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Junio de1985
Publicado en Separata de Estudios Nº 93

Camaradas, compañeras y compañeros:

No es el estilo de nuestro Partido, ni tampoco responde a mis gustos personales, concebir las celebraciones de aniversarios importantes ni los homenajes a personalidades destacadas como actos principalmente formales, ocasión para elogios o comentarios plenamente justificados, pero que, a veces, se sienten como despegados del bullente fluir de la vida ideológica y política. Por el contrario, muchas veces son ocasiones propicias para opinar acerca de temas importantes que están sobre el tapete de la polémica pública o profundamente insertos en la práctica política y social.

Y los temas de Lenin y el leninismo están ubicados en el vértice de la más intensa discusión ideológica en todo el mundo y en América Latina, desbordando muy ampliamente el marco tradicional de los círculos relativamente restringidos de los movimientos de izquierda, para abarcar un espectro muy vasto de las preocupaciones sociales. Por algo será. Si se discute y polemiza en torno a Lenin y al leninismo es porque hoy tienen una presencia intensísima en todas las latitudes.

Inclusive, no ocurre esto, en el mismo grado, con Marx y el marxismo. Nadie podrá pensar que separamos antitéticamente ambas cosas; al contrario -y diremos algo sobre el tema más adelante-, son absolutamente inseparables, la expresión marxismo-leninismo no es un mero rótulo cómodo sino que refleja una unidad dialéctica indisoluble. Pero hoy en la izquierda difícilmente se cuestiona la validez e importancia de Marx y su obra, se les rinde incluso tributo más allá de si tales o cuales corrientes que se dicen marxistas lo son realmente. Más aún, salvo los sectores más "rabiosos" de los ideólogos burgueses, cada día es mayor el número de aquellos que reconocen aportes fundamentales de Marx en la economía, la sociología, la historia y hasta la filosofía. Ya a principios de siglo, en su célebre y siempre fresco artículo "Marxismo y revisionismo", el propio Lenin señalaba esta nueva situación cuando hablaba de que la polémica Ideológica en el seno de la izquierda habla pasado a desarrollarse "en el terreno general del marxismo, a titulo de revisionismo", es decir, no sobre la base de la negación brutal del marxismo y su significación sino de la tergiversación, a veces harto refinada, de su contenido esencial.

La actualidad de Lenin y el leninismo

Con Lenin las cosas son diferentes. ¿Por qué? ¿Cuál fue su aporte especifico, en qué consiste, concretamente, el leninismo, qué valor tuvo históricamente, qué significación permanente, universal o local, mantiene?
Siguiendo cauces ya señalados en sus líneas fundamentales por el propio Marx y recorridos intensamente por Engels en las últimas décadas del siglo pasado, Lenin se inscribe combativamente en la polémica entre marxismo y revisionismo, que alcanza su clímax en la época de preparación y desarrollo de la Primera Guerra Mundial, del imperialismo, de la Revolución Rusa, de la Internacional Comunista y de la fundación de numerosos Partidos Comunistas, entre ellos el nuestro. Sus centros ideológicos se ubican en el espíritu inquebrantablemente revolucionario e Internacionalista, enfrentado al reformismo y al nacionalismo burgués. Su eje dinámico se ubica en el tránsito de la teoría de la revolución socialista a hacerla efectiva en la práctica, utilizando para ello todos los resortes de la estrategia y la táctica y forjando el Instrumento idóneo para dirigir ese tránsito: el Partido del proletariado.

Cabe preguntar.- ¿la actual aguda polémica en torno a Lenin y el leninismo tiene que ver con esos temas? SI, tajantemente respondemos por la afirmativa. Esos mismos temas de discusión son los que están vivos en el auge presente de nuevas formas del reformismo en los países imperialistas. Son los que apasionan a las masas de Asia y África, pero muy especialmente de América Latina, en torno a la cuestión crucial acerca de qué caminos seguir hacia la liberación nacional y social de nuestros pueblos. Muy especialmente, por las razones que, desde hace tanto tiempo, Arismendi viene explicando tozudamente:'el considerable desarrollo del capitalismo en nuestro continente, y por ende de sus clases más típicas, la burguesía y el proletariado; la agudización crítica del problema de la dependencia de los Estados Unidos, que entra en el período de su resquebrajamiento histórico; el impacto de la Revolución Cubana, que afincó el socialismo real en América; la actual conmoción que gira en derredor de Nicaragua, su revolución democrática avanzada y la agresión imperialista de que es objeto; la audacia del fenómeno chileno, más allá de su derrota temporaria por la contrarrevolución; los profundos procesos de Uruguay, Bolivia y tantos otros países. Para el imperialismo, para las clases dominantes de diversos Estados, angustiadas por el peligro que corren sus posiciones de dominación y su status político y social, no alcanza, en esta situación, con el combate frontal, grueso, contra la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo, no hasta con recurrir a las formas más groseras del anticomunismo y el antisovietismo; les es preciso mellar el filo ideológico, confundir las ideas, atraer con falsos señuelos y perspectivas el pensamiento social de grandes masas.
El centro mismo del blanco de todos los disparos es por ello, no casualmente, el marxismo-leninismo y, más específicamente los aportes creadores de Lenin. Por eso también para nosotros, el campo de la teoría de la ideología, es una parte fundamental, insoslayable, de nuestra actividad, de nuestra lucha.

Cómo no se debe llevar a cabo la polémica ideológica

¿Cómo debe conducirse la polémica teórica, el análisis y la elaboración de los temas ideológicos? Permítaseme que empiece por decir cómo, a mi juicio, no se debe hacer esto, y que para ello utilice una comparación que puede parecer estrafalaria pero que pienso que es apropiada. Hace varias décadas, la medicina tenía todavía, en muchas ramas, un carácter muy empírico; por suerte para ellos, los jóvenes que forman la mayor parte del público que me escucha no conocieron aquellos tiempos. Un ciudadano cualquiera, por ejemplo, tenía fuertes accesos de tos. Entonces el galeno le recetaba un jarabe como el que va a continuación (la receta es auténtica, no la inventé yo):

10 cc. de Tintura de Ipecacuana
10 cc. de Tintura de Opio
Bálsamo de Tolú, cantidad suficiente para 100 cc.

