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Por Alirio Acosta

La acción realizada con la intención de  ocasionar un daño a un individuo, seres, o a un grupo de personas,  es lo que calificamos  como violencia. Podemos  concluir que estamos frente al ejercicio de un hecho violento  cuando padecemos con la escasez, carestía, especulación y acaparamiento   de bienes de consumo masivo. Es un hecho que sectores de la burguesía han desatado esta práctica  delincuencial a sabiendas de que cuando se dispone de dinero  el delito  queda impune. En los últimos meses  han sometido a la población en general a este sufrimiento con la finalidad conseguir el logro de un objetivo, una meta que va mas allá de la ganancia económica inmediata, es decir tiene un fin político, y, en este caso, es que el común de los agraviados culpen al gobierno de Maduro de una situación que la misma burguesía ha creado. La lógica de su accionar es clara, debilitando el apoyo popular al gobierno, este caerá. Creen  firmemente que el desarrollo de los acontecimientos propiciará a corto plazo un alzamiento popular, que por fin acabará con el chavismo y la posibilidad de una revolución socialista.  Algunos voceros de la MUD ya hablan abiertamente de lo inevitable de un estallido social. Sueñan que un evento como “el caracazo” ponga fin definitivo a las esperanzas que Hugo Chávez despertó en nuestros pueblos. 

 


La burguesía como clase siempre ejerció la violencia contra el pueblo, algunas veces de manera directa, a tiro limpio acabando con manifestaciones callejeras, o poniendo fin a cualquier evento que denunciara sus desmanes, o sometiendo a detención tortura y asesinato a los dirigentes populares.  Sin embargo otros tipos de violencia, de amenazas, de ofensas, de coacción hechas en forma velada, son igualmente ejercidas por la burguesía, las encontramos en las expresiones culturales, presentadas por sus diversos medios de comunicación, a través de la  propaganda, en las artes, en las ciencias, en las religiones, en la literatura.  Hasta ahora, en todas las formas de sociedad conocida, encontramos el uso de la violencia como instrumento, herramienta de la política. Los Estados reclaman para sí su uso exclusivo y la reglamentan.


Los periodos de violencia y paz  se alternan o superponen dependiendo de la resolución de las confrontaciones y pugnas de la lucha de clases. De la lucha entre clases antagónicas es de lo que depende la intensidad de la violencia. La paz no depende de la buena voluntad de nadie, esta no se alcanza mediante la negociación de ningún acuerdo, mucho menos por decreto. La conciliación tampoco es el camino que conduce a la paz, el sendero angosto y difícil es el de la justicia social y la garantía de su permanencia quedará sujeta a la hegemonía política que debe alcanzar la clase obrera, los trabajadores, es decir el pueblo sobre el resto de las demás clases sociales. 


La guerra se libra en diferentes y variados frentes,  del mediático se ha escalado al económico, al político y en los últimos días, en forma creciente al militar. El asedio a edificios gubernamentales, la quema de vehículos del estado, la toma de algunos espacios públicos y la consecuente lista de heridos y muertos a bala así lo evidencian. La oposición a la propuesta socialista utiliza como táctica el aparecer o lucir como dividida, mientras que realmente todos ellos trabajan y apuestan por una salida inmediata e inconstitucional del presidente Maduro. La MUD intenta una maniobra de distracción, se presenta con el disfraz de la división, pero en la realidad Leopoldo López es igual a Enrique Capriles y María Corina Machado es un clon de María Conchita Alonso. 


Es momento para la reflexión, la pregunta obligada es: somos o no merecedores del legado de Hugo Chávez?  Somos capaces de continuar el camino de redención social  que él nos indicó?
La repuesta afirmativa a estas interrogantes, implica  abandonar definitivamente el camino de la conciliación, del reformismo, la ilusión de encontrar un capitalismo bueno. Desechar la pereza, el comodismo, la soberbia y ser en la práctica diaria honestos revolucionarios. Si así lo hacemos la consigna “Chávez vive, la lucha sigue” será coherente, Chávez vive en nosotros y el “Todos somos Chávez” un impedimento insalvable para quienes pretenden regresarnos a la época de la cuarta república. 

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