bridge1.jpgbridge6.jpgbridge2.jpgbridge3.jpg

Revista America XXI- Abril de 2013 Internacional

Los cuatro aportes de Chávez al pensamiento revolucionario

Renacimiento del socialismo

Por: Álvaro García Linera
Fecha de publicación:15/04/13

Foto El vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera junto a Nicolás Maduro, entonces presidente encargado de Venezuela en el X° encuentro de Intelectuales, celebrado en Caracas: Foto: AVN

Enseñanzas: en el marco del Xº Encuentro de intelectuales, artistas y luchadores sociales en defensa de la humanidad celebrado en Caracas, el vicepresidente de Bolivia resaltó el legado que Chávez dejó al pensamiento socialista latinoamericano y mundial. Lo resumió en cuatro ejes que enriquecen el debate contemporáneo: la transición en democracia; la relación entre patriotismo y socialismo; la base material del antimperialismo; y el funcionamiento del Estado, transformado desde las reconocidas misiones del gobierno bolivariano.

 No cabe duda que aquí en Venezuela se ha iniciado una época de revolución latinoamericana. Quizás sin saberlo y sin plantearlo así, el presidente Chávez y el proceso revolucionario venezolano han abierto una nueva época de la revolución en el continente y, estoy seguro, en el mundo entero. El hecho de que más de 60 delegaciones presidenciales hayan acompañado los restos del presidente Chávez; el que su cuerpo haya sido llorado por los pobres del mundo, no solamente de Venezuela sino del mundo entero, significa algo muy grande. Significa que después de esa larga noche neoliberal y del derrumbe de los socialismos reales en los años 1980 comienza a despuntar el Alba, lentamente, pero comienza a dar sus primeros rayos aquí en Venezuela, ha continuado en América Latina y estoy seguro que más pronto que tarde va a continuar en el mundo entero.

De esa recuperación del legado de Chávez hay mil cosas que platicar, pero yo quisiera hoy mencionar cuatro elementos que forman parte del debate académico y del debate político contemporáneo. El primero es la transición: el proceso democrático de una revolución o una revolución democrática. Todos, la mayor parte de nosotros, hemos sido herederos de una concepción de que la revolución había que hacerla con las armas. Concebíamos el Estado como una trinchera externa a la que había que asediarla y tomarla para luego destruirla. Es la concepción del Estado como máquina, como trinchera adversa a ser tomada. Lo que ha enseñado la Revolución Bolivariana, el presidente Chávez y luego las otras revoluciones que han comenzado a darse en América Latina –en Ecuador, en Bolivia– es que el Estado es trinchera pero también es relación, también es flujo, correlación de fuerzas. Este es un cambio paradigmático del pensamiento revolucionario crítico contemporáneo, porque nos permite acceder al estudio del Estado y no únicamente en su dimensión de cosa o de flujo. Es ambas cosas a la vez, pero cuando uno lo entiende su dimensión de cosa –de máquina, de trinchera– y de flujo –de relación– la lógica de la construcción de la hegemonía cultural e ideológica varía enormemente. Con el presidente Chávez hemos aprendido eso. Estoy seguro que si no se hubiera dado ese cambio en el paradigma del entendimiento de la revolución y del Estado, varios procesos latinoamericanos seguramente en el mundo hubieran encontrado una especie de obstáculo conceptual, epistemológico y práctico para seguir adelante.

El segundo eje del debate es el tema de la relación entre nacionalismo y socialismo, entre patriotismo y socialismo. Lo sabemos de los clásicos, pero lo hemos olvidado seguramente en los últimos años, en las últimas décadas.

No hay revolución que se sostenga si no avanza. El detener un proceso revolucionario es su asfixia. El creer que se dieron unos pasos importantes y hay que detenerse ahí porque las fuerzas opositoras y conservadores imperiales van a adecuarse a las nuevas relaciones, van adecuarse al nuevo régimen, no es cierto. Detenerse para un revolucionario es retroceder. Tal es la lógica de la Historia y creo que la trayectoria del presidente Chávez, de esta maduración y ese tránsito entre 2003, 2004 y 2005 nos señala que se es revolucionario avanzando o no se es revolucionario; que el proceso revolucionario que se detiene, retrocede; que el proceso revolucionario que se estanca, simplemente deja a la adversidad y a las fuerzas externas que retomen la iniciativa. Lo que nos ha enseñado el presidente Chávez es lo que decía el Che en su momento, en tiempos de guerra, y el presidente Chávez en tiempos de gestión: audacia y más audacia; ir para adelante. De alguna manera aplicamos la fórmula de la física: fuerza igual a masa por aceleración. La fuerza de una revolución tiene que traducirse en la amplitud, en la población movilizada y en la aceleración de los procesos que hay que tomar. Nunca perder la iniciativa, siempre sobreponerse a la adversidad.

