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Las ideas comunes del Che Guevara y Rodney Arismendi - Niko Schvarz -
Conferencia en la Fundación Rodney Arismendi

Montevideo, 26 de setiembre de 1997

Hace unos meses estuvimos en Amsterdam. Después de solazarnos con Van Gogh y de contemplar más tarde a Rembrandt en el Ryksmuseum, nos topamos con la demostración de los trabajadores provenientes de todos los países comunitarios por soluciones a la desocupación. Muchos manifestantes jóvenes, que no habían nacido o estaban en la escuela 30 años atrás, llevaban una enorme imagen del Che sobre el pecho.

El 20 de setiembre, las concentraciones organizadas por las tres centrales obreras italianas contra la secesión impulsada por la Liga del Norte reunieron un millón de personas en Milán y Venecia. "Los manifestantes -dicen los cables- llevaban banderas rojas, banderas de los sindicatos, del movimiento ecologista y también insignias del Che Guevara".

Al día siguiente, domingo 21 de setiembre, se disputaba en nuestro país el llamado "clásico de la Villa del Cerro" entre los equipos de fútbol de Rampla Juniors y Cerro. Dada la tradicional rivalidad entre ambas escuadras, algo debía distinguir a sus parcialidades. Y así era: la barra de Rampla llevaba la figura del Che sobre fondo rojo y la barra de Cerro llevaba la figura del Che sobre fondo blanco.

Ayer escuché por radio a una artista plástica exponiendo sus experiencias, hablando entre otras cosas del estilo kitsch, y puso el ejemplo de cómo grababa en un objeto la imagen del Che.

¿Cómo se explica este fenómeno? ¿Cómo se mantiene viva esta imagen, asociada a las causas más nobles de la humanidad, y a la vez a las más diversas manifestaciones de la vida del pueblo, de sus organizaciones, particularmente de la juventud y los estudiantes? ¿Cómo se explica que en el viejo mundo, donde impera una concepción eurocentrista pertinaz, muy difícil de penetrar, se pasee por todas partes la figura del Che como algo natural, incorporado a las expresiones de lucha política, obrera y popular, a las manifestaciones multitudinarias del arte y la cultura? Es un caso único, absolutamente excepcional.

Galeano dice que el Che "tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo". Cortázar lo proyecta a los tiempos por venir: "Lo absurdo y lo imposible serán un día la realidad de los hombres, el futuro por cuya conquista dio su joven, su maravillosa vida". Benedetti advierte sobre las artimañas de quienes procuran "vaciarlo de lumbre/ convertirlo en un héroe/ de mármol o de yeso/ y por lo tanto inmóvil". No sería el único caso en que se pretende reducir a una estatua a una gran figura de la humanidad, a uno de los hacedores de la historia. Ya Lenin prevenía sobre este riesgo en la página inicial de "El Estado y la Revolución", nada menos.

El Che con los ojos de Arismendi

Rodney Arismendi, quien además de compañero de ideales fuera amigo entrañable del Che, ha procurado dilucidar las causas de esta persistencia en el corazón y en la conciencia de varias generaciones del comandante Guevara, a quien no vacila en otorgarle la dimensión de un héroe de la historia universal. Sintetiza la lección imperecedera de su fulgurante trayectoria en este concepto: "la capacidad de poner siempre su pellejo detrás de sus palabras". Esta expresión se halla en un reportaje que le hicieron los jóvenes de la revista "Vamos", suplemento del diario "El Popular", publicado el 3 de octubre de 1986.

Allí estaba aludiendo expresamente a este párrafo de una breve carta del Che a sus "queridos viejos": "Muchos me dirán aventurero, y lo soy, sólo que de un tipo diferente, y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades". Esta carta carece de fecha y de ubicación. Fue enviada probablemente desde el Congo a fines de marzo de 1965. Por algo comienza diciendo: "Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo". Proclama su convicción marxista: "Mi marxismo está enraizado y depurado". Y culmina en forma quizá premonitoria: "Puede ser que ésta (carta) sea la definitiva. No lo busco pero está dentro del cálculo lógico de probabilidades. Si es así, va un último abrazo".

