente como un
aparato político. ¡No! Que fundara una tradición, que incorporara redes de
trabajadores,  de la cultura, que convocara a los jóvenes, que los convocara
seriamente, con responsabilidad, cuidándolos, porque son la clave del
cambio. Sin paternalismos,  pero cuidándolos. Que convocó a tantas familias,
porque si hablo de una tradición comunista estoy hablando de familias en
donde, no por imposición sino por amor, los hijos y los nietos se hicieron
orgullosamente comunistas como sus padres y sus abuelos.

Fue desde esa seriedad que miró lejos. Y vio la necesidad de fundar un
movimiento sindical único, marcando junto a una generación de gigantes uno
de los perfiles más importantes de la democracia uruguaya: una central
sindical única, sin corruptos, una central sindical seria, pluralista, que
en los momentos más difíciles supo demostrar su compromiso inclaudicable con
la democracia.

Esa misma seriedad estratégica que lo llevo a imaginar -cuando casi era
inimaginable- un gran partido comunista, que lo llevó a imaginar en la
necesidad de aportar junto con otros en un gran movimiento sindical, fue la
que lo llevó a pensar en la unidad política de la izquierda como una
contribución central para la democracia uruguaya y para la transformación
del país.

No es casual, no fue casual que fuera un hombre de confianza radical del
general Seregni. Tenían la misma seriedad. En aquella generación de los
fundadores del Frente Amplio había personas muy serias. Y obviamente que no
pensaban igual. Pero cuando hablaban, hablaban desde la seriedad, de los
compromisos vitales que no tienen retorno, hablaban sintiendo que más allá
de ellos sus figuras portaban pueblo, trabajadores, jóvenes, pulsión,
sentido de historia.

Por eso cuando cayó la dictadura el partido comunista estuvo allí. Y
créanme, he tenido el calvario de ver los archivos de la represión, es un
calvario. No se imaginan hasta donde esa dictadura fue siniestra. Y créanme,
lo dice el historiador, desde la verdad debo decir que el gran partido de la
resistencia fue el partido comunista.

No hay como negarlo. Lo pudo ser desde el comienzo y hasta el final. En los
momentos más duros, en momentos terribles, como el 75, el 76, el 77,  cuando
aparecían movilizaciones en una fábrica, jóvenes haciendo una volanteada por
la libertad de Seregni, allí estaban los comunistas.
Yo pude ver el fichero del partido. Y es momento de contestar de la manera
más rotunda los agravios incalificables que quisieron manchar con la
acusación de la traición nada menos que a Rodney Arismendi. No estaríamos
aquí si hubiera habido la mínima señal de traición. Ninguno de ustedes
estaría aquí. Yo no estaría aquí. Él no estaría aquí (señala al Chato). Pero
allí en ese fichero había miles de uruguayos, miles. Es impresionante
advertir la cantidad gigantesca del número de militantes comunistas que
había podido construir la base de ese partido. En la historia uruguaya no
hay ningún otro ejemplo de una relación militante/votante que se pueda
acercar. Son decenas de miles.

Y Rodney Arismendi, como bien se ha dicho, en el exilio fue organizador.
Líder de esa patria que también luchaba contra la dictadura. Y buscó
caminos. Fue por eso que cuando regresó su partido estaba esperándolo. No
solo su partido. Los jóvenes que nunca lo habían visto, jóvenes de otros
grupos, jóvenes que ni siquiera eran del Frente Amplio pero que sentían la
leyenda de Rodney Arismendi. Y volvió y tenía mucho por hacer.

Quería la transformación, quería ver como enfrentar lo que le pasaba a la
Unión Soviética, quería que Gorbachov tuviera razón. No tuvo el personalismo
de eternizarse y buscó transferir la secretaría general. No quiso ser
senador. Quién iba a pensar que en el cuarto lugar de la lista iba a salir
senador. Y la muerte lo encontró un 27 de diciembre de 1989. Adviertan
ustedes: se caía el muro de Berlín. Aquellas  figuras que él había conocido
estaban viviendo el final. El mundo por el que él había luchado y en el que
él había creído se derrumbaba y el partido comunista en Uruguay obtenía el
10 por ciento del electorado. Y no solamente por la propaganda.

Por eso a noventa y cinco años del nacimiento de Arismendi yo creo que la
mejor respuesta que se puede dar, lo dice alguien que no es comunista,
(repetido sacar) es estudiar e historiar  esa rica tradición comunista. Lo
necesita no solo la izquierda sino el Uruguay. Necesita los perfiles de esa
tradición política que no solamente se funda en ideología, se funda en
compromisos humanos imperecederos. Pasará Marx, sino ya pasó. Pero no
pasarán los compromisos humanos de tantas generaciones de trabajadores, de
tantas generaciones de jóvenes; no pasarán esos estudiantes que se hicieron
comunistas en el peor momento y que arriesgaron su vida; no pasarán la
valentía para enfrentar el garrote, la tortura, la desaparición; no pasará.

Por eso, queridos amigos, mucho se podría decir de Rodney Arismendi, pero
creo que nada mejor, nada que a él le hubiera convencido más, nada que a la
República toda, se mire por donde se mire, le hiciera mejor favor que ver en
Arismendi esa tradición comunista rica, que ver en Arismendi “la sombra de
Gancio y de Mora, de Fernández, de Mendiola,” de ver en los versos del poeta
“la canción más madura, que será la que cante puras razones, que ya son
muchas, del compañero que lucha sin pistola en la cintura”, de recordar de
manera indeleble el nombre de la “carne horadada, de la vida más amada, la
desarmada”. De recordar, de no olvidar nunca! Superando litigios,  superando
rencillas, superando quiebres, superando fracturas; de recordar, que hace
falta, de recordar a Zitarrosa que en sus versos recogía la tradición
comunista:

Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si
no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la
tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda
lastimado... Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna,
en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos
hollando el polvo... Los 7 ojos míos en la contemplación del mañana... Mis
manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma
de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.

Muchas gracias
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