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La aceleración de la historia. Juan A. Grompone.

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La aceleración de la historia

Juan A. Grompone.


El siguiente es el texto de la intervención del Ing. Juan A. Grompone en la inauguración del Encuentro sobre "Vigencia y Renovación del marxismo", que tuvo lugar el 15 de noviembre de 1996 en el Cabildo de Montevideo. El Encuentro prosiguió al día siguiente en 4 talleres de debate en la Facultad de Ciencias Sociales.

    Ante todo quiero agradecer la enorme responsabilidad que se me ha dado de introducir el coloquio que se va a realizar acerca de la renovación del marxismo. Siento que la responsabilidad es muy grande y pienso que se me otorgó por haber publicado un artículo que se llama "Sobre la aceleración de la historia" en la revista "Galileo". Es un artículo puramente especulativo. A su vez, ha sido comentado en un excelente artículo en "Brecha" por Niko Schvarz, que salió la semana pasada. El tema fue la aceleración de la historia. De esto estamos hablando: de un artículo que está escrito e impreso. Por supuesto, no tiene ningún sentido repetir lo que dice el artículo, repetir lo que ha dicho en forma excelente Niko para Brecha, sino que voy a hacer una especie de resumen para los que no han podido acceder a él, agregarle algunos comentarios y dejar un pequeño espacio al final para algunas preguntas que tienen que ser no de tipo polémico sino de tipo aclaratorio, es decir, alguna cosa que haya quedado realmente en el tintero; porque la polémica, el debate, es lo que sigue mañana.

    Entonces, para entrar en el tema, el motivo de este artículo sobre la aceleración de la historia fue tomar una ley o una seudoley que se llama ley de Adams, que era simplemente una ley empírica que descubrió un señor Adams del cual no tengo ninguna referencia, excepto la referencia directa a la ley.

    Lo que se proponía estudiar Adams era la separación en el tiempo entre un nuevo descubrimiento de tipo tecnológico y la aplicación de ese descubrimiento.

    Naturalmente, encontró lo que todos sabemos: que cada vez demora menos en aplicarse el conocimiento científico y tecnológico, es decir, lo que hace tres siglos demoraba cien años en ser aplicado ahora demora cinco.

    Y todo esto lo puso en forma de ecuación matemática que resumía cientos de datos experimentales, cientos de casos que había estudiado. Eso se conoció con el nombre de ley de Adams, y fue publicado allá por los años 60.

    Esa ley de Adams, como toda seudoley o como todo resultado de la especulación matemática, provocaba mucha risa por un elemento muy curioso, y es que dicha ley decía que aproximadamente en algún momento del siglo que viene los descubrimientos se iban a aplicar en forma instantánea, es decir, se venía achicando el tiempo que demoraba entre el descubrimiento y la aplicación tecnológica y entonces, si uno extrapolaba los datos que daba la realidad, en algún momento del siglo próximo no iba a haber distancia en el tiempo, se iban a aplicar instantáneamente los conocimientos generados; y naturalmente, pasado ese límite, iba a ser al revés: los descubrimientos iban a ser aplicados antes de ser realizados, es decir se iba a dar el disparate. De modo que por eso, siempre fue considerada una ley disparatada, un resultado matemático cualquiera y punto.

    Si embargo, a mí me resultó agradable esta idea de que algo iba a pasar en el siglo que viene porque hace como veinte años que estoy preocupado de dar una simple respuesta, que es cuándo termina el capitalismo. Este tema lo voy a tener que mencionar más de una vez, de modo que permítaseme por ahora dejarlo nada más que como una simple inquietud. Hace más de veinte años, cuando escribí un folleto que se llamaba "Las leyes de El Capital", una de las preguntas que surgía era: todo esto ¿hasta cuándo sigue? Pero hace veinte años no tenía una respuesta.

    Cuando yo leí sobre la ley de Adams se me ocurrió que esto podía tener algo que ver y retomar la vieja especulación. Es decir, que volvamos a especular sobre este viejo tema del fin del capitalismo. De allí salió algo que, en broma, podríamos llamar "Ley de Grompone", que es una especie de Ley de aceleración de la historia que está en el artículo y que es bien de ciencia ficción, como dice Niko Schvarz, porque la historia humana, en definitiva, uno la puede remontar a los dinosaurios. Es decir, la caída de los dinosaurios provoca el ascenso de los mamíferos, que a su vez provoca todo este lío que termina en la aventura humana, en definitiva, y sin embargo todo eso parece enganchar bastante bien en una super ley de Adams.

