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La Diaria -Jueves 27 • Abril • 2017
Judith Valencia empezó a militar con “el sueño de la revolución” desde que ingresó a la universidad, en 1956. Conoció a Hugo Chávez después de que este llegó al gobierno, cuando estaba en desarrollo el proceso constituyente venezolano. Es economista y fue coordinadora del equipo que impulsó la oposición al Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) en su país. Allí también militaba el sociólogo Edgardo Lander, entrevistado recientemente por Dínamo. Valencia y Lander fueron amigos desde la infancia, pero en los últimos años las posiciones políticas los distanciaron. La economista venezolana sostiene que el proceso de militarización en Venezuela apunta a que civiles y militares “generen un proceso productivo endógeno” que sustituya al modelo basado en la renta petrolera, y advierte que “el enemigo está conceptualizando la corrupción como un elemento de descomposición de los procesos democráticos”.
–¿Qué evaluación hace de la evolución del proceso chavista?

-Cuando Chávez aparece en escena, no sabe que va a interrumpir algo tan importante como la estrategia hemisférica del imperio, que en 1994 logra amarrarse cuando todos los gobernantes del continente firman la reestructuración del sistema interamericano. En esa reestructuración, lo que se difunde con más fuerza es el Alca, pero tiene un programa de Denver de 1995 que incluye hasta la desaparición de los ejércitos. Chávez venía con su proceso bolivariano y con su idea de la patria grande, venía trabajando eso en el Ejército, y no tuvo en cuenta que estaba derrumbando la estrategia del imperio, porque esa estrategia caminaba en negociaciones que eran confidenciales. Chávez descubrió eso en 2002. Y dio la orden de que la clave que usaba Venezuela en la negociación [del Alca] se le entregara al movimiento popular, lo que para la Alianza Social Continental [contra el Alca] fue de inmensa importancia. Ese momento es importante para entender por qué después él acelera el ritmo, porque entiende la dimensión de lo que está planteando. En 2005, Chávez crea dispositivos de contención: Petrocaribe y Alba [Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América]. También en 2005 consigue conjugar con Tabaré Vázquez, con Uruguay, el proyecto de la Unión de Naciones Suramericanas [Unasur] [que finalmente se concretaría en 2008]. Con el gobierno de [Nicolás] Maduro, todavía la contrarrevolución no ha logrado tumbar esos elementos: no ha logrado disolver el Alba ni quitarle valor a la Unasur.
–Da la sensación, sin embargo, de que la Unasur ha perdido protagonismo en los conflictos regionales.
-Creo que deberíamos ser más fuertes en establecer el peso de la Unasur y del Alba dentro de la Celac [Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños]. Eso es algo que Venezuela debería hacer con más fuerza. Pero ¿por qué pienso que no lo ha hecho? Porque cuando muere Chávez, en 2013, todavía sin haber vivido el duelo, la contrarrevolución inicia las guarimbas, lo que nosotros ya llamamos terrorismo abierto. Y en febrero de 2014, creo que nos toma por sorpresa el nivel de criminalidad de una contrarrevolución que no actuaba políticamente en la mesa del diálogo, sino que actuaba en las calles con el espíritu de matar gente. Era una acción desmedida, que no tenía sentido ni direccionalidad. Cuando tú estabas en la guerrilla, tú tenías las armas y el otro tenía las armas, y solamente le disparabas al Ejército que te disparaba. Pero ahora resulta que no, que es una acción vandálica que puede agarrar a cualquiera que ande por la calle. Son grupos organizados de la oposición. Creo que ellos vienen armando una estrategia desde la enfermedad de Chávez. Cuando ganamos las alcaldías en diciembre [de 2013], ellos entran en acción en febrero [de 2014]. Ahí el equipo de gobierno de Maduro y todos los militantes de la revolución entramos en desasosiego, hay un tiempo de desconcierto. Encontramos que en la familia, en los vecinos, en los amigos, había gente que cerraba los ojos frente al que te tiraba a matar.
–Esas muertes a las que usted se refiere, ¿fueron esclarecidas por la Justicia, están contabilizadas? Porque en los últimos meses se contabilizan muertes que en general se atribuyen a la represión del gobierno.