No alcanza con verla escrita en el papel: hay que imaginarse al viejo farmacéutico de entonces, en lo recóndito de su afamada "botica", cuyas paredes estaban recubiertas de anaqueles con grandes y vistosos bocales de vidrio y vasijas de loza blanca con historiadas volutas doradas y azul marino, cada uno con su rótulo escrito en latín, con muchas abreviaturas que lo hacían aún más indescifrable para el vulgo y contribuían al científico misterio del ambiente. El profesional, receta en mano, tomaba de ellos las cantidades apropiadas de cada ingrediente, revolvía bien y entregaba al cliente un frasco con la pócima. Por supuesto, la tos no se curaba; en el mejor de los casos, el licor era agradable y hasta aliviaba un poco los padecimientos.

Pues bien, mucha gente piensa que con procedimientos análogos pueden elaborarse teorías sociales. Pero, en materias ideológicas o teóricas, mucho más que en la vieja medicina, esos métodos no sirven para nada. Cualquiera puede tener algún recuerdo, quizás mal asimilado e impreciso, de cosas que dijo Carlos Marx; agregarle una fuerte dosis de ideología demócrata-burguesa, si es posible de aspecto europeo moderno; edulcorar con una buena porción de concepciones del viejo y obtuso reformismo decimonónico; diluir todo suficientemente con agua del Atlántico Norte; revolver bien y ofrecerlo al público en un envase con un letrero en que, sin falta, figure la palabra socialismo, que se ha hecho popular -¡hasta Hitler la usaba!-, las sagradas palabras democracia y libertad, algo de europeísmo, para evitar confusiones. Ya estará pronto un producto que, según las dosis utilizadas de cada ingrediente y la mayor o menor habilidad del fabricante, podrá llamarse eurocomunismo o socialdemocracia o algo por el estilo, y que podrá ser adquirido por clientes más o menos crédulos. Pero, así como nuestro jarabe era incapaz de curar la tos, tampoco estas combinaciones eclécticas y sin principios pueden resolver los problemas sociales y políticos, sanear las críticas situaciones por que atraviesa cada país y el mundo y que tantas penurias vuelcan sobre millones de trabajadores, de jóvenes, mujeres, hombres de la cultura.

Aunque, en rigor, debiera ser innecesario, me veo obligado a hacer algunas aclaraciones. Es posible que haya quienes se sientan heridos por el tono de lo que acabamos de decir. Pero es que estamos hablando de corrientes teóricas, ideológicas, y en ese terreno hay que ser tajantemente claro. Ello no debe obstaculizar, entorpecer, mucho menos impedir la unidad con movimientos y personas que sustentan los puntos de vista que criticamos, unidad en torno a objetivos que han sido y seguirán siendo comunes, por lo menos en determinados períodos. Es más: la propia amplitud y profundidad de las luchas sociales y políticas que enfrentan al imperialismo y a la oligarquía, determinan, por una parte, la necesidad de alianzas muy extendidas para derrotar a aquellos enemigos, por otro lado, esa misma extensión trae al movimiento puntos de vista inmaduros o-erróneos, que deben ser esclarecidos y combatidos para que no entorpezcan las etapas ulteriores del proceso revolucionario. Más adelante volveremos sobre este tema.

Pero retornemos el hilo de lo que estábamos diciendo. ¿Cuál es el método que asegura el avance científico-teórico, el progreso del conocimiento? No es el eclecticismo que toma fragmentos de diversas teorías y los recombina de una manera más o menos artificial. No es el del rechazo global de tal o cual teoría porque éste o aquel aspecto de la misma ha perdido actualidad o validez o es incluso manifiestamente erróneo. No es tampoco el de la repetición servil, escolástica, no crítica, de tal o cual orientación ideológica. Marx y Engels no procedieron así con Hegel, ni con Adam Smith, ni con los socialistas utópicos: los estudiaron profundamente, criticaron duramente y apartaron las falsas escorias que rodeaban muchas de sus tesis, penetraron en la médula racional que contenían-, y crearon algo profundamente nuevo que incluía lo más valioso y perdurable del pensamiento de aquéllos y, a la vez, rechazaba lo que debla ser sobrepasado. Procedían como el químico que, partiendo de un conjunto de materias primas, retiene de ellas los radicales más apreciables y los combina en una sustancia nueva, infinitamente más valiosa que aquéllas. Por supuesto. esa compleja alquimia no era sólo ni tanto análisis y reflexión critica y creadora ejercida sobre libros, textos o doctrinas: sus frutos más originales surgían de la confrontación con la práctica, con la realidad, con el árbol de la vida de que hablaba Goethe, una realidad escrutada agudamente, disecada con el escalpelo filoso de teorías que ayudaban a iluminarla y comprenderla, para descubrir en ella lo nuevo que no había sido- percibido antes o no lo había sido en forma satisfactoria, y que hay que interpretar, elaborar e incorporar al acervo teórico previo, enriqueciéndolo. A la vez, servirse de ella como piedra de toque para comprobar lo que sigue siendo válido en ese acervo y lo que debe ser modificado o descartado. En el lenguaje aforístico de Marx: "es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento" (1).