Geopolítica, misiones bolivarianas y socialismo

Un tercer eje del pensamiento de Chávez, de su legado para el mundo, es el tema del antimperialismo. Si una revolución va a avanzar, no puede avanzar sola. Si una revolución va a crecer, no puede crecer sola; necesita de las otras revoluciones y de los otros pueblos. Creo que después de la Revolución Cubana en 1959 –cuando se asumió el entendimiento de la revolución continental y se apoyaron los procesos revolucionarios en el mundo entero, sacrificando vidas de hermanos cubanos, de una generación que asumió ese reto– con el presidente Chávez hemos tenido un nuevo paso que alumbra el pensamiento contemporáneo y la acción contemporánea: el tema de la base material del antimperialismo.

Hay una base espiritual, hay una base política del antimperialismo. Pero con Chávez hemos aprendido también la base material del antimperialismo. Alba, Celac, Banco del Alba, Petrocaribe, son pasos muy concretos, objetivos y materiales de esta base material del antimperialismo que convierte la voluntad y la predisposición colectiva, social, comunitaria de las poblaciones y comienza a darles una estructura material. Esta idea de la base material del antimperialismo es algo que la Revolución Bolivariana ha alumbrado al mundo entero.

Y el cuarto eje de reflexión es el del funcionamiento del Estado. Decíamos que con el presidente Chávez y con la Revolución Bolivariana entendemos al Estado como relación, lo vivimos como relación; pero también vivimos los límites. El Estado que se democratiza puede expresar relaciones sociales más participativas, pero está claro que el Estado no puede agotar las Misiones, que son un esfuerzo por ir por encima y más allá del aparato administrativo de un Estado que tiene su propia dinámica, lenta, morosa, muchas veces en contra de la propia iniciativa gubernamental.

El concepto de las Misiones para mí es un aporte, en el sentido de que les pide a los revolucionarios, nos pide a los que estamos en el Estado o fuera del Estado, que la distribución de la riqueza, que las iniciativas populares de participación no se concentren única y específicamente en la condensación del Estado, sino que tienen que ir más allá. Cuando Chávez le explicaba al presidente Evo Morales, en 2006 ó 2007, el concepto de la misión, entendíamos esa enseñanza que nos daba el presidente Chávez de no confiar únicamente en la administración del Estado, que puede ser revolucionario, puede ser muy participativo, pero también tiene una dinámica administrativa y burocrática interna que muchas veces puede hacer ahogar las iniciativas populares. A eso hay que sobreponerle la voluntad colectiva. Una misión es una especie de vía rápida de resolución de decisiones administrativas que dan cuenta de una relación directa entre sociedad y vanguardia –vanguardia política y administrativa– que vincula la ejecución de las potencialidades de la sociedad.

No cabe duda que con el presidente Chávez el pensamiento progresista, especialmente el pensamiento socialista y revolucionario mundial, tiene un relanzamiento, tiene un renacimiento. Después de más de 20 ó 25 años de proscripción cultural, intelectual y política del socialismo en el mundo, considerado como una mala palabra, como un anacronismo, con Chávez el socialismo recoge su vitalidad primaria del siglo XIX y del siglo XX y se proyecta como un horizonte. Abandona la proscripción y nuevamente toma vuelo: vuela alto y sopla fuerte.

Creo que eso le pasa hoy al pensamiento socialista: el socialismo nuevamente renace de sus cenizas. Y es otro tipo de socialismo. Recoge lo mejor de antes, pero también supera las limitaciones que se presentaron anteriormente. Con el presidente Chávez podemos imaginar, debemos trabajar, debemos proyectar un socialismo, entendido como administración de la riqueza por todos, como igualdad, como distribución y como democratización absoluta de la gestión de lo público.

Joomla templates by a4joomla