En el reportaje mencionado, Arismendi recuerda que desde 1959 tuvo diversas oportunidades de dialogar con el Che y de debatir amistosamente sobre problemas de América Latina, sobre política internacional y cuestiones teóricas, sobre aspectos de carácter cultural. De esos contactos desprende una definición profunda de la polifacética personalidad del Che, que merece ser citada in extenso:

"Nuestro Partido alimentó siempre un gran cariño y una gran admiración por el Che, pensador profundo y uno de los más puros héroes de esta época en que América Latina se ha puesto de pie en la segunda guerra de independencia. Siempre vimos al Che inseparable de Fidel -ese gigante del proceso revolucionario continental y mundial- y de Raúl, es decir, de la revolución cubana, a la que hemos calificado como el más grande acontecimiento histórico desde la gran guerra de la independencia. El Che -como Fidel- es de esas figuras tan poderosas y tan ricas, tan cargadas de genialidad, que los grandes momentos revolucionarios de la historia saben parir... Una de las mejores figuras del heroísmo revolucionario, de grandeza moral, de voluntad de reflejar y estimular el despertar de la conciencia patriótica, latinoamericana, internacionalista y socialista de los pueblos del continente... Creo que nuestra amistad con el Che -en cuanto a mí, entrañable y profunda- y con Fidel, fue ayudada por la temprana comprensión de nuestro Partido del papel histórico de la revolución cubana, incorporada a todo el análisis teórico y estratégico del proceso continental y mundial".

En forma pormenorizada se alude en este reportaje a las acciones del Che y sus compañeros en Bolivia. Arismendi no escurre el bulto. Primero, ofrece una caracterización política: "El Che en Bolivia con su holocausto selló definitivamente la unidad de la lucha de los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo... Volvió más profundo y definitivo nuestro compromiso con la revolución cubana y latinoamericana... Su ejemplo puso su nombre junto al de los grandes libertadores como parte de la mejor historia del continente, como ejemplo purísimo, forjador de pueblos y militantes, como una enseña para llevar prendida sobre el pecho de cada muchacho o muchacha. Como él dijo de Camilo, su nombre está en el más allá del pueblo. En cada hora de prueba, su imagen ejemplar nos acompañará", como ocurrió en las horas sombrías de la dictadura.

Se revelan en la entrevista aspectos del apoyo brindado por el PCU al emprendimiento del Che en Bolivia mantenidos hasta entonces en reserva. Dice Arismendi: "Nosotros apoyamos la operación del Che en Bolivia y no tenemos nada de qué arrepentirnos". Tal es, por otra parte, el acertado título de la nota. Señala también que la dictadura torturó horriblemente a un grupo de compañeros que se había alistado voluntariamente para ir a Bolivia a luchar junto al Che y que no llegaron, por razones ajenas a su voluntad.

Sobre el tema de fondo, agrega: "La apoyamos (la operación en Bolivia) a pesar de que considerábamos -y así lo dijimos- que los datos políticos en que basaba la operación acerca de Bolivia eran, por lo menos, problemáticos. Es decir, que teníamos un margen crítico en cuanto a la oportunidad política y algunas condiciones de la operación. Pero advertíamos la proyección histórica del acontecimiento para América Latina. Y no podíamos dejar solo al Che en esta hora del destino del continente... Sería tener una concepción misérrima del proceso revolucionario si valoráramos ciertos acontecimientos solamente en función de su éxito o su derrota. Militarmente la operación del Che en Bolivia fue derrotada, y seguramente las posibilidades de derrota eran cien veces mayores que las de victoria. Pero política y moralmente el Che se volvió contraseña de la voluntad indómita de liberación de los latinoamericanos... Lo que no se puede olvidar del Che es su grandeza histórica, su fuerza intelectual y moral, su calidad de arquetipo revolucionario, su dimensión de comunista y revolucionario latinoamericano, su talento excepcional y su bella y polícroma magnitud como persona".