Contra el rebajamiento del leninismo y de su concepción del imperialismo

Se me tolerará que insista con un ejemplo más acerca de tales enfoques incorrectos de la labor teórica. Hace algunos meses-, se publicó en Montevideo un artículo en el que se afirma, con mucho aplomo, que: "Lenin no innovó respecto al método (de Marx, JLM) sino que fue un Intérprete correcto, acertado, de- la realidad social, económica y política de su país, aunque diría que con una perspectiva no tan correcta respecto al contexto Internacional" " (los subrayados son míos, JLM). 0 sea, hoy, aquí, en América Latina, se reitera la vieja y gastada caricatura que pinta al leninismo como un marxismo "hablado en ruso", sin ningún enriquecimiento nuevo, creador, digno de meditarse y tenerse en cuenta para la experiencia revolucionaria de otros países y del mundo. Es cierto que, a continuación y contradiciendo parcialmente lo anterior, se reconoce que: "Hizo un aporte decisivo, además, respecto al imperialismo; es el primer gran teórico marxista (no el primero) que abordó el tema". Bueno, algo es algo. Digamos de paso, que lo de "no el primero" es de suponer que alude a Hilferding, Kautsky u otros "teóricos" de la II Internacional, que examinaron con justeza aspectos parciales del fenómeno imperialista pero que se equivocaron de medio a medio en lo esencial, la valoración de la etapa imperialista como la fase última del Desarrollo del capitalismo, que implica "el tránsito del capitalismo a una estructura económica y social más elevada", según palabras del propio Lenin (2). Palabras de un lenguaje "servil" a que Lenin debía recurrir, según su propia confesión, para evitar la censura zarista (3), y que más tarde reformuló diciendo sin ambages "la antesala de la revolución socialista del proletariado" (4). 0 sea, este punto, que nuestro articulista acepta, consiste, ni más ni menos, en caracterizar el tiempo del imperialismo como la época de la revolución socialista. ¿Acaso este concepto señero no era cierto entonces y sigue siéndolo ahora, en Rusia y en todo el mundo? Uno se pregunta, no sin estupor ' ¿cómo se compagina esto con la afirmación de que Lenin tenía "una perspectiva no tan correcta respecto al contexto internacional"?

Por si fuera poco, estamos en América Latina. ¿Puede pensarse el continente desligado del fenómeno imperialista? ¿Pueden pensarse los procesos sociales y políticos avanzados de América Latina desconectados de la idea central de la revolución antiimperialista? No hace falta ser marxista leninista para reconocer cosas tan evidentes. El Programa del Frente Amplio es un programa antiimperialista radical. Más aún, hasta sectores de la burguesía liberal comprenden y aceptan que los males de nuestros países están indisolublemente ligados a la situación de dependencia del continente con respecto al imperialismo, (Entendámonos bien-. comprenden y aceptan; la diferencia esencial con los revolucionarios es que aquellos sectores liberales se adecuan mansamente a la situación de dependencia, lloriquean por ello, pero no conciben siquiera que se pueda pensar en reducir al menos el grado de la dependencia, mucho menos que se la pueda hacer votar en pedazos por caminos revolucionarios, Cuando se les acorrala en la polémica, invocan... ¡razones geopolíticas!).

Pero entonces, ¿qué significa la pretensión de reducir la figura de Lenin a la de un mero traductor al ruso del marxismo, qué significa afirmar que su perspectiva internacional no era correcta, qué significa, más allá de un reconocimiento casi verbal, recortar su definición del imperialismo? ¿Qué significa todo esto sino castrar la caracterización central y definitorio de la revolución latinoamericana, castrar el vigor del programa del Frente Amplio? Y, por ende, reducir al Frente a medidas mezquinas de un liberalismo burgués progresista. ¿No sería éste si prosperara un alevoso ataque a la fisonomía esencial del FA, a su existencia misma como fuerza política?

Sin perjuicio de la agudeza, profundidad e importancia del análisis de los rasgos económicos del imperialismo, Lenin coloca en el centro de los problemas, en última instancia, su naturaleza política. Claro está que no se limita a señalar cuál es esa naturaleza, sino que se plantea el problema práctico de cómo derrotarlo. ¿Cuáles son los caminos y métodos a aplicar por el proletariado y los pueblos para realizar efectivamente, en la práctica, la fórmula teórica "el imperialismo es la antesala de la revolución social del proletariado"? Mal que les pese a los que quisieron olvidarlos, sus aportes en esta materia son de una importancia fundamental y perdurable, siempre fecunda en el desarrollo ulterior del pensamiento marxista creador.

Las alianzas del proletariado

Es claro que el centro, en este problema, reside en la cuestión vital de las alianzas del proletariado. La clase obrera por sí sola no puede conducir la revolución hasta la victoria. "El solo del proletariado amenaza transformarse en un canto fúnebre". Esto ya lo habían visto claramente Marx y Engels, particularmente en sus iluminantes ensayos sobre las conmociones sociales y políticas en Francia en la segunda mitad del siglo pasado; ya apunta allí con fuerza la idea de una alianza de los trabajadores con los campesinos. Pero es Lenin quien lleva ésta idea a su pleno desenvolvimiento, en las condiciones especiales de una Rusia en que la enorme mayoría de la población era rural y se veía sometida a condiciones de vida, sometimiento y explotación particularmente atroces. Es el centro polémico de su famoso libro "Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática" (1905).

¿Es una idea peculiarmente "rusa"? Ya la mención que hacíamos a trabajos de Marx y Engels muestra lo absurdo del planteo. ¿Quiere decir esto que las tesis de Lenin deben ser, copiadas servilmente para su aplicación a otro país? También esto es absurdo. ¿Cuál es, entonces, el camino correcto para analizar el problema? Se debe descarnar la médula racional esencial de la idea marxista-leninista de la alianza obrero campesina para luego examinar, en la profundización científica de la realidad económico-social de cada país, cómo es que aquélla debe formularse concretamente. Tomemos nuestro propio caso uruguayo. En los parámetros cuantitativos, qué enormes diferencias existen si se le compara con la Rusia de principios de siglos Siendo un país de fuerte incidencia agraria en la economía, esto se acompaña paradojalmente por un muy débil peso de la población rural que, además, sigue disminuyendo a ritmos acelerados. ¿Puede hablarse de alianza obrero-campesina en el Uruguay? Si, se puede y se debe, por la enorme importancia económica del sector, y por la tendencia al ahondamiento progresivo de las contradicciones sociales en el campo, consecuencia de problemas estructurales no resueltos y cada vez más agravados, que reclaman para su solución algún tipo de reforma agraria. Por eso fue justo que nuestros XVI y XVII Congresos de la década del .50 pusieran un énfasis particular en este tema.

