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Para no entreverarse con el Plan Juntos - Gustavo González

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PUBLICADO en La República, el Miércoles 25 de enero, 2012

Sabido es que nuestro Presidente impulsa fervientemente la concreción del llamado Plan Juntos desde el inicio de su mandato, colocando al mismo como su buque insignia. En una de sus últimas audiciones radiales del pasado 2011, hizo referencia al mismo, planteando entre otras cosas que los que critican al Plan deben dar soluciones y que se pongan a “laburar”.

Pues bien, a partir de mi experiencia de más de tres décadas en el campo de la vivienda popular, en cuyo transcurso he compartido con otros compañeros y compañeras aciertos y errores, me siento una vez más en la obligación de compartir reflexiones al respecto.

1) La sana intención de Mujica de dar gran parte de su salario para ser utilizado como financiación del Plan es una muy loable actitud, pero ningún programa de vivienda se sostiene sin un financiamiento estructural. Por otra parte, según el último informe oficial, nadie o casi nadie de los otros jerarcas del oficialismo lo siguieron.

2) La idea de que los capitalistas iban a aportar para el Plan tuvo, como era de suponer, muy poquitos seguidores; si esto se llegara a concretar, es decir, en buen romance, que si los capitalistas se sensibilizaran frente al problema de la pobreza, el mundo ya hace rato sería otro.

3) Para llevar adelante un plan que sea de vivienda social, se necesita contar con un presupuesto real contante y sonante que permita programar acciones a corto y mediano plazo. El presupuesto es exiguo y por tanto no se podrá financiar el número de viviendas prometidos desde el inicio.

Por lo tanto, el problema de la vivienda popular no admite más inventos. Hay muchos que desde hace años estudian y trabajan en el tema y arribaron a algunas conclusiones que hay que poner en práctica.

a) Hay que afectar al que tiene para darle al que no tiene, que es justamente el sector de la población que engrosa el déficit de vivienda. Por tanto se trata de colocar impuestos y gravámenes por ejemplo a los terrenos ociosos en zonas urbanas, a las transacciones inmobiliarias, a la vivienda suntuaria, entre otros que se pueden analizar.

b) No se trata de dar las mal llamadas “soluciones habitacionales”, término acuñado desde que el Consenso de Washington para generar viviendas “para pobres”; se cambia la palabra ‘viviendas’ por ‘soluciones’, impulsado en nuestro país desde el gobierno de Lacalle. Se trata de comenzar a generar vivienda y hábitat, porque el entorno hace a la calidad de vida de la gente, no solo las paredes y un techito precario.

c) Lo hemos planteado en más de una oportunidad: sin resolver el problema del suelo urbano, no hay solución a la vivienda popular. La constitución y puesta en práctica de una Cartera Nacional de Tierras es imprescindible para pensar más que en el Plan Juntos en el Plan Nacional de Vivienda.

En definitiva, sin fuerte financiación estatal y política de tierras, es imposible resolver un problema de tal magnitud como el de la vivienda. Estamos aún a tiempo de hacer lo que hay que hacer: llamar a las organizaciones que efectivamente han trabajado en la vivienda en este país y generaron en más de una oportunidad y con viento en contra, soluciones reales. Me refiero concretamente al Plan de Vivienda elaborado por las organizaciones sociales a la salida de la dictadura, llamado Plan de la Covip. O el más reciente actualizado de Cosoco elaborado por Fucvam, Sunca, AEBU y Facultad de Arquitectura, Tacurú entre el 2004 y 2005, donde por cierto hay mucho “laburo” y elementos puestos allí. Releer los mismos, ver con objetividad lo que se puso en práctica de todo lo dicho allí y actualizarlo. Entiendo que sería una buena forma de hacer en forma colectiva y organizada lo que desea el Presidente de la República; aún hay tiempo para que “juntos” hagamos realidad la vivienda como un derecho y no como mercancía. La vivienda no es ni de pobres ni de ricos, es un derecho que todo humano tiene y debe de satisfacerse.

Estamos a tiempo aún. Sin enojos, sin reprimendas, con el mejor ánimo de cumplir con el sueño de Artigas “que los más infelices sean los más privilegiados”.

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