El ser humano

Sobre el Che como ser humano nos legó Arismendi apreciaciones de sumo interés. Nos cuenta que lo conoció en Moscú en el primer año de la revolución, lo volvió a ver en Cuba en 1960 en su oficina del Banco Central, que presidía, mientras estudiaba "El Capital" en la madrugada; el mate ya estaba frío pero había café caliente en un termo uruguayo. Obviamente se entrevistaron en 1961 en Uruguay cuando el Che encabezó la delegación cubana a la conferencia del CIES, en 1964 viajaron juntos en avión por el polo de Moscú a La Habana para asistir a la reunión de los Partidos Comunistas de América Latina. Destaca los siguientes rasgos de su carácter: una cierta timidez controlada que se revertía en ironía; una gran exigencia consigo mismo: no le reclamaba a nadie nada que él mismo no hiciera, desde cortar caña a cargar bolsas en el puerto; aborrecía la indisciplina y el desorden. A la vez era un hombre de una gran ternura, decía que ésta nunca debe perderse. Rara vez se da esta aleación: como jefe actuaba con mucha energía, en la polémica defendía con firmeza sus puntos de vista, y al mismo tiempo estaba dotado de un humanismo profundo y a flor de piel, que surge en las cartas a sus hijos o en la preocupación por los hijos del profesor Arbelio Ramírez, asesinado al término del discurso que él pronunciara en la Universidad el 17 de agosto de 1961, apenas finalizada la reunión del CIES. Arismendi cuenta en un libro-reportaje titulado "Forjar el Viento" que esa madrugada encontró al Che totalmente desolado en su habitación del Parque Hotel porque una bala que le estaba destinada -cuando salía en compañía del presidente-mártir Salvador Allende, a la sazón presidente del Senado de Chile y del movimiento de solidaridad con Cuba- había segado la vida de este docente universitario.

La síntesis es la autenticidad. "Los jóvenes aman en el Che la identidad de práctica y teoría encarnada en la belleza de una vida... Allí se unen la firmeza y el humanismo, la inmersión en el pueblo y una conciencia avizora", expresa Arismendi.

Quisiera agregar un testimonio personal. Entrevisté al Che en su alojamiento del Hotel Playa de Punta del Este antes de que pronunciara, el 16 de agosto de 1961, su discurso final en la reunión interamericana. La nota se publicó en la contratapa de "El Popular" el 18 de agosto, junto con la noticia del asesinato de Arbelio Ramírez y una síntesis del discurso en la Universidad, cuyo texto completo se insertó tres días después. Desde el punto de vista periodístico fue un fracaso, porque el comandante no tenía mucho deseo de hablar sino más bien, invirtiendo los papeles, prefería inquirir él a sus entrevistadores acerca de la situación uruguaya y también argentina. Yo entré junto con Hernán Píriz, ya entonces un periodista veterano que murió en el exilio en Bulgaria, y el notable fotógrafo Aurelio González, que nos sacó una foto con el Che haciendo un gesto muy particular con las dos manos, foto que terminó en la hoguera con todos mis libros luego de un allanamiento bajo la dictadura. Guevara se me apareció como una persona llana, directa, sencilla, franca, que iba derecho al grano, sin ningún circunloquio, sin la mínima ostentación, ajeno a cualquier formulismo, que conversaba de igual a igual, que era receptivo y sabía escuchar, que no se imponía, y por lo mismo se instalaba con él de inmediato una atmósfera de calidez, de fraternidad, de confianza, de atención respetuosa, que hacía sentirse cómodo y lamentar el momento del punto final y la despedida. En compensación me proporcionó una síntesis del discurso que pronunciaría horas después en la reunión final del CIES, explicando por qué Cuba se abstenía en la votación del documento.