    El hombre, si uno lo piensa como animal, como animal en evolución en el sentido darwiniano, es un animal muy curioso, porque la evolución como especie en determinado momento se prolonga por algo externo al hombre. El hombre evoluciona como ser biológico hasta que en determinado momento, hace cuatro o cinco millones de años, no pudo continuar en esa evolución en forma puramente biológica y tuvo que continuarla con objetos externos, lo que nosotros llamamos herramientas. El único ser viviente que tiene la característica de que su evolución biológica está vinculada a objetos materiales que lo rodean, al mundo material que lo rodea, es el hombre, y eso empezó lentamente, en algún momento, hace tres, cuatro, cinco millones de años, en Africa, según el estado actual de nuestros conocimientos.

    Esta es la versión que podemos dar de aquel noble intento que se llamaba "El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre" de Engels, un noble intento del siglo pasado por conciliar de progreso, la idea de la historia material del hombre con la nueva idea de evolución que acababa de surgir en aquel momento. Hoy podemos refinar bastante más esta idea que Engels ya enunció y que ya de alguna manera puso en borrador en ese trabajo.

    De modo que el estudiar el problema de las herramienta y la tecnología es de alguna forma el problema central de la especie . Es un problema esencial, no es problema lateral. Las herramientas no son otra cosa más que tiene el hombre: las herramientas son el hombre; el hombre sin herramientas regresaría a algún punto hace dos o tres millones de años. La historia del hombre y la historia de las herramientas son algo absolutamente ligado.

    Volvamos a la predicción, para ver, qué sucede con estas ecuaciones matemáticas que nos dicen: algo pasa con la tecnología del siglo que viene. Supongamos que les creemos, porque las fuentes de la especulación científica salen a aceptar una determinada idea por loca que parezca y prolongarla, continuarla para ver sus consecuencias. Entonces, aceptemos esa idea: algo pasa en el siglo que viene. Una de las primeras cosas que predice alguna de estas ecuaciones es que la población crece desorbitadamente en el planeta, pero esto, precisamente, es uno de los síntomas que nosotros vemos. Una de las tantas cosas que se anuncian en estos tiempos es que el crecimiento exorbitante de la población humana genera un problema para la especie humana. En segundo lugar, vemos que hay crisis en la producción de tecnología. Evidentemente, si uno examina cada una de las ramas de la tecnología, hay algunas que son extraordinariamente prósperas, como el caso de la microelectrónica. Esta es una rama que crece incesantemente, estamos embarcados en medio de la revolución de la microelectrónica, que se basa en hacer más chicos los elementos electrónicos. Pero hay un límite físico para eso. De modo que esta revolución que va a toda velocidad se tiene que estrellar, en un tiempo que nadie puede predecir pero que no pueden ser muchas décadas, contra los límites físicos de la materia. No se van a poder hacer elementos electrónicos más chicos que los que permita la mecánica cuántica; que lo que permita la estructura de la materia. De manera que nuestra más revolucionaria tecnología, que es la microelectrónica, se va a estrellar en algún momento en el futuro cercano.

    Estamos llegando a los límites de los instrumentos científicos. Por ejemplo, el instrumento de exploración de la materia, que es el acelerador de partículas, ya tiene dimensiones geográficas. Un acelerador de partículas hoy es un aparato científico que tiene 50 kilómetros de diámetro. En el acelerador de partículas en Europa, en Suiza, las partículas que se aceleran dan la vuelta por Francia, y vuelven a entrar en Suiza, es decir, recorren la frontera y salen dos veces de la Comunidad Europea cada vez que dan una vuelta por el acelerador. El siguiente, prácticamente ya no se puede hacer, porque vamos tal vez a estar en varios cientos de kilómetros y ni siquiera la estabilidad de la corteza terrestre va a permitir la alineación de este instrumento. De modo que es dudoso que se pueda construir un acelerador de partículas más grande. Yo no digo que es imposible, porque a veces surgen ideas revolucionarias que permiten vencer estas dificultades, pero es por lo menos dudoso. Ya Ferni, por ejemplo había anticipado, hace como veinte años, que tal vez la única solución para los aceleradores de particulas era acelerar las partículas alrededor de la Tierra, es decir ponerlas en el ecuador terrestre, hacer un gigantesco acelerador en órbita. Pero eso, definitivamente, será el último acelerador, porque una vez que hagamos ese superacelerador que proponía Ferni no tendremos otra posibilidad.

    De modo que estamos llegando a los límites de los instrumentos científicos. Ya no podemos construir más telescopios, por ejemplo. Los telescopios que se construyan hay que ponerlos en órbita, porque ya no tiene más sentido construir un telescopio terrestre ya que no aumentaría la resolución debido a los problemas atmosféricos.