Las alianzas en el Uruguay de hoy

Pero, ¿alcanza en el Uruguay con la alianza obrero-campesina? Manifiestamente, no. Por eso fue justo que nuestros Congresos plantearan muy destacadamente la necesidad de la alianza entre el proletariado y las capas medias urbanas, de fuerte peso demográfico y político, con acento marcado en los estudiantes, los intelectuales, en particular los universitarios, y otros sectores. @=M Amplío es, en última instancia, la expresión política de esta alianza, junto a los trabajadores y a los pequeños y medianos productores del campo. Su formación responde, por ello, a las condiciones objetivas imperantes en nuestra sociedad. Pero no se hubiera llegado a ese resultado por el mero juego ciego de los factores económicos y sociales objetivos, si no hubiera intervenido la claridad ideológica, la agudeza de la visión teórica y la decisión, basada en ellas, de empeñar esfuerzos conscientes para plasmar esas alianzas en el máximo grado posible. Está claro que los comunistas no pretendemos ser los únicos protagonistas de este proceso, pero sí nos enorgullecemos de haber contribuido no poco a los éxitos alcanzados en la aplicación de esta orientación. Y, mal que les pese a algunos, esto demuestra la validez del marxismo-leninismo en las condiciones uruguayas y su fecundidad para nuestra práctica social cuando se le asimila en sus contenidos esenciales, se le desarrolla creativamente y se le enriquece con el examen concreto de la realidad viva, del árbol de la vida, tal como crece en nuestro país.

Ahora bien, ¿podemos dormirnos sobre los laureles y seguir rumiando viejas fórmulas de las décadas del 50 o aun de los años 71-72, aplicándolas mecánicamente a esta ya mediada década del 80? De ninguna manera, el pensamiento teórico no puede estancarse nunca. Ni el imperialismo de hoy es el mismo de hace 30 años ni el Uruguay es tampoco el mismo. Más de una década de dictadura fascista, del capital financiero, ha trastornado gravemente nuestra realidad económico social. Veamos tres rasgos importantes de ello:

1) Se han profundizado enormemente las penurias y la ruina de muy amplios sectores de pequeños y medianos productores del campo. Esto está llevando a una toma de conciencia nueva por su parte, que los impulsa, por primera vez en nuestra historia, a organizarse Independientemente de los grandes productores y a levantar plataformas reivindicativas avanzadas. La "gran familia del campo" se resquebraja y pone al descubierto la falsedad de la imagen en que de ella pretendían dar los sectores privilegiados del agro. ¡Qué abismo entre el movimiento "chicotacista" de hace no tantos años y la realidad actual! Es claro que esto modifica mucho el planteo y la importancia de la alianza obrero-campesina.

2) La diferenciación en el campo ha llegado incluso a sectores grandes y relativamente muy grandes del sector ganadero. Progresivamente se acentúa el enfrentamiento entre los invernadores, predominantemente latifundistas, vinculados estrechamente a la banca extranjerizada y a los grandes capitales de la industria frigorífica, y, por otro lado, los establecimientos de criadores, que han sido y son duramente golpeados por aquéllos y por la dictadura. Esto se expresa, en particular, en muchas posiciones recientes de la Federación Rural, que parecen insólitas y sorprendentes si se las mide con cartabones envejecidos.

3) Se dan fenómenos similares entre los empresarios industriales, en que hay fuertes enfrentamientos entre los medianos y relativamente grandes, que pertenecen esencialmente a la burguesa uruguaya, y las muy grandes empresas, estrechamente vinculadas al capital bancario imperialista y a las transnacionales, de las cuales son muchas veces meras sucursales. Las diferencias de posición se han mostrado expresivamente en el seno de la CONAPRO -por ejemplo, en el rechazo a que la Asociación de Bancos participara en ella- y en actitudes marcadamente distintas en el curso de algunos de los grandes conflictos sindicales recientes.

Por supuesto, ni idealizamos ni ponemos en la misma bolsa cosas muy dispares. No confundimos a los pequeños y medianos campesinos, a los estudiantes, a la intelectualidad y otros sectores de las capas medias urbanas, que son y serán por largo tiempo, quizás para siempre, firmes y consecuentes aliados del proletariado, con posibles aliados válidos por períodos tácticos más o menos transitorios. Pero tampoco podemos olvidarnos de estos últimos, tenemos que explorar caminos para una mejor comprensión, por ambas partes, de la posibilidad de esas alianzas y del interés en plasmarlas en acciones concretas. ¿Podemos olvidar, acaso, cómo ellas jugaron efectivamente en el derrocamiento de la dictadura y en el restablecimiento de la democracia? ¿Podemos olvidarlas ahora, cuando la despiadada y brutal política de dominación y exacción ejercida por el imperialismo vuelca objetivamente a algunas de estas capas hacia posiciones de enfrentamiento al imperialismo aunque, muy a -menudo, su ideología retarde considerablemente frente a su situación social y sus problemas reales?

Imprimir en la vida las concepciones de vanguardia

Y bien, aunque no seria justo ni queremos forzar los términos poniendo etiquetas que siempre hay que manejar con seriedad y precaución, todo esto es, en el fondo, la consideración del gran tema de las alianzas a la luz del marxismo-leninismo. No ver las cosas así equivaldría a estrechar la audacia teórica de nuestro análisis de los problemas concretos del Uruguay de este tiempo. Y ello podría tener graves consecuencias negativas en el plano de la acción política y social. Hablando de la vanguardia social, decía Lenin: "el peligro de que hablamos reside no en el aspecto subjetivo sino en el objetivo". La cuestión no consiste en si tales o cuales grupos subjetivamente radicalizados "conservarán su autonomía formal, su fisonomía propia, su independencia con respecto a la democracia burguesa (... ) No sólo pueden dichos grupos proclamar dicha "independencia", sino también mantenerla formalmente y, sin embargo, las cosas pueden pasar de tal modo (subr. VIL) que se vean con las manos atadas (que, de hecho) no se hallen con fuerzas para imprimir a la marcha de los acontecimientos el sello de su independencia (subr. JLM) (y que) en fin de cuentas, (... ) su "dilución" en la democracia burguesa sea, no obstante, un hecho histórico. He aquí en lo que consiste el peligro real" (subr. JLM) (5). De estas situaciones hemos vivido no pocas en estos últimos tiempos del Uruguay. En varias ocasiones, tras posiciones aparentemente “puras” y “principistas” se esconde el temor a volcar las fuerzas en la vida práctica -que no siempre es “pura”- para imprimir en ella, efectivamente, un sello avanzado.