-Es muy triste, porque la agresividad no solamente es de la contrarrevolución contra los revolucionarios, sino que llega a tal dimensión que son capaces de matarse ellos mismos. Lo que habían hecho el 11 de abril [de 2002], que fue poner francotiradores y matar de un lado y del otro, lo vuelven a repetir. Es el mismo guion. En febrero de 2014, ellos matan de un lado y del otro, entonces queda para la opinión pública en general que los está matando la represión de los cuerpos de gobierno, y eso es totalmente falso. Fíjate el tiempo que nos llevó probar que el 11 de abril había habido francotiradores, y que estos habían matado a los revolucionarios y que a su vez mataron gente para despistar. Nos llevó dos años hacer el documental [se refiere a La revolución no será transmitida]. Dos años poder reunir toda la información que le dijo al mundo lo que pasó. Eso es sumamente difícil. Tan pronto gana Maduro en 2013, hay 11 muertos, todos de la revolución. Estaban celebrando el triunfo y caen muertos. Y la Justicia no hace nada. La opinión pública dice que no hay división de poderes, y sí hay división de poderes. Hay fiscales de carrera en el Poder Judicial, y esa gente puede estar en un bando o en el otro, puede retardar los juicios, empañarlos. Y eso ha pasado. Hay 43 muertos en 2014. Tú vas sumando el número de muertos, pero los sumas y no puedes explicar que no fuiste tú quien los mató. Queda empañado, no queda claro.
–¿Pero no hay grupos, que defienden el proceso chavista, que también están armados y escapan al control del gobierno?
-Yo creo que no existen, que existen infiltrados de la estrategia de la violencia, en un bando y en el otro, que no son siquiera de la oposición, sino pagados por la estrategia de la contrarrevolución, que quiere generar un escenario de violencia para poder justificar internacionalmente la intervención.
–Lander cuestionaba en la entrevista de Dínamo, y lo mismo hacen algunos sectores del Frente Amplio en Uruguay, el creciente proceso de militarización en Venezuela.
-En el caso de Edgardo en particular, y de los intelectuales y la izquierda venezolana, siempre estuvieron en contra de la participación del Ejército. Eso viene de toda la historia de represión anterior, y de la historia de la humanidad en relación con la represión de los cuerpos armados. Pero en el caso de Chávez en particular, pienso que no se comprende el ritmo que tenía que llevar, en relación con tumbar todo el engranaje continental que permitía que de manera luida y rápida se anexaran todos los territorios al proyecto hemisférico. Eso hizo que mucho intelectual, y Edgardo también, pensara que ese era un ritmo despótico, propio del militar, antidemocrático. Yo puedo decir que no era así. El ritmo era un ritmo de contraataque, como decía él [Chávez], porque el ataque del imperio estaba muy bien estructurado y financiado. Había que blindar el proceso, internacional y regionalmente. Por eso escoge a Nicolás [Maduro] y no a otro, porque Nicolás era el que había hilvanado, mediante la política internacional, la relación hacia afuera. Creo que una de las cosas más importantes que Chávez logra es el cambio total de la doctrina militar. A partir de 2009, hay una concepción del Ejército distinta, que se aprende en la escuela y en la universidad militar, una forma de ser patriota que implica necesariamente ser antiimperialista. Esa construcción de patria en la conjunción cívico-militar es muy importante. Es muy difícil de entender, pero es muy importante entenderla. No podemos decir que la corrupción no estaba en el cuerpo militar, pero también estaba en el cuerpo civil. No puedo decir que el intelectual que se pasó a la contrarrevolución y que hoy acepta desde el exterior que nos maten no es corrupto. Esa intelectualidad de izquierda que se fue toda en bloque en contra, que está pagada por las fundaciones internacionales y percibe ingresos desde afuera, desde las ONG... Yo no puedo decir que eso no es también corrupción. Hay un proceso de tentar por medio del billete para que se transformen en corruptos todos, para romper con los estados nacionales y para romper con la idea de democracia y de las mayorías, para gobernar por intermedio de las multinacionales y los foros empresariales. Yo tengo una inmensa confianza en esa doctrina militar. El militar tiene más disciplina. El civil venezolano de izquierda ha demostrado ser sumamente mediocre; se niega a entender la dimensión de los cambios mundiales y sigue repitiendo con papel carbón cosas de antes. Y demasiado purismo, demasiado “debería ser”. Y los procesos sociales e históricos son mucho más complejos. Las empresas militares son empresas de apoyo a PDVSA [Petróleos de Venezuela SA]. ¿Y cómo las denuncia la intelectualidad? Dice que el Ejército está tomando a PDVSA o que está tomando el arco minero. Es una visión corta.
–Usted dice que cambió la doctrina militar. ¿Hasta qué punto esto blinda el apoyo al gobierno de Maduro?
-La doctrina comienza a ser parte de la escuela en 2009. Claro, Maduro no es Chávez, y Chávez es sólo Chávez. Pero la fuerza de la unión es un elemento real. Y pienso que Nicolás y el equipo van aprendiendo en la práctica, como aprendió Chávez. Reconocimos tarde que estábamos en guerra, y pensamos que las medidas tenían que ser las convencionales. Recién en 2016 empezamos a tomar medidas de guerra, con una participación mayor de la unión cívico-militar, la separación entre lo que es la alimentación para el pueblo y lo que es la alimentación para los sectores medios y el privado. No es la militarización del militar con las armas mandando, sino el militar con la disciplina y la conciencia de producción, impulsando que el civil y el militar generen un proceso productivo endógeno que sustituya al modelo de la renta petrolera.