    Veamos el agotamiento de los recursos naturales. Ese tema y la contaminación del planeta son tema de todos los días, que están anunciando algo. Todos estos acontecimientos de alguna manera son pequeñas advertencias: miren que pasa algo, no puede seguir así el crecimiento de la población, no pueden seguir así aumentando los instrumentos científicos, no puede seguir aumentando así el despojo de la naturaleza, no se puede seguir contaminando de esta manera. De modo que, en forma cualitativa, uno también tiene evidencias de que algo va a pasar y próximo.

    Por supuesto, la idea de catástrofe es una idea tan vieja como la de progreso. Uno de los libros de la Biblia es el Apocalipsis, precisamente anuncia la catástrofe, la catástrofe de la humanidad. Naturalmente que las utopías renacentistas también anunciaban catástrofes. Malthus anunció una de las más célebres catástrofes de la humanidad. Todas estas catástrofes tienen un par de características comunes: primero, que no ocurren, ninguna de esas catástrofes anunciadas sucedió. De modo que predecir catástrofes es muy fácil porque uno tiene la garantía de que nunca pasan, por lo menos no han sucedido en el pasado. La otra característica es que la catástrofe que uno anuncia es siempre la catástrofe del mundo en que vive. La catástrofe que anuncia el Apolipsis es el fin del Imperio Romano; la catástrofe de Malthus es el fin del feudalismo europeo, y la catástrofe que vemos ahora, la catástrofe del mundo posguerra nuclear, el mundo totalmente expoliado, árido, es el fin del mundo en que vivimos, es el anuncio no del fin de la humanidad, como nunca fueron estas catástrofes, es el anuncio del fin del mundo en que vivimos. En otras palabras, he adquirido la más absoluta convicción de que esta catástrofe lo que está anunciando es una catástrofe muy conocida por todos nosotros, es la catástrofe del fin del capitalismo.

    Es decir, el capitalismo se termina, señores. Esto es lo que está pasando. Entonces, nuevamente adopta la forma de catástrofe histórica del fin del mundo.

    Pero naturalmente, la catástrofe del fin del capitalismo es algo muy viejo, está en el "Manifiesto Comunista". Una de las tareas que nos ayudó a sobrevivir, supongo, en los tiempos de la dictadura, era repasar periódicamente el "Manifiesto Comunista" porque nos mostraba con una total claridad buena parte de lo que estaba pasando. El releerlo nuevamente nos muestra que está describiendo cosas que parece que pasaran hoy. La sociedad global que describe el "Manifiesto Comunista" es escalofriantemente precisa, la describe con una precisión realmente escalofriante.

    De modo que, en definitiva, la catástrofe que está anunciando la ley de Adams, mi ecuacioncita, la contaminación, el tamaño de los instrumentos, yo diría que de alguna manera da respuesta a la pregunta central del siglo XIX: está anunciando el fin concreto del capitalismo. Pero el fin concreto del capitalismo, ¿qué quiere decir?

    En primer lugar, hay reacciones al fin del capitalismo, el fin del capitalismo está anunciado por la globalización del planeta. La globalización del planeta es, de alguna manera, la razón de ser del capitalismo. Si recordamos nuevamente los textos marxistas clásicos, éstos hablan que la sociedad capitalista es la más revolucionaria de la historia hasta el presente, es la encargada de transformar toda la faz del planeta, es la encargada de hacer una sociedad global única, un único mercado, una única industria, una única cultura. Eso es lo que está pasando, se está cumpliendo eso que fue de alguna manera anunciado en los escritos teóricos del siglo XIX. Y naturalmente ahora vemos incluso la reacción a eso, los fundamentalismos y los nacionalismos, son precisamente reacciones frente a globalización que está ocurriendo y por eso, para detener el avance de la cultura global es que se les pone más velo a las mujeres en los países donde no lo usaban, se balcanizan los Balcanes, se regresa a hablar el mallorquín, que es una lengua que hablan muy pocas personas. Todo eso es la resistencia a esa cultura y a esa globalización que estamos viendo.

Entonces, vayamos al fondo. ¿cuándo termina todo esto?

    Naturalmente, para intentar responder a la pregunta hay que hacer algún modelo. En ese artículo yo construyo un pequeño modelo matemático extraordinariamente simple que no lo voy a repetir pero se basa en esta idea: con cifras que tenemos y que son muy consistentes y muy creíbles, la economía capitalista crece a un ritmo del 3% anual.

