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Nuestra América

Balance Olimareño sobre Elecciones Departamentales Darío A. Mariño Chaves

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Tomo estas reflexiones, atrevidamente, de una página de Facebook. Me parece una sano ejercicio de la crítica y la autocrítica de que tanto adolece nuestra izquierda y el FA en particular.

Sereno, riguroso, respetuoso, es un llamado de atención para todo el país, donde ganamos y donde perdimos, pues más que una elección, lo que está en juego es el proyecto político, los cambios profundos en la sociedad, para los cuales surgió esta fuerza política, de las entrañas, de las luchas, del pueblo oriental.

Me adhiero a las palabras del compañero:

Balance Olimareño sobre Elecciones Departamentales  Darío A. Mariño Chaves

Treinta y Tres 11/05/2015.

“Así como fue lapidario el triunfo del Frente Amplio en octubre y noviembre pasado, consagrando el tercer gobierno nacional, esta noche, aún sin todos los números al alcance del análisis, ha sido lapidario el triunfo del Partido Nacional en Treinta y Tres, y dentro de él, la reelección de Dardo Sánchez Cal como Intendente Departamental.

Lapidario. Aplastante. Abrumador. Todos esos términos caben, y justifican de alguna manera el dolor sobre todo de muchos gurises, votantes por primera o en todo caso segunda vez, que abrazaron la ilusión de alcanzar un resultado electoral que pusiera proa hacia el cambio político, social y cultural que tanto necesita este departamento.

 

Me solidarizo absolutamente con esas y otras expresiones de dolor ante tamaña derrota, pero asumo el deber del análisis sereno y, sobre todo, de la entereza revolucionaria para afrontar los traspiés sin dejar en ellos un solo gramo de dignidad.

Cabe reconocer la estrategia muy inteligente del Partido Nacional, fundamentalmente de Sánchez, quien logró hacer jugar muy fuerte a Silvera, y con ese logro aseguró la solidez de una propuesta partidaria que resultó incontenible para nuestro Frente Amplio.

Pero más que eso, me preocupa que el dolor no se transforme en agravios vacíos hacia el ocasional triunfador en esta contienda electoral. Ya tendremos elementos para analizar a fondo la situación, pero advierto que no podemos permitirnos irrespetar la alegría del pueblo blanco por la victoria de su Partido.

Tenemos derecho a pensar que miles de votantes se equivocaron en la opción que tomaron, pero no debemos hacerlo desde la soberbia ni desde la subestimación. El Partido Nacional, derrotado en 2005, se trazó desde el instante mismo de aquella derrota una estrategia para recuperar el gobierno departamental. La aplicó a rajatabla desde antes de asumir Gerardo Amaral como Intendente el 7 de julio de 2005, y llevándola adelante con convicción no sólo recuperó el gobierno en 2010, sino que ahora consolida aquel triunfo asegurándose mayorías especiales en la futura Junta Departamental.

No cambia esto un centímetro la caracterización que hacemos del gobierno departamental 2010-2015 que entra en transición, ni va a variar la opinión altamente negativa que tenemos sobre las perspectivas de los próximos cinco años sobre la conducción política que tendrá este departamento.

¡Pero ojo…! Que eso no nos impida aceptar gallardamente la derrota electoral, ni respetar el festejo y la alegría de quienes, al votar al Partido Nacional, se sienten victoriosos. No caigamos en la burla que nosotros mismos hemos debido padecer muchas veces, cuando desde el resentimiento de haber sido derrotados en octubre y noviembre, algunos se cuelgan en el _” ¡festejen” cargado de ironía, que no es otra cosa que impotencia y rabia incontenida.

¡Si habrá habido derrotas electorales para la izquierda uruguaya, antes y después de la creación del Frente Amplio!

Todavía sentimos el desgarro de nuestros jóvenes corazones cuando la derrota del Voto Verde en 1989 y la consagración de la impunidad. Debemos serenamente valorar que aquellas derrotas nos curtieron, y son ellas quienes han parido este presente de gobiernos frenteamplistas en el Uruguay.

El proceso de acumulación de fuerzas que transitamos hacia una democracia avanzada camino al socialismo, no es en línea recta.

Hoy en Treinta y Tres se verifica un retroceso en ese proceso, y debemos entender que de nosotros depende tomar aprendizaje y emprender otro rumbo, empezando por no exigir a otros autocríticas que somos incapaces de aplicarnos a nosotros mismos.

Cuando alertábamos al inicio de la campaña hacia las departamentales los peligros de transitar el delgado hilo del triunfalismo, viendo a algunos queridos compañeros confundir querer con poder, comprándose una realidad que sólo era una aspiración de deseos sin el menor rigor científico para el análisis, debimos padecer hasta algunas manifestaciones de intolerancia.

¡Que el dolor no nos haga errar el tiro! Ni irrespetuosos con el pueblo blanco que hoy festeja la victoria electoral del Partido Nacional en Treinta y Tres, ni pretendiendo ajustar cuentas con nuestros compañeros sólo por el hecho de las visiones diferentes que tengamos o podamos tener.

El Frente Amplio es una sabia creación política del pueblo uruguayo, y es en sus organismos que los frenteamplistas daremos los debates que nos permitan afrontar los desafíos de la etapa, para ponernos a la altura del legado de “aquellos gigantes sobre cuyos hombres caminamos”, sabiendo que el colectivo es más sabio que cada uno de sus componentes, y que la síntesis que haga ese colectivo será la hoja de ruta que nos ponga en marcha hacia adelante.

Salud, compañeros… ¡y adelante!”

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