En esos días protagonizó también una tumultuosa conferencia de prensa con decenas de periodistas internacionales, en que supo poner en vereda a algunos ensoberbecidos voceros de los propietarios de medios de difusión, diseñando con trazo preciso el lazo íntimo e indisoluble entre patriotismo auténtico, latinoamericanismo e internacionalismo. Concepto de profunda raíz martiana, prolongación a su vez del aserto de Bolívar de que "la patria es América", de cuyos orígenes nos brinda García Márquez un sabroso relato en "El general en su laberinto".

La revolución continental y sus vías

Esto nos lleva de la mano a un punto fundamental en el plano ideológico: la comunidad de las concepciones de Rodney Arismendi y Ernesto Guevara, en primer lugar en lo relativo a la revolución latinoamericana y a las vías de la revolución. Una compulsa de fechas me hace vislumbrar como lo más probable que cada uno haya desenvuelto sus tesis en forma independiente, sin conocimiento el uno del otro; pero cuando ambas aparecen claramente expuestas, a comienzos de la década del 60, la coincidencia entre ambas es patente; "frappante", dirían los franceses.

La teoría de Arismendi a este respecto está plasmada en un grueso volumen que lleva el título general de "Problemas de una revolución continental". Si bien su esbozo aparece ya en los documentos del XVI Congreso de setiembre de 1955, que implicó una profunda renovación político-ideológica del PCU, adquirió mayor carnadura y confirmación práctica con la revolución cubana del 1º de enero de 1959 que según Arismendi parte en dos la historia continental y se erige en el acontecimiento fundamental de la vida de nuestros pueblos desde las guerras de independencia de 1810-1830; ella introduce un cambio cualitativo, inicia un nuevo período histórico. El libro ve la luz cuando Estados Unidos, luego del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos (hecha trizas por los cubanos en 72 horas, lo que desbrozó el camino hacia el acelerado tránsito a la construcción del socialismo bajo una orientación marxista-leninista) lanzó la gran maniobra diversionista de la Alianza para el Progreso, denunciada precisamente por el Che en Punta del Este como la revolución de las letrinas.

Entre los factores objetivos y subjetivos que sustentan esta concepción global, Arismendi anota: la comunidad histórica y geográfica a partir de la brega emancipadora, considerada por los libertadores como una única guerra contra el común opresor; el mismo enemigo principal, el imperialismo norteamericano, cuya política de dominio irrestricto en el continente entró en crisis precisamente desde (y a causa) de la revolución cubana; tareas en esencia comunes, de tipo antimperialista y agrario, democrático y nacional-liberador, que derivan de la crisis de la estructura económico-social de nuestros países, caracterizada por un grado de desarrollo del capitalismo de tipo medio (y no como sociedades semifeudales o semicoloniales), todo lo cual lleva a concebir la revolución como un solo proceso histórico con dos fases enlazadas, una democrática y antimperialista, otra socialista. En Uruguay, a la salida de la dictadura se acuñó el siguiente lema: "Nuestro camino es la democracia y el antimperialismo; nuestro destino, la liberación y el socialismo".

Esto no significa, claro está, que los diversos países estén a la misma temperatura, ni que vayan a transitar caminos idénticos a ritmo uniforme. Ni menos creer en explosiones simultáneas. Aquí también la unidad esencial se manifiesta en la diversidad. Pero en un plano general puede considerarse a América Latina en su conjunto como un gran eslabón de la cadena imperialista, que puede ir fragmentándose en su punto más débil, donde es más brutal la opresión nacional y social. Y esto se ejemplifica justamente con el caso de Cuba, el país en que por todo su desarrollo histórico las contradicciones se apretaron más fuertemente hasta reventar: opresión nacional más ostensible y más tardía independencia de España, reunión del imperialismo y el latifundio en una sola persona, historia sangrante y torturada de lucha contra la tiranía, con la particularidad favorable de que en Cuba existían organizaciones sindicales y políticas de tradición y aguerrida militancia. "Por lo mismo ese eslabón, una vez fragmentado, no podrá recomponerse", escribe Arismendi, que compara la revolución cubana con el primer movimiento de una sinfonía heroica de la revolución continental.