–¿Cómo explica el hecho de que el Tribunal Supremo de Justicia haya declarado que asumía las competencias del Parlamento?
-Gente como Edgardo y esa intelectualidad tiene más miedo que los que andamos en la calle. Y eso lleva a que ellos piensen que se debe ceder más, para que dejen de ser violentos [se refiere a la oposición]. Y eso es mentira. La violencia es parte de la estrategia, porque es la generadora de terror, para que el pueblo diga: “Basta, hasta aquí, no voy más allá”. Y ceda. Y eso es lo que está sucediendo. Es cierto, ganan las elecciones e inmediatamente se reconoce. Pero entran en desacato, y ellos deben acatar al Tribunal. No es que un solo poder hace lo que le da la gana. Ellos dicen que no hay cronograma de elección, y lo hay, el problema es que ellos no se habían puesto a derecho [se refiere a las inscripciones de los partidos]. Hay quienes creen que acortando los tiempos no hay más violencia, y no, ellos tienen programado ser más violentos hasta 2018.
–En realidad, Lander no decía que había que ceder, sino que el gobierno venezolano está poniendo excusas para no convocar las elecciones.
-Eso no es cierto. No son excusas. Y a mí me da mucho dolor, porque la presidenta del Consejo Nacional Electoral es la alumna preferida de Edgardo Lander. Me da muchísimo dolor que él haya dejado de creer en ella. Ella está haciendo lo que debe hacer, y en los tiempos en los que debe hacerlo.
–¿Con qué aliados cuenta hoy Venezuela a nivel internacional?
-A nivel internacional, la acción de Petrocaribe es muy importante. El hecho de que en la mesa de diálogo estén el ex presidente de Panamá, el ex presidente de República Dominicana, el ex presidente de España, y también el papa es muy importante. El apoyo y el comportamiento de Rusia y de China en la Organización de las Naciones Unidas [ONU] es muy importante. El papel que ha jugado Bolivia en el Consejo de Seguridad [de la ONU] es muy importante. Y la unidad entre los pueblos. Este año están planteando hacer una cumbre de los pueblos hacia el Alba, que trae pueblos del mundo, en apoyo no solamente a la revolución venezolana, sino a lo que significa como interrupción de la hegemonía imperial en el continente. Tuvimos un desconcierto con [el presidente de Estados Unidos, Donald] Trump, pensando que podía ser otra cosa, y Trump en la política internacional sigue exactamente igual, de manera hasta más violenta, porque es más improvisada y más drástica.
–¿Cómo ven la posición de Uruguay?
-A mí me preocupa la posición de Uruguay, pero siempre me preocupó. Cuando se discutió en setiembre de 2005 romper con la política liberal en el continente, Chávez estaba como presidente pro témpore de la Comunidad Andina y Vázquez estaba como presidente pro témpore del Mercosur. Hicieron una carta conjunta pidiendo que las naciones sudamericanas se centraran más en el hombre y en la identidad de los pueblos, y Vázquez no fue a la reunión de diciembre de 2005, sino que mandó al canciller. Ya desde ese momento tuve dudas de la firmeza en relación con las políticas, pero siempre con la esperanza de que la unión de los pueblos es lo que vale, no la de los gobiernos. Argentina, Brasil y Uruguay, con la fuerza sindical que tienen, han de entender que es cierto que hay que resistir contra el capitalismo, pero hay que aprender a insurgir en experiencias de poder popular realmente, y no simplemente exigir reivindicaciones.
–¿Es factible un escenario de guerra civil en Venezuela?
-El diálogo con la oposición va a seguir. Las elecciones de gobernadores son en julio, y las de alcaldes, en diciembre. Mi opinión es que ellos van a ir a las elecciones, y usan el terror para vaciarnos de pueblo, para que el pueblo diga “ya logré mucho, y si sigo, voy a la muerte”, y cambie su voto. Y que por la vía del voto, se pierda el poder político. Pero el pueblo está en la calle desde hace un año, y no ha salido de la calle. Y la fuerza del pueblo te dice que a lo mejor se ganan las elecciones. Pero el problema en el continente no lo puede resolver [Estados Unidos] como lo resolvieron en Medio Oriente. Chávez el petróleo lo comparte hoy con 22 empresas de diferentes países. No solamente el cártel norteamericano y anglosajón está en nuestro petróleo, sino que está presente todo el mundo multipolar. Para hacer una guerra civil tienen que entrar contra Irán, China, Rusia, India, y además contra todas las empresas privadas de ellos.
Natalia Uval

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