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Grecia, Irlanda y Portugal: ¿quiebra o democracia? Nicholas Dearden · · · · · 15/05/11

No será una sorpresa para los centenares de personas que se reunieron en una conferencia de la que acabo de regresar, que el paquete de medidas para el "rescate" de Grecia acordado hace 12 meses no haya proporcionado una solución a los problemas de la deuda que tiene este país.

Organizada por una muestra representativa sin precedentes de la sociedad civil griega, el evento internacional lanzó un llamamiento para Grecia (y ahora Irlanda) para que hagan transparentes a las deudas con el fin de que las poblaciones de estos países puedan discutir su legitimidad y justicia verdaderas. Activistas de Brasil, Perú, Filipinas, Marruecos y Argentina pidieron a los activistas griegos que  aprendiesen de su experiencia para no pasar también 30 años de devastadora recesión al dictado de instituciones internacionales como la del Fondo Monetario Internacional.

El floreciente movimiento europeo de oposición al pago de la deuda y a la austeridad está tejiendo lazos concretos con grupos provenientes del Sur global, que contrasta radicalmente con la actitud de los gobiernos de Grecia e Irlanda, los cuales han seguido políticas que castigan a la gente común a fin de reembolsar a los banqueros insensatos.

 

Simplemente no es posible que las políticas infligidas a Grecia, Irlanda y ahora Portugal reduzcan la carga de la deuda de estos países. Lo contrario es cierto, como hemos visto, desde Zambia en los 80 hasta Argentina a principios de la década pasada anterior. Similares políticas a las infligidas a Europa vieron doblar la relación entre la deuda y el PIB de Zambia en los 80 mientras que se contraía la economía. Argentina dejó de pagar sus masivas deudas en 2001, después de tres años de recesión provocada por las políticas del FMI. Como Irlanda hoy, se le dijo a Argentina que había derrochado demasiado, a pesar de que la deuda había sido contraída por una desastrosa serie de privatizaciones y el tipo de cambio fijo impuesto al país por el mismo FMI. La economía empezó a recuperarse al cabo de un mes de dejar de pagar.

Así que ¿por qué estas políticas siguen defendiéndose? Casi todos los comentaristas han sabido desde el principio que las medidas del "rescate" no harían sostenibles las deudas de Grecia o Irlanda. Pero los delegados en esta mencionada conferencia de fin de semana fueron claros: no es esa la cuestión. La cuestión es recuperar el mayor dinero posible de los inversores, librándoles de toda responsabilidad por la crisis, pasando factura a la sociedad.    

Incluso si Grecia e Irlanda necesitasen dinero adicional de rescate o de reestructuración a partir de algún tipo de obligaciones –las mismas medidas impuestas a América Latina en los 80 que creó montañas de deuda tan enormes que esos países todavía están sufriendo las secuelas− hay que pagar a inversores privados. El argumento se convierte entre las poblaciones de Alemania y de Grecia en quién va a pagar la mayor parte de la cuenta, acreciendo un peligroso nacionalismo ya muy evidente.

El comisario europeo para asuntos económicos, Olli Rehn, ha dicho reiteradamente a los gobiernos que estos temas son mejor tratados en secreto, la discusión pública está contundentemente desaconsejada. Los que en realidad pagan el precio de la austeridad discrepan, y los activistas en Grecia e Irlanda dicen que el primer escalón para cualquier tipo de solución justa debe ser una auditoría de la deuda, del tipo de las llevadas a cabo en los países en desarrollo como Ecuador.

Una auditoría de la deuda podría proporcionar a la población europea un conocimiento en el que basar decisiones verdaderamente democráticas. Como Sofia Sakorafa, la diputada griega que rechazó firmar los términos del rescate y abandonó el partido gobernante PASOK, lo planteó en la conferencia: "la respuesta a la tiranía, a la opresión, a la violencia y al abuso es el conocimiento". Andy Storey del grupo irlandés Afri se hizo eco, alegando que el propósito de una auditoría es "sacar la máscara del sistema financiero que controla nuestra economía".


Los resultados de una auditoría pueden ser rápidos y concretos. La brasileña Maria Lucia Fattorelli es una veterana de las auditorías de la deuda, y ayudó a los grupos ecuatorianos a realizar una auditoría refrendada por el Presidente Correa en el 2008.
The Economist calificó a Correa de "incorruptible" cuando el gasto público creció, después de su exitosa mora de las obligaciones que siguió a la auditoría. Tomar ahora medidas podría significar que los países europeos se ahorrasen las tres décadas de desarrollo atrofiado que experimentaron los países de América Latina. 

Pero los activistas se congregaron este fin de semana creyendo que una auditoría de la deuda puede ser el principio de algo incluso más básico: una nueva forma de pensar sobre la economía. Como apuntó Sakorafa, una auditoría es el principio para recobrar valores y visión para mostrar "más allá de los juegos especulativos de los mercados, que hay conceptos más valiosos: hay gente, hay historia, hay cultura, hay decencia."

Este rejuvenecimiento de la visión política es vital para que la crisis no cause el empobrecimiento y aguijonee la hostilidad inter-europea. El domingo, el economista irlandés Morgan Kelly dijo que su país iba de cabeza a la bancarrota. Una reunión secreta de los líderes europeos el viernes por la noche llegó a la misma conclusión sobre Grecia: un país que está perdiendo 1.000 puestos de trabajo al día y donde la tasa de suicidio se ha doblado. El paquete del "rescate" de Portugal de 78.000 millones de euros, que depende de la congelación salarial de la administración pública y de las pensiones, de la rebaja de las indemnizaciones por despido, y del recorte de las prestaciones de desempleo en el preciso momento que el paro está creciendo a niveles de record, tendrá un impacto similar. En todas partes los emigrantes salen de estos países en búsqueda de mejores perspectivas.

Ninguna compensación reparará el daño que estas políticas causarán a la sociedad, como los delegados del mundo desarrollado también ratificaron. No hay razón alguna para que Europa espere 30 años para aprender la lección. Un movimiento europeo e internacional debe compensar la cortedad de miras de nuestros líderes. Tal movimiento puede haber nacido en Atenas.

Nick Dearden es director de la Jubilee Debt Campaign Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós

Counterpunch.org, 12 de mayo de 2011

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