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Aportes

Hacia El Gobierno Popular Programa, Participación y Etica. Ruben López

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02/04/2004

La posibilidad de acceso al gobierno por parte de la izquierda en Uruguay debe hacer pensar, a todos, con un gran espíritu crítico. Ni ya se ganó, ni será todo fácil, tampoco imposible.

Es esencial establecer con la mayor claridad posible la caracterización del momento que estamos viviendo, en el plano internacional y en el nacional. Estudio de la situación económica, las relaciones entre las distintas clases y dentro de cada una de ellas, para resolver correctamente el principal problema en cada momento: reunir una fuerza superior a la del enemigo, en el lugar y en ocasión de cada batalla.

Así, los peligros son siempre los extremos, la habilidad del estratega, evitarlos:
Si se elabora un programa revolucionario, con todas las erres, es probable que sea muy bonito, pero no reuniremos fuerzas suficientes.

Si se eliminan del programa hasta los elementos menos punzantes, el peligro es parecerse tanto a lo que se quiere cambiar, que se lo confunda con ellos. Y realizar la tarea que por siglos hizo la burguesía, no vale la pena, ellos lo han hecho bien y lo seguirán haciendo mejor, defendiendo sus intereses, seguramente.

 Entonces importa encontrar el punto, entre, la posibilidad de reunir la mayor cantidad de fuerzas, por los cambios que esas fuerzas sean capaces de aceptar y de luchar, que sean el comienzo para transformar la realidad, verdaderamente, en un sentido progresista, y abran el camino hacia los cambios más trascendentes, de terminar con la explotación del hombre por el hombre.

Y esto tiene relación con el contenido, pero también y mucho, con la forma en que se aborde ese programa de compromiso con la realidad.

Se puede pelear con uno, con muchos, con todos si fuera posible, pero no se puede pelear con la realidad, lo material, los hechos están ahí para ser vistos, analizados, tenidos en cuenta.

Como lo planteara Lenin: “la verdad es siempre concreta.”

Del estudio de la realidad y la discusión más amplia debe salir el programa popular y el camino para los cambios. No será fácil encontrar el contenido del mismo, pero ayudará saber que hay una verdad concreta para cada momento y que será posible encontrarla entre todos.

Para encarar esta tarea, no reducirla a los especialistas, imprescindibles por supuesto, sino, también recurrir a la gente.

Tener confianza en la gente y su capacidad para pensar y resolver en los distintos temas, aún los más complejos. Será mejor que elaboren y discutan grandes masas en movimiento y lucha, que lauden en definitiva, los temas políticos fundamentalmente.

No temer a la gente y dar la información suficiente sin miedo, sin información nadie puede decidir nada y no hay ni habrá verdadera democracia.

Ofrecer la mayor participación posible a quienes estén dispuestos a estudiar y discutir el programa popular para los cambios.

Aquí debe comenzar realmente el nuevo programa, con un nuevo método para su elaboración.

Lenin también nos enseñaba: “La verdad es siempre revolucionaria”

Por tanto, elevar la ética a un lugar preponderante, como base y principio esencial en el carácter y personaalidad de quienes lleven adelante el programa. No sólo la verdad como consecuencia de un razonamiento correcto, sino también como la ausencia de la mentira, la farsa, invención o disimulo, del acomodo, de la pequeña ventaja. El mundo está profundamente conmovido por el fenómeno de la corrupción, que no es nuevo, pero que ha saltado a los primeros planos de la sociedad contemporánea.

Encabezar una revolución ética. No quedar en la superficie, no hace daño corregir lo que está mal -erróneo o inmoral-, sino que, por el contrario, fortalece.

Como corolario, el control debe ser el complemento natural. A las que ya existen en los organismos del estado y partidario, instrumentar, inventar, imaginar las más variadas formas de control popular, de masas, educadas en un nuevo rol, que deberán aprender, para no dejarse arrebatar su destino.

 "Nada debemos esperar sino de nosotros mismos"

José Gervasio artigas -primer jefe de los orientales-

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