El Chasque 86

Julio Castillo
19/05/2023

La dictadura perfecta tendrá la apariencia de una democracia, una cárcel sin muros en la cuales los prisioneros ni siquiera soñarían en escapar. Un sistema de esclavitud donde gracias al sistema de consumo y entretenimientos, los esclavos amarían su servidumbre.”

Esta frase de la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, publicada por primera vez en 1932 predice en gran medida lo que sucede hoy.

Actualmente la crisis estructural del sistema capitalista empuja a la destrucción de todo aquello que le impida su supervivencia y en particular las instituciones democráticas.

Los últimos acontecimientos políticos a nivel global marcan una tendencia en el comportamiento del capital que podemos señalar como su emancipación de la democracia.

La democracia liberal y republicana en un mundo controlado por el capital financiero ya no es funcional y no responde a la necesidad de expansión y supervivencia del mismo. Tampoco lo son los viejos Partidos Tradicionales que vienen siendo sustituidos por propuestas más autoritarias, con discursos de corte neofascista, nacionalista y con una agenda política antiderechos.

En este contexto de crisis, florecen los viejos discursos con nuevos envases atractivos para miles de personas sin perspectivas, quebrados y derrotados, ignorantes políticos y aislados, cuyo sentimiento se expresa en la sensación de soledad y desprotección del Estado, de la “política y de la democracia” frente a la incertidumbre que ofrece la realidad.

Ese estado de ánimo cultiva la indiferencia, el rencor social, la violencia, el profundo individualismo, la salida rápida donde las nuevas propuestas neofascistas saben explotar e interpretar en forma oportunista buscando crear una base social que les permita consolidarse como una opción a las crisis. Estas fuerzas antidemocráticas operan con gran destreza en la demagogia, pero al servicio del mantenimiento de las jerarquías sociales dadas.

Ayer fueron los Golpes de Estado como forma de liquidar toda barrera institucional democrática y resistencia ciudadana a la libre circulación del capital. Instalaron a sangre y fuego nuevas regla en el mercado bajo el neoliberalismo, destruyendo la industria nacional, expropiando grandes ganancias sobre la base de la superexplotación y la caída de los salarios, transfiriéndolas hacia los centros de poder, principalmente EEUU.

Hoy, con un discurso antisistema, enfrentados a la política tradicional, contra el statu-quo, “la izquierda caviar” y otras tantas cosas más apuntan a consolidar una nueva cultura hegemónica. En una pretendida restauración desde arriba ellos son expertos en avivar miedos y prejuicios ancestrales: miedo a alguien que es diferente por su color de piel y por otras razones: orígenes culturales o religiosos, opciones en sus relaciones personales y sexuales.

Por otro lado veamos las modificaciones de los contenido en la enseñanza secundaria con nuevos textos de referencia a manos de autores como Sanguinetti y Alfonso Lessa para explicar los hechos históricos recientes que incluyen el golpe de estado y la dictadura.

Por otro lado se promueve el emprendedurismo, desestabilizando la seguridad laboral, el esfuerzo paga, si “querés podés” y el pobre es pobre porque quiere, se plantea dislocar y separar al individuo de lo social. Sin actitud crítica frente a la realidad, indiferente, sin consciencia y profundamente individualista pasa de ser un ciudadano integrado socialmente a simple cuerpo consumidor que lucha por sobrevivir en un mundo donde ser “exitoso” y alcanzar la felicidad significa tener cosas y acumular millas de viajes. Mientras eso sucede y cree ser libre, los grandes capitales hacen de la suya.

En Italia, Meloni y los nuevos fascistas no tuvieron necesidad de marchar como Mussolini sobre Roma. No existía el peligro de los rojos, sin embargo construyeron un discurso oportunista, anti inmigrante, siendo creíble para miles decepcionados y abandonados por una crisis permanente del sistema político, incapaz de dar respuestas a las necesidades de la gente.

Pero para que fuera posible esto debemos señalar también los fracasos y errores permanentes de la socialdemocracia, de la izquierda italiana y el triunfo de la desesperanza. Ha habido un distanciamiento de las necesidades y expectativas de la parte menos protegida de la sociedad por parte de las fuerzas progresistas, y eso es lo que ha favorecido la deriva hacia las ideologías y la demagogia de extrema derecha. Sin hacer una comparación lineal este dato se repite en aquellas experiencias de gobiernos progresistas que fracasaron. Las respuestas a esos procesos no han sido dentro de los partidos históricos de derecha, por el contrario han sido propuestas de corte fascista o autoritarias que se caracterizan por un intento de refundación reaccionaria que incluye limitar los espacios democráticos, una alta corrupción, mayor acumulación de la riqueza en pocas manos, caída salarial, limitaciones de las libertades sindicales, etc.

Junto a ese distanciamiento de los problemas de la gente existió una gran operación política ideológica y cultural a manos de los partidos conservadores luego de la guerra contra los partisanos en su lucha antifascista y el ocultamiento de las atrocidades cometidas por el régimen de Mussolini. Este ocultamiento y la construcción de un nuevo relato de la historia abonaron el camino para el triunfo de Meloni y el neofascismo complotado con sectores políticos de centro derecha.

Algo similar intenta Cabildo Abierto al querer mostrar a los torturadores y asesinos de la dictadura como “presos políticos” e impulsar una ley de prisión domiciliaria. Además de apañar a nostálgicos de la dictadura y promover un relato mentiroso sobre los hechos relacionados a la dictadura con la complicidad de los partidos tradicionales que le hacen el juego a sabiendas que por este camino ocultan la resistencia y la lucha de los trabajadores y del Frente Amplio en defensa de la democracia. Este camino es peligroso porque fortalece las posiciones neofascistas y autoritarias debilitando el valor de la democracia.

Por estas razones y otras este 20 de mayo convocamos a todos los demócratas a marchar en silencio bajo la consigna “¿Dónde están? Nunca más terrorismo de Estado”. No es una marcha más. Lo hacemos en el marco de los 50 años de la Huelga General contra el Golpe de Estado. Es una marcha reafirmando la lucha contra el terrorismo de Estado, el fascismo y por la democracia.

En ella reclamamos saber qué pasó, donde están los desaparecidos bajo la dictadura. Es una deuda que tiene el Estado uruguayo con los familiares y con toda la sociedad.

Marchamos por el humanismo y contra la barbarie, por un futuro de paz y de justicia. Por el derecho a construir un país digno, humano y con justicia social contra todo intento revisionista y negacionista de los horrores cometidos por la dictadura fascista. Marchamos contra los defensores de los genocidas, los amantes del capital, los que verdaderamente atentan contra la democracia.

Marchamos contra la mentira y la injuria.

La verdad y la memoria sobre los crímenes cometidos por la dictadura, los hechos que marcaron la lucha contra el golpe de Estado son armas que fortalecen la democracia y reafirman una cultura antifascista y antiautoritaria, formando así un conjunto de ideales positivos para la transformación profunda de la sociedad.

Por esta razón es que todo aquel que se sienta un verdadero demócrata debe marchar este 20 de mayo.
Por verdad y justicia, para saber dónde están nuestros desaparecidos.

¡Nunca más terrorismo de Estado!

Publicado en  El Chasque