    Esta cifra se sostiene desde los últimos cuatro siglos; aproximadamente lo he podido rastrear en los últimos cuatro siglos: consistentemente el ritmo global de crecimiento de la economía capitalista es el 3% anual. Pero el crecimiento de la población del planeta es del 1,6% anual. De modo que ahí está la diferencia. Es decir, si la producción de heladeras, de ropa, de alimentos, crece el 3% anual, y la población crece sólo el 1,6%, entonces tarde o temprano la producción capitalista va a llegar a todo el planeta. Eso es lo que está pasando. Las cifras de hoy y de siempre cantan ese resultado. Y es un problema de juego matemático, el construir un modelo más o menos perfeccionado, el cuándo una curva alcanza a la otra.

    Eso también está dicho en el artículo. Increíblemente vuelve a dar la misma cifra: aproximadamente alrededor del 2060.

    Es decir, todas las ecuaciones convergen en que alrededor del 2060 se terminan los recursos naturales, la población se estabiliza, el planeta es global, se debe detener casi seguramente el desarrollo de los instrumentos científicos y la sociedad capitalista domina. Pero en el momento en que la sociedad capitalista domina -apelando nuevamente a los viejos textos marxistas-, la sociedad capitalista se convierte en un impedimento para el progreso humano. Ese es el punto, es el punto que estamos esperando los socialistas de siempre, el punto en que la historia determine que la sociedad capitalista se ha convertido en el obstáculo para el desarrollo humano. Eso pasará relativamente pronto, según estos cálculos que están acá, que habrá que afinarlos y esperar, pasará dentro de unos 70 años.

    Es decir, le quedan unos 70 años de vida a esta sociedad para el momento en que se globalice totalmente.

    Por supuesto, eso quiere decir que yo no lo voy a ver y creo que nadie de los están aquí lo va a ver, pero siempre corremos detrás de una utopía. Yo creo que esto no es nuevo para el pensamiento socialista. La única diferencia es que ahora tal vez podamos entrar a especular cuándo va a pasar.

    Quiero concluir con esta presentación reafirmando dos o tres puntos. En primer lugar, reafirmar el carácter científico del pensamiento marxista. Esto es una fase que hemos repetido siempre, pero yo creo que hay que convertirla en algo concreto, real, más allá de la retórica. Yo creo que reafirmar el carácter científico del pensamiento marxista consiste, entre otras cosas, en intentar hacer especulaciones cuantitativas. Llegó el momento de los análisis cuantitativos. No puede ser que el pensamiento socialista, marxista, siga siendo siempre cualitativo. Ha llegado el momento de ponerle fórmulas a la cosa. Y por supuesto, pasarán muchos años antes de que esas fórmulas sirvan para algo, pero hay que poner fórmulas. Yo reivindico ese carácter. Y entonces, aquella idea utópica que me planteé de pasar en limpio las ecuaciones de "El Capital", creo que 25 años después no sólo no estoy arrepentido, sino que prometo mucho más. Voy a seguir escribiendo muchas más ecuaciones porque soy un convencido del carácter científico del pensamiento marxista y para mí eso quiere decir que tarde o temprano tiene que convertirse en afirmaciones de tipo cuantitativo, verificables por la realidad.

    En segundo lugar, lo que no entiendo es la desesperanza, esa desesperanza que existe entre los pensamientos de izquierda. A mí me parece absolutamente incomprensible. Yo creo que ahora podemos decir: señores, les queda muy poco. Los veo tan contentos a los liberales cada vez que dicen: el marxismo no existe más, el socialismo ya no existe, es una cuestión del pasado, solo los extraterrestres de los uruguayos creen en estas cosas.

    Pues bien, señores, creo que están totalmente equivocados, creo que precisamente, si algo muestra -es un tema de especulación, paradójico- el fin del socialismo real, es que le queda muy poco al capitalismo.

    Pero eso tal vez es tema de discusión de alguno de los coloquios de mañana.

    De modo que no hay lugar para la desesperanza. Por el contrario, creo que hay que reestudiar todo esto, buscando todo lo que hay de bueno en ese pensamiento.

    Finalmente, creo que la caída del socialismo real, que es el eufemismo que empleamos ahora, es un tema que es necesario estudiar con cuidado, porque es una lección importantísima de la historia. La historia nos está diciendo algo. Es similar a lo que ocurrió con la Comuna de París. La Comuna de París duró 70 días y el socialismo real duró 70 años. Ninguno de los dos funcionaron, podemos decir, pero la Comuna de París sirvió para una gran experiencia histórica, y esto también debe servir para esa gran experiencia histórica, porque tenemos sólo 70 años para hacer la sociedad nueva y vaya menudo trabajo que va a dar.

 

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