¿Y qué nos dice a este respecto el Che Guevara? La respuesta se encuentra en un artículo titulado: "Cuba, ¿excepción histórica y vanguardia de la lucha anticolonialista?", publicado en la revista "Verde Olivo" el 9 de abril de 1961 y que constituye uno de los primeros -y escasos- trabajos destinados a analizar la experiencia cubana. El Che se levanta allí contra la tesis de los "excepcionalistas", según los cuales la revolución cubana fue un fenómeno único e irreproducible, que transitó caminos abiertos exclusivamente para ella. "Falso de toda falsedad", proclama el guerrillero heroico. Y sin amenguar en lo más mínimo su significación -al contrario, ubicándola como "el acontecimiento cardinal de América", y en el plano internacional como el que sigue en importancia a la revolución rusa, la victoria antinazi en la segunda guerra mundial y la revolución china- concluye que "la revolución cubana ha contado con factores excepcionales que le dan su peculiaridad y factores comunes a todos los pueblos de América que expresan la unidad interior de esta revolución". Cuba demostró que la victoria revolucionaria es posible, y contribuyó a levantar el fermento revolucionario en el continente. A esta síntesis arriba luego de un análisis muy fino de los movimientos de las clases antes, durante y después del 1º de enero del 59, que tiene además el mérito de no absolutizar ninguna de las vías de la revolución ni de las formas de lucha.

Veamos este aspecto con mayor detención. Clásicamente, se definen dos vías principales de la revolución: la vía armada y la vía no armada (que en algunos casos se denomina "pacífica", término que no me parece el más adecuado, aún entrecomillado). Ultimamente, basándose en la experiencia de la lucha en El Salvador, Schafik Jorge Handal planteó una variación sobre el tema: la posibilidad de una combinación entre ambas con una gran cercanía en el tiempo, integrando un mismo proceso. El tema de las vías de la revolución y las posibilidades del desarrollo de la vía no armada fue exhaustivamente analizada por Arismendi en su obra "Lenin, la revolución y América Latina" (escrito para el centenario del nacimiento del líder de la revolución rusa), en íntima conexión con la unidad de las fuerzas democráticas y avanzadas, y el sistema de alianzas imprescindible para llegar al gobierno y ejercerlo efectivamente, aplicando el programa de transformaciones sociales. Uruguay vivía en ese año 1970 las vísperas de la fundación del Frente Amplio.

¿Qué nos dice a este respecto el Che? Volvamos al trabajo mencionado. Al tiempo de analizar las particularidades de la acción guerrillera en Cuba - tema principal del artículo- encara con una madurez notable, subrayada por el momento histórico y la experiencia todavía fresca iniciada en la Sierra Maestra, la posibilidad de recurrir a la vía no armada. Esto lo afirma el autor de "La guerra de guerrillas", que peleó en Guatemala y en Cuba, más tarde en el Congo y en Bolivia. Aunque considera "muy remota" esa posibilidad, sostiene que "sería un error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado". A esta posibilidad -"muy remota", pero que no puede dejarse de lado a priori, sin examen de la situación concreta- le coloca una serie de contrapesos. En ese sentido, advierte severamente acerca del papel que puede desempeñar el ejército en caso de que dicha posibilidad se convierta en realidad. Doce años después, el golpe pinochetista corroboraría sus lúcidas aprensiones.