A esas preocupaciones responde, en esencia, Seregni cuando, en el informe del 18 de marzo a las Coordinadoras, insiste en que ,.el Frente Amplio es ahora fuerza decisorio a nivel político nacional, es la opción cierta de gobierno y de poder para el futuro inmediato, en la medida en que todos los integrantes del FA tengamos plena conciencia del momento histórico que vivimos y de la responsabilidad que nos cabe, y juguemos con la firmeza revolucionaria y la madurez que imponen los momentos que transitamos (... ) Tenemos que tener presente que, desde el año pasado, estamos jugando en la cancha grande". Naturalmente, esto exige fortalecer el Frente -que, en sí mismo, es la expresión central y perdurable del núcleo de las alianzas políticas-, fortalecer su unidad, profundizar su perfil teórico e ideológico. A la vez que, con audacia, se buscan y se manejan otras alianzas mucho más amplias, gracias a las cuales el Frente puede influir con su orientación avanzada, privado de las cuales se vería reducido a la prédica estéril de posiciones justas pero inoperantes, imposibilitado de "imprimir a la marcha de los acontecimientos el sello de su independencia".

Las alianzas revolucionarias a nivel mundial

No quiero abandonar el tema de las alianzas sin mencionar, aunque sea brevemente, otra importantísima faceta de las concepciones de Lenin en esta materia. Ya no se trata del problema le la revolución en un país determinado sino de la concepción de la revolución en todo el planeta. Lenin descubre aquí un potentísimo filón de nuevas alianzas del proletariado, cuando plantea la integración del proceso revolucionario de los países capitalistas desarrollados con el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por el imperialismo. "Así, pues, la revolución socialista no será única y principalmente una lucha de los proletarios revolucionarios de cada país contra su burguesía; no, será una lucha de todas las colonias y de todos los países oprimidos por el imperialismo, de todos los países dependientes, contra el imperialismo internacional" (6).

Esta tesis, que hoy nos parece bastante natural pero que, en la época en que fue formulada, era extraordinariamente audaz, plantea una doble faceta ideológica. Por una parte, promueve el deber de las fuerzas revolucionarias de las potencias imperialistas de apoyar la lucha emancipadora de los pueblos oprimidos por su respectivo país. Por otra, impulsa la decisión de @a pueblo dependiente de lanzarse él mismo a realizar su propia revolución, buscando la alianza de las fuerzas revolucionarias de los otros países y pueblos, tanto de los oprimidos, como él mismo, como de los países opresores. Ambas facetas exigen derrotar tendencias ideológicas muy fuertes: la del nacionalismo agresor de los países imperialistas, y la del nacionalismo estrecho, nacionalismo burgués, en los pueblos dominados. En definitiva, exige que se imponga, en todas las naciones, la ideología del internacionalismo revolucionario, sin cortapisas ni pretextos de especie alguna, como condición para la cohesión del inmenso ejército de clases y pueblos que, por vías peculiares, contribuyen poderosamente a los cambios revolucionarios en todo el mundo. El propio poderío material que ha alcanzado el imperialismo, la enorme fuerza contrarrevolucionarla que representa, reclaman apremiantemente el fortalecimiento de esta gran alianza de los oprimidos del mundo entero, como, instrumento y garantía del triunfo sobre aquél. Con la particularidad de que hoy, casi 70 altos después, esta última alianza está integrada no sólo por los pueblos oprimidos sino por el también poderoso bloque, encabezado por los países socialistas, de aquellos pueblos que ya han conquistado su liberación. Conscientes de ello, los ideólogos del imperialismo se empeñan a fondo en sembrar la cizaña ideológica que puede estorbar o debilitar esta gran coalición de pueblos y naciones. Por eso mismo, la lucha ideológica en este plano, desde posiciones auténtica y firmemente revolucionarias, es fundamental para asegurar la histórica victoria mundial de los pueblos.

Revoluciones democráticas y revolución socialista

En fin, todo este vasto y complejo problema de las alianzas exige, para su total claridad, que se le inscriba en la dialéctica de diferenciación y unidad de los grandes procesos transformadores de nuestro tiempo: la etapa democrática y la etapa socialista. Esta dialéctica, de cuño típicamente leninista, deriva, en última instancia, de la caracterización del imperialismo y de su tiempo. La rapacidad, inherente a la naturaleza súper explotadora del imperialismo, lo lleva a extremar, a grados nunca vistos, el saqueo de pueblos y naciones, a atacar inclusive los intereses de sectores sociales que potencialmente podrían ser aliados suyos. A la vez, su espanto ante el espectro del socialismo, hoy hecho carne en todos los continentes, lo empuja a propiciar formas brutales, fascistas, de dominación de otros países y de represión de movimientos sociales que no son necesariamente socialistas en su intención inmediata, que son vastos movimientos democráticos y de liberación. Las luchas por la democracia y la libertad se tiñen hoy así, fuertemente, de un contenido antiimperialista más o menos consciente y radical. Por ese atajo, se ven llevadas a profundizar la interpretación de los fenómenos económicos y sociales, haciéndose proclives y permeables a la idea del socialismo, justamente esa ideología que el imperialismo se propone combatir. Todo esto opera como un polo de atracción avanzado para las masas que se incorporan a esas luchas por objetivos inicialmente salo democráticos o de reivindicaciones económicas.

Desde el otro ángulo, el planteo prematuro de objetivos socialistas por parte de los movimientos populares, puede perturbar y dificultar este proceso de educación y radicalización del pueblo, puede obstaculizar el fraguado de alianzas muy amplias en torno a los objetivos democráticos y liberadores. El contenido de estos objetivos debe ser, por eso, claramente definido; será la experiencia viva de la lucha del pueblo, unida a la prédica ideológica de los destacamentos de vanguardia, la que llevará al convencimiento de que la democracia y la libertad no son compatibles con el dominio y la exacción imperialistas, que no existe solución para los grandes problemas nacionales y populares si no se parte del rechazo firme a ese sojuzgamiento. Tal es el camino por el que se ahondarán las convicciones antiimperialistas y, por ahí, junto a otras motivaciones, se desembocará naturalmente en el camino hacia el socialismo.

En nuestra época, los procesos democráticos y los procesos socialistas están así objetiva e indisolublemente entrelazados, lo que no obsta a que, en cada momento, en cada circunstancia histórica, deben ser claramente distinguidos. Quienes acusan a los comunistas de ser antidemócratas, quienes so capa de defender la democracia hacen anticomunismo, tergiversan la realidad histórica @n particular la dolorosa historia de estos once años de dictadura en el Uruguay, en que los comunistas figuraron siempre entre ¡os primeros en la lucha contra la dictadura y por la democracia, sin arredrarse por el altísimo precio de sangre y sufrimiento que por ello tuvieron que pagar. Pero, además, falsean tramposamente el pensamiento marxista leninista sobre democracia y socialismo, dando prueba de una atroz cerrazón mental derivada de sus anquilosados prejuicios de clase. Lenin es particularmente tajante en estos problemas: "El socialismo es Imposible (subr. ILM) sin la democracia, en dos sentidos: 1) el proletariado no puede llevar a cabo una revolución socialista si no se prepara para ella a través de la lucha por la democracia; 2) el socialismo triunfante no puede consolidar su victoria y llevar a la humanidad hacia la desaparición del estado, sin la realización de una democracia completa" (7). "El proletariado no tiene nada que perder, excepto sus cadenas; ganará, en cambio, todo un mundo con la ayuda de la democracia" (8). Arismendi ha subrayado el concepto incansablemente: "clase obrera que no lucha por la democracia, jamás hará una revolución económica" (9). Podríamos multiplicar infinitamente las citas si no temiéramos cansar a los oyentes.

El concepto de masas populares

Creo que vale la pena enfocar estos problemas todavía desde un nuevo ángulo. Me refiero al concepto de masas populares y a su evolución en cada país. Muchas veces, Lenin examinó atentamente esta cuestión; para citar sólo dos, en "La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo" (10) y en el discurso del 10 de julio de 1921 ante el III Congreso de la Internacional Comunista (11). Lenin muestra como, al principio del movimiento revolucionario, puede hablarse de masas pensando en algunos cientos o miles de personas; pero al madurar los acontecimientos históricos, tales cifras no pueden considerarse masa y hay que pensar en centenares de miles, en "millones y decenas de millones". Claro está que estas cifras absolutas están referidas a un gigantesco país. Reduciéndolas a la escala de nuestra pequeña patria, tendremos que hablar de muchos centenares de miles, ciertamente mucho más de un millón. No estamos ya lejos de esas medidas; basta pensar en los 400.000 votos del Frente Amplio en la última elección, en los centenares de miles que actúan en el movimiento sindical y estudiantil, en el campo, en la cultura, etc.¿Cuántos uruguayos participaron lúcidamente en las grandes movilizaciones para derrocar la dictadura, en el plebiscito del 80, en las internas del 82, en los Primeros de Mayo del 83 y del 84, en la concentración del 27 de noviembre, en el paro cívico del 27 de junio, en las continuas y multitudinarias manifestaciones del 84, en las elecciones pasadas? Sin esa participación de grandes masas no hubiera sido derrotado el fascismo; en esto se cifra lo que en otros países del mundo se llama "el milagro uruguayo", la hazaña de nuestro pueblo que derribó una dictadura fascista sin disparar un solo tiro.

Está claro que estas multitudes no son homogéneas, que en ellas hay ciertamente grupos muy esclarecidos política e ideológicamente y grandes sectores que están lejos de esos niveles, aunque ya, de uno u otro modo, participan en las luchas políticas y sociales. El hecho es que, en torno a un tema político crucial, histórico, jugaron el papel protagónico. La cifra, desde este punto de vista, ya se ha alcanzado; de lo que se trata, la Inmensa tarea que tenemos por delante es la 'de cómo elevar mucho más el nivel político, Ideológico y organizativo de estas masas.

Queremos ser precisos: no somos tan tontos como para soñar que estas masas pueden llegar a ser comunistas en breves plazos. De lo que se trata es de que, en la misma forma que llegaron a comprender la necesidad de derribar la dictadura -y esto costó no poco, aunque fríamente considerado, era relativamente fácil, se trataba de un objetivo claro y simple, preciso, cuya comprensión se vio facilitada por los terribles sacrificios, en sangre y en hambre, que el fascismo impuso a todo el pueblo-, sean capaces de comprender las nuevas tareas históricas que están planteadas ante ellas. En primer lugar, las que se resumen en esa feliz consigna, “avanzar en democracia". Ello exige la participación de esas mismas masas, a un nivel ideológicamente muy superior, en la vida política y social. --Y tenemos que comprender que ésta es una tarea mucho más difícil que la anterior. Debemos ser claros y francos: ni siquiera la clase obrera, ni siquiera el movimiento estudiantil, ni siquiera los hombres de la cultura, ni siquiera los sectores de avanzada -todavía numéricamente muy reducidos- de la gente del campo, están preparados para ello. Y a eso hay que agregar, obligatoriamente, las vastas capas de nuevas alianzas a las que nos hemos referido antes que, hoy por hoy, están todavía muy lejos de esos niveles; por añadidura, su condición de clase interpone dificultades suplementarias que habrá que sobrepasar.