Insistió en este concepto en el discurso pronunciado desde el Paraninfo de la Universidad el 17 de agosto de 196l, y la extensa cita que sigue puede justificarse en el hecho de que no hemos encontrado el texto de esta alocución en los dos volúmenes dedicados al Che que publicara Casa de las Américas en 1970. Dijo el entonces ministro de Industrias del gobierno revolucionario:

"La fuerza es el recurso definitivo que queda a los pueblos. Nunca un pueblo puede renunciar a la fuerza, pero la fuerza solamente se utiliza para luchar contra el que la ejerce en forma indiscriminada".

"Y nosotros -les podrá parecer extraño que hablemos así, pero es cierto- nosotros iniciamos el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa". (...)

"Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre para el hombre ni siga la explotación del hombre por el hombre -lo que no en todos los casos sucederá lo mismo- sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último". (...)

"Pero si esas aspiraciones del desarrollo económico -que son, en definitiva, las aspiraciones del bienestar en cualquier forma que sea y como quiera llamársele-, la aspiración del pueblo a su bienestar se puede lograr por medios pacíficos, eso es lo ideal y eso es por lo que hay que luchar".

Bien miradas las cosas, estos conceptos implican la extensión de lo establecido al comienzo de "La guerra de guerrillas" acerca de la dificultad (o imposibilidad) de desplegar la guerrilla frente a un gobierno con algún viso de legitimidad. Escribía allí: "Donde un gobierno haya subido al poder por alguna forma de consulta popular, fraudulenta o no, y se mantenga al menos una apariencia de legalidad constitucional, el brote guerrillero es imposible de producir por no haberse agotado las posibilidades de la lucha cívica".

Un pantallazo sobre poesía, arte y literatura

Cuando el Che marcha a Bolivia, lleva en las alforjas un libro de poesía. Siempre consideró con seriedad los temas del arte y la cultura, a los que dedica un apartado especial, por ejemplo, en su magnífico trabajo "El socialismo y el hombre en Cuba" enviado desde Africa a Carlos Quijano (a su pedido) y publicado en el semanario montevideano "Marcha" el 12 de marzo de 1965. También en este aspecto encuentro un paralelo sensible con Arismendi.

Sabido es que el dirigente comunista uruguayo consideraba con extraordinaria amplitud, sin un ápice de estrechez y sectarismo, los problemas de la creación intelectual y artística. Se negaba a patrocinar cualquier escuela o tendencia, era partidario de las variedades fecundas de la creación y ajeno a cualquier encorsetamiento que constriñera la plena libertad del artista. Fiel a ese criterio, no se plegó a las directivas emanadas del llamado "realismo socialista", ni siquiera cuando éstas eran moneda corriente en sectores considerables de la intelectualidad de izquierda. Esta posición venía de largo tiempo atrás, y podía detectarse incluso en informes a los intelectuales de la década de los 40.

¿Con qué nos encontramos a este respecto en el Che Guevara? En el opúsculo mencionado, lanza esta incisiva pregunta: "¿Por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida?". Señala que no debe colocarse una "camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy" y al mismo tiempo que "no debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni 'becarios' que vivan al amparo del presupuesto". Todo ello en aras de un objetivo: "el hombre del siglo XXI es el que debemos crear". En este trabajo se encuentra la frase a menudo citada de que "el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".

Autenticidad revolucionaria

Como todos los revolucionarios verdaderos, Ernesto Guevara fue un hombre de pensamiento y de acción. Para utilizar la expresión de Gramsci, en él se anteponía el optimismo de la voluntad al pesimismo de la inteligencia. Confiaba en la acción consciente de los hombres, movida por ideales superiores. Su vida entera estuvo moldeada sobre sus ideas. Lo que pensaba era lo que hacía, y hacía lo que pensaba. Ponía el pellejo detrás de las palabras. De ahí su autenticidad , y volvemos a lo del comienzo. Es el único gran revolucionario que se mantiene vivo en la conciencia de las jóvenes generaciones de todo el mundo (y de los viejos también).

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