El papel educativo de las luchas políticas de masas

¿Son inalcanzables estas metas? No, porque la historia, el desenvolvimiento de las contradicciones sociales dentro de nuestra sociedad y fuera, en el enfrentamiento al imperialismo, nos ayudan objetivamente. Además, la tarea puede abordarse con métodos de acción bien probados. Lenin mismo nos da indicaciones metodológicas muy valiosas, y décadas de experiencia del trabajo de nuestro Partido y del "viejo" movimiento de masas uruguayo las confirman. Sin duda, una gran labor propagandística e, inclusive, ideológica en el más estricto sentido de la palabra, son una parte esencial e insoslayable de esa metodología. Pero, como dice Lenin, cuando se piensa en esta nueva escala del concepto de masas, "la propaganda y la agitación, por sí solas, son insuficientes. Para ello se precisa la propia experiencia política de las masas" (12; subr. JLM). E insiste: "cuando se trata de la acción práctica de las masas, de dislocar -si es permitido expresarse así- a ejércitos de millones de hombres, de disponer todas las fuerzas de clase de una sociedad dada para la lucha final y decisiva, no conseguiréis nada salo con los hábitos del propagandista, con la repetición escueta de las verdades del comunismo "puro". Y es que en este caso no se cuenta por miles, como hace en esencia el propagandista, miembro de un grupo reducido y que no dirige todavía masas, sino por millones y decenas de millones. En este caso hay que preguntarse no sólo si hemos convencido a la vanguardia de la clase revolucionaria, sino también si están dislocadas las fuerzas históricamente activas de todas las clases de la sociedad dada, obligatoriamente de todas sin excepción, de manera que la batalla decisiva se halle por completo en sazón" (13; subr. VI L). "La vanguardia cumple sus tareas como tal vanguardia sólo cuando sabe no aislarse de la masa que dirige, sino conducir realmente hacia adelante a toda la masa" (14; subr. JLM).

Estas son las enormes tareas que tenemos planteadas ante nosotros, camaradas. Se trata, en una expresión apretada, de una nueva y superior etapa de la acumulación de fuerzas, esa tarea que el XVI Congreso nos marcó con énfasis, que cumplimos con grandes éxitos hasta 1973, que avanzó no poco inclusive en los duros años de la dictadura, pero que hoy requiere elaboración teórica, esfuerzos militantes, medios técnicos de trabajo, mucho más desarrollados que todo lo que hemos hecho en el pasado.

El revisionismo y sus raíces sociales

Cerramos, por fin, estas palabras, camaradas y compañeros, volviendo, como lo habíamos anunciado, al tema del revisionismo. Lo que acabamos de decir no lo sabemos sólo nosotros. Lo sabe también el enemigo y nos combate no salo en el terreno de la represión fascista, sino con todas sus fuerzas propagandísticas e ideológicas, recurriendo al ataque y la tergiversación groseros pero, cada vez, más, por las razones que explicábamos al principio, con el arma más refinada del revisionismo, destinada a mellar el filo de la teoría revolucionaria. Por eso, en el plano de la lucha teórica, ideológica, el aplastamiento del revisionismo, el lograr el descrédito de los falsos "jarabes para la tos" ideológicos en el seno de las grandes masas, es una de nuestras principales tareas.

Tenemos que comprender bien, además, que el revisionismo no es simplemente el fruto le una hábil maniobra del enemigo; es un subproducto inevitable del propio desenvolvimiento histórico. Ya en el siglo pasado, Marx y Engels hablaban de que la burguesía inglesa “utiliza la prosperidad o cuasi prosperidad para comprar al proletariado", que la prolongación de aquélla "los ha desmoralizado de modo alarmante"; hablan le "un proletariado burgués", de que "su energía revolucionaria se ha evaporado casi por completo (y está) completamente conforme con el dominio de la burguesía" (15). ¡Qué dirían hoy ante la situación de los Estados Unidos y de su proletariado!

Claro que fenómenos semejantes no se dan, o muy difícilmente pueden darse, en los países dependientes. Pero en ellos se da, con el beneplácito del imperialismo, otra modalidad, enormemente vasta, del fenómeno: es el propio avance del movimiento revolucionario que atrae e incorpora al mismo a "grandes masas de las capas medias, de la intelectualidad, incluso de la "nueva clase obrera", y de asalariados nacidos de la revolución científico-técnica, etc.". En esas condiciones, "es natural que aparezcan enfoques singulares, contradicciones y debates", como dice Arismendi en uno de sus trabajos (16); en otro de ellos, reitera: "han surgido nuevas fuerzas sociales que incorporan al proceso revolucionario todas sus confusiones, sus radicalismos, sus vacilaciones" (17). Es más, en algunos casos se trata de grandes operaciones políticas como "la decisión de afiliar a la Internacional Socialista a partidos nacional reformistas burgueses de América Latina", o tratando de "arrastrar tras ella a los grandes partidos nacional-reformistas de masas de diversos países" (18).

Unidad para "avanzar en democracia" y la lucha ideológica

Por supuesto, no es cuestión de anatematizar al proletariado de los países imperialistas ni a los vastos sectores sociales -que, como hemos visto, pueden alcanzar incluso a fracciones de la propia burguesía- que se incorporan o acercan al proceso revolucionario de América Latina, empujados por sus contradicciones objetivas con el imperialismo o por la influencia, más o menos imprecisa, de ideas revolucionarias que impregnan la atmósfera político-ideológica de nuestro continente. Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante los fenómenos de la realidad, ni permanecer indiferentes ante corrientes ideológicas que entrañan peligros, también objetivos, para el proceso revolucionario.

La cuestión es, como solía decirse antes, de “'unidad y lucha", es decir, de búsqueda ahincada, persistente, Fraternal, de los caminos de la unidad en la lucha común contra el fascismo y el imperialismo, por la democracia y la libertad, contra las posibles intentonas contrarrevolucionarias o los virajes regresivos; de unidad para "avanzar en democracia" juntos, o sea, concertar esfuerzos en pos de la conquista de mejoras sustanciales, no sólo en materia de reivindicaciones económicas y sociales, sino para dar pasos adelante en el terreno Político y en el enfrentamiento al sistema de dominación imperialista. Al mismo tiempo, de crítica fraternal y franca a posturas reformistas que no condicen con el radicalismo de ciertas formulaciones verbales, de confrontación de apreciaciones y opiniones ideológicas, sin caer en el doctrinarismo escolástico y estrecho, ni mucho menos en la agresividad. Ni por un instante podemos olvidar que se trata de aliados reales o potenciales, con los cuales debemos marchar juntos, codo con codo, quizás por un muy prolongado trecho histórico. Como dice Arismendi, debemos saber "combinar la brega por la unidad y el cultivo del respeto mutuo, con el diálogo científico y el intercambio trance de experiencias a la luz de una multicoloreada praxis revolucionaria mundial" (19).

Tensar todas las energías del Partido para las grandes tareas que tiene planteadas 

Camaradas, compañeras y compañeros:

Después de la derrota de la dictadura y de la conquista de la legalidad, nuestro Partido inicia un nuevo y augural período de su ya larga existencia. Nos hemos propuesto llevar a cabo grandes tareas, en todos los planos de la actividad: política, organizativa, propagandística, teórica, financiera, etc. Nuestros planes de trabajo se entrelazan estrechamente con los objetivos justamente ambiciosos y con el espíritu audaz que, para el Frente Amplio, inspira el ya mencionado Informe del compañero Líber Seregni a las Coordinadoras. En última instancia, esas tareas y el espíritu con que las abordamos son nuestra respuesta de revolucionarios a las exigencias de la hora, crítica y esperanzada, que vive nuestro pueblo y nuestra patria.

Llevar a cabo, plasmar en la práctica, esos planes y esos propósitos, exige necesariamente una gran tensión de todas las fuerzas, dar saltos en la envergadura de nuestro trabajo. Nada de eso nos asusta. Por el contrario, estamos hechos a esos desafíos. Lo estuvimos cuando nos planteamos, en el XVI Congreso, gigantescos objetivos que fuimos realizando con brío hasta 1973. Lo estuvimos cuando el golpe de Estado nos impuso modalidades nuevas de trabajo, para las que no estábamos suficientemente adiestrados; y las afrontamos sin vacilaciones, pagando muy altos precios, para cumplir, junto a todo nuestro pueblo, la hazaña de derribar la dictadura. “estamos ahora, cuando se trata de construir, de avanzar en democracia, hacia el futuro luminoso a que todos aspiramos.

A principios de siglo, Lenin vivía apasionadamente la necesidad, que justamente consideraba imprescindible, de emprender con brío grandes tareas de la construcción del Partido y de iniciar con inmensa amplitud el trabajo revolucionario; su artículo "¿Por dónde empezar?" y su libro "¿Qué hacer?" están empapados de la impaciencia que le provocaba el retraso de todo el trabajo. Le indignaba la tendencia acomodaticio de los llamados "economistas", que, "al reducir las tareas políticas del proletariado, minimizaban el papel dirigente del Partido en el movimiento obrero, rebajaban su misión organizadora" (20). "Hemos protestado y protestaremos siempre, desde luego, contra la reducción de la lucha política" (21; subr. VIL). No admitía que se pretendiera rebajar la envergadura del trabajo del Partido. Esa pasión revolucionaria, que no lo abandonó en toda su vida, fue factor decisivo para arrastrar al Partido y al proletariado ruso a la realización de las grandes tareas históricas que él concebía y que se plasmaron en la gran Revolución de Octubre, y en toda la gesta heroica y estupenda ' de la Unión Soviética. Desde esos inicios y por la acción de pueblos enteros, guiados por movimientos y Partidos de avanzada, el mundo entero y dentro de él nuestra América Latina, ha llegado al punto en que está sembrado, por todas partes, de focos luminosos que ninguna aventura desesperada podrá extinguir.

No soñamos con insinuar siquiera un imposible paralelo histórico. Pero en momentos como el actual, en que nuestro Partido pone proa a realizar muy grandes tareas, no debemos amilanarnos ante ellas. Por el contrario, inspirándonos en el ejemplo de Lenin, debemos rechazar todo intento de rebajar la envergadura de nuestro trabajo. Y las tareas serán cumplidas, para bien de nuestra clase obrera, de nuestro pueblo, de nuestra patria, de la revolución democrática libradora antiimperialista, que apunta hacia -el socialismo.

José Luis Massera
Junio de 1985

NOTAS

(1) Tesis sobre Feuerbach, II; Obras Escogidas de Marx y Engels en dos tomos, Moscú 1951-52, Tomo II, pág. 376.
(2) El imperialismo, fase superior del capitalismo; Obras Escogidas en Tres Tomos, Moscú, 1966, Tomo I, pág. 791.
(3) Ibid, pág. 691.
(4) Ibid, pág. 697. En "El imperialismo y la escisión del socialismo" (Obras Completas, Ed. Cartago, Buenos Aires, 1957, T.XXIII, pág.106), Lenin formula la idea así: "el imperialismo es un capitalismo agonizante, en transición hacia el socialismo" (subrayados de VIL).
(5) Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática; OE, Tomo I, pág. 509.
(6) Informe en el II Congreso de las organizaciones comunistas de los pueblos de Oriente (22/XI/ 1919); OE, Tomo 3, pág. 323.
(7) Sobre la caricatura del marxismo y el economicismo imperialista" (1916); OC, Tomo XXIII, pág. 72.
(8) Dos tácticas; OE, Tomo I, pág. 507.
(9) Conversando con los funcionarios bancarios; folleto, 1984, pág. 7.
(10) OE, Tomo 3, pág. 434-435.
(11) Ibid, pág. 677-679.
(12) OE, Tomo 3, pág. 434.
(13) Ibid, pág. 435.
(14) Sobre el significado del materialismo militante (1922); OE, Tomo 3, pág. 709.
(15) Marx-Engels, Werke, Vol. 27, pág. 180; Vol. 29, págs. 231 y 3,58; Vol. 30, pág. 338. Estas y otras citas análogas -Vol. 30, pág. 342; Vol. 31, pág. 198; Vol. 32, pág. 395; Vol. 35, pág. 20- están parcialmente reproducidas por Lenin en su artículo "Carlos Marx", OE, Tomo 1, pág. 50.
(16) Relación en Lenin de la defensa de los principios y la creatividad (1977); recopilación "6 trabajos de Arismendi", pág. 3.
(17) Conversación con estudiantes latinoamericanos; lbid. pág. 70.
(18) Acerca de historicismo y vigencia creadora del marxismo-leninismo (1978) y Conversación con estudiantes latinoamericanos; ibid, pág. 8 y 60.
(19) Acerca del historicismo... ; ibid, pág. 9.
(20) V-1- Lenin, Biografía; Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1973, pág. 107.
(21) ¿Qué hacer?; OE. Torno 1, pág